sábado, diciembre 29

Vivir

La verdad, ¡qué palabra!

La mayor estupidez que el espíritu humano ha podido concebir es la idea de la liberación mediante la supresión del deseo. ¿Por qué frenar la vida, por qué destruirla para obtener un beneficio tan estéril como la indiferencia total y una liberación ilusoria? ¿Cómo se osa hablar aún de la vida cuando se la ha aniquilado en uno mismo? Estimo más al individuo de deseos contrariados, desgraciado en amor y desesperado, que al sabio impasible y orgulloso. Se debería liquidar a todos los sabios de la tierra para que la vida pueda continuar existiendo tal como es, ciega e irracional.
Odio la sabiduría de esos hombres a quienes las verdades no les afectan, y que no sufren a causa de sus nervios, de su carne y de su sangre. Sólo amo las verdades vitales, las verdades viscerales que provienen de nuestra inquietud. Todos aquellos que piensan de manera vital tienen razón, pues no podrán encontrarse argumentos decisivos contra ellos. Y, si se encontraran, no resistirían a una utilización abusiva. Que haya personas que buscan aún encarnizadamente la verdad me deja estupefacto. ¿No se ha comprendido todavía que no existe?

Miseria de la Sabiduría

Odio a los sabios por su complacencia, su cobardía y su reserva. Amo infinitamente más las pasiones devastadoras que un talante uniforme que vuelve insensible al ser tanto respecto al placer como respecto al dolor. El sabio ignora lo trágico de la pasión y el temor a la muerte, de la misma manera que desconoce la fuerza y el riesgo, el heroísmo bárbaro, grotesco o sublime. El sabio se expresa con máximas y da consejos. No vive nada, no siente nada, no desea ni espera. Se complace en nivelar los diversos contenidos de la vida y asume todas sus consecuencias. Mucho más complejos me parecen aquellos seres que, a pesar de esa nivelación, no cesan sin embargo de atormentarse. La existencia del sabio es una existencia  vacía y estéril, pues se halla desprovista de antinomias y de desesperación. Las existencias que se consumen a causa de contradicciones insuperables son mucho más fecundas. La resignación del sabio procede del vacío y no del fuego interior. Yo prefiero mil veces más morir a causa de ese fuego que a causa del vacío y de la resignación.


En las cimas de la desesperación, E. Cioran

viernes, diciembre 21

Semanas antes del fin del mundo

 Sabes perfectamente qué es lo que haces aquí,
pero cuando realmente lo aceptes,
será demasiado tarde para todos.
 
Y de repente, te paras. En la hora menos apropiada. Miras delante: desde este cuarto piso las vistas son magníficas. Aunque sea de noche. Aunque sea domingo. Aunque estés en una biblioteca. - Piensas, de vez en cuando piensas: - qué cojones estás haciendo aquí. Bajas la mirada - en la rotonda los coches giran por la izquierda. Sabes que enfrente hay una montaña porque las luces de la ciudad van alzándose poco a poco al cielo. Quizá sea John Lennon. Quizá sea el café. O la mezcla. O Kultur Shock, o Chavela Vargas, o todos, o pasar tan rápido de un estilo a otro. Quizá sea la noche. Quizá sea que a dos mil km..., mientras que a menos de un metro..., pero ah, tonterías. Hacía tiempo que las letras no se dignaban a salir y ahora se pelean por ser escupidas atropelladamente, la mano temblando, quieren expresar ese mar de nada cuyas olas sólo la noche, en algunos momentos, nos desenreda y nos descubre algunos de sus secretos más oscuros. Más crueles. Si es que hay crueldad en el alma humana y no es más que tristeza, tanta, demasiada tristeza. Quién sabe. Tan solo son las ganas de no parar de escribir. Adoras este instante. Adoras el nerviosismo del café, de la noche, de la distancia de menos de un metro. Gritarías, si es que no es lo que andas haciendo escribiendo estas letras. Con que solo alguien te escuchara a tiempo y parara el embrujo.  Los coches siguen circulando al revés. Allá fuera, el mundo sigue su marcha normal: a la inversa. ¿Quiénes son los locos? Pronto será de día y la cuestión es que no deseas que ésta llegue. Te asusta, como hace unas horas te asustaba la llegada de la noche. Oscuridad, bendita oscuridad.

martes, diciembre 18

El corazón perplejo

Desventurado corazón perplejo,
inconsecuente corazón,
no dudes.
No tiembles nunca más por lo que sabes,
no temas nunca más por lo que has visto
.
Calamitoso corazón,
alienta.

Aprende en este ahora
el pálpito que vuelve con lo eterno,
para latir conforme en valentía.
Los números del mundo están cifrados
en la clave de un sol tan rutilante
que te ciega los ojos si calculas.
Ciégate en esperanza,
errátil corazón,
suma los números.
Un orden en su imán te está esperando.

Desde el final del tiempo se levanta
un ácido perfume de hojas muertas.
Respíralo y respira su secreto.
Abre de par en par tu incertidumbre.
No permitas
que encuentre domicilio la tibieza,
ni que este inescrutable amor oscuro
cometa el gran pecado de estar triste
.
Acógete a ti mismo en tus entrañas
con tu abrazo más fuerte,
tu mejor padre en ti, tu mejor hijo,
gobierna tu ocasión de madurez.

Insiste una vez más,
aspira en estas rosas
su pútrido fermento enamorado.
En este desvarío de tu voz
se desnuda el enigma, transparece
la recompensa intacta de estar siendo.

Aquí estamos tú y yo,
altivo corazón,
en desbandada.
A fuerza de caer, desvanecidos.
y a fuerza de cantar,
enajenados.



Carlos Marzal.

miércoles, diciembre 12

Cualquiera de estas noches...

La desesperación a ciertas horas de la noche simplemente no es buena.
       La noche, tan poco sutil abriéndonos las puertas de los abismos que el día nos tiene encerrados bajo siete llaves.
              La desesperación, que tanto pide y tan poco tiene, la paciencia, la paciencia, la madre de toda virtud, la paciencia, dónde está la paciencia.
 
Es estúpido pensar que a veces basta con contar hasta diez para dejar de hacer algo que nos quemaba las entrañas por ser llevado a cabo.
 
Cuántas veces pensar aquello de: espera hasta mañana: si en la mañana sigues queriendo hacerlo, lo harás. Pero 'mañana' suena siempre tan lejano. Y las cosas que se quieren ya. Y tras dos segundos de indecisión: no puedo esperar, he de. Ahora o nunca.
 
Así con todo.
 
Y así va todo.
 
Es lo malo -o lo bueno- de la noche. Tan tentadora mostrando cuántos misterios tendría para desvelarme. Yo quisiera que nunca me pillara despierta. Es difícil cuando se vive en una ciudad donde a las tres atardece. Me es díficil negarle algo a la noche. Me es díficil parar en seco pensamientos, sentimientos y acciones hasta que vuelva a ver la luz del día. Cuando la noche me enseña tanto.
 
Tentadora y rastrera. A veces no quiere más que destrozarnos, envidia, tal vez, de ver que todo sigue su rumbo -estabilidad-. Sus encantos son engaños, sus misterios, arenas movedizas. Luego llega el día y qué. La noche se esconde y sólo nos queda ver el desastre que acabamos de provocar. Ver, llevar a cuestas. Cambio, contínuo cambio.

lunes, diciembre 3

Sometimes

A veces es una pena ver el curso que toman las cosas. Poco a poco, sin prisa, pero sin pausa.
 
Es una pena, sí. Y el intervenir... empieza a verse como falto de sentido. Ya, para qué. Si tampoco se tiene nada mejor para aportar. Ya, para qué. Si no se tiene derecho a intervenir.
 
Si es la destrucción el sino, ya empieza a cansar ser la única que lucha en contra de su llegada.
 
Qué pena, qué pena, ¿...qué pena? ¿Es realmente una pena?
 
Que cada uno luche por lo que desee. Si no se atreven, pues que lo pierdan todo.

miércoles, noviembre 21

Se acaban las palabras

Me pregunto si
es así que, en menos,
hay más.
Decía algo Cioran de la poesía,
pero no recuerdo el qué,
ni tampoco es que me preocupe:
no es que sepa siquiera hacer poesía.

Quizá sí,
quizá en un verso
hay más verdades que en toda una tesis doctoral.
Por supuesto.
A veces las palabras solo están para estorbar.

Por eso,
A veces, sólo a veces,
conviene callar. Pero eso también lo dijo alguien ya una vez.

Me pregunto si queda algo
que no haya sido dicho ya.

Ni siquiera la evolución
de la ciencia, la tecnología;
sólo son desarrollos de muy antiguas ideas.
Cientos, miles, años.

No sé.

Tal vez la vida solo sea un contínuo descubrimiento de
pensamientos, sentimientos, ideas, pasiones
que desde los siglos de los siglos
han movido a la humanidad.

El universo se crea en cada vida.

Sería menospreciar el potencial humano pensar de otra manera.

Y no estamos para tonterías.
Ya bastantes hay que nunca...
nunca entienden nada.
Si es que hay algo que entender.

Debería haberlo, sin embargo,
no por nada, sino por piedad.
El sufrimiento del ser humano es demasiado grande
como para que ni siquiera haya un sentido.

lunes, noviembre 19

llenando tiempos

Tenía en mente algo sobre lo que escribir y no sé en qué momento lo he olvidado.


Aforismos. Ah, sí, eso. La idea, La Idea. Para qué alargarse más, explicando. Quien quiere entender, entiende. Aunque sea algo completamente distinto a lo que el autor quiso expresar.

¿Importa?


Quizá sea por falta de tiempo. Por falta de ordenador personal. Por... ¡ah sí! Ya sé. Acabo de recordar:

Tres idiomas. En cada uno de ellos voy perdiendo progresivamente profundidad. Dumnezeu, Dios, God. Cer, cielo, sky. Ortodoxismo, catolicismo, protestantismo. Qué tendrá que ver la religión con el idioma o con las gentes. (Las gentes... es horrible que esa expresión se haya unido a mi vocabulario.)

Me pregunto si decir que a mayor profundidad del alma, mayor la corrupción a la que esta puede llegar es tan solo una banalidad. 

Decía que tengo muchas cosas que decir. Tantas, que podría llegar a escribir sólo monosilabos. No sé, tengo el cupo lleno, pero no tengo palabras. Algun día explotará. El qué, no lo sé. Prefiero no saberlo. Llueve. Para variar. 

Tengo muchas ganas de tener respuestas. Me pueden las ganas. 

Bah. En verdad, creo que el problema es que no sé qué quiero.

El mismo problema que viene siendo el quererlo todo. En el fondo, ¿qué es todo?

No sé.

Ya no sé. (Y aun así, siento que sé más de lo que gustaría.)

viernes, noviembre 9

No ha de ser tan...

Todo se rompe. Lo que en un primer momento te sirvió como apoyo por lo similar, ahora te muestra su cara más cruel: todo se rompe. Ya no quieres verlo como similar. Te asusta pensar que el virus pudiera transmitirse. La cabeza se te rompe en mil dudas mientras que tu voz lo resume todo en: no pasa nada. Cierras los ojos y el miedo te saluda. Empiezas a entender lo que no querrías entender. Piensas que quizá siga habiendo tiempo: aún no es tarde para echarse atrás. El problema no es tal sino exageración. Pero los peros se suceden uno tras otro y ningún pero trajo nada bueno.

Y dices: Paremos. Dejemos de pensar. No más movimientos, no más pasos. Desaparezcamos por un momento del paisaje. Deliberemos, echemos la basura, si es que hay tal. Uno, dos, tres días, no se necesitan más. Ni siquiera dos semanas. Que les den un poco a los impulsos. Que se callen un rato. No todo es un: Quiero Esto Ya. Esperar. Esperar. Esperar. No ha de ser tan difícil. Tomemos ventaja desde fuera. Desde el silencio. Callemos. Sólo se admite la cara de póker.

Bajemos la temperatura. Bajemos la intensidad. Bajemos el ritmo.

No ha de ser difícil. Solo es cuestión de querer.

domingo, noviembre 4

Confesiones en lo abstracto.

Ser inocente en el lenguaje si no es posible serlo en el sentir.
Hablar sin hablar y decir todo lo que aun no se atreve ser expresado.

viernes, noviembre 2

Ya

No sé aguantarme las ganas de pedir algo que quiero cuando lo quiero. Me puede la impaciencia al juego de las indirectas, más todavía al del hacerse esperar... intento jugar juegos que siento perdidos de antemano. Los padres no corrigieron los caprichos de la niña cuando era tiempo. Ahora es tarde.

martes, octubre 30

Dos minutos

Echar de menos. Veinte minutos para escribir. Echar de más. Horarios. Buen hacer. Dolor de cabeza. Rebelión. Echar de menos. Nombres, personas, lugares, situaciones, pasado. Futuro incierto. Echar de menos. Berlín. Berlín. Por qué ahora. Deseo de ser piel roja. Nuevamente. Obsesiones. Antiguas. Libros de cabecera. Echar de más. Dolores apagados. Venganzas inútiles, pagos con misma moneda ya en desuso. Cansancio. Libertades robadas. Libertad. Libertad. Amor. Sexo. Incompatibilidades.

Rebeldía. Grito. Deseo. Juventud. 

No-sé. No-saber. Dudas. Dudas. Malestar en el equilibrio. En la seguridad. Ansias de cambio. Más. Otro. Querer la inestabilidad. Luchar contra las bases. Tristeza. Locura. Echar de menos.

Alegría, bipolaridad.

No-entender. Tiempo. Respuestas. Cinco minutos. Adiós.





lunes, octubre 29

Inutilidades

Hace tanto tiempo que no escucho música que creo que me estoy poniendo enferma.

Echo de menos tumbarme en la cama y mirar el techo. Ése Silencio y ésa Soledad.

Echo de menos tumbarme en la cama y mirar el techo mientras la música me envuelve. Ésa Soledad acompañada.

Echo de menos parar.

Echo de menos escribir.

Echo de menos hacer nada.

Echo de menos leer literatura.

No me gustan las palabras útil, productivo, trabajador, práctico, profesional, seriedad, provechoso, interés, pragmático.

Son asquerosamente odiosas en según qué contextos. Contextos como el de los días que corren.

Me gusta inmensamente perder el tiempo en lo inútil. Me fascina, me da vida.

Echo de menos perder el tiempo en lo inútil.


- Qué horriblemente feo es el mundo de los adultos y su madurez estúpida.
Agh, no sé cómo se puede vivir así.
Sin pararse a vivir.
Teniendo horarios para vivir.

domingo, octubre 21

Reflexiones aun por reflexionar.

Así como es cierto aquello de que hace falta que todo cambie para que todo siga siendo igual, y como tal, no deberíamos esperar tal cambio global; también es cierta la dureza de constatar que precisamente, después de los distintos cambios, siguen igual los peores aspectos.

Etc.


sábado, octubre 6

Casas viejas, amores de antaño




Hay tantas emociones, mi vida...

Así me gustaría empezar a escribirte, así empiezo a hacerlo en una carta que aún no sé si leerás.

Quizá sea porque en esta hora hace calor, porque desde mi ventana veo calle abajo y encuentro tanta tranquilidad, y miro un poco más acá de mi ventana y hasta hay una pequeña araña que por vez primera no me asusta ni siento deseo de hacerla desaparecer.

Casas viejas, ya sabes, llenas de estudiantes cuya última preocupación es quitar el polvo de las estanterías.

Yo intento mantener un mínimo de orden, el mismo que quiero en mi cabeza, y ya ves que he querido personalizar esta habitación cuanto he podido. Desde las sábanas a la manta, todo rojo, qué me habrá dado por ese color; a las fotos y las postales en la pared.

Pocas de las primeras, llena la pared de las segundas. De tantos lugares que me fueron hogar. Tanta vida vivida encierran esas imágenes. Faltan algunas... Ya sabes, vida mía, que eran otros tiempos y no supimos hacerlo mejor y me negué a tener recuerdo material de alguna ciudad que pisamos; encontrarás en cambio muchos lugares que desconoces, y cuya historia algún día te contaré. Tengo tanto que contarte.

A veces me pregunto si no acumulo historias tan solo para compartírtelas después. Para decirte: mira, aquí estoy, mira cuánto he aprendido, cuánto la vida me ha enseñado, observa cuánto tengo para ti. Todo lo que soy es para ti. Permíteme entregarme en cuerpo y alma. No hay ni un solo deseo que sea mayor que este. Déjate llevar y verás que nunca mis palabras fueron solo palabras.

Quiero enseñarte cuánto sé hacer con mis manos, cuánto, con mi mente. Quiero mostrarte el vaivén de mis emociones, de cuántos matices estoy hecha. Cuántos sueños he logrado y cuántos me despiertan cada día, que son tantos que quiero compartir contigo. Mi alegría y mi pasión, mi punto de maldad, mis incoherencias, mis debilidades y mi vuelta a empezar. 

Quiero que estés orgulloso de mí. Egoístamente quiero ser lo mejor que conozcas, que te consideres afortunado por haberme encontrado. Como yo agradezco, al Dios en quien sólo creo por tu existencia, cada vez que te pienso.
Quiero que todo lo que necesites, lo que te haga falta, lo que desees, puedas encontrarlo en mí. Quiero que no me falte nada de lo que tú puedas querer.

Quiero llenarte la vida en una sonrisa. En una mirada.

Quiero que halles en cada uno de mis besos lo que sentiste en el primero, ése que aún no sé recordar sin perder el sentido de lo que es real y lo que es milagro, quiero que halles lo que sentimos de nuevo, tanto tiempo después, en nuestro reencuentro. Un reencuentro que nunca pude imaginar que podía darse, pues me parecía tan cruel permitirme soñar y desear utopías de ese calibre.

Tal como uno escribe para los demás, aún escribiendo para uno mismo -con la esperanza de que alguien, él mismo, algún día vuelva a sus letras-, uno también vive para los demás. Es esta entrega continua de lo que somos lo que constituye para mí, mi sino. Mi sentido. Mi razón. 

Y sin ser suficiente darnos a tantos como pueblen nuestros días, necesito el amor. Sólo éste es capaz de llenarme, satisfacer al animal eternamente insatisfecho, eternamente deseoso de más. Es en el amor donde acaban las preguntas, donde empieza la vida.

Y el Amor... lo defino con tu nombre. Y no miento si te digo que no tengo temor al caer en la cuenta de qué significa esa frase. Si después de ti, no sé volver a sentir así, qué importa. No le temo al futuro. Porque amo, daría la vida a este instante.

martes, septiembre 25

Necesidades básicas


Mi vida carecería de sentido sin esta sed continua de conocer al otro, a los otros, y sin embargo, pienso en mi peor prisión y no la encuentro sino en la falta de soledad.

domingo, septiembre 16

Cambios

Leo lo último que he escrito y apenas si puedo creerme que lo escribí yo. Podría imaginar en esta publicación un diálogo con mi yo de hace no más de diez días y mi ser de ahora y podría asegurar que parecería una conversación entre dos personas totalmente diferentes.

No es por cómo haya cambiado yo, que sí, también [y por consecuencia de], sino por los acontecimientos que, uno tras otro, día tras día, se han sucedido, sin pausa y ¿sin prisa?. 

Tan sencillo como es comprender que si me hubiesen desvelado un cuarto del futuro inmediato hace diez días, no habría dado crédito a lo que escuchaba.

No estoy creando un halo de misterio, simplemente es que no sé explicarme de otra manera.

Nueve meses es lo que tarda en llegar al mundo una vida humana. 

Nueve meses es lo que, según Saramago, tarda un muerto en irse del mundo de los vivos, en ser olvidado poco a poco.

En nueve meses la vida puede dar mil vueltas con la única meta de llegar al mismo punto de partida. Ahora con más experiencias, con más vivencias, con más vida, con más olvido, con más calma, con menos dolor, con más amor, con. O sin.

Nueve meses es mucho tiempo y tan poco a la vez. El tiempo es relativo. El tiempo es relativo. 

Desde que tengo uso de razón he tenido fechas marcadas en el calendario. A los nueve o diez años supe que quería irme a otro país; que a los dieciocho me iba a sacar el carné del coche; que a esa edad sería libre y no viviría más con mis padres; a los quince o dieciséis supe que haría la carrera que me viese en gana hacer; que me iría de Erasmus pasara lo que pasara [amores, amistades, familia]; a los diecisiete supe que estudiaría Filosofía por imposible que en ese momento me pareciera; a los dieciocho... tantas cosas.

Lo último que he sabido, hace nueve meses, era que ya no iba a tener tiempo para el amor en un tiempo; que me esperaba un tiempo de duelo que poco a poco tenía que mezclarse con el olvido. Perdiéndome mientras en tantas camas como quisieran alojarme, para dar finalmente el gran paso hacia el extravío total en otro país, en otra cultura, en ninguno de mis idiomas, en total soledad. Y empezar de cero; otra vez.

Mantengo una buena relación con mis sueños. Los de día me guían hacia mi futuro, los de noche me cuentan qué anda mal en mi pasado. Y no cesan hasta darles una respuesta. 

Lo único que me pedían últimamente era que pensara sobre el significado de 'Nunca más'. Tan simple como eso. Y entre todas las despedidas, de los amigos, de la familia, de los profesores, de los conocidos en general, una más. 

Una más, de una persona de la que hacía nueve meses que no sabía siquiera si seguía viva. 

No debe ser difícil, hola, qué tal, cuánto tiempo, cómo te ha ido, me alegro mucho, ya nos veremos, que vaya bien, hasta la próxima; lo que no debe ser difícil suponía para mí medio infarto. Sudores fríos, mareos, nudos en el estómago, aproximación al Parkinson, corazón desbocado, pérdida del sentido de la realidad, etc, para qué seguir. 

Claro, la cuestión que no me atrevía a hacer era el porqué de todo esto, qué razón había para sentirse así y no poder remediarlo; si todo estaba olvidado y somos personas adultas y como tal hemos de actuar y estupideces por el estilo.

No sé si como persona adulta que hace lo correcto o porque simplemente no podía irme del país sin despedirme de él, pero le escribí. Entonces desaparecieron los sueños, las pesadillas, pude volver a dormir bien de noche, el peso invisible de veinte kilos que arrastraba encima de mi cabeza desapareció, etc.

Y entonces volvió a mi vida, y los nueve meses parecieron no haber pasado nunca, y me desvestí de tantos vestidos y máscaras bajo los que me había escondido en estos meses, y volvió a mí la fe, la fe en el amor, el respeto, la lealtad, la honestidad, la bondad, la humanidad. La inocencia. La niñez. Me quité el abrigo del cinismo, la chaqueta de la ironía, el vestido de la 'adulta' que ni siente ni padece, ni le importa no hacerlo.

Y volví a encontrar un hogar en el que ya no creía, un hueco tan naturalmente mío en sus besos, sus abrazos, su ternura. Sus caricias y sus palabras de amor que en ninguna boca han significado lo mismo. Y me he perdido durante minutos y horas en su mirada, sin poder separarnos, sin poder dormir si no era enlazado mi cuerpo, sin ninguna prenda del diablo de por medio, al suyo, también desnudo. Y guardar esos momentos entre los más felices de mi vida. 

Cuando entró en mi vida, sentí que era mi compañero en el camino, esa persona que uno quiere para compartir el resto de sus días con ella; como también supe que lo había conocido demasiado pronto. Que no me había dado tiempo apenas a vivir, a conocer mundo, a tener experiencia. Y tan hondo sentía que nos íbamos a separar, como fuerte siento ahora que no va a volver a salir de mi vida. Aunque pasen diez años en volver a vernos; ahora que nos separan tantos kilómetros. Como si nos importara. Soy feliz.

lunes, septiembre 3

Pensamientos de última hora y adiós

Teniendo en cuenta la inmensa improbabilidad que existe de haber nacido, creo firmemente en la suerte. 

Por el mismo razonamiento, algunos pensarán en la desgracia que tienen precisamente por estar existiendo.

Yo, como mucho creo que no es suya la desgracia, sino nuestra, la de todos los demás, de que gente que se queja de la vida haya tenido la suerte de nacer. Por tenerlos que aguantar, vaya.


*


Me enamoré hasta la médula de una persona básicamente triste. La tristeza le configuraba hasta el contorno de sus ojos; qué decir de la mirada, que alguna vez fulminó, enloquecida, a la mía. Apasionada, pero tristemente enloquecida. Tan rápido e intenso como nació, murió. O no. Todavía aúllan en mí cada luna llena secuelas de aquello que fue. Yo veía luz en su oscuridad.

Conocí después a una persona básicamente feliz. Enseguida taché de opaca su alegría y no pensé que alguna vez me fuera a enamorar de alguien que siempre me hacía reír. No me enamoré, eso es cierto. Pero nació un cariño que poco a poco - muy poco a poco, qué lento fue esta vez - iba aumentando. Descubrí que tras la felicidad no había ignorancia, y ello me intrigaba y sorprendía gratamente. Quizá si el tiempo me hubiese dado más tiempo, y la partida no llegara tan pronto, quién sabe. 

Así fueron nuestras suertes. Lo que será después, sólo después lo sabremos. Simplemente voy aprendiendo que la vida es demasiado larga para los nunca más o los siempres. Y tal vez sea eso lo que nos empuje a actuar. Por otro lado, qué sé yo, me parece jodidamente bonito que sea así.

domingo, septiembre 2

III

Cuelgo desnudo sobre tu cama, suspendido boca abajo. Han sellado con cera mis ojos, mis oídos - la mordaza casi me impide respirar. Cuelgo atado sobre tu cama, y no siento nada. Soy sólo un péndulo que marca el compás de las horas vacías. Y nadie, nadie sabe lo que aguardo. Tal vez no aguardo nada. Tal vez sólo quiera saber de tu ausencia, saber dónde estás y quién eres - qué sueños guían tu mano mientras te acaricias. O por qué lloras cuando lloras, con el rostro hundido en la almohada. Ha pasado tanto tiempo que ni siquiera sé si ésa es tu cama.

*

Y te sientes tan amparada cuando te digo que los monstruos que has visto en sueños no existen que, luego, cuando ya duermes, fumando un cigarrillo en la ventana, las lágrimas me castigan por haberte mentido.

*

Quisiera tanto haber sabido decirte quiero, cuando aún era tiempo - haber sabido acabar de decirte la verdad. Haber sabido hablarte hasta el final de mi horror y de mis miedos - y de esa ciega rabia contra mi tiempo, cuando aún la rabia era tan sólo rabia y no esta fatigada convicción de ahora que me empuja sin retorno, que me lleva a desertar de todas esas palabras que siempre parecen darnos la razón.

Deseo de ser piel roja,
Miguel Morey

viernes, agosto 31

Hogares

Tengo no sé cuántos libros empezados. De buenas a primeras, cuento unos seis o siete, aunque si miro mejor, superan la decena y vergüenza me da seguir buscando. 

Tengo un no sé qué en mí que me hace sentir culpable al dejar un libro sin acabar. Antes me pasaba incluso no poder empezar otro sin acabar el que andaba leyendo antes.

Pero poco comienzan a importarme todos esos libros, los que nunca acabaré, los que acabaré en un año o veinte. No me apetece leerlos.

Pero el hambre de lectura siempre ruge en las paredes del cerebro.

Así que voy a lo seguro, a los libros leídos, releídos y las miles de veces que les quedan por ser leídos. Es como volver al hogar, donde se sabe uno siempre bien.

Diría que con todas las cosas del mundo sucede lo mismo. 

Los lugares, las personas.

Y poco más importa.

jueves, agosto 30

Habráse visto

Cuando te acabas de dar cuenta de haberle dado a algo una importancia capital, mientras que la otra persona no le daba la más mínima.

Mejor, piensas para consolarte, aunque no puedes evitar sentir como ese virus letal de la estupidez te arranca entrañas por dentro.

Y piensas, ¿y con tanta facilidad lo que a ti te ha costado un medio infarto? Lo siento, me habéis engañado. Me habéis dado una cosaquelate de lo más inservible, quiero mi dinero de vuelta.

Y se te ocurre maldecir agosto. Agosto, que el pobre siempre te ha traído buenos recuerdos y en su saco se ha portado bien también este año, y tú lo maldices. Porque hoy lo maldices todo. Pasado, presente, futuro inmediato. 

Tenías que haber visto tu cara, llevas unos días metiéndote en situaciones de lo más absurdas, que curiosamente para los demás son de lo más normales y llega tu turno y te darían ganas de tirar el tablero -en sus cabezas. Pero tienes que elegir pieza y seguir jugando como si todo siguiera bien. Porque todo está bien. O eso es con lo que tú te encuentras, tú, pobre, preocupada por creerte que todo no estaba tan bien.

Cara de idiota se te está quedando estos días. Así cómo no vas a maldecir agosto. Qué absurdo eres, agosto. En qué berenjenales me metes, agosto, qué te he hecho yo. 

Aunque vuelves a pensar que le estás dando de nuevo más importancia a las cosas de la que tienen, pues mira que maldecir un mes... Qué culpa tendrá el tiempo de todo esto (já).

Pero no pasa nada. Dentro de poco te largas. Llega septiembre, llega el cambio, vida nueva y hasta la vista.

Tendrás tiempo de olvidar toda la incoherencia de agosto mientras te cagas en la mudanza y en el cambio y en todo lo bueno que supuestamente te espera. Que así son todos los cambios, nadie los quiere, aunque los quieran.

En fin, que para seguir en la línea, el texto te parece de lo más disparatado que has escrito últimamente. Pero es que otra cosa no te sale. Porque así te parece la vida ahora mismo. 

Joder, y de repente todos los locos que estaban en tu misma trinchera ahora parecen estar cuerdos, y te ves aquí, sola. Y encima tienes que aguantar las miradas de superioridad del otro lado. Del de los cuerdos de atar.

jueves, agosto 16

Mientras suena Chavela Vargas

Me he enterado hoy de la partida de otra gran voz. Voces de esas que hacen mantener la esperanza en la humanidad. 

Recuerdo que precisamente antes de mi escapada la andaba escuchando, aunque no se puede oír largo tiempo a Chavela Vargas sin caer en una profunda..., pongamos para entendernos, melancolía.

Qué días más extraños son estos. Este agosto está lleno de fechas señaladas en el calendario, y me viene así desde hace ya unos cuantos años. Acontecimientos que se han ido sumando a la memoria y aquí están, de golpe, en un mes. Y este año no ha querido pasar sin escribir su historia propia también.

No quería volver. No quería volver ahora igual que tampoco lo quería hace un año. Observo que mi deseo de huida sigue tan fuerte como hace un verano. Aunque el miedo a lo desconocido, que aún se está desperezando, empieza a latir con misma intensidad.

Y ah... ahora casi siento brotar otro deseo, quedarse querría este. Ahora que me iba haciendo a mí, que empezaba a encontrar cierta estabilidad placentera y el mar había calmado sus olas...

El sutil problema es que ahora los sueños de antaño ya tienen billete de avión. Y a pesar de que la fecha de vuelta también viene marcada en un principio, no sé yo cuánto se acercará a la real. 

La última vez que me fui sabía que me iba para mucho más tiempo del previsto. Casi diría tener la misma sensación ahora.

Quizá que suene Chavela Vargas de fondo me influya a la hora de preguntarme de si me despediré de todos cuando me vaya. De todos de los que tendría que despedirme. De si no me dejaré a alguien por el camino. De si no me arrepentiré después por no haberme despedido de tal o tal otra persona. 

Nunca más es mucho tiempo. 

Esa frase me da vueltas por la cabeza estos días y no logro deshacerme de ella. No sé dónde me quiere llevar. No sé si tengo fuerzas para saber dónde me quiere llevar. (Sólo sé que dejar de hacer durante toda una vida alguna cosa se me hace tan grande de llevar. Pero cosas así pasan, ¿no? Y cosas peores. Y la gente sigue viviendo.)

Lo dicho, que son fechas extrañas estas. Demasiados recuerdos. Y muchos nuevos también que asimilar. 



miércoles, agosto 1

Te quiero libre

Devolver la libertad a tiempo puede ser el mayor acto de amor se le puede hacer a la persona amada.

Antes de que la juventud entregue sus mejores años, su inocencia, su inexperiencia. Y condene su futuro.

Mucho ha de valer alguien para entregarle ya no la vida entera, sino la belleza y el aliento de la juventud.

(Igual sucede con las ciudades: mucho ha de valer alguna para uno decidir vivir allí toda su vida.)

Por desgracia, no es que no existan tales personas o tales ciudades, que de hecho, aunque pocas (o no), existen, sino que la mayor parte de las veces no es elección, sino conformismo. Falta de conocimiento. Falta de ganas de conocer. Falsa seguridad. Etc. Una pena. Vidas tristes y normales.


lunes, julio 30

Política. Referéndum. Rumanía. Opinión.

Lo he intentado. Primero en los medios por los que suelo tener alguna preferencia, mayor, menor afinidad de pensamiento. Después fui a por los otros, los que de vez en cuando leo para ver cuánta imaginación tienen para la mentira. Incluso he buscado medios que ni sabía que existían. No he logrado encontrar una noticia que guardara un mínimo halo de verdad, que no fuera tan sesgada que se hiciera abominable leerla. He sentido ganas de vomitar varias veces leyendo las noticias estos últimos minutos. Tanta aberración. 

Con horror he leído imbecilidades en periódicos en los que tenía yo un poco de confianza. Lo que me lleva a pensar si puedo seguir fiándome de alguno. Si con todo lo que no conocemos de primera mano actúan como en el tema que a mí me interesaba, empiezo a creer que no sirve de nada leer la prensa.

Así que voy a escribir mi opinión, mi verdad, que no La Verdad, fruto de todo lo que he visto, oído y, ante todo, vivido. Pienso que se lo debo; a alguien, a quien le interese, a mí, quizá. A todo esto, el contexto: Rumanía, presidente suspendido, 'golpe de Estado', Angela Merkel, referéndum, hoy.

Hoy se ha escrito historia, y no son solo palabras bonitas. Aunque parece que pudiera servir para más bien poco. Pero antes de adelantar acontecimientos, convendría hacer más entendible ese contexto, cómo se ha llegado hasta aquí.

Rumanía ha pasado por una dictadura comunista, de la cual puedo decir más bien poco, puesto que no la llegué a vivir. Lo que no me incapacita para poder formarme una opinión de la monstruosidad que supone para el ser humano una dictadura, sea esta de izquierda, derecha, de abajo o de arriba. Tampoco viví la Revolución del '89 ni el fusilamiento de Ceaușescu y su mujer el día de Navidad del mismo año. Lo cual tampoco me impide sentir cierto orgullo por esos pobres infelices de la revolución que murieron por un mundo mejor. Nacería después, en la llamada 'democracia'. La democracia por la que dieron su vida aquéllos. 

Y la 'democracia' que yo conozco... qué puedo decir: es la que ha llevado a mis padres a cambiar de país. Creo que es bastante simple de entender, pero de todas formas, querría darme el gusto de detallarla un poco. Podría hablar de nuestra sorpresa al llegar aquí y ver que no había que pagarle ni darle nada al médico en cada consulta, a pesar de ser este de la sanidad pública. La anécdota es literal. Y es que aun estando ya pagados con nuestros impuestos, allí no se concibe recibir algún servicio público sin soborno. Sea del sanitario, del policía, el juez, el administrativo, ni el cura, vaya.

Llega a tal nivel la corrupción que ni siquiera es sentida por el pueblo. Está a la orden del día, no se cuestiona, es lo que hay e imagino que se da por hecho que es lo que habrá por mucho y mucho tiempo. Es malgastar saliva en vano criticar el sistema. 

No se confía en los políticos, en la justicia. La ley es, llanamente, el dinero. Es el único poder que vale. Se da por supuesto, nuevamente, que el político nunca hará nada por el pueblo, que está donde está sólo en beneficio propio y de los suyos, que hace las leyes que le convienen a él y que a ti sólo harán que empobrecerte más y más. Se burlará de ti en tu cara mientras te estafa, te quita libertades, derechos, vida, en fin. 

Sobre el alcance educativo, artístico, cultural, moral del pueblo llano, o más bien el embrutecimiento o la falta de estos, más tinta gastada en vano. La estupidez es reina, como no podría ser de otra manera. Se intenta imitar a los políticos, si estos mienten, timan, roban, nosotros también. Entre nosotros. Homo homini lupus. Si tenemos un presidente imbécil, nosotros aún lo seremos más. La codicia, la envidia, la hipocresía, el odio, menudas perlas tenemos colgadas.

Y es que a tal esperpéntica situación, democrática, eso sí, y de la que no he dado ni la primera pincelada, la respuesta del pueblo solo puede ser mediante el conformismo a la misma, intentando sacar el máximo provecho posible, el conformismo sin más, sin siquiera poder sacar partido o el deseo del cambio. Cambio que únicamente se ve plausible como mudanza del país. 

PERO, pero... con la decadencia empieza la renovación. Y es lo que parece que ha comenzado a gestarse en los últimos meses, años quizá. Un despertar, algo que haga un poco de justicia al cantar ese himno que dice exactamente eso: ¡Despierta, rumano, del sueño de muerte (en el que te sumieron los bárbaros tiranos!); que tanto hace ensalzarse a esos patriotas que ni siquiera saben qué cantan. 

La gente empezaba a sentir que sentir tanto malestar tampoco era aquello de lo más guay. Encima venía también la crisis esa que estaba asolando Europa entera. Crisis sobre la crisis intermitente que allí siempre se ha vivido. ¡Pero Europa, nuestra salvación, hundiéndose!

Una queja por aquí, otra manifestación por allá, y parecía que la cosa empezaba a arrancar. El vaso hacía tiempo que se había colmado y parece que empezábamos a darnos cuenta de que estábamos inundados hasta arriba. Tan grande dejamos que fuera el vaso. Pero esto ya no podía ser. Tenemos que tomar el poder, no podemos seguir permitiendo que nos roben y quedarnos de brazos cruzados, abajo la corrupción, abajo con nuestros males. 

Yo no podía ver con más escepticismo el supuesto despertar. Si ya aquí, en España, la situación, que estaba mucho mejor, se está yendo a pique y nadie hace nada y si lo hace tampoco sirve para nada, no creía en la posibilidad de un cambio pronto en Rumanía. 

Sin embargo, ver la suspensión del presidente Băsescu, persona deplorable donde las haya, que ha arruinado más, si cabía, su país, que no ha hecho sino seguir los juegos de la canciller germana, no sabiendo ya cómo ni a quién lamer el culo mejor en busca de un poco de atención, mientras, por descontado, iba enriqueciéndose más de lo que ya lo era..., no quisiera extenderme en escupitajos, no me agradan sin piedras; bien, ver su suspensión me devolvió un poco de fe. 

No defiendo que los que le están sustituyendo ahora sean arena de otro costal, todavía no los conozco lo suficiente. Pero por ahora nos están salvando; y el referéndum es la mejor muestra. Por más críticas que hayan recibido incluso de la Merkel, que se preocupaba, vaya por Dios, por la democracia y su respetabilidad en lo que se ha llamado incluso ¡golpe de Estado! 

A veces no sé si tal nivel de imbecilidad puede existir sin ser ficticio. ¿De verdad nos están gobernando tales ignorantes que no se enteran de nada o es que no quieren enterarse? Sea como fuere, yo me empiezo a cansar ya de la señorita Angela y su unión europea, su prepotencia y su control ya no solo sobre la economía (por si esto era poco, desde luego), sino ahora hasta sobre cuánto se está respetando la democracia en tal o cuál país. ¿Y si no se respeta, qué? ¿Y acaso, hasta ahora, se ha respetado? ¿Se está respetando en Grecia, en Portugal, en Irlanda, en España? ¿No supone una falta de democracia no llegar a fin de mes, no encontrar trabajo, los suicidios, estar bajo el yugo alemán? 

Eso no es falta de democracia. Quitar a un presidente corrupto sí. Quitarlo mediante referéndum, parece que también. Pues por la ley del 50+1, si no hay más del 50% de la población rumana que haya votado hoy en el referéndum, lo que hayan dicho el 46, 47.. 50%, ocho, nueve millones de personas, no cuenta. Se limpiarán el culo con nuestro voto y Băsescu volverá a la presidencia. Eso es democracia. Pero que ese mismo señor y sus secuaces estén en campaña electoral diciendo que la gente no fuera a votar no es falta de democracia. 

Y es que resulta que los votos están ahí-ahí. Dícese que la población que ha ejercido su voto supera el 52%.  Dícese que no llega ni al 46%. Dícese muchas cosas. En la prensa española, solo payasadas, mamarrachadas, aberraciones. En la rumana, más de lo mismo. Sólo hay un canal de televisión que se salva, Antena 3. La única que no es pagada por Băsescu y a la que éste aborrece hasta límites insospechables. A veces veo el escándalo y los insultos que el presidente suspendido y su partido hace a tal televisión y sus presentadores y no doy crédito a que sea la vida real lo que ven mis ojos. Amenazas de muerte, a los mismos y a sus familias, llamadas telefónicas por la noche, 'accidentes'... ¿Diplomacía? ¿Jefe de Estado? ¿Vergüenza, respeto? ¿Qué es eso?

Bien, pues sucede que si el número de votos no pasa del 50+1, el referéndum no es válido. Y entonces, me pregunto yo, ¿qué? 

Que haya quien no haya votado o que haya votado en contra es, bueno, el indicador de enfermedad moral y mental que hay en el país. Es el mar de ignorancia en la que nada la masa, esa gran masa de... idiotas. No me merecen más respeto, ¿la inmoralidad? ¡Eso es inmoralidad, señores! Dejar que te pisen, que te meen encima y además agradecerlo. 

Que haya quien, aún teniendo hasta las 23h para votar, haya esperado para ir hasta las 22.40h, haciendo colas enormes y corriendo el riesgo de no poder votar, mientras que hasta las 17h había ido apenas el 25% de la gente, me parece de una subnormalidad profunda. Pero bueno, al menos han ido. 

Pero que el señor en cuestión, aún y con ocho o nueve millones de personas en su contra, vaya y decida volver a su cargo... Eso, sólo se merece una revolución. Y que Merkel y compañía se atrevan a decir algo. Que la revolución puede estallar en más sitios (y en España ya tarda).


No sé qué pasará mañana. Tampoco sé que ha pasado en las dos últimas horas que he estado escribiendo esto, y ahora que he querido entrar en la web de Antena 3 (la rumana), me encuentro con que da error. En fin, esto también es democracia. ¡Pues que la disfruten!


PD. Mientras Proverbia me envía la frase de hoy: Nadie puede aterrorizar a toda una nación, a menos que todos nosotros seamos sus cómplices. E. R. Murrow

viernes, julio 27

Mamandurrias

Ese empeño continuo en ser menos de quien se podría llegar a ser. Hace falta esfuerzo también para ser mediocre, y no precisamente poco. Quizá la diferencia entre la mediocridad y la genialidad tan solo radique en qué concentramos la atención - y la maña. Y ni siquiera hace falta ir tan lejos como para hablar de genialidades, basta con ver un poco de personalidad.

No conocen la creatividad, lo único que saben hacer es estudiar. Y bien orgullosos que están de ello - tanto como para que les vaya la vida en ello. Estudio (grandes palabras, las de 'carrera con futuro'), trabajo (hablemos de cantidades, en todos sus sentidos), familia (pareja, crisis, boda, crisis, niños, peleas, infelicidad entre alguna y otra infidelidad tácita, miedo, inseguridad, etc), orden que no pudo inventar sino alguien que se odiaba a sí mismo. O a la soledad, que viene a ser lo mismo.

Esa poca prisa por vivir, como si la vida durara siempre, y lo que es peor, fuera la juventud eterna. Pues qué tendrá luego que decir la experiencia frente a la belleza y el vigor del cuerpo joven. Que hablen sobre la justicia de semejante competición. Y si al menos fuera la experiencia tal y no solo una máscara de madurez que lleva detrás deseos, sueños y latidos que a base de represiones y odios se han olvidado de que alguna vez existieron.

La superioridad, por otro lado, del mismo rebaño que a unísono piensa cuán bien está haciendo lo que tiene que hacer, mientras tú, solo tú, eres quien no se entera de nada y te obcecas en ser... ¿qué? ¿qué tanto quieres transigir nada? Si todo está muy bien como está, como tiene que ser, vaya. Y si no, ya cambiará, ¿pero por qué tendrías que participar tú en ello?

Caminando siempre sobre seguro, sin que cuente que un riesgo tomado a tiempo puede marcar la diferencia entre empezar a vivir o seguir tan muerto como se nació. (Ahora que caigo: muchos padres dejan que sus pequeños - sus preciosos pequeños - berreen hasta casi el desmayo. Así aprenderán que no por una rabieta se les va a atender. Llevad eso a las manifestaciones de nuestros días. ¿Tan descabellada es la similitud?) No, volviendo, ir más allá de lo establecido, de lo regulado, de la norma, el deber, de lo que se espera de ellos, está fuera del lecho de Procusto donde se moldean a diario frente a la televisión. 

Son aquellos que después de leer un libro - porque algunos incluso leen -, lo acabarán usando como soporte para esa mesa que cojea. Y en eso se resume su vida entera.

Son, en fin, los otros... no los ni-nis, no los que nunca han pisado biblioteca o las niñas embarazadas a los dieciséis -quince, catorce, trece... -, los que matan, violan, roban -¿exagero al haberlos juntado a todos al mismo saco? -, los que han tirado su vida a la basura de forma más o menos consciente; los que vienen de familias 'conflictivas', de grupos minoritarios más o menos desfavorecidos, lo que a veces les sirve de explicación, otras de excusa...

No. 

Están mucho más cerca. Son nuestros amigos, familiares, conocidos. Ni se han metido en drogas, han mantenido siempre relaciones con control - incluso en el amor, el enamorarse... -, son niños ejemplares, nunca rechistan a sus padres que los llaman siempre que se van de fiesta para preguntarles si están bien,  buenos estudiantes, alabados por los profesores, con alguna matrícula de honor y todo. Joder, no son los que aprueban una de cinco, sino los que sacan dieces y viven con ansiedad la llegada de la nota pensando que no han aprobado. No hay maldades, si acaso alguna pequeña hipocresía - la de su vida entera -, nada que reprocharles. Esos mismos que pasan de todo lo que no sea su camino recto: los que no han pisado una manifestación, aunque solo sea por curiosidad, porque tenían exámenes, deberes, cosas serias, ¡¡serias!! que hacer. Los que ven, si ven, que el mundo anda mal, pero no les afecta. Como si no fuera con ellos. Ya lo arreglarán. Alguien. 

Esa gente no concibe saltarse una norma porque sí. Porque les apetezca pelársela a dos manos o escaparse unos días a algún lugar lejano de todo, de todos. Solo por el hecho de que también pueden hacerlo. No saben aprender nada que no sea lo que tienen que aprender.

Ellos no han perdido la fe, porque nunca la han tenido. 

Ni en Dios, ni en la política, en el amor, la amistad, ni en nada. En absolutamente nada. 

Y duele. Duele verlos, abrasa las entrañas, escuece el alma en el que ellos no creen y tú quizá lo haces tan solo por llevarles la contraria, por despertar en ellos una mínima duda o una disputa. Ah, pero despertad, te dices, vivid un poquito, maldita sea. Duele, porque los quieres. Aunque empieces a odiar, poco a poco, de forma imperceptible, lo escaso que estiman su vida. 


- Si Dios existiera, se suicidaría. Tal vez lo haya hecho ya. Qué sé yo, a mí me daría vergüenza ser Él.

sábado, julio 21

Juegos de niños

Me preguntan cómo sé tanto de la vida:
es que la vida la inventé yo.


Somos los niños que crecimos en la calle, nuestra primera posesión,
y nuestra más honesta libertad;
en este único universo que conocíamos,
inventamos la ley, conocimos de primera mano el poder.
Fuimos crueles, despiadados, nos permitimos hacernos tanto daño
y también tanto bien,
malditos niños depravados,
el orgullo de nuestros padres que no nos conocían,
todo el día trabajando, ¿pobres infelices?
La autoridad si acaso eran las abuelas,
tras cuyas faldas corríamos con lágrimas de cocodrilo,
y mientras éstas empezaban a pelearse entre ellas:
¡mira lo que le ha hecho tu nieto al mío!;
¡anda que tu nieta tampoco es un angelito!, etc,
los mismos sujetos de la discusión
volvíamos a la carga en nuestros juegos diarios:
el escondite, el pilla-pilla,
con el pie empujábamos la piedra directa al Cielo,
ahí comprendimos que existía: en este mismo mundo;
ese otro juego a los médicos y enfermeras,
cuando gustábamos de cualquier toque,
fuera este de la mano de un niño o de una niña,
un placer atávico pedía que nos tocaran las tetillas,
que no teníamos,
luego ya aprenderíamos que la atracción venía definida con cada sexo.
La felicidad estaba en el lado más acá del dinero,
aunque este contribuyera a mejorarla un poquito:
a nadie amarga un dulce, ni mucho menos un helado en pleno verano.
Y si a alguno le faltaba, inventamos también el concepto de compartir,
o en su defecto, saquear los bolsillos del abuelo: 
es que ellos no tienen.
Y esa era la justicia;
la amistad, el goce, el amor, el odio,
todo lo definimos en esos primeros años de vida,
más tarde solo aprendimos a reprimirnos. A desfigurarnos.

Alienación, estupidez, números, eso nos enseñaba el colegio.

Después vino el después.
Nos hicimos grandes.
Los abandoné.
No sé qué fue de ellos,
quizá yazcan al borde de una carretera
de manos de juegos más divertidos:
alcohol, drogas, accidentes de tráfico.

Pienso ahora en mis hijos,
en el mundo que les voy a regalar.
Su calle, un ordenador,
los amigos, marionetas que pican teclas a millones de bits distancia,
los juegos, los de rol, los de la mentira y la falsa identidad,
su sexualidad, la última moda que dicten las redes sociales.
No conocerán el odio, o quizá solo conocerán el odio,
el ostracismo, las ganas de matar a sus padres,
la maldad, ¿qué será? ¿ser un matón 2.0 beta?
¿Sabrán de la felicidad?
¿O la confundirán con una noche de sexo sin siquiera un orgasmo?
El poder hace tiempo que estará en manos de gentes que desconocen,
dictando leyes para ayudar en su educación:
currículum para aprender que no tienen el poder.
Ni libertad, más que la supuesta,
Ni amistad más allá del interés,
Ni tiempo libre que perder siendo feliz.

Por eso, durante el hermoso acto de la procreación
no tengo dudas;
si acaso:
entre ayudarle a ponerse el condón
o tragarme, literalmente, sus hijos.

miércoles, julio 18

crónica absurda


26/06 - Prólogo a la nada

Quizá sea hora de empezar a escribir. Uno lee y lee y nunca se atreve a dar el paso más allá, hay tantos libros y una sola vida, quién puede pensar en escribir con semejante desafío.
Pero los dedos aclaman, piden vida propia, quieren decidirse sobre el papel. Protagonistas de historias rotas, cuentos de brujas, que no de hadas, de hazañas fracasadas de héroes cobardes o quizá con un toque de más de mala fortuna, eso es lo que los dedos quieren describir. De tantos finales felices, las perdices están en camino de desaparición, hay que cambiar de presa o dejar de creer en tales finales. Hay un mundo, otro mundo más cercano que el de los cuentos de hadas, donde el sufrimiento es la base, el desamor lleva la corona y la crueldad es el arma. El mundo que nos rodea a diario, el mundo de nuestros padres, hermanos, amigos, enemigos, y toda esa patraña de conocidos y parientes lejanos que en las redes sociales se agrupan todos bajo la misma categoría de amistad. Sí, ese mundo que nos toca, que nos acaricia y araña el alma instante a instante desde el momento que inventamos una sociedad, y que ahora obedece a un único Dios que cada uno llama a su gusto, pero cuyo nombre no es sino Dinero, y la felicidad y la familia y la vocación, todo se entiende bajo su único código... moral. Código degradado, estúpido, hipócrita y ante todo, inmoral. En ese mundo sobra el principio tan aventurado del ‘había una vez’ cambiándose por noticias que asaltan minuto a minuto provenientes de todo el globo, de tanta masa anónima que la mayoría de las veces no hace más que dar su opinión mediocre sobre el asunto a tratar, y así es como comienzan las historias de este mundo, amanecer tras amanecer... manos a la obra, pues. Bienvenidos a la gran farsa, el teatro de lo estúpido y absurdo, la broma macabra, la parodia de la humanidad, sea lo que fuere que ese nombre signifique ya a día de hoy.



29/06 - Desespero

Tantos años. Tantos años y qué está siendo de mí. ¿Qué rumbo está tomando mi vida? ¿A dónde, dónde, dónde se supone que voy? Tantos años... quién lo diría. ¿Cuándo he llegado aquí? Últimamente no me entero de cuándo pasa el tiempo y poco a poco están pasando años enteros. Tantos años... y sin rumbo. No sé qué me espera. No me sirve la estabilidad que da la continuación de unos estudios, una casa, que no hogar, donde dormir y comer. No me sirve la estabilidad de la familia, la de los amigos, ni siquiera la de quienes nos odian. Lo intentamos, lo sé, una y otra vez, crear esa estabilidad, esa seguridad, algo sobre lo que poner los pies y tener la certeza de que no temblará bajo ellos. Pero no existe tal firmeza en el suelo.
Ni siquiera es que piense en el futuro que me espera dentro de unos años, cuando ya los estudios habrán terminado y me toque verme frente al vacío laboral, frente a la etiqueta de juventud sin futuro, sin nada. No es eso lo que me aterra.
Lo que me atemora está mucho más cerca y cala más hondo, no es la inestabilidad que está por llegar, sino la que ya existe. La que convive a diario conmigo. La de no saber siquiera qué sucederá mañana. Es ese sentimiento nuevamente de saber que algo falla, que algo está por llegar, o la necesidad de que llegue para salvarnos. Pero el qué, la gran incertidumbre, la que me impide hacer mejor otra cosa que esperar. Esperar, esperar, esperar. Así me siento. Como esperando algo. Qué sé yo qué. Pero en espera.
Y por supuesto que uno siempre tiene una mínima idea de aquello que espera, pero mi duda es si no estoy mirando hacia el lado del horizonte incorrecto. Que una cosa es aguardar que llegue algo y otra muy distinta que sea algo que deseamos. Y que puede no llegar nunca.
Pero es que ni tan siquiera sé si realmente estoy deseando algo. Hay cosas que no me atrevo a desear. Tengo mucho miedo de desearlas. De dejarme llevar por un deseo que puede acabar con mi estabilidad. Y será que en el fondo la locura me da tanto miedo como me atrae. Pero no la quiero. No quiero pensar en que estoy esperando a alguien. ... No sé si no estoy haciendo más que negar lo evidente porque no me atrevo a reconocer una verdad que considero una derrota.



26/06 - Decíamos...

Tengo miedo. ¿No queríais sinceridad? Pues ahí la tenéis: tengo un miedo atroz. Eso es lo único que compartimos incondicionalmente todos, ese feroz y culpable por maldito y maldito por culpable terror en lo más profundo de nuestro ser.



Hoy

Hoy no se me ocurre qué decir. No recuerdo esa tormenta. No recuerdo nada.


sábado, julio 14

De la modernidad

"Me gustaría leer una novela donde los hombres no tengan opiniones. Creo que esto sería la mayor autenticidad permitida a la creación literaria: personajes que no tienen opiniones personales - sino que las toman prestadas, las argumentan, las critican, según las circunstancias. Observad bien un hombre moderno: para él las circunstancias cuentan. En un cierto día, en una cierta hora, en una cierta coyuntura, mantiene algo, lo cree, lo aprueba y lo promueve. En otras circunstancias cree y sostiene, si no lo contrario, al menos algo diferente, al lado de lo defendido en otro tiempo.
Los hombres modernos no tienen opiniones; toman prestadas distintas opiniones o creencias, según las circunstancias. He seguido de cerca unos cuantos de mis contemporáneos; he comprobado esta continua adaptación a las circunstancias. No las verdades, ni las opiniones eran las que contaban en una discusión; sino la tensión anímica, la coyuntura 'histórica' (si se me perdona la expresión). Los hombres hablan las más de las veces no para expresar ciertas opiniones o para colaborar en la aclaración de una verdad, sino que hablan para expresar la circunstancia del 'suceso' anímico de entonces, sus líneas de fuerza de entonces.
Se dice: los hombres cambian. Es una exageración. No cambian - porque no son nunca. De las decenas de circunstancias por las que pasan - y en las cuales hablan, alrededor de las cuales piensan - son unas determinadas las que se repiten, o son más poderosas, más acentuadas. Evidentemente, de estas circunstancias que se repiten, los hombres construyen cierto esqueleto teórico, un 'sistema' embrionario. El cual abandonan fácilmente, es evidente; y entonces se dice que han cambiado sus ideas, que (ellos mismos) "han cambiado"...
Lo que me extraña es el hecho de no haber encontrado, todavía, en la literatura, esta autenticidad humana. No he leído, aún, una novela en la cual un personaje afirme, un día cierta cosa, y el segundo día otra cosa; tal como sucede en la vida. En las novelas los hombres son tremendamente consecuentes en lo que respecta sus opiniones. Proust y los que han llegado después de él han ilustrado admirablemente la inconsecuencia, la pluralidad, la ambigüedad de todos los sentimientos, de los orgullos y los ensueños humanos; pero ninguno, según lo que sé, no ha realizado esta gran autenticidad, escribiendo una novela en la cual se vean los hombres tal como son también desde el punto de vista 'racional'; los hombres, esto es, sin opiniones, sino solo con reacciones personales ante las circunstancias."

Mircea Eliade, "Fragmente", en "Oceanografie" 1935

Nota 1. Traducción propia y por tanto, bastante libre. Os tendréis que fiar de mí.
Nota 2. Qué jodido es esto de traducir e intentar que quede mínimamente entendible, pues claro, hay que añadir el factor interpretación.
Nota 3. Me ha encantado esa visión del hombre moderno y sus firmes creencias.

jueves, julio 12

El tiempo corre

La costumbre es echar la vista atrás cuando se acerca el fin de año. Para quienes se paran a esos menesteres, claro. Hacer recuento, analizar, nuevos propósitos, ilusiones, sueños, arrepentimientos. Para que todo acabe olvidado con la llegada de cada 1 de enero en mitad de una cogorza.

Para mí es ahora, en pleno verano, cuando más razón de ser tendría esa reflexión. Si bien es cierto que precisamente con la llegada del fin de año fue cuando toda la estructura base (exagero, aunque exagero menos de lo que debería) de mi 'yo' (dejo a cada uno que dé significado a ese concepto) ha cambiado (ha transmutado, [se] ha jodido, [se] ha renovado), es ahora, siete meses que llevamos ya de año, que yo pienso en echar la vista atrás.

En aquel raro diciembre envié todo lo que más me importaba (o eso creía/creo [¿sí? ¿lo creo? vaya]) a tomar por culo. Luego me arrepentí, por supuesto, pero ya era tarde. Uno no puede jugar con la pieza de dominó, ahora que la empujo un poquito, ahora que la hago temblar, ahora que ¡mierda, ha caído! y se ha llevado a todas las demás detrás y pretender luego ¿qué? ¿Remontar todas las piezas? Ja.

Y hecho lo más grave, también decidí resolver ciertos asuntos pendientes del mundo del Internet. Me llena de gozo buscar mi nombre en google y ver que no aparece nada. Las redes sociales tan solo facilitan el contacto superficial entre conocidos de desconocidos. El correo sirve perfectamente para mantener el contacto con la gente que realmente te importa/interesa/aprecias/quieres/admiras/etc. Aunque estén a no sé cuántos océanos de distancia. ¿Y el chat? Bueno, yo es que nunca lo he usado en las redes sociales. Sigo con mi msn, aunque nadie se conecte ya nunca.

Pero no quería hablar de Redes sociales: ¿sí/no?, ¿por qué?, aunque sí quería soltarlo y meterlo a presión por algún lado (¿?), pero ya puestos a mezclar temas que ya se han alejado del motivo principal (no sé muy bien cuál es), diré que también tenía un blog. Que también cerré ese último mes del año, y cuya dirección de vez en cuando escribo y blogger ya me dice que la puedo registrar. Acabé con él porque 'demasiada' gente me leía. No se me malinterprete: demasiada gente de mi día a día, más conocidos que amigos y más cotillas que otra cosa. Aunque ahora que lo pienso, eso es una gilipollez. No lo quité por eso, fueron otros muchos más motivos.

Había guardado una copia... por si la melancolía. Pero la relación de amor/odio entre mi ordenador y yo y sus rabietas de tirar la ropa por el balcón acabaron fundiendo el disco duro llevando al limbo años de fotos y de escritos y mi querido blog y... tantas cosas. Porque todavía no aprendo a hacer copias de seguridad. 
Añado: unos pocos restos de aquellos tiempos, quedan todavía en la sección llamada Pretérito (im)perfecto.

En cuanto a Internet, creo que esos fueron los cambios principales. Luego abrí este blog, cuya existencia desconocen el noventa por ciento de quienes me rodean a diario. 

Fuera de Internet, los cambios fueron jodidamente mayores y más acelerados. Puedo meter la mano en el fuego porque no sé cuándo cojones ha pasado tanto tiempo, cuando aún me parece que fuera ayer cuando... Y cuando, aún a pesar de tantos cambios, hay momentos en los que parece que todo sigue igual (esos momentos son desesperantes [desesperante en sentido de: ¿pero tú eres gilipollas? espabila, joder] cuando te das cuenta de que la misma idea vuelve cada mes, y cada vez suman más).

También el mundo ha hecho su cambio. A peor; bueno, eso, especialmente este país. Supongo que saldremos de esta también, algún día lejano, con sus consecuencias terribles y demás. Consecuencias que ya palpamos. Pero ahora no me apetece hablar del mundo, con las noticias (las que informan y las que no) tengo suficiente.

Ahora mismo me siento en medio de la nada. No sé si realmente lo estoy (no, no lo estoy exactamente). Lo que sé es que dentro de un año habrá habido muchos (más) cambios en mi estructura base. Y si no, espero como mínimo, hablar inglés decentemente.

Pero ah, disfrutemos del verano. ¡Buen verano, señoras, señoritas, señores y señoritos! Por si no se habían dado cuenta, ¡ya estamos en julio, a día 12! Y el tiempo corre.

martes, julio 10

Prueba

Hagamos una prueba. Tienes la hoja en blanco, el destinatario y tus dedos preparados. Tienes tiempo, también, cosa de la que no muchos pueden alardear. Tienes una oportunidad. No dos ni tres ni veinte mil. Una. Piensas. Te das el lujo de pensar. Puedes escribir lo que te venga en gana en ese espacio inmaculado, pero con la condición de que contará cada palabra, cada frase, cada signo de menos o de más reflejará el terror, la inseguridad, o la calma y un mínimo de salud mental - términos ambiguos donde los haya. No has empezado todavía y piensas en ponerte alguna canción de fondo. Que quizá te ayude. Quizá te dé la clave. Sabes de antemano que sólo estás haciendo tiempo, sabes que sabes algunas cosas que podrían servirte de ayuda en esto, pero decides olvidarte de todo eso y bueno, hacer algo así como dejarse llevar. Ya has cambiado más de diez tipos de música distintos y no han pasado ni cinco minutos. Por un momento se te ha encendido una lucecita sobre cómo empezar. Te has enganchado con el principio y has conseguido unos tres párrafos... basura. Tachas, borras, a la mierda con todo. Cuanto más lo intentas, menos claro lo ves. ¿Era la prueba, no? Pues he ahí los resultados: no es el momento. No ahora. Quizá nunca. Pero desde luego, no ahora. Y por supuesto que cuanto más corra el tiempo, más tarde será - ¿podría ser de otra manera?. Pero es que ya es bastante tarde, ¿no ves que es la luna quien te alumbra desde hace unas buenas horas ya? Tu problema es que tampoco sabes qué quieres. No es suficiente con saber que quieres escribir. Hace falta tener algo que decir. Y un propósito. ¿Solo escribir por escribir? ¿Y luego qué? Ah, y luego qué...


viernes, julio 6

¿Y bien?

Si sabes que lo que quieres hacer es una locura [1) gran desacierto, 2) acción que, por su carácter anómalo, causa sorpresa, 3) exaltación del ánimo, 4) demencia], si sabes que tomar esa decisión puede suponer uno de los peores arrepentimientos que vayas a sentir a lo largo de tu vida, si sabes que no debes (por física y por lógica), que solo el pensarlo hace que tu estómago se revuelva y tu vista se nuble, que te entre nosequé en el pecho que crees que te acabará estallando...
Pero si al mismo tiempo sabes que tampoco encontrarás la tranquilidad hasta que lo hagas, que sí, que el tiempo puede silenciar todo atisbo de deseo, pero no sabes cuánto puede ser eso de 'más tarde o más temprano', si necesitas hacerlo, dar el paso, si sientes dentro que la voz no callará hasta que le hagas caso, y cada vez está aumentando más el volumen, y cada vez tiene más cosas que decir...
Si sabes que esto puede cambiar tu vida y también deshacértela en veinte mil pedazos, para siempre o por un tiempo que intuyes jodidamente largo, si es el único tema que te hace temblar de pies a cabeza y sientes cómo tus dedos vacilan solo con picar teclas (también es miedo, tanto miedo que podría hacerte mojar los pantalones)...
Si la razón definitivamente te dice que NO, pues ha tomado en consideración los pros y contras y todavía no tiene muy claro si hay de lo primero y de lo segundo hay demasiado (sabiendo, además, que no has sabido ver más que el 5 o 10% de lo malo), y la idea sólo prende en mitad de la noche, no atreviéndose a salir de día, pero cada vez ilumina más, y la cosaquelate no se decide por haber metido demasiadas veces la pata, pero... y ya hay un pero...
¿Lo harías?

¿Cómo estás?

Dicen que has cambiado. Que eres una persona totalmente diferente a quien eras, pongamos, medio año atrás. Irreconocible.
Dicen que no nombras nunca el pasado, que ya ni te acuerdas, que ahora solo vives por y para el presente. Y soñando todo lo bueno que el futuro te traerá. Incluso hay quien, con aparente inocencia y buena fe, te felicita por lo rápido que has retomado el camino. Así se hace, dice, las piedras son solo piedras, la sangre en la rodilla no es nada, una rozadura de nada, no te dará tiempo ni a verla cicatrizar. Aunque en voz baja, y de nuevo con presunta candidez, añade: Pensaba que la herida era mayor; donde tú entiendes que por lo visto no has sufrido demasiado.
Claro, es que se te ve muy bien, dicen, mejor que nunca. Jovial, alegre, el alma de las fiestas. ¿Ah, pero que se había caído? Ni cuenta nos habíamos dado.
Si hicieras la cuenta de todas esas opiniones, te saldría a devolver tanta felicidad que te rodea.
No se les olvida añadir que no te arrepientes de nada. Que atrás se han quedado lastres como la seriedad (la rectitud), la corrección (la buena compostura), la sensiblería (romanticismo barato), la monogamia (la fidelidad, entienden ellos), el amor (dependencia, dolor, estupidez). Qué envidia, rebuznan, tanta libertad, independencia. Quién pudiera.

Pero nadie pregunta.
Nadie ha hecho ni un solo gesto que diera a pensar que lo siguiente que iba a pronunciar es un ¿Cómo estás?. Solo eso. Nadie.

Mientras tú, bueno, tú nada. Te dedicas a jugar con las maldiciones al tiempo que los observas. A ellos, al mundo, a ti. Alguien nos maldijo. Maldijo la polis, gobernada por idiotas regidos por el dios monetario. La ética no tardó en desaparecer (como todas las farsas), y la hipocresía ya no pudo esconderse en las cuestiones personales. Un caos. Qué despropósito, sueltas en medio de una carcajada. 

Y ahora eres tú quien dices, o maldices, esos maravillosos y antiguos anhelos chinos:


Ojalá te toque vivir tiempos interesantes.

Ojalá llames la atención a las autoridades.

Ojalá consigas lo que estés buscando.


sábado, junio 30

Mosquitos hofferianos


   
Lo notable es que de verdad amamos a nuestro prójimo como nos amamos a nosotros mismos:
hacemos a los demás lo que nos hacemos a nosotros. 
Odiamos a los demás cuando nos odiamos a nosotros mismos. 
Somos tolerantes con los demás cuando somos tolerantes con nosotros mismos.



Estamos con nuestros amigos por los aspectos que de nosotros mismos aceptamos en ellos, sean estos buenos o malos.
Odiamos a nuestros enemigos por aquello que de nosotros no aceptamos, sea positivo o negativo.

Así, entre la amistad y la enemistad se tiende la cuerda de la propia identidad, representando cada uno de los extremos nuestros propios límites. 
No reflejan solo lo que somos o dejamos de ser, sino lo que nos gustaría o aborreceríamos llegar a ser. 

Centrándonos en el odio, su ausencia en nuestra vida parece, en principio, algo deseable. Sin embargo, su ausencia implica la pérdida de un suelo firme, sea este distópico. Una barrera que nos decía de aquí no pasas. Y entonces uno puede estar tentado a poner el primer paso. Y ver, probar. Y cuando ya es tarde, darse cuenta de que se ha convertido, finalmente, en su enemigo.

Lo piensa mientras deja el vaso de cerveza a un lado y se dispone a aplaudir por las pocas neuronas que andan sueltas. El mosquito que no paraba de darle vueltas cae entre ovaciones. En el vaso. El bicho había entendido perfectamente lo de los odios y las distopías.


jueves, junio 28

Variado

Me da que abogar bien por una misantropía, bien por una filantropía, es no conocer lo suficiente todavía a la humanidad. Esta muchas veces decepciona hasta en su maldad.

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Los filósofos, independientemente del idioma en el que escriban, independientemente también de su nacionalidad, están todos locos. Y ver que mantienen esa característica en común me alegra sobremanera. (Los que no están locos, son unos aburridos, por otro lado.)

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A veces, el dilema vital de una persona puede resumirse en una tilde. ¿Que no? Se me ocurre pensar en un nombre, que en un idioma se escribe con acento, mientras que en el otro sin, siendo esa la única diferencia. Decidir quién es uno haciendo o no esa insignificante rayita cuando hace mucho que no se siente de donde nació, pero tampoco de donde vive, y cuando cualquiera de las opciones le hacen sentir de alguna manera desleal e ingrato (¿con quién? ¿hacia qué? ¿por qué?; uno se puede creer libre de nacionalismos y patriotismos, pero resulta que esos sentimentalismos nos son inculcados muy hondo en el subconsciente y afloran cuando menos cabe esperarlos), puede acabar llevándole a la desesperación. Esquizofrenia y demás, exagerando no tanto.


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Hay otra patria de la que se habla menos en el día a día, aunque sea la preferida de los poetas. No, no es el amor. Me abruma pensar en cuántos versos se han escrito en su nombre. El desamor. Uno lee historias y va viendo como incluso dura más que el amor. Hay personas que se condenan a vivir en el pasado vidas enteras. (Será que es más fácil sufrir.) Aterra pensarlo. A mí me aterra. Echar a perder así una vida por alguien que nos tiene como un capítulo concluido más. Terrible.

sábado, junio 23

Tedio


Incluso te cansa escribir ahora mismo. Pintas todo lo que te rodea con el color de la estupidez, y así te parece todo. El más nimio detalle, el accidente más inocente, es suficiente para hacerte tachar aquello que lo toca de parodia. De mediocridad, de burla de lo que podría haber sido. Nada ves importante, nadie ante quien te inclinarías y admirarías, no, todos pecan de la peor enfermedad. Es un hastío continuo, y sabes que lo que buscas no lo encontrarás en los libros que te esperan, bien apilados y ordenados en tu estantería, lo que buscas se encuentra en el otro. Ese otro en busca y captura, que falsamente dices no querer perfecto, pero ¿entonces qué quieres? No lo hallas en quienes te rodean, ni en los que rodean a los que te rodean. Ni en los desconocidos que caminan junto a ti en la calle, ni en aquellos tomando café en la terraza o  los otros emborrachándose en el bar. Tampoco en los que van a bailar ni en los que se quedan en la barra. No es quien va paseando a su perro, ni el que odia a los gatos, el que lee o el que escucha Madonna. No es quien esconde dentro de sí un crío malcriado y malherido, ni el que está muerto de tanto hacerse el adulto. No es aquel alto, ni el delgado ni tampoco el gordo, el feucho o el guaperas, el musculitos ni lo sopesamos en la ecuación. Ni el melancólico ni el sonriente, ni el que va de la mano de la novia después de haber hecho correrse a su amiga con esos mismos dedos, ni el que nunca ha pisado hogar. Ni el poeta, ni el rockero, ni el embustero. Ninguno de esos. 
Te ha empezado a aburrir escuchar casi todo, inventarías el Infierno tan solo por aquellos que se las dan de entendidos en tantas cosas de la vida de las que no tienen ni remota idea. Tú tampoco, pero al menos tú lo reconoces. Tan difícil será tomarse de manera literal aquello de De lo que no se puede hablar, es mejor callar. Ahí están, todos pariendo madre hablando de política, y de lo corruptos que son los políticos (como si no les viniera en la definición), y de lo mal que va el mundo y España y sus trabajos y el dinero que escasea. Cháchara, palabrería, palabras inútiles. Pero a ninguno lo ves pidiendo limosna en la calle y eso no les chirría ni un poquito. Y los que no hablan de política, hablan de literatura y de movimientos postmodernos y miratodoloqueyosé (ytúno), como si fueran auténticos titanes en la materia, cuando hace unos añitos aún chupaban de la teta materna. Y siguen chupando. Y empiezan a inventarse palabros como modernos, hipsters y la puta que los parió y tú te preguntas para qué tanto eufemismo cuando sobra con llamarlos gilipollas. No te olvidas, además, de que la palabra friki (o como se escriba) está cada día más de moda, ahora todo el mundo lo es. No lo comprendes. Se te escapa. Por qué todos se esconden tras esa palabra despectiva cuando hablan sobre algo que les gusta. Esa necesidad de justificarse por hacer lo que a uno le apasiona en detrimento de lo que uno debe es algo que no acabas de asimilar; cuando es precisamente el conocer lo que a uno le hace sentir vivo lo que te hace admirar a alguien. Esto, más que fatigarte, te empieza a preocupar, pues ves que el fenómeno cada vez se va extendiendo más y más.
También ves parejas que cuentan los días que llevan juntos más que lo que sucede en esos días, que te miran con cara de superioridad porque lo de ellos lleva ya mucho tiempo, mientras que en una conversación de sexo ella nunca dice nada y él suelta aquello de No, el sexo no es lo más importante en una relaciónGente que solo sirve para dar consejos. Y luego la besa en la frente, la abraza y un Te quiero, cariño. Bostezas. Sientes tedio de quien se quiere tan poco. De quien se quiere demasiado. De quien, directamente, no sabe quererse. A veces no sabes si llorar o reír. 
Hasta los mismísimos de gente que se empeña en no abrir los ojos, o, peor todavía, en pseudoabrirlos. Parece que es mucho más cómodo juzgar por deporte, quedarse con el cerebro empequeñecido, cerrado cuanto más mejor, cuanto menos horizonte seamos capaz de ver, más felices y perdices comeremos.
Ah... todo te hastía. En nada encuentras el más mínimo sentido, la más mínima fe. No hay más que decepción y mucha, mucha estupidez. También por tu parte, como no podría ser menos. Por no conformarte a tiempo. Por pedir demasiado. Por no saber qué buscas. Por tener sueños que sobrepasen el amanecer. Por sentir tan hondo el pesar y el cansancio y la pena y la mediocridad. Por pensar que no formas parte de esa masa anónima de carne humana. Ja. Quién te has creído. Tanto como si estás dentro como si no, te jodes. 
A ellos, al menos, se les ve contentos.