domingo, septiembre 13

México es salvaje y así lo son las experiencias que se tienen en ese suelo del Sur. Salvajes y explosivas. Igual que aquél volcán irrumpiendo en mis sueños días previos a mi partida a océanos distancia, y mi contemplación del mismo sosegada e indiferente a cualquier temor, fue todo lo que me esperaría en esos meses. 

No es la pasión lo que precisamente le ha faltado nunca a mi vida, quizá demasiada; sin embargo aquello que me habría de esperar en ese país del que ni bien sabía dónde situarlo ni qué andaría a hacer allí sobrepasó todo lo que había vivido hasta el momento. De una vez rompí todas las creencias y acepté que ahí, en ese otro continente, todo vale. Quise mucho y descaradamente. Una y otra vez empujé los límites existentes y establecí, en cambio, otros que nadie habría considerado dadas las circunstancias.

Descubrí, tiempo después, que no fui la única en imponerse mismos límites. Nada me llenó de mayor felicidad que descubrir que uno de esos amores por los que el humo de cigarro se convirtió en compañero fiel todas las noches con tal de apaciguar las ganas, no fue en vano. Tuve que pedir un cigarrillo la mañana que descubrí tal acontecimiento. Hacía meses que la estética del tabaco había dejado de atraerme. Era una mañana de aeropuerto, mientras iba a ver a otro amor que rescató de mí todas las creencias a las que una vez fui fiel -y sin las cuales mi vida sería la misma, pero más triste.

Ese amor loco y castrado sigue presente, aunque sólo sea en la ficción. Es posible vivir sabiendo que nunca habrá siquiera un beso, que las distancias comprenden más allá de océanos y kilómetros que tampoco ayudan, cuando de vez en cuando, tanto tiempo después, sigue habiendo una señal, un recordatorio, un noteolvido, que traen de vuelta tantas bellas y sentidas memorias. Pequeños gestos insignificantes que encontraron al fin su ser en esa mañana de aeropuertos. 

Y mientras, las tierras inglesas que son de las que se venía a hablar brindan nuevos recuerdos y presentes en los que el amor tampoco falla en aparecer, bien sea bajo estas imágenes del pasado llenas de sentir, bien sea mediante nuevas y renovadas esperanzas nacidas al conocer tantas personas maravillosas que pueblan estos días perdidos en el exilio. 

Este exilio, que desconoce por completo cuál sería el hogar perdido, y dejando por completo de lado las desgracias del mundo, trae consigo uno de los momentos más llenos y placenteros de los que se haya podido disfrutar hasta la fecha: trae la esperanza del futuro, trae, por vez primera, estabilidad, trae por vez primera, otro tipo de libertad que ya no es hija del caos. Y es necesario que de vez en cuando se experimente el orden, es necesario que de vez en cuando se sepa dónde se estará mañana. Por merced. Por todas las personas que jamás experimentarán tal estado. Porque no sirve aumentar el sufrimiento de esta tierra doliente. Sin olvidar nunca el azar del que todo es fruto. Y sin caer en el egoísmo de la suerte en la que nos ha tocado nacer. 

Porque no se puede ayudar cuando unx mismx está rotx. 

Y este exilio es el primero que cura. Sheffield fue el comienzo del rompimiento. México fue la explosión total de las emociones. La vuelta a Europa fue forzosa; casi asusta pensar en volver a las tierras del Sur. Hoy, tres meses en la isla de la lluvia y el frío, todo anda en orden. Hay Sol y las gotas de lluvia han hecho poca presencia. Es posible recordar antiguos amores sin que se desestabilice el sistema por entero. Tan solo las manos tiemblan. Tan solo el corazón late un poco más fuerte.

miércoles, septiembre 9

Viudez

Muchas veces no recordamos siquiera aquello que un día hizo daño. Sabemos que fue; ni idea del qué.

La memoria nos cura: olvida todo lo (in)necesario.

Lo que se repite a diario nos hermanastra con la paciencia. Al final, lo que un día quitó el aliento y lo que tantos años después sigue removiendo cuerpo y alma, comprende que tan solo es una sensación, una más de tantas. Que desaparece a las horas. Y si no es alimentada, no sigue adelante -ya no. 

La costumbre, la paciencia, la muerte de la esperanza en su inutilidad. Hay quien aspira a la entrega incondicional en el amor y hay quien aspira al ascetismo. Vidas incompatibles. 

Una vez se entiende que no habrá quien ayude a mover el barco, es fácil ponerlo en marcha: ya no se espera la ayuda y lo hace unx mismx. De vez en cuando la otra persona nos seguirá desde la orilla prometiendo siempre que vendrá a ayudar -pero le da miedo navegar. Pero no sabe nadar. Pero no quiere aprender. Pero no quiere navegar. Pero no quiere

Antes el barco se paraba en seco; ahora sigue su movimiento continuo -y feliz; ante todo. 

Y quien quiere enamorarse lo seguirá haciendo y encontrará de quién hacerlo. Y quien quiere explorar mundo, seguirá explorando mundo. Y quien tiene una meta, irá a por ella. 

Quien quiere tranquilidad, no se le puede pedir otra cosa.

Y por vez primera, se enviuda: se muere el primer amor por desesperanza. Se muere tras suicidarse tantas veces. Se muere de aburrimiento: misma historia contada tanto tiempo, no resulta creíble por tediosa. 

Y quien quiere enamorarse vuelve a hacerlo y se enamora profundamente de segundos grandes amores, y mantiene viva la esperanza y es libre: es libre. Y el desasosiego se siente de nuevo por los nuevos segundos amores y se daría todo por ellos y y  y. El barco continúa su camino, encuentra puertos amables.

El barco quizá no se detenga mucho ya demasiado tiempo. 

El barco quizá encuentre su puerto definitivo antes de sucumbir en el océano.  

domingo, agosto 23

cuando la impotencia mata,

sólo se puede desear el bien al Otrx

esperando sinceramente que la felicidad que le aguarde valga la desesperación de no poder ser quien se la ofrezca

esperando que deseando que

poco más se puede hacer.

Los años van haciendo mella: nos van enseñando a aceptar con más facilidad las cosas que no se pueden hacer por rayar lo imposible. No a solas.

se va aprendiendo a lidiar con ciertos dolores que vienen dados en un carácter que se resiste a dar por sentado que hay ciertas limitaciones en todos los aspectos de estas vidas nuestras y en relación con las demás vidas de quienes nos rodean y que se han de aceptar y pasar página.

hace no tanto tiempo se era capaz de coger aviones de madrugada y dejarse la piel en

-todavía se hacen cierto tipos de locuras tales, a escalas más pequeñas, -

pero ahora hay previsión de futuro. Ahora somos adultxs - hay ciertas obligaciones y responsabilidades de las que hacerse cargo

hay, en definitiva,            futuro

antes el único futuro posible existía en las siguientes 24 horas, si acaso

a veces bien sabemos que ni eso, uno dos tres cuatro años sin previsión en absoluto del mañana

ahora el futuro nos delimita, nos enseña caminos nos quita otros nos da esperanza y nos quita espontaneidad, (ahora,

se sabe a ciencia cierta que bastaría quien propusiera una locura y se la haría con los ojos cerrados, se dejaría todo atrás mientras el viaje fuese en compañía)

mientras tanto,

mientras tanto somos adultxs y nos comportamos.

Mientras tanto, lo mejor que puede desearse queda en un espero que encuentres a alguien que te haga sentir como tú me hiciste sentir 

sabiendo que no hay otra mayor felicidad que aquél momento ínfimo ya -qué son unas horas en ochenta años- en nuestras vidas. 

martes, agosto 18

No encuentro el sentido a que un sentimiento pueda nacer de tal forma que llene el ser por entero y que a la vez no vaya a tener ...continuación. No es suficiente entender que no ha de existir tal sentido - más bien, como decíamos, tal suposición descubre una crueldad inmensa que no se quiere aceptar; ¿pero no es toda la naturaleza cruel por definición? ¿Por qué un sentimiento humano habría de escapársele? ¿Por qué íbamos a estar nosotrxs exentxs de pagar el precio del sufrimiento al que todos los demás animales están sometidos?

No, no se quiere aceptar tal suposición, por más verdad que delate.

Entonces, 

Se puede pensar que aunque este deseo no pueda volver a ser satisfecho, sí ha traído algo bueno consigo: ha traído arte. Ha abierto una puerta que se creía cerrada. Ha devuelto la esperanza. Es la prueba de que se puede volver a encontrar a quien haga nacer sentimientos tales. Es, en realidad, muchas cosas, ¿no es ello suficiente a cambio de su no-satisfacción?

¿Lo es? 

¿Pero no hay nada más?

¿Hay que implicar que esto es todo para lo que este sentimiento existe, y hacía falta tal devastación para aprender todas estas lecciones? Bien su intensidad podría haber sido menor y habría tenido similares efectos dominó. ¿O una menor intensidad no habría supuesto motor suficiente? 

Pero duele. Duele ante todo porque a cada día que pasa empieza a desconcertar qué es este sentimiento exactamente, si realmente se le siente como tal, si no es tan solo una exageración, se duda incluso de la existencia de esa persona. Su presencia fue tan fugaz que cada vez cuesta más creer en esa noche, aunque se la lleve grabada en la piel. 

Pero cuántos amores no habrán muerto antes de nacer. Nuevamente el eterno retorno: por qué esta situación habría de ser diferente. Por qué darle más importancia de la que, probablemente, no tenga. No es tan especial. No es para tanto. Estas cosas pasan. Y a veces no pasan. No tienen nada de extraordinario. Igual que no lo tiene nuestra vida en conjunto, por más que nos desvivamos -literalmente- para darle un sentido. En el fondo, el resumen es que nacemos y morimos y no hay universo al que le importe.

Para qué,

Sin embargo la situación me está volviendo loca. Mi deseo de él me está consumiendo. Caigo en la realidad de la imposibilidad de su presencia y me hundo. Y todo se está llevando en silencio -nadie lo conoce, nadie sabe de este sentimiento. Y no me atrevo a decirlo en voz alta, porque temo que todo no sea más que un hechizo y cualquier pensamiento pragmático con pies y boca venga a deshacerlo. Y porque tampoco sabría qué decir: qué contar, si apenas hay nada que contar. No queda apenas rastro de esa noche. Quizá nunca existió. Quizá fue todo un sueño -el mejor en demasiado tiempo. Quizá deseé tanto una felicidad como la de aquella noche, que al fin Morfeo se apiadó de mí y me la trajo. Quizá me esté volviendo, simplemente, loca. Quizá siempre lo haya estado, ahora simplemente mi condición está tomando un cariz más clínico.

No lo sé.

Pero duele, exaspera, desespera. Y ni siquiera sé qué de él -o por qué él en conjunto- hace que sienta todo esto, si no es más especial que el resto de personas maravillosas que han poblado esta vida plagada de amores dementes.

No lo sé. Pero no sé si podré seguir soportando más amores de estos sin sentido. El desgaste es demasiado grande. Una noche de felicidad plena no puede tener el precio de la demencia tantos atardeceres después. 

Ansiedad

"Es más tarde de lo que piensas.
Pero nunca es demasiado tarde."

Se aprende, increíblemente aún con sorpresa, como si todavía no fuera experiencia, como si cada vez que sucede es por vez primera, que no existe proceso mediante el cual un momento maravilloso pasa a ser definido a través de ese sentimiento de la saudade, imposible de traducir de ese idioma de la decadencia, o en el cual pasa a ser tristeza. El mejor y el peor día pueden coexistir en segundos, la felicidad más grande puede venir seguida de su derrumbe cuando todavía no se es consciente de que aquello que se siente es precisamente lo mejor que se puede llegar a sentir.

La felicidad invade el cuerpo por entero y empieza a crear futuro sin cesar.

Es suficiente con la pregunta: ¿Te volveré a ver? Y con una respuesta que pregunta a su vez si eso es lo que se quiere. Todo esto en idiomas extraños al que se sueña todas las noches -aunque algunas noches Morfeo también nos habla en esos idiomas extraños. 

Y entonces llega la espera -y el ejercicio de la paciencia. Y a veces la suerte no acompaña. A veces las casualidades no se juntan, las circunstancias se dan a destiempo. Basta con quedarse dormidx cinco minutos y la oportunidad se verá perdida para siempre esa noche -para siempre, esta vida.

Nunca nadie habló de que se quisiera compartir un espacio temporal que fuera más allá del de unas horas. Pero eso no se decide. Hay determinadas emociones que no se deciden; en ciertas ocasiones con ciertas personas nacen, y en otras, con otras personas, no nacen.

Pero todo se acabó ahora. Hay un océano de por medio -hay demasiadas diferencias de por medio, irresolubles todas ellas. Todos los deseos han de ahogarse en ese mar inmenso antes de alcanzar la otra orilla.

Se conoce bien este sentimiento -las pocas veces que ha venido a devastar cuerpo y alma por completo hizo bien su trabajo-; ¿cómo explicar esta abrasión instantánea? ¿Este deseo irremediable del Otrx surgido en apenas unos instantes? Estos nervios intuyendo el fin cercano de la conversación y a la que pronto habría de seguirla un beso o una despedida. 

Sin embargo, recordemos, nunca nadie habló de que ese encuentro fuese a tener una continuación exterior a esa noche de luna nueva. Nadie contó con que ese encuentro fuese a dar lugar a otras emociones. En verdad, siendo honestxs, nadie daba nada por ese encuentro, que a punto estuvo de no darse, por falta de interés. ¿Qué puede esperarse de alguien que solamente tiene una noche? - Quizá estuviera ahí la clave, que no se supo ver: precisamente porque no se tiene más que ése momento, puede esperarse todo. 

                  Y ahora.

Ya no está. Se fue. Pronto empezarán los problemas para recordar su voz, su cara, su mirada, si es que todavía no han empezado. Pronto esta ansiedad se irá apaciguando, estas ganas irán muriendo al no recibir noticias, al no ser alimentadas. Pronto esa noche se convertirá en otro sueño, en uno de esos sueños en los que se ha sido plenamente feliz y se ha entregado todo el amor que puede entregarse en una noche. 

No he tenido este sentimiento muchas veces -lo recuerdo con claridad en dos ocasiones y fuera posible que haya sucedido alguna otra vez, aunque ya no se encuentra en los registros de la memoria. Es un sentimiento de locura, en la que todo se concentra en esa persona y en el deseo demente de entregarse a esa persona. El cuerpo grita, llora y patalea y vuelve a gritar y a llorar de lástima y de dolor: no puede tener lo que tanto ansía. Llega el insomnio, el nerviosismo de unas piernas que no pueden quedarse quietas, unas manos que se llevan a la cabeza y quisieran arrancar todo recuerdo. Para que esta desesperación desaparezca. Para que este sentimiento termine. Para poder volver a continuar con una vida normal, llana -sin sobresaltos, sin altibajos, sin emociones fuertes, sin pasiones que incendien el alma.

Mas a la vez no se quiere deshacerse de este sentimiento -no se quiere olvidar al Otrx; si tanto se siente, ha de ser por algo, éste es el pésimo intento de justificación: ¿por qué tanto para tan poco? El pecho se siente como una herida abierta, el corazón se siente atrapado y quiere saltar en busca de ese latir que tanta felicidad le dio hace apenas unas horas, unas horas que desde entonces se suman imparables y desquiciadas al reloj. ¿Es esto siquiera real? ¿Es posible que esté doliendo tanto? Ha de haber una razón, no es fácil aceptar que la vida, por sus mismas maravillas, puede ser aterradoramente cruel. 

Entonces se encuentra la manera de recordarlx siempre. 

Porque aunque sólo se hayan compartido unas pocas horas juntxs, este sentimiento encontró la manera de instalarse. Y desea y sufre y recuerda y se recrea y sonríe y vuelve al presente y se desespera y desea y sufre y anhela y no puede hacer nada. Porque no tiene sentido compartir la existencia de este sentimiento cuando hay un océano de por medio. 


domingo, agosto 2

Hace tanto que quiero escribir y hace tanto que mi voluntad se queda tan solo en el intento, que a veces creo que he olvidado cómo hacerlo.

Es como si estas palabras ya no expresaran con la misma soltura emociones que antaño formaban la vida entera -sin dejarme al descubierto.
          Descubro, pues, una claridad mayor en estas letras de la que sería conveniente desear. Realismo puro y duro, vomitar todo aquello que sucede tal como sucede. Pero entonces la realidad deja de ser creíble.

Es necesario inventarla ...pero ¿acaso me queda algo más por decir?

Las nuevas vivencias son tan solo vivencias pasadas que van subiendo de potencia. No hay nada nuevo. Me encuentro, de repente, con que no hay nada que contar. Nada -que merezca la pena dejar rastro en la memoria. 

Una nueva vida -normal- es la que define el cambiado status quo. ¿Qué hay de valor en este presente que no sea una mera repetición en una mejor versión de antiguas felicidades? 

Hay un objetivo todavía claro, aunque es necesario recordarlo más que de vez en cuando antes de que la marea de la normalidad se lleve cualquier atisbo de esperanza de que este presente, si bien es bueno -tantas veces nombrando el buen vivir y hete aquí que es de lo más aburrido-, no ha de ser permanente. Ni representativo de una vida que queda por delante.

Aunque no se sepa exactamente cómo se quiere llevar esa vida que queda por delante.

...

Me siguen asaltando dudas rutinarias. Pero hablaré de ellas en otro momento. 


viernes, junio 19

El nuevo mundo

El nuevo mundo respeta ciertos valores que el viejo mundo rescató para crearlo. Como regla primera se encuentra el cuidado sobre todas las cosas y la huida del cinismo, del todo vale, de la ironía como medida contra la vida. 

Si bien es cierto que no se luchará en contra de quienes quieran escoger tales modus vivendi, y se tratará a lxs mismxs con el distanciamiento y el laissez faire necesarios, no se tomarán sus medidas como propias, ni se caerá en el juego lastimoso de perder la fe sólo porque el Otrx no la tiene. Si el Otrx no la tiene, el problema recae solamente en su persona.

Se ofrecerá, pues, todo, en la medida de lo posible, a quien todo quiera aceptar -y dar, a su vez. (Habría quizá que puntualizar que aceptar semejante proposición es lo mismo que aceptar dar; cuando la libertad corre por las venas, cuando los miedos dejan al fin de aferrar, la generosidad en el cuidado llega por si sola; pero todas estas cosas fueron asimiladas mucho después de haber sido aprendidas.)

En el nuevo mundo vemos como el cuidado es más importante que el respeto, que muchas veces se queda en mera palabrería. Si se cuida, se respeta; si únicamente se respeta, es fácil la hipocresía.

En el nuevo mundo quedan todavía recuerdos del viejo mundo, pero ya no va a obligarse a rescatar tales recuerdos y hacerlos de nuevo presente. El nuevo mundo está dispuesto a cuidar también del pasado, pero ya no va a perseguirlo. 

En el primer mundo el primer cuidado se ha de dar a la primera persona del singular. Después se podrá estar en la disposición de cuidar a las demás personas.

En el primer mundo están permitidas las lágrimas como método de depuración. Hay dolores que necesitan ser liberados y expulsados del cuerpo, o causarán tumores. Por ello, es bueno disolverlos en forma de agua y sal dulce.

En el nuevo mundo, como bien se vio ya desde su propio nacimiento, no se tira la toalla. Se lucha. Todo lo que depende de unx mismx para conseguir ese sueño, se hará. 

En el nuevo mundo hay sueños. Muchos sueños. 

La fe es en la vida. 

(Ahora que estamos en el nuevo mundo, hemos de agradecer al viejo mundo y a sus muertxs todo lo que han hecho porque estemos hoy aquí. Y les agradece(re)mos infinitamente.)

domingo, junio 7

No repetirás tu pasado

Aprender a hacerse una misma a partir de la dependencia completa y, hasta bien poco, también ignorada, de una madre cuyo potencial quedó completamente destruido por otra madre, la suya, cuya enseñanza fue que su valor era nulo -a través de incoherencias, autoritarismo, altos y bajos in extremis, humillación y degradación moral y física, que después pasaba a idolatría; sentimientos, repitamos, extremos, sufrimiento, dolor. Y para nada vale lo que hace esta madre, pues antes de llegar a buen puerto, hunde el barco en las cinco últimas millas. Y emprender, emprendería y podría emprender tantas cosas. Y las comienza. El potencial artístico y emocional, la bondad, generosidad e inteligencia la podrían haber llevado quién sabe qué tan lejos. No es nadie y se empeña en dejar de ser alguien cada vez que está en camino de convertirse en la persona que podría ser.

Así, el campo de experiencia se reduce al sufrimiento y a la aniquilación de la personalidad de cuantas personas ama, como aniquilaron la suya; experta en ilusionarse el mundo por dos segundos y después la nada y el insomnio de todas las noches y el llanto de todos los días y la desgracia y ese sentir que la vida se está yendo y no se ha conseguido nada. Y cada día pasa igual que el anterior. 

Y lo que aprenderás, habrás de enseñar; porque no sabrás otra cosa. Aunque lo aborrezcas. Aunque aborrezcas a quien te lo ha enseñado y desees ser lo contrario, y creas que eres lo contrario.

Así las generaciones se suman, y se suma la maldición en la sangre; así los gritos de desesperación y la degradación constante, el silencio y sus ganas de matarte, cuanto más intenso el dolor. Cuanto daño se hace a quien se quiere, es incomparable al sufrimiento que se lleva dentro.

Y el Verbo se hizo Carne, y todas las palabras designaron lo que después se acabaría cumpliendo. No hay nada tan poderoso como la palabra, no importa el potencial, no importa con cuánta inteligencia se cuenta de serie. Descuidarse de la importancia de cuantas palabras nos hemos creído independientemente de su verdad, es condenarse sin remedio. Repite mil veces una mentira, y la convertirás en verdad. Así, se acabaron cumpliendo sus mandatos y se cayó en la estupidez, la traición, la soberbia, la falta de pilares y de sentimientos y en la decadencia, en fin, física, intelectual y moral.

Lucha después para deshacerte de todas las mentiras, para deshacerte de las maldiciones, para deshacerte de los falsos juicios y de las falsas predicciones. Deshaz todo el camino andado y cae en la cuenta de que éste no era tu camino. Coge la vida y háztela. Háztela a tu medida y conforme lo que mereces. Dejar de ser menos de lo que se puede ser es la única tarea religiosa que vale la pena emprender: creer en una misma. Y entonces, crearse a una misma. Sabiendo que el nuevo camino no empieza con una tabula rasa, sino que los demonios y los fantasmas recién apartados han de volver siempre. Y se les ha de matar cada una de las veces que vuelvan, o todo el proceso puede ser en vano.

domingo, mayo 31

Echo de menos cosas muy tontas.

Cosas tontas, básicas del día a día. Me faltan como si me faltara el oxígeno para respirar en medio de tanto aire contaminado.

Echo de menos decir te quiero. Más que escucharlo; siendo realistas, ahora mismo podría escuchar un te quiero si lo quisiera -y es que, en verdad, cualquiera puede decírnoslo, y/mas jamás sabremos si sus palabras son ciertas. En cambio, cómo dudar de aquello que sale de adentro. Aquello que nos reventaría por dentro de no salir afuera. Aquello que no podemos no decir; que está más allá de cuanto podemos controlar. Aquello que, si silenciamos, nos estamos traicionando a nosotrxs mismxs.
Además, no se trata del Otrx. No se trata del desamparo de quien se siente solx y necesita sentirse queridx y protegidx. Aquí es más cuestión de las ganas de unx de querer. 

Echo de menos, pues, decir te quiero. Dejarme caer en esas ocho letras. Sentirme en paz al decirlas. Sentirme en la gloria al decirlas.

Echo de menos un abrazo al llegar a la cama. Que el día acabe mientras se siente el latir de ese otro ser gracias a quien el hogar tiene significado. Y nombre y apellidos, más que calle y número.

Echo de menos esa plenitud completa sentida en un beso, en una caricia. Ese sentir del si la despedida final ha de ser hoy, aquí, en este momento, la conclusión que quedaría sería una feliz. Ese sentir del no querer nada más. De cuando todo queda subsanado, justa o qué más da si injustamente reparado.

Todo eso echo de menos, cosas muy tontas. Y yo sé que, a pesar de tantas buenas nuevas, a pesar de que la vida sigue en auge, la falta de estas cosas tan tontas me quitan ese noséqué de quien se siente vivx. Es como vivir la felicidad plena en tres o cuatro tonos menos de saturación. Es, pero no acaba de ser.


jueves, mayo 28

Hay que convertirse en Dios

El tiempo pasa más rápido que las reflexiones que podemos hacer sobre lo que nos va dejando. Pasa más rápido que nuestros miedos ante el futuro incierto, o aquellos que surgían sobre lo certero de lo que estaba por llegar. Y al final, los miedos siempre son peores que aquello que en definitiva acontece. 

A este animal de costumbres no hay nada que se le resista; por eso hay que tener cuidado con aquello con lo que lo alimentamos diariamente. A todo se acostumbra. Si no hay más, no hay más. Puede incluso aceptarlo. 

(¿Puede, realmente?)

(Puede, a costa de la voluntad. El obligarse a no hacer nada no deja de ser una acción -activa, repetimos. Y se necesita, a veces, más fuerza de voluntad para mantenerse en suspenso que para obligarse a moverse. El caos tiende hacia abajo: el esfuerzo es para que se mantenga todo en equilibrio, tal como está. Silencio, ni ruido, ni clásica.)

Buenas nuevas van llegando, mientras, no obstante. Y vienen prometiendo el tan anhelado fin y comienzo de lo que se retrasó un año en llegar. 

(¿Fue necesario este año? ¿Hubo aprendizaje previo necesario a la partida?)

Buenas nuevas y luego todo por llegar a un mes de distancia. La fecha es baladí; totalmente aleatoria. Podría haber sido cualquier otra. Pero concordaba con algunos asuntillos de la praxis y bueno.

Hay una lista donde se van apuntando las personas de quienes se han de citar una despedida. Pero para cumplir esas despedidas, habría que recorrerse media España, así que el radio se ha delimitado a más que menos, menos que más, sesenta km a la redonda. Lo que ande más lejos tendrá que ofrecer un encuentro ya en la nueva vida. Así quedan hechos los trámites burocráticos. Ésos, al menos. 

Hay cierta expectativa, es cierto. Tipo: cómo será la nueva vida. Lloverá mucho. Se logrará olvidar algo de la vida anterior. Qué tal andará el tema de las migraciones en el nuevo mundo; quién migrará, quién se refugiará, quién quedará eternamente sin patria. Qué poblaciones llenarán la mente. 

La única cuestión de fondo es que aquello que ha de llegar no parece real - y tampoco vendrá dado: hay que hacerlo real. ¿Pero cómo hacer real aquello que no parece real? 

Hay, pues, que fabricarlo. Seremos artífices. Nos tocará convertirnos en Diosxs.