jueves, mayo 16

De noche,

Qué peor mejor que el insomnio para escribir. Insomnio nuestro de todas las noches, como quien diría...

Pero nadie dice nada. En la noche, todo quieto, personas durmiendo. Duermen. No saben. Nada. Alguien escribe sobre ellas. Ellas no saben. Duermen.

Un lujo.

Un lujo poder escribir también. Que las palabras signifiquen. Pero estas no dicen nada. Ya no dicen nada. Tampoco. Peor que el silencio. Murmullo incesante de letras que caen, dedos que no saben parar sobre el teclado y escriben lo primero que se les ocurre. 

Menuda mierda.

Dónde queda aquello que fue. 

Ya no queda.

Ni un poco. 

Tan solo queda una última palabra con sentido: fin. Algún día se nos escapará de las manos y se quedará aquí, quietecita. Algún día. Mientras tanto, más ojeras. 

Mientras tanto, nadar en la nada. 

Mientras tanto, la vida pasa. 

Los libros ya no envidian a los amantes que entre ellos se hacen hueco, y de paso, hacen. El amor. Los libros ríen de pena, pues las lágrimas borrarían sus letras y ya nada tendrían que contar. Los libros piden clemencia. Los libros quieren ser abiertos de piernas. Quieren ser follados, como quien dice. Pero ya nadie dice nada.

Ya nadie hace. Ya nadie lee. 

Pobres libros. Qué vergüenza de biblioteca. Una pena. Tan joven, tan rica. Tan abandonada. Ya nadie te desea. Ya a nadie convences.

El vocabulario nos falta, las palabras son vacías. Nosotros somos, los que estamos vacíos.

Insomnio, insomnio querido, cuánto daría porque te fueras. 

Y vendrán y dirán y opinarán y nada sabrán. 

Pues el silencio cunde, y las gentes duermen. Y nada saben.

miércoles, mayo 15

Palabras van, palabras vienen

Cosa blanca y un mes o más o menos desde que ya no caen las palabras. Ni añoranza, ni necesidad, ni puntos suspensivos. 

Gente que habla, gente que aún cuesta entender. Tiempo cambiante. Lluvia, sol, viento, lluvia, nubes, sol, etc. Cada veinte minutos. Sol que nos despierta a las 5.40h todos los días. Sol que se acuesta a las 22h todos los días. Mar lejos, mar helado. Mayo. ¿Mayo? Joder.

Fin de las clases, fin de los ensayos, época de exámenes, cada domingo empieza una nueva semana. Volveremos a estudiar para cada examen la noche anterior. Como siempre dijimos que sería la última vez que haríamos. Qué más da, si ya se acaba y hay cosas que nunca se quieren aprender.

¿Y el verano? Cruel verano nos espera. La niña mimada que nunca quiso ayudar a las tareas en casa, ni mucho menos fregar platos, ahora tiene 30 horas semanales para hartarse de aquello de 'no quieres caldo, pues toma dos tazas'. Y en aumento. Vender tiempo por dinero. Vender vida por dinero. Para poder seguir con vida. 

Nunca la idea de trabajar hizo demasiada gracia. Había algo de horroroso en pensar en la venta del tiempo de uno mismo. Te vendo mi vida a precio de 6'19 libras la hora. Y la idea de los horarios. Estás obligado a. Venir a esta hora. Marcharte a esta hora. Este día. Ahora. Y tantas horas. Pasar más tiempo trabajando que con aquellos con quienes queremos realmente estar. A veces coinciden ambos ámbitos. La mayor parte de las veces, no lo creo. 8 horas de trabajo, más lo que te cueste llegar, más lo que te cueste volver. A veces más horas. ¿En qué se convierten los días? ¿En qué se convierte la vida?

Y para qué. 

Te dan una vida para obligarte a venderla para seguir viviendo una vida que ya no es vida. Pues no es vida la de aquellos que se la pasan en fábricas, haciendo el trabajo de una máquina. Pues no es vida la de aquellos que se la pasan fregando platos. La de aquellos que, la de aquellos que. Todo trabajo que podría ser hecho por una máquina no es digno.

No es digno, porque no somos máquinas, aunque nos hagan sobrevivir como tales.

¿Y cuál es la alternativa?

¿Dónde queda la libertad? 

La libertad, ah... ser esclavo 40 horas semanales a cambio de un par de horas diarias de libertad. Libertad para poder elegir no hacer absolutamente nada, libertad para dormir, libertad para perdereltiempo.

Nos chupan la vida...

El trabajo siempre debería ser voluntario. Nunca para poder vivir. Qué horror. 

Y todo es tan absurdo... tan patético. Tan patéticas estas letras, que de nada sirven, como si acabara de descubrir América. Absurdas y sinsentido, inútiles. Tanta inútil obviedad.

Mañana el mundo seguirá igual. O peor. 

Y mientras, la perspectiva de vuelta a casa, pronto necesaria, da terror. Pobre España, qué te están haciendo. 

martes, abril 16

Pataleta

Últimamente las noches son de razonada, racionalizada, desmoralizadora duda;
los días son apacibles, calmados, silentes; silenciosa afirmación temporal, diurna, de que todo va bien.
Nada es mentira, el amor es amor. Las caricias son caricias, los besos son besos.

El amor es sólo y solo amor.

Los cuerpos se abrazan en lágrimas nocturnas.
Las ojeras, tras la batalla nuestra de todas las noches, meros daños colaterales.

Pesadillas previas a la pérdida de consciencia: ¿y si este amor no es más que cierta locura que algún lenguaje psiquiátrico podrá definir? Imagínate, algún día descubrir que todo fue una farsa.

¿Pero quién podría quitarnos la Verdad de estas caricias, de estos besos, de estos abrazos que el corazón pide, que el corazón da?

Si nos la quitan, fíjate, no quedaría Amor tampoco en la Literatura, tan solo trastornos, dependencias, inseguridades, posesión, sufrimiento inútil, pobres infelices dramatizando su miserable cruz. Pastillitas para todos los poetas y el mundo se quedaría sin Poesía. Camisa de fuerza para los genios, y el mundo viviría en apacible normalidad. Puta mediocridad. (Y no es que la normalidad sea cuerda, es que nunca se plantea que no lo esté. Feliz en su ignorancia.)

Dicen algunos profesionales del alma humana que la pasión y la atracción van de la mano de la destrucción. O algo parecido, como si importaran mínimas diferencias en algo tan triste. Dicen que, en fin, habría que apartarse de aquél o aquélla que te atrajera irracionalmente (¿puede la atracción definirse de otra manera?), pues te llevará a la ruina. Así que más bien busca a alguien que, aunque te resulte menos atractivo (bonito eufemismo para decir que dejes la pasión de lado y te mueras en vida; ¿será que peco de maniqueísmo?), pueda ofrecerte tranquilidad, coherencia, cariño sin sobresaltos.

No en vano había cierta frase que abogaba porque nos quedáramos antes con quien nos quiere que con quien queremos.

Menuda estupidez.

Menudo conformismo.

Felicidad conformista.

.... pues la verdad es que me parece bastante triste. Si la alternativa a alejarse de la persona que te atrae y te vuelve, literalmente, loca, es vivir una apacible vida feliz al lado de alguien que sólo puede ofrecerte coherencia y sosiego... menudo aburrimiento. ¿Habremos de hacer excursiones a los parques de atracciones para sentir alguna simulación de emoción?

En qué se nos quedará la vida.

viernes, marzo 22

Después del fin del mundo

La mayor preocupación para el día del fin del mundo
no era exactamente que el mundo tocara a su fin,
que cuestiones tales son de mínima importancia,

era mayor el dolor porque el desenlace fuera a encontrarnos fríos,
muertos ya de antemano: sin nadie a quien querer, sin nadie que nos quisiera.

Cómo podría llegar uno al final con las manos vacías. Qué tristeza.

Poca ironía podría quedar en ciertas sonrisas hoy.
Pues la vida se encarga de traernos lo que le vamos pidiendo,

solo que, a veces, no controla muy bien las cantidades, o sí, y todo no es más que otra de sus burlas;

o no, y no es la vida, sino nosotros,

que no sabemos; en general, apenas nada. En particular,
olemos el peligro y nos acercamos,
sabemos que no y queremos un sí,
conocemos las palabras de la conveniencia y la razón,
nos dejamos atrapar por las emociones de lo prohibido e imposible.

Una de las mayores lecciones que el mundo intenta inculcarnos es que no se puede tener todo.

La mayoría lo acepta.

Pero siempre hay algún loco o estúpido que se resiste
(y prefiere quedarse en nada a no poder tenerlo todo),

y lanza al aire, con más inocencia que picardía,
por qué no podría querer cierto beso.
Por qué matar ciertos deseos, alejarse cuando aún es tiempo, cuando...

[...]


Una voz habla. Está aquí, a tu lado, pero la oyes lejana. 
Esa voz es el resumen de una vida.
La tuya.
Te esfuerzas en no perderte en imaginaciones; no puedes evitar ver esa vida como si fuera una película. Suena tan lejano.

Tienes ganas de que desaparezca la distancia. 
Tienes ganas de que la voz te acaricie el oído, que te susurre sentimientos. Quieres cercanía.

Echas de menos la voz. 

Así que te alejas aún más. 
Cierras la ventana, le das una patada, le pones la mano en la boca. Desaparece unos días.

Deseas que venga. Que sea el único sonido que llegue a tus oídos. Que te abrace delirando notas. Esa voz.

¿Se puede?

Te preguntas qué te estás preguntando.

Piensas en qué estás pensando. No buscábamos coherencia. ¿O era al revés?

Cierras los ojos, te hundes bajo la manta, sonríes y cae una lágrima. Todo junto.
Make me feel again, canta una canción. Ya no escuchas la voz.

Te sientes triste, te sientes feliz. Ni tú lo sabes. Echas de menos la voz 
...mientras te alejas.

lunes, marzo 4

Conversaciones de madrugada

Se quedan las ideas nuevamente en conversaciones de madrugada y nada más, pues es en la noche donde la magia existe y el imposible es real con solo ser imaginado. 

Nuevamente, tan solo conversaciones de madrugada, donde corazón y pensamiento se cogen de la mano y cambiar el mundo es sólo cuestión de planear en detalle. Como en un influjo, las palabras llegan una tras otra, forman la eterna pregunta del Por qué?, y seguidamente miles de nuevos por qués cuestionan cada atisbo de respuesta. 

Sería tan fácil cambiar el rumbo. Conocer los personajes adecuados, aprender de diplomacías, de poder, muchos papeles con puentes europeos, o de antiguos presidentes, y un largo etcétera.

Pero el sueño acecha, el alba no ha de encontrarnos esperándola, y los por qués cambian a buenas noches, que descanses, y sonrisas que indican que el juego a ser revolucionarios ha acabado. 

Mañana, desaparecida la oscuridad, desaparecida la magia y el recuerdo siquiera del imposible imaginado nos hará sonrojar. Sonreiremos, nuevamente, irónicamente, tristemente.

Otra conversación de madrugada más.

Otro sueño muerto antes de venir siquiera de manos de Morfeo.



(Para cuando caigamos en la cuenta del letargo que nos ahoga, ya nos habrán matado.)

viernes, marzo 1

Cosas del este

Imagen tomada de: http://blogu.lu/mihi/files/2011/02/baba-dochia.jpg


Llega la primavera. Casi se me olvida que marzo ya anda por aquí. Dice una tradición que hace tiempo, una vieja quiso subir al monte con su rebaño de ovejas, en estos tiempos donde el invierno aún no se decide a irse y la primavera toca, tímida todavía, la puerta. Antes de partir, la vieja se enterró en nueve abrigos, a cual más grueso. Pero cuanto más subía el monte, más cálido el tiempo. Así fue, que cada día se iba quitando un abrigo; hasta llegada la cima, la vieja no tenía ninguno más para protegerse del mortal frío que la esperaba.

La vieja se quedó ahí, congelada, junto a sus ovejas, convirtiéndose en rocas. La vieja se llamaba Dochia.

Desde entonces dicen que la suerte o el carácter de cada uno durante ese año va en función del día que elija su Vieja. Del 1 al 9 de marzo. Claro, que se debería escoger ese día antes de la llegada de marzo.

Van ya dos años que me olvido de escoger mi Vieja. El año pasado me acordé allá por el segundo o tercer día. Este año me he acordado hoy, al darme cuenta de que estábamos ya en marzo. 

Ya no puedo saber cómo será mi suerte este año.

Aún hay más tradiciones este día en particular y estos días en general. Son hermosas. Diría, así mismo, que la mayoría tienen origen pagano, lo cual, en cierta manera, aun las hacen más hermosas. 

Lástima que aquí, en Occidente, la cuna de la Razón antaño, poca importancia tienen.

Uno quiere tanto luchar por escapar, por huir, por marchar lejos, cuanto más, siempre mejor; pero la mente juega sus propias reglas, y aunque sea dos o tres veces por año, nos recuerda que hay cosas que aún echamos de menos.

domingo, enero 27

Adiós.

Leo lo último que iba a publicar hace un par de días.
Hablaba ahí de tantas cosas que ahora mismo no valen nada. 'Luchar', 'locura', 'amor', 'todo'.
Cuánta estupidez.
Sí, Whitman, decías en tu oración que igual era el ánimo de los que ganaban y los que perdían.
Pero no las fuerzas que quedan para seguir luchando nuevas batallas.
Pero no la fe.
Pero no la esperanza.
Hay que intentarlo todo, aunque se nos vaya la vida en el intento, tienden a pensar los idealistas.
Ya, pero... hay que recordar que uno puede realmente perder la vida.
En fin.
Hace tiempo que no escribo algo que realmente considere de algún valor. Las palabras ya no me sirven, ni las leídas ni las escritas. Ya no puedo hacer nada con ellas.
Ha sido un placer escribir y leer en este medio. Ha sido un placer escribir, en general.
Quizá algún día vuelva a hacerlo.
Por ahora, me despido. Ya no tengo nada que ofrecer.
Que les vaya bonito y tengan mucha suerte.

miércoles, enero 23

Idílico, dice

¿Has oído decir que era bueno ganar la jornada? 
Yo también afirmo que es bueno perderla . . . las batallas
se pierden con el mismo espíritu con que se ganan.

No hay más noches que esta noche. No existe lo que fue, lo que será, existe esto... y apenas si dura un momento.

La jornada acaba, el sueño se escapa por la ventana, dolores y amores nos abrazan por igual.

Empieza nuevamente a nevar, a dos mil kilómetros un padre da el biberón a su renacuajo,

el renacuajo desconoce todavía la existencia de la nieve,
de los dolores de la mente y del corazón,
tan solo tiene hambre, sed, sueño y ganas de cagar.

Aunque ya empieza a intuir el miedo a la soledad.

Quisimos tanto a ese padre alguna vez.
El amor de una vida;

y luego vinieron otros,
amores de otras vidas, o de toda una noche - que no es poco.

Noches como esta y otras que ya ni recordamos,
y hay tan poca diferencia entre la felicidad del niño en trineo y la felicidad de los amantes jugando a besarse, a acariciarse. A amarse.

La niña no olvidará jamás al abuelo paseándola en trineo,
jamás al chico de la rosa en la boca;
lo quisiera ella como abuelo de sus nietos.

Pero no sabe, no sé, no sabes,

querer tan solo una cosa.

Amores y dolores llegan con la noche y el sueño no nos salva,
quisiéramos tantos besos, de tantas bocas,
pero cada una clama exclusividad.
Y tan solo tenemos una boca.
Tan solo un corazón.
Tan solo una vida.

Y tanto deseo y pasión. Tanto amor.

Y tan fuerte se siente la unión con su alma,
ahora indistinguible de la nuestra,
como desnuda la mano se encontraría ya sin su anillo.

Como rápidos se aceleran los latidos al encontrarnos a aquel otro, que no es él.

Y el sexo humedecido por tantos, múltiples caras de él.

¿Me contradigo?
Muy bien pues . . . me contradigo;
soy grande . . . contengo multitudes.

Pero ya se acaba la jornada, la batalla se perdió, persisten los dolores, los amores de distinta índole,

y nos envidia el padre con el biberón por ver nevar y leer a Whitman.
Idílico, dice.

Idilios, desde luego, que nunca falten.

jueves, enero 17

Esperanza

La noche llega con su velo negro y no hace más que realzar la blancura impoluta que ahora la ciudad viste.

Y ya el corazón no vomita dolores, ni lucha contra batallas ya ganadas, ni espera, ni desespera ante silencios que por siempre han ya de quedar.

Se olvidan las cartas no escritas, se rompen las pesadillas del día a día, se perdonan los sinsentidos de un taxi cogido para nada, se refrenan las ganas de correr hacia atrás y decir: No, aun no quiero irme. No, aun no quiero que te vayas.

Se recuerda, sin embargo, que habíamos venido para despedirnos, en la nieve queríamos escribir bien grande: Te olvidé. Pero parece que el otro nos olvidara antes.

Y algo así como un poquito, un poquitito, dolió.

Mas quién podría dejarse llevar por los vaivenes del corazón en horas tan tranquilas, tanta paz traen cada uno de estas estrellas blancas que sin prisa, pero sin pausa, caen pintando las calles, los tejados, los coches, nuestros guantes. 

Ya pedimos perdón y clemencia por tanta contradicción, incoherencia y sin razón: no vale la pena ahora deshacer este manto níveo con la sal de nuestras lágrimas.

Sonreiremos y cobijaremos nuestra rosa roja del frío y la tormenta que se avecina.

martes, enero 15

Dulce Navidad

Sientes las manos temblar.
Tiemblan ellas por el crimen, tiembla el corazón por el puñal.
Ante tanto No, cuan poderoso se erigió.
Y destrozó.
Y arrancó todo cuanto pudo, todo cuanto quiso permanecer:
quedarse, dar sentido, salvar unas creencias,
unos sentimientos,
promesas,
esperanzas,
etc.

Sientes honda la culpabilidad.
La estupidez.
La debilidad.

Y si al menos se hubiera conseguido algo.

Ni eso.
Ni tan solo eso.

(Y piensas que si, quien sabe, de haberse conseguido algo,
no habría sido peor.
Encontrarnos a la víctima despierta,
¿no habría resultado más mezquino todavía?
¿No vale más haberla matado mientras dormía?
De habernos visto, ¿qué nos habría dicho?
- ¿Has venido a matarme?
¿Y qué podríamos haber contestado?
No cabe la mentira frente al que pronto ha de abandonarnos.
- A matarte vengo, aunque tan solo necesitaba hablarte 
una vez más antes de.
Antes de. ¡Cuánto egoísmo!)

Ni tan solo eso.
Dulces sueños tenía.
Mientras nuestro tormento su corazón apuñalaba.

- Dulces sueños tengas.
Lamento no comprender estos deseos locos de matarte.
Lamento yo seguir con vida.