sábado, diciembre 29, 2012

Vivir

La verdad, ¡qué palabra!

La mayor estupidez que el espíritu humano ha podido concebir es la idea de la liberación mediante la supresión del deseo. ¿Por qué frenar la vida, por qué destruirla para obtener un beneficio tan estéril como la indiferencia total y una liberación ilusoria? ¿Cómo se osa hablar aún de la vida cuando se la ha aniquilado en uno mismo? Estimo más al individuo de deseos contrariados, desgraciado en amor y desesperado, que al sabio impasible y orgulloso. Se debería liquidar a todos los sabios de la tierra para que la vida pueda continuar existiendo tal como es, ciega e irracional.
Odio la sabiduría de esos hombres a quienes las verdades no les afectan, y que no sufren a causa de sus nervios, de su carne y de su sangre. Sólo amo las verdades vitales, las verdades viscerales que provienen de nuestra inquietud. Todos aquellos que piensan de manera vital tienen razón, pues no podrán encontrarse argumentos decisivos contra ellos. Y, si se encontraran, no resistirían a una utilización abusiva. Que haya personas que buscan aún encarnizadamente la verdad me deja estupefacto. ¿No se ha comprendido todavía que no existe?

Miseria de la Sabiduría

Odio a los sabios por su complacencia, su cobardía y su reserva. Amo infinitamente más las pasiones devastadoras que un talante uniforme que vuelve insensible al ser tanto respecto al placer como respecto al dolor. El sabio ignora lo trágico de la pasión y el temor a la muerte, de la misma manera que desconoce la fuerza y el riesgo, el heroísmo bárbaro, grotesco o sublime. El sabio se expresa con máximas y da consejos. No vive nada, no siente nada, no desea ni espera. Se complace en nivelar los diversos contenidos de la vida y asume todas sus consecuencias. Mucho más complejos me parecen aquellos seres que, a pesar de esa nivelación, no cesan sin embargo de atormentarse. La existencia del sabio es una existencia  vacía y estéril, pues se halla desprovista de antinomias y de desesperación. Las existencias que se consumen a causa de contradicciones insuperables son mucho más fecundas. La resignación del sabio procede del vacío y no del fuego interior. Yo prefiero mil veces más morir a causa de ese fuego que a causa del vacío y de la resignación.


En las cimas de la desesperación, E. Cioran

viernes, diciembre 21, 2012

Semanas antes del fin del mundo

 Sabes perfectamente qué es lo que haces aquí,
pero cuando realmente lo aceptes,
será demasiado tarde para todos.
 
Y de repente, te paras. En la hora menos apropiada. Miras delante: desde este cuarto piso las vistas son magníficas. Aunque sea de noche. Aunque sea domingo. Aunque estés en una biblioteca. - Piensas, de vez en cuando piensas: - qué cojones estás haciendo aquí. Bajas la mirada - en la rotonda los coches giran por la izquierda. Sabes que enfrente hay una montaña porque las luces de la ciudad van alzándose poco a poco al cielo. Quizá sea John Lennon. Quizá sea el café. O la mezcla. O Kultur Shock, o Chavela Vargas, o todos, o pasar tan rápido de un estilo a otro. Quizá sea la noche. Quizá sea que a dos mil km..., mientras que a menos de un metro..., pero ah, tonterías. Hacía tiempo que las letras no se dignaban a salir y ahora se pelean por ser escupidas atropelladamente, la mano temblando, quieren expresar ese mar de nada cuyas olas sólo la noche, en algunos momentos, nos desenreda y nos descubre algunos de sus secretos más oscuros. Más crueles. Si es que hay crueldad en el alma humana y no es más que tristeza, tanta, demasiada tristeza. Quién sabe. Tan solo son las ganas de no parar de escribir. Adoras este instante. Adoras el nerviosismo del café, de la noche, de la distancia de menos de un metro. Gritarías, si es que no es lo que andas haciendo escribiendo estas letras. Con que solo alguien te escuchara a tiempo y parara el embrujo.  Los coches siguen circulando al revés. Allá fuera, el mundo sigue su marcha normal: a la inversa. ¿Quiénes son los locos? Pronto será de día y la cuestión es que no deseas que ésta llegue. Te asusta, como hace unas horas te asustaba la llegada de la noche. Oscuridad, bendita oscuridad.

martes, diciembre 18, 2012

El corazón perplejo

Desventurado corazón perplejo,
inconsecuente corazón,
no dudes.
No tiembles nunca más por lo que sabes,
no temas nunca más por lo que has visto
.
Calamitoso corazón,
alienta.

Aprende en este ahora
el pálpito que vuelve con lo eterno,
para latir conforme en valentía.
Los números del mundo están cifrados
en la clave de un sol tan rutilante
que te ciega los ojos si calculas.
Ciégate en esperanza,
errátil corazón,
suma los números.
Un orden en su imán te está esperando.

Desde el final del tiempo se levanta
un ácido perfume de hojas muertas.
Respíralo y respira su secreto.
Abre de par en par tu incertidumbre.
No permitas
que encuentre domicilio la tibieza,
ni que este inescrutable amor oscuro
cometa el gran pecado de estar triste
.
Acógete a ti mismo en tus entrañas
con tu abrazo más fuerte,
tu mejor padre en ti, tu mejor hijo,
gobierna tu ocasión de madurez.

Insiste una vez más,
aspira en estas rosas
su pútrido fermento enamorado.
En este desvarío de tu voz
se desnuda el enigma, transparece
la recompensa intacta de estar siendo.

Aquí estamos tú y yo,
altivo corazón,
en desbandada.
A fuerza de caer, desvanecidos.
y a fuerza de cantar,
enajenados.



Carlos Marzal.

miércoles, diciembre 12, 2012

Cualquiera de estas noches...

La desesperación a ciertas horas de la noche simplemente no es buena.
       La noche, tan poco sutil abriéndonos las puertas de los abismos que el día nos tiene encerrados bajo siete llaves.
              La desesperación, que tanto pide y tan poco tiene, la paciencia, la paciencia, la madre de toda virtud, la paciencia, dónde está la paciencia.
 
Es estúpido pensar que a veces basta con contar hasta diez para dejar de hacer algo que nos quemaba las entrañas por ser llevado a cabo.
 
Cuántas veces pensar aquello de: espera hasta mañana: si en la mañana sigues queriendo hacerlo, lo harás. Pero 'mañana' suena siempre tan lejano. Y las cosas que se quieren ya. Y tras dos segundos de indecisión: no puedo esperar, he de. Ahora o nunca.
 
Así con todo.
 
Y así va todo.
 
Es lo malo -o lo bueno- de la noche. Tan tentadora mostrando cuántos misterios tendría para desvelarme. Yo quisiera que nunca me pillara despierta. Es difícil cuando se vive en una ciudad donde a las tres atardece. Me es díficil negarle algo a la noche. Me es díficil parar en seco pensamientos, sentimientos y acciones hasta que vuelva a ver la luz del día. Cuando la noche me enseña tanto.
 
Tentadora y rastrera. A veces no quiere más que destrozarnos, envidia, tal vez, de ver que todo sigue su rumbo -estabilidad-. Sus encantos son engaños, sus misterios, arenas movedizas. Luego llega el día y qué. La noche se esconde y sólo nos queda ver el desastre que acabamos de provocar. Ver, llevar a cuestas. Cambio, contínuo cambio.

lunes, diciembre 03, 2012

Sometimes

A veces es una pena ver el curso que toman las cosas. Poco a poco, sin prisa, pero sin pausa.
Es una pena, sí. Y el intervenir... empieza a verse como falto de sentido. Ya, para qué. Si tampoco se tiene nada mejor para aportar. Ya, para qué. Si no se tiene derecho a intervenir.
Si es la destrucción el sino, ya empieza a cansar ser la única que lucha en contra de su llegada.
Qué pena, qué pena, ¿...qué pena? ¿Es realmente una pena?
Que cada unx luche por lo que desee. Si no se atreven, pues que lo pierdan todo.

miércoles, noviembre 21, 2012

Se acaban las palabras

Me pregunto si
es así que, en menos,
hay más.
Decía algo Cioran de la poesía,
pero no recuerdo el qué,
ni tampoco es que me preocupe:
no es que sepa siquiera hacer poesía.

Quizá sí,
quizá en un verso
hay más verdades que en toda una tesis doctoral.
Por supuesto.
A veces las palabras solo están para estorbar.

Por eso,
A veces, sólo a veces,
conviene callar. Pero eso también lo dijo alguien ya una vez.

Me pregunto si queda algo
que no haya sido dicho ya.

Ni siquiera la evolución
de la ciencia, la tecnología;
sólo son desarrollos de muy antiguas ideas.
Cientos, miles, años.

No sé.

Tal vez la vida solo sea un contínuo descubrimiento de
pensamientos, sentimientos, ideas, pasiones
que desde los siglos de los siglos
han movido a la humanidad.

El universo se crea en cada vida.

Sería menospreciar el potencial humano pensar de otra manera.

Y no estamos para tonterías.
Ya bastantes hay que nunca...
nunca entienden nada.
Si es que hay algo que entender.

Debería haberlo, sin embargo,
no por nada, sino por piedad.
El sufrimiento del ser humano es demasiado grande
como para que ni siquiera haya un sentido.

viernes, noviembre 09, 2012

No ha de ser tan...

Todo se rompe. Lo que en un primer momento te sirvió como apoyo por lo similar, ahora te muestra su cara más cruel: todo se rompe. Ya no quieres verlo como similar. Te asusta pensar que el virus pudiera transmitirse. La cabeza se te rompe en mil dudas mientras que tu voz lo resume todo en: no pasa nada. Cierras los ojos y el miedo te saluda. Empiezas a entender lo que no querrías entender. Piensas que quizá siga habiendo tiempo: aún no es tarde para echarse atrás. El problema no es tal sino exageración. Pero los peros se suceden uno tras otro y ningún pero trajo nada bueno.

Y dices: Paremos. Dejemos de pensar. No más movimientos, no más pasos. Desaparezcamos por un momento del paisaje. Deliberemos, echemos la basura, si es que hay tal. Uno, dos, tres días, no se necesitan más. Ni siquiera dos semanas. Que les den un poco a los impulsos. Que se callen un rato. No todo es un: Quiero Esto Ya. Esperar. Esperar. Esperar. No ha de ser tan difícil. Tomemos ventaja desde fuera. Desde el silencio. Callemos. Sólo se admite la cara de póker.

Bajemos la temperatura. Bajemos la intensidad. Bajemos el ritmo.

No ha de ser difícil. Solo es cuestión de querer.

domingo, noviembre 04, 2012

Confesiones en lo abstracto.

Ser inocente en el lenguaje si no es posible serlo en el sentir.
Hablar sin hablar y decir todo lo que aun no se atreve ser expresado.

martes, octubre 30, 2012

Dos minutos

Echar de menos. Veinte minutos para escribir. Echar de más. Horarios. Buen hacer. Dolor de cabeza. Rebelión. Echar de menos. Nombres, personas, lugares, situaciones, pasado. Futuro incierto. Echar de menos. Berlín. Berlín. Por qué ahora. Deseo de ser piel roja. Nuevamente. Obsesiones. Antiguas. Libros de cabecera. Echar de más. Dolores apagados. Venganzas inútiles, pagos con misma moneda ya en desuso. Cansancio. Libertades robadas. Libertad. Libertad. Amor. Sexo. Incompatibilidades.

Rebeldía. Grito. Deseo. Juventud. 

No-sé. No-saber. Dudas. Dudas. Malestar en el equilibrio. En la seguridad. Ansias de cambio. Más. Otro. Querer la inestabilidad. Luchar contra las bases. Tristeza. Locura. Echar de menos.

Alegría, bipolaridad.

No-entender. Tiempo. Respuestas. Cinco minutos. Adiós.





domingo, octubre 21, 2012

Reflexiones aun por reflexionar.

Así como es cierto aquello de que hace falta que todo cambie para que todo siga siendo igual, y como tal, no deberíamos esperar tal cambio global; también es cierta la dureza de constatar que precisamente, después de los distintos cambios, siguen igual los peores aspectos.

Etc.


sábado, octubre 06, 2012

Casas viejas, amores de antaño




Hay tantas emociones, mi vida...

Así me gustaría empezar a escribirte, así empiezo a hacerlo en una carta que aún no sé si leerás.

Quizá sea porque en esta hora hace calor, porque desde mi ventana veo calle abajo y encuentro tanta tranquilidad, y miro un poco más acá de mi ventana y hasta hay una pequeña araña que por vez primera no me asusta ni siento deseo de hacerla desaparecer.

Casas viejas, ya sabes, llenas de estudiantes cuya última preocupación es quitar el polvo de las estanterías.

Yo intento mantener un mínimo de orden, el mismo que quiero en mi cabeza, y ya ves que he querido personalizar esta habitación cuanto he podido. Desde las sábanas a la manta, todo rojo, qué me habrá dado por ese color; a las fotos y las postales en la pared.

Pocas de las primeras, llena la pared de las segundas. De tantos lugares que me fueron hogar. Tanta vida vivida encierran esas imágenes. Faltan algunas... Ya sabes, vida mía, que eran otros tiempos y no supimos hacerlo mejor y me negué a tener recuerdo material de alguna ciudad que pisamos; encontrarás en cambio muchos lugares que desconoces, y cuya historia algún día te contaré. Tengo tanto que contarte.

A veces me pregunto si no acumulo historias tan solo para compartírtelas después. Para decirte: mira, aquí estoy, mira cuánto he aprendido, cuánto la vida me ha enseñado, observa cuánto tengo para ti. Todo lo que soy es para ti. Permíteme entregarme en cuerpo y alma. No hay ni un solo deseo que sea mayor que este. Déjate llevar y verás que nunca mis palabras fueron solo palabras.

Quiero enseñarte cuánto sé hacer con mis manos, cuánto, con mi mente. Quiero mostrarte el vaivén de mis emociones, de cuántos matices estoy hecha. Cuántos sueños he logrado y cuántos me despiertan cada día, que son tantos que quiero compartir contigo. Mi alegría y mi pasión, mi punto de maldad, mis incoherencias, mis debilidades y mi vuelta a empezar. 

Quiero que estés orgulloso de mí. Egoístamente quiero ser lo mejor que conozcas, que te consideres afortunado por haberme encontrado. Como yo agradezco, al Dios en quien sólo creo por tu existencia, cada vez que te pienso.
Quiero que todo lo que necesites, lo que te haga falta, lo que desees, puedas encontrarlo en mí. Quiero que no me falte nada de lo que tú puedas querer.

Quiero llenarte la vida en una sonrisa. En una mirada.

Quiero que halles en cada uno de mis besos lo que sentiste en el primero, ése que aún no sé recordar sin perder el sentido de lo que es real y lo que es milagro, quiero que halles lo que sentimos de nuevo, tanto tiempo después, en nuestro reencuentro. Un reencuentro que nunca pude imaginar que podía darse, pues me parecía tan cruel permitirme soñar y desear utopías de ese calibre.

Tal como uno escribe para los demás, aún escribiendo para uno mismo -con la esperanza de que alguien, él mismo, algún día vuelva a sus letras-, uno también vive para los demás. Es esta entrega continua de lo que somos lo que constituye para mí, mi sino. Mi sentido. Mi razón. 

Y sin ser suficiente darnos a tantos como pueblen nuestros días, necesito el amor. Sólo éste es capaz de llenarme, satisfacer al animal eternamente insatisfecho, eternamente deseoso de más. Es en el amor donde acaban las preguntas, donde empieza la vida.

Y el Amor... lo defino con tu nombre. Y no miento si te digo que no tengo temor al caer en la cuenta de qué significa esa frase. Si después de ti, no sé volver a sentir así, qué importa. No le temo al futuro. Porque amo, daría la vida a este instante.

martes, septiembre 25, 2012

Necesidades básicas


Mi vida carecería de sentido sin esta sed continua de conocer al Otrx, a les otres, y sin embargo, pienso en mi peor prisión y no la encuentro sino en la falta de soledad.

lunes, septiembre 03, 2012

Pensamientos de última hora y adiós

Teniendo en cuenta la inmensa improbabilidad que existe de haber nacido, creo firmemente en la suerte. 

Por el mismo razonamiento, algunes pensarán en la desgracia que tienen precisamente por estar existiendo.

Yo, como mucho creo que no es suya la desgracia, sino nuestra, la de todes les demás, de que gente que se queja de la vida haya tenido la suerte de nacer. Por tenerlxs que aguantar, vaya.

[Habría que leer este texto siempre en el contexto de un primer mundo - estas líneas no pueden ni tienen el derecho a hablar a los otros mundos.]

*


Me enamoré hasta la médula de una persona básicamente triste. La tristeza le configuraba hasta el contorno de sus ojos; qué decir de la mirada, que alguna vez fulminó, enloquecida, a la mía. Apasionada, pero tristemente enloquecida. Tan rápido e intenso como nació, murió. O no. Todavía aúllan en mí cada luna llena secuelas de aquello que fue. Yo veía luz en su oscuridad.

Conocí después a una persona básicamente feliz. Enseguida taché de opaca su alegría y no pensé que alguna vez me fuera a enamorar de alguien que siempre me hacía reír. No me enamoré, eso es cierto. Pero nació un cariño que poco a poco - muy poco a poco - iba aumentando. Descubrí que tras la felicidad no había ignorancia, y ello me intrigaba y sorprendía gratamente. Quizá si el tiempo me hubiese dado más tiempo, y la partida no llegara tan pronto, quién sabe. 

Así fueron nuestras suertes. Lo que será después, sólo después lo sabremos. Simplemente voy aprendiendo que la vida es demasiado larga para los nunca más o los siempres. Y tal vez sea eso lo que nos empuje a actuar. Por otro lado, qué sé yo, me parece jodidamente bonito que sea así.

domingo, septiembre 02, 2012

III

Cuelgo desnudo sobre tu cama, suspendido boca abajo. Han sellado con cera mis ojos, mis oídos - la mordaza casi me impide respirar. Cuelgo atado sobre tu cama, y no siento nada. Soy sólo un péndulo que marca el compás de las horas vacías. Y nadie, nadie sabe lo que aguardo. Tal vez no aguardo nada. Tal vez sólo quiera saber de tu ausencia, saber dónde estás y quién eres - qué sueños guían tu mano mientras te acaricias. O por qué lloras cuando lloras, con el rostro hundido en la almohada. Ha pasado tanto tiempo que ni siquiera sé si ésa es tu cama.

*

Y te sientes tan amparada cuando te digo que los monstruos que has visto en sueños no existen que, luego, cuando ya duermes, fumando un cigarrillo en la ventana, las lágrimas me castigan por haberte mentido.

*

Quisiera tanto haber sabido decirte quiero, cuando aún era tiempo - haber sabido acabar de decirte la verdad. Haber sabido hablarte hasta el final de mi horror y de mis miedos - y de esa ciega rabia contra mi tiempo, cuando aún la rabia era tan sólo rabia y no esta fatigada convicción de ahora que me empuja sin retorno, que me lleva a desertar de todas esas palabras que siempre parecen darnos la razón.

Deseo de ser piel roja,
Miguel Morey

miércoles, agosto 01, 2012

Te quiero libre

Devolver la libertad a tiempo puede ser el mayor acto de amor se le puede hacer a la persona amada.

Antes de que la juventud entregue sus mejores años, su inocencia, su inexperiencia. Y condene su futuro.

Mucho ha de valer alguien para entregarle ya no la vida entera, sino la belleza y el aliento de la juventud.

(Igual sucede con las ciudades: mucho ha de valer alguna para una decidir vivir allí toda su vida.)

Por desgracia, no es que no existan tales personas o tales ciudades, que de hecho, aunque pocas (o no), existen, sino que la mayor parte de las veces no es elección, sino conformismo. Falta de conocimiento. Falta de ganas de conocer. Falsa seguridad. Etc. Una pena. Vidas tristes y normales.


viernes, julio 27, 2012

Mamandurrias

Ese empeño continuo en ser menos de quien se podría llegar a ser. Hace falta esfuerzo también para ser mediocre, y no precisamente poco. Quizá la diferencia entre la mediocridad y la genialidad tan solo radique en qué concentramos la atención - y la maña. Y ni siquiera hace falta ir tan lejos como para hablar de genialidades, basta con ver un poco de personalidad.

No conocen la creatividad, lo único que saben hacer es estudiar. Y bien orgullosos que están de ello - tanto como para que les vaya la vida en ello. Estudio (grandes palabras, las de 'carrera con futuro'), trabajo (hablemos de cantidades, en todos sus sentidos), familia (pareja, crisis, boda, crisis, niños, peleas, infelicidad entre alguna y otra infidelidad tácita, miedo, inseguridad, etc), orden que no pudo inventar sino alguien que se odiaba a sí mismo. O a la soledad, que viene a ser lo mismo.

Esa poca prisa por vivir, como si la vida durara siempre, y lo que es peor, fuera la juventud eterna. Pues qué tendrá luego que decir la experiencia frente a la belleza y el vigor del cuerpo joven. Que hablen sobre la justicia de semejante competición. Y si al menos fuera la experiencia tal y no solo una máscara de madurez que lleva detrás deseos, sueños y latidos que a base de represiones y odios se han olvidado de que alguna vez existieron.

La superioridad, por otro lado, del mismo rebaño que a unísono piensa cuán bien está haciendo lo que tiene que hacer, mientras tú, solo tú, eres quien no se entera de nada y te obcecas en ser... ¿qué? ¿qué tanto quieres transigir nada? Si todo está muy bien como está, como tiene que ser, vaya. Y si no, ya cambiará, ¿pero por qué tendrías que participar tú en ello?

Caminando siempre sobre seguro, sin que cuente que un riesgo tomado a tiempo puede marcar la diferencia entre empezar a vivir o seguir tan muerto como se nació. (Ahora que caigo: muchos padres dejan que sus pequeños - sus preciosos pequeños - berreen hasta casi el desmayo. Así aprenderán que no por una rabieta se les va a atender. Llevad eso a las manifestaciones de nuestros días. ¿Tan descabellada es la similitud?) No, volviendo, ir más allá de lo establecido, de lo regulado, de la norma, el deber, de lo que se espera de ellos, está fuera del lecho de Procusto donde se moldean a diario frente a la televisión. 

Son aquellos que después de leer un libro - porque algunos incluso leen -, lo acabarán usando como soporte para esa mesa que cojea. Y en eso se resume su vida entera.

Son, en fin, los otros... no los ni-nis, no los que nunca han pisado biblioteca o las niñas embarazadas a los dieciséis -quince, catorce, trece... -, los que matan, violan, roban -¿exagero al haberlos juntado a todos al mismo saco? -, los que han tirado su vida a la basura de forma más o menos consciente; los que vienen de familias 'conflictivas', de grupos minoritarios más o menos desfavorecidos, lo que a veces les sirve de explicación, otras de excusa...

No. 

Están mucho más cerca. Son nuestros amigos, familiares, conocidos. Ni se han metido en drogas, han mantenido siempre relaciones con control - incluso en el amor, el enamorarse... -, son niños ejemplares, nunca rechistan a sus padres que los llaman siempre que se van de fiesta para preguntarles si están bien,  buenos estudiantes, alabados por los profesores, con alguna matrícula de honor y todo. Joder, no son los que aprueban una de cinco, sino los que sacan dieces y viven con ansiedad la llegada de la nota pensando que no han aprobado. No hay maldades, si acaso alguna pequeña hipocresía - la de su vida entera -, nada que reprocharles. Esos mismos que pasan de todo lo que no sea su camino recto: los que no han pisado una manifestación, aunque solo sea por curiosidad, porque tenían exámenes, deberes, cosas serias, ¡¡serias!! que hacer. Los que ven, si ven, que el mundo anda mal, pero no les afecta. Como si no fuera con ellos. Ya lo arreglarán. Alguien. 

Esa gente no concibe saltarse una norma porque sí. Porque les apetezca pelársela a dos manos o escaparse unos días a algún lugar lejano de todo, de todos. Solo por el hecho de que también pueden hacerlo. No saben aprender nada que no sea lo que tienen que aprender.

Ellos no han perdido la fe, porque nunca la han tenido. 

Ni en Dios, ni en la política, en el amor, la amistad, ni en nada. En absolutamente nada. 

Y duele. Duele verlos, abrasa las entrañas, escuece el alma en el que ellos no creen y tú quizá lo haces tan solo por llevarles la contraria, por despertar en ellos una mínima duda o una disputa. Ah, pero despertad, te dices, vivid un poquito, maldita sea. Duele, porque los quieres. Aunque empieces a odiar, poco a poco, de forma imperceptible, lo escaso que estiman su vida. 


- Si Dios existiera, se suicidaría. Tal vez lo haya hecho ya. Qué sé yo, a mí me daría vergüenza ser Él.

sábado, julio 21, 2012

Juegos de niños

Me preguntan cómo sé tanto de la vida:
es que la vida la inventé yo.


Somos los niños que crecimos en la calle, nuestra primera posesión,
y nuestra más honesta libertad;
en este único universo que conocíamos,
inventamos la ley, conocimos de primera mano el poder.
Fuimos crueles, despiadados, nos permitimos hacernos tanto daño
y también tanto bien,
malditos niños depravados,
el orgullo de nuestros padres que no nos conocían,
todo el día trabajando, ¿pobres infelices?
La autoridad si acaso eran las abuelas,
tras cuyas faldas corríamos con lágrimas de cocodrilo,
y mientras éstas empezaban a pelearse entre ellas:
¡mira lo que le ha hecho tu nieto al mío!;
¡anda que tu nieta tampoco es un angelito!, etc,
los mismos sujetos de la discusión
volvíamos a la carga en nuestros juegos diarios:
el escondite, el pilla-pilla,
con el pie empujábamos la piedra directa al Cielo,
ahí comprendimos que existía: en este mismo mundo;
ese otro juego a los médicos y enfermeras,
cuando gustábamos de cualquier toque,
fuera este de la mano de un niño o de una niña,
un placer atávico pedía que nos tocaran las tetillas,
que no teníamos,
luego ya aprenderíamos que la atracción venía definida con cada sexo.
La felicidad estaba en el lado más acá del dinero,
aunque este contribuyera a mejorarla un poquito:
a nadie amarga un dulce, ni mucho menos un helado en pleno verano.
Y si a alguno le faltaba, inventamos también el concepto de compartir,
o en su defecto, saquear los bolsillos del abuelo: 
es que ellos no tienen.
Y esa era la justicia;
la amistad, el goce, el amor, el odio,
todo lo definimos en esos primeros años de vida,
más tarde solo aprendimos a reprimirnos. A desfigurarnos.

Alienación, estupidez, números, eso nos enseñaba el colegio.

Después vino el después.
Nos hicimos grandes.
Los abandoné.
No sé qué fue de ellos,
quizá yazcan al borde de una carretera
de manos de juegos más divertidos:
alcohol, drogas, accidentes de tráfico.

Pienso ahora en mis hijos,
en el mundo que les voy a regalar.
Su calle, un ordenador,
los amigos, marionetas que pican teclas a millones de bits distancia,
los juegos, los de rol, los de la mentira y la falsa identidad,
su sexualidad, la última moda que dicten las redes sociales.
No conocerán el odio, o quizá solo conocerán el odio,
el ostracismo, las ganas de matar a sus padres,
la maldad, ¿qué será? ¿ser un matón 2.0 beta?
¿Sabrán de la felicidad?
¿O la confundirán con una noche de sexo sin siquiera un orgasmo?
El poder hace tiempo que estará en manos de gentes que desconocen,
dictando leyes para ayudar en su educación:
currículum para aprender que no tienen el poder.
Ni libertad, más que la supuesta,
Ni amistad más allá del interés,
Ni tiempo libre que perder siendo feliz.

Por eso, durante el hermoso acto de la procreación
no tengo dudas;
si acaso:
entre ayudarle a ponerse el condón
o tragarme, literalmente, sus hijos.

sábado, julio 14, 2012

De la modernidad

"Me gustaría leer una novela donde la gente no tenga opiniones. Creo que esto sería la mayor autenticidad permitida a la creación literaria: personajes que no tienen opiniones personales - sino que las toman prestadas, las argumentan, las critican, según las circunstancias. Observad bien una persona moderna: para ella las circunstancias cuentan. En un cierto día, en una cierta hora, en una cierta coyuntura, mantiene algo, lo cree, lo aprueba y lo promueve. En otras circunstancias cree y sostiene, si no lo contrario, al menos algo diferente, al lado de lo defendido en otro tiempo.
La gente moderna no tiene opiniones; toman prestadas distintas opiniones o creencias, según las circunstancias. He seguido de cerca unes cuantes de mis contemporánees; he comprobado esta continua adaptación a las circunstancias. No las verdades, ni las opiniones eran las que contaban en una discusión; sino la tensión anímica, la coyuntura 'histórica' (si se me perdona la expresión). La gente habla las más de las veces no para expresar ciertas opiniones o para colaborar en la aclaración de una verdad, sino que habla para expresar la circunstancia del 'suceso' anímico de entonces, sus líneas de fuerza de entonces.
Se dice: la gente cambia. Es una exageración. No cambia - porque no llega a ser nunca. De las decenas de circunstancias por las que pasa - y en las cuales habla, alrededor de las cuales piensa - son unas determinadas las que se repiten, o son más poderosas, más acentuadas. Evidentemente, de estas circunstancias que se repiten, la gente construye cierto esqueleto teórico, un 'sistema' embrionario. El cual abandona fácilmente, es evidente; y entonces se dice que ha cambiado sus ideas, que (elles mismes) "han cambiado"...
Lo que me extraña es el hecho de no haber encontrado, todavía, en la literatura, esta autenticidad humana. No he leído, aún, una novela en la cual un personaje afirme, un día cierta cosa, y el segundo día otra cosa; tal como sucede en la vida. En las novelas las personas son tremendamente consecuentes en lo que respecta sus opiniones. Proust y los que han llegado después de él han ilustrado admirablemente la inconsecuencia, la pluralidad, la ambigüedad de todos los sentimientos, de los orgullos y los ensueños humanos; pero nadie, según lo que sé, ha realizado esta gran autenticidad, escribiendo una novela en la cual se vean los seres humanos tal como son también desde el punto de vista 'racional'; la gente, esto es, sin opiniones, sino solo con reacciones personales ante las circunstancias."

Mircea Eliade, "Fragmente", en "Oceanografie" 1935

Nota 1. Traducción propia y por tanto, bastante libre. Os tendréis que fiar de mí.
Nota 2. Me ha encantado esa visión de la persona moderna y sus firmes creencias.

jueves, junio 28, 2012

Variado

Me da que abogar bien por una misantropía, bien por una filantropía, es no conocer lo suficiente todavía a la humanidad. Esta muchas veces decepciona hasta en su maldad.

*

A veces, el dilema vital de una persona puede resumirse en una tilde. ¿Que no? Se me ocurre pensar en un nombre, que en un idioma se escribe con acento, mientras que en el otro sin, siendo esa la única diferencia. Decidir quién es una haciendo o no esa insignificante rayita cuando hace mucho que no se siente de donde nació, pero tampoco de donde se vive, y cuando cualquiera de las opciones le hacen sentir de alguna manera desleal e ingrata (¿con quién? ¿hacia qué? ¿por qué?; una se puede creer libre de nacionalismos y patriotismos, pero resulta que esos sentimentalismos nos son inculcados muy hondo en el subconsciente y afloran cuando menos cabe esperarlos), puede acabar llevándole a la desesperación. Esquizofrenia y demás, exagerando no tanto.


*

Hay otra patria de la que se habla menos en el día a día, aunque sea la preferida de los poetas. No, no es el amor. Me abruma pensar en cuántos versos se han escrito en su nombre. El desamor. Una lee historias y va viendo como incluso dura más que el amor. Hay personas que se condenan a vivir en el pasado vidas enteras. (Será que es más fácil sufrir.) Aterra pensarlo. A mí me aterra. Echar a perder así una vida por alguien que nos tiene como un capítulo concluido más. Terrible.

domingo, junio 17, 2012

Soledad: definición

"CALÍGULA (estallando, se arroja sobre él, lo coge por el cuello y lo zarandea)

¿Acaso sabes tú lo que es la soledad? La de los poetas y la de los impotentes. ¿Soledad? ¿Pero cuál? Ah, tú no sabes que nunca se está solo. Y que a todas partes nos acompaña la misma y pesada carga de porvenir y de pasado. Los seres que hemos matado están con nosotros. Y con ésos todavía sería fácil. Pero con los que hemos querido, con los que no hemos querido y que nos quisieron, los remordimientos, el deseo, la amargura y la dulzura, las putas y la pandilla de los dioses. (Lo suelta y retrocede hasta su sitio.) ¡Solo! ¡Ah, si por lo menos, en lugar de esta soledad envenenada de presencias que es la mía, pudiera saborear la verdadera, el silencio y el temblor de un árbol! (Sentado, con súbito cansancio.) ¡La soledad! No, Escipión. La atraviesa un rechinar de dientes y resuenan en ella ruidos y clamores perdidos. Y junto a las mujeres con las que me acuesto, cuando la noche se cierra sobre nosotros y, alejado por fin de mi carne satisfecha, creo asir un poco de mí mismo entre la vida y la muerte, mi soledad entera se llena del agrio olor del placer en las axilas de la mujer que aún naufraga a mi lado."

Calígula, Albert Camus


viernes, junio 15, 2012

Quizá si escucharas.

La noche trae consigo todos los secretos del Universo descubiertos. Los muestra, nos los regala confiada. A cambio nos pide oscuridad total, por donde el pensamiento pueda escribirse libre en el agua de tinta negra.

La llegada del día no perdona los misterios que su enemiga nos desvela. Viene y con ella se disipan todas las disquisiciones que apenas unas horas antes dotaban de sentido a la vida. Viene y, rencorosa, tacha de absurdas incoherencias, estúpidos, irracionales pensamientos los nocturnos.

Nada queda al amanecer.

La Verdad, quizá, tan solo la tengan los niños, los borrachos y la Noche. 
Pero el Día nunca permitirá creerlos.

jueves, mayo 24, 2012

Noticias de esa otra parte

                                                  Y las noticias vienen de otra parte,
                                                  siempre de otra parte,
                                                de ese mundo que no espera,
                                                al que poco importan nuestros cambios o nuestras pausas,
                                                  nuestras penas, nuestras alegrías que no comparte,
                                                ese mundo de locxs.

Locxs que nos dirigen,
locxs que nos informan,
locxs que velan por nuestra seguridad,
locxs en la calle, acompañándonos día a día,
locxs nuestres amigxs, los que nos quieren 
y también les que queremos
-rematadamente locxs, locxs de atar-,
locxs nuestres enemigxs, lxs que odiamos
y también lxs que nos odian
-estúpidamente locxs, para ahorcar-,
locxs en sus creencias, locxs en sus actos,
en sus fobias,
en sus futesas, en lo que tienen de excepcional,
locxs esclavizándonos, encarcelándonos, matándonos,
locxs en su triste mediocridad,
locxs que nos tratan de locxs.


Siempre las noticias llegan de esa otra parte.


Y les cuerdes, dónde están,
no escriben los brazos amputados,
no hablan las lenguas ensangrentadas,
no muestran las cuencas vacías de los ojos.
Dónde están les que aún conocen nuestro idioma
que nos han abandonado,
dónde queda el lugar de la cordura,
dónde aferrarse a un clavo que no esté ardiendo,
dónde un poco de sabor de hogar,
de olor de hogar,
de dolor de hogar.


                                Mueren. Mueren poco a poco todes;
                                   todo lo que valía la pena.
                                Nos aislan dejándonos en soledad
                                  y la añoranza aniquila.

jueves, mayo 17, 2012

Hayes

Hay una carta en un sobre ya cerrado esperando sobre mi mesa.
Hay malas noticias al otro lado de la línea de teléfono.
Al otro lado de otra pantalla de ordenador.
Un café demasiado cargado. Suavizado con leche. En un vaso de litrona, entra a mi boca con pajita.
Tareas pendientes. Muchas; hasta hace poco no me había dado cuenta de cuántas.

No sé si tirar la carta a los correos o a la basura. Seguramente acertaría mejor eligiendo lo segundo.

Hay, en fin, tiempo pasando. Un estar donde no toca, hacer lo que no se debe, un tiempo perdido.

Hace tres días que escribí la carta y no sé si la escribí para mí o para mi destinatario.
Hace tres meses que veo el amanecer a diario.
Años, tres, desde que invento mi vida.
Vidas, dos, desde que invento. Imagino, exagero, exaspero, miento, aniquilo.
La eternidad desde que usamos el sinsentido como si tuviera significado.

Hace algún tiempo desde que la palabra arrepentimiento perdió significado para mí. A la respuesta "¿Te arrepientes de algo?" simplemente no sé qué responder. ¿De verdad me arrepiento de algo? ¿De verdad no me arrepiento de nada?

Hay una pausa, en la mitad de un camino que no se sabe si va para arriba o para abajo.

Hay pocas conclusiones, que cada cierto tiempo se van cambiando.

Eso fue ayer.

Hoy.

Hay, también, esperanza, hay picor de pies, que dice alguna antigua superstición que es sinónimo de un viaje y que yo me creo no sé si porque realmente creo en ello o porque sé que mañana a estas horas estaré a más de trescientos km de aquí.

Hay incertidumbre, mucha, más cuando no me he parado a imaginarme el futuro de 999 maneras plausibles para que la realidad me traiga la milésima posibilidad que no tuve en consideración. Creo que esta vez solo he sucumbido a un par o tres elucubraciones. 

Hay toda una tarde-noche por delante y una mañana y también un mañana ajetreados. Si es que el sueño me permite dar el paso de hoy al siguiente día.

En fin. Que ya estamos en mayo. Y tirando para cuarto menguante, además. Y la entrada comprada desde hace más de mes y medio y el momento tan esperado de cantar con ellos

Niña, ven esta noche a pintar milagros, 
Mojarnos en lluvia de primavera, 
Que por las venas circulen los sueños. 
Al amanecer seguir soñando, 
Hacer que el tiempo vibre en nuestros cuerpos, 
Atrapar el instante donde todo va bien.

 Y sonreír.

viernes, abril 27, 2012

Soy todo lo que no soy II (explicación)

Te miras y te dices que sin duda eres alguien, que ese del espejo eres tú. Pero no hay nadie. Lo que hay son médanos apenas, y barrancas, y ramblas secas - todo un vaivén de tendencias, que son huellas, por supuesto, pero que han dejado de llevar a ninguna parte: se retuercen sobre sí mismas mostrando simplemente lo que son, los rasgos de alguien que se mira al espejo y se dice que todo podría haber sido de otra manera.

Quisiera escribirte frente al espejo, como tratando de caligrafiar el laboreo del tiempo en el rostro, para saber de qué habla y qué dice - para saber cuál podría haber sido esa tierra escondida de la que me sé exilado, y cuál mi gente. Pero el espejo es ahora sólo una ventana que se ha helado, y a través de ella no puede verse nada - nada sino el rostro borroso de alguien que intenta ver algo, alguien que tal vez espera ver lo que no puede verse. Emplazado ante esta ventana que no admite viendo alguno soy - sólo soy. Ahora sólo soy una soledad densa, opaca, como la presencia de la noche que no es nada, que es tan solo ausencia de luz, de calor, de colores - apenas un intervalo como el que separa al rayo del trueno, y que se parece tanto al tiempo de una vida.

Quisiera tanto haber sido de los vuestros. Quisiera tanto haber podido saber querer lo que quiero. Haber podido decirte ahora mismo esto, por ejemplo: ¿Sabes lo que quiero? ¿Quieres que te diga lo que quiero? Quiero que me zarandees, ahora, que me empujes, que me tumbes, que me cabalgues, que me cruces la cara. Sin preguntas. A horcajadas sobre mí - así te quiero. Y con tus pulgares clavándose en mi garganta, oírte aullar el grito desbocado de la doma - como el del piel roja, cuando lucha por acompasarse con la furia nueva de un caballo mesteño. Eso quiero. Quiero que sigas con una cuchilla esas nuevas líneas que se han dibujado en mi cuerpo - marcándolas, sajándome. Que cosas mi boca, mis párpados, todos los pliegues de mi piel -hasta acallar por entero mis murmullos. Quiero que claves profundamente miles de astillas en cada una de las islas en las que ahora laten esos pequeños dolores hasta convertirlas en hogares del auténtico dolor, en dolor de verdad. Quiero oírme sangrar sobre tu cama. Quiero que camines sobre mí, clavando la aguja de tus talones en cada una de mis vértebras - que dibujes con el látigo nuevos meridianos en mi espalda, hasta descubrir el punto ciego, insensible, donde debe esconderse la cicatriz del beso de Satán, la huella de aquel impreciso aquelarre que me alejó definitivamente de vosotros, dando comienzo a la travesía por la tundra. Quiero que marques mi cuerpo mi cuerpo con un hierro al rojo - como a una res. Quiero que me arranques con tus dedos desnudos ese nido de angustia que se oculta detrás de mi esternón. Quiero sentir que estoy vivo. Quiero sentir sobre mí una última mirada tuya llena de codicia, aunque sea homicida, carnicera. Quiero sentir, por lo menos, miedo a morir. Quiero que me veas así. Mírame. Cuelgo desnudo sobre tu cama, boca abajo - y mi sexo es un caracol. Imagíname así.

Dices Quiero, y entonces es como si te imaginaras a punto de recobrar tu rostro, a punto de saberte alguien - y tanto más alguien cuanto lo que dices querer señala el camino de tu ruina, tu propia perdición. Siento que es así como ahora quiero escribirte. En cierto modo, también te dije que te quería como buscando un modo de perderme. Y es que es como si sólo esa ruina me perteneciera en propiedad, irrenunciable. Como si yo también me buscara ahí, en la enseñanza del dolor - en lo difícil. Como si sólo allí me cupiera reconocer aquello que propiamente hay en mí de singular, aquello a lo que en ningún modo me será dado escapar: mi única certeza. Mi única certeza es ahora saber que sólo se conoce lo que se ha perdido, lo que ya no está - como el trueno dice la verdad del rayo. Como si sólo fuera posible sentir en las cosas aquello que las hace ausentes, su irremediable distancia. ¿Es esta la razón por la que he sentido y siento la necesidad de escribirte - a ti que ya no estás, que estás tan lejos?

-fragmentos-
Deseo de ser piel roja, Miguel Morey


Uno podría acompañar a estas letras quizá, El perdedor, y escuchar de fondo el disco Desaparecer de Maika Makowski. Y entonces la figura se completaría.

Soy todo lo que no soy

La Historia es un cúmulo de casualidades.

Claro que a la Literatura ello no le ha gustado en demasía. Nos complace pensar que las casualidades no existen, que pasó lo que tenía que pasar, que lo que tiene que ser, será y la idea de destino que subyace a todas estas frases, necesidad, continuidad y los poemas de amor. Tantos, ay. Y la sonrisa que se asoma divertida, que no irónica, la ironía esconde mucha tristeza y ahora estamos embriagados por la maravillosa noticia del azar. Un peso ha caído.

Todo por aquello de no sentirnos insignificantes y faltes de sentido, todo por aquello de sentirnos mínimamente especiales, únicxs, la vida se ha hecho para nosotres y estamos teniendo lo que merecíamos.

Pero esta sonrisa jovial esconde no poca ternura también, casi se diría compasiva, por estos afanes y necesidades de los Hombres para no sentirse tan solos en un mundo que no tiene más significado que aquel que queramos ofrecerle, ofrecernos. (Las Mujeres, es que apenas aparecen en la historia.)

Mas por qué habrá tanta tristeza en elles y sus soledadades. Por qué no sabrán aceptar la volatilidad de aquello que les rodea, su Contingencia, por qué esa búsqueda continua de un Sentido más allá de ellos, más allá de la vida, más allá del mundo. No se dan cuenta de que la Libertad no es más que una quimera mientras no crean en el accidente, en la circunstancia, la eventualidad. Por qué esa búsqueda continua de un Consuelo.

Si lo fascinante de esa vida es saber precisamente que podría no haber sido tal, que quienes somos podríamos haber sido totalmente otres, que quienes conocemos podrían ser nuestres perfectes desconocides y tanto largo etcétera.

Entonces se comprende. Llega ese día, que podría no haber llegado nunca. Esa sonrisa que invade y alumbra una idea. Que tantas lecturas tempranas de Nietzsche, Hesse, Camus, de las cuales no es difícil reconocer que solo queda el vago recuerdo de habernos gustado, aunque no sepamos de que manera; luego Unamuno y la exaltación y bienestar tras apenas diez minutos con él que nos llevaba a pensar: he aquí porque amo la Filosofía; esa frase de Ortega que siempre está allí, rondando y de vez en cuando aparece, Yo soy yo y mis circunstancias, y entonces Morey, cuyo libro caído de casualidad, cambia totalmente la perspectiva, aunque no se sepa por qué ni qué ha provocado exactamente; llegamos a Foucault y vemos que sus textos son traducidos por Morey;

Podríamos añadir que Foucault y Cortázar, aunque.
Que Cortázar y Poe.
Que Poe y Baudelaire.

Que tantas lecturas tempranas y ya no tanto, decía, algo tenían, aunque no lo supiésemos. Y no hay nada más satisfactorio que ver qué tanta, que no poca, relación tienen.

En esas andamos. Existencialismos y tanta maldición. Mi sonrisa no cabe en sí de gozo por haber descubierto su América particular. Por haber entendido de pronto ese misterio que nunca fue tal.

Y he ahí, en parte, lo que soy. Porque mi parte literaria no tardará en irse nuevamente con las putas de la inexistencia de las casualidades y sus tufos de fatalidad de: El tiempo lo dirá.

Pero ah, qué magnífica esta hora.

miércoles, abril 25, 2012

Despertar

Intento, como tú, mantener el río en su cauce, tener la pasión calma, como si esos términos pudieran situarse juntos, racionalizar en todo momento cada sensación que me transmites. Vernos desde lejos, ser consciente, no olvidarme de serlo, prudente con los sueños y los castillos en el aire, aceptar la sonrisa que me provocas sin compromisos. No pensarte demasiado, distraerme de tu lejanía en la cercanía de otros, no traspasar la distancia, tener la paciencia quieta, el ánimo silente y ya el tiempo nos dirá lo que nos tengamos que decir.
Intento también, aunque ya ves que en ello fallo estrepitosamente, no dedicarte mis letras. No así. Ya suficiente nos decimos, no hay razón para que yo escriba teniéndote a ti en mente, no hay motivo para esta fluidez de las palabras, no hay porqué de mi gusto por hacerlo. Mi gusto, mi placer. No, no quiero que seas el destinatario, no quiero que seas el causante. Quiero escribir esto mismo, pero sin ti.

Pero yo de esas cosas nunca he sabido. No sé sino hacer lo que siento a cada momento, en las consecuencias pienso poco, a veces fue un fallo, mi agonía, a veces mi mayor virtud. ¿Quién tiene que juzgarme? Yo me acepto; de vez en cuando me digo que ya podría ser más racional. Me dura poco.

Entonces qué, que me da por escribirte, por pensarte, por imaginarte, por pensar en que afuera llueve y truenos y relámpagos y no, no es amor, cómo podría, pero me gustas, te gusto, también me gustan otros, a ti otras, pero te gusto más que otras, igual que tú a mí me gustas más que otros y he ahí donde fallamos los dos. Que lo sabemos, que es un sinsentido, que me alejo, entonces vienes, que te vas, y entonces te retengo, que la locura y todo eso de lo que pasamos de largo cada vez que no queremos dejar de escuchar la voz del otro. Aunque no entendamos ni papa; ah, y ya que estamos, explícame tú como está esto de que me hables en ninguno de mis idiomas y yo te entienda de igual manera. Verás, es que yo siempre he pensado que para que haya una verdadera y completa comunicación, si es que eso existe, y sobre todo en temas tan espinosos como el que nos traemos entre manos, el primer requisito es que los dos piensen en la misma lengua. Y ya de por sí es difícil que esos dos se comprendan. Pero tú vas y me desmontas mi brillante teoría diciéndome tantas cosas más allá de las palabras, entendiéndonos tan bien más allá, o más acá, del lenguaje. Supongo que era algo más que debía aprender y ha sido contigo. Cada vez pienso más que aprender es desaprender.

(...)

Pero. Pero, pero... ah, me desvanezco nuevamente. La gloria tan cerca, la ilusión que ves en mis ojos se va apagando por dentro tan rápido como se ha encendido. 

Será que lo necesitábamos, pensar en alguien, quien fuera, para distraernos de todo lo demás; sentir que todo, durante unos momentos, iba bien y que, sobre todo, podía ser real. ¡Un sueño! Necesitábamos soñar. Tú, por tus motivos, que alguno ya intuyo, yo, por los míos, que aunque de vez en cuando diga que ya no sé ni entiendo nada, no es más que hartazgo por saber demasiado, por conocerme demasiado, por demasiadas vueltas a tantas cosas del pasado, que ya ves, todo se resume en un par de corazones durante demasiado tiempo tristes que querían aferrarse al primer clavo ardiendo. En ello estábamos, pues, no necesariamente buscando, pero sí felices de habernos encontrado, contentos de la farsa que íbamos formando; nos iba tan bien, aunque el sentido común de vez en cuando nos dijera que eso no tenía ni pies ni cabeza. Por un tiempo, duró.

Pero la realidad siempre nos aplasta y tú con tus neuras y yo con las mías, que no son menores, tú con tu mundo y yo con el mío, y el sueño que cada vez era más apetecible, pero más lejano y resulta que llegó un punto en que o lo hacíamos realidad o volvíamos cada uno a nuestras realidades. La bomba estalló, tocamos el límite y entonces nos alejamos. En el silencio nos perdimos.

Y la lejanía hizo todo lo demás. Pronto la falsa necesidad y el hábito que creamos se desvaneció en el aire y ahora ya no queda nada; nos hemos desilusionado con no poca decepción.

Tú no me importas lo más mínimo. Yo no te importo lo más mínimo. Nos hemos despertado y ya no podemos engañarnos en esos dos aspectos, lo intentamos, pero ya no sabemos volver a acercarnos. Nos hemos despertado, un poco tristes, nuevamente.

Lástima. Lo estábamos haciendo bonito. Y me gustaba escribirte.

sábado, abril 21, 2012

Bagatelas

Yo me acuerdo que en todas las cartas que le envié me despedía con un Te quiere hoy, M. .  Porque sabía que ese amor iba a tener un fin. Y por eso me daba tanto miedo usar siempres o dejar un simple Te quiere, M. .
Porque yo siempre empiezo una carta por la fecha. Cosa que él nunca hacía, y eso constituye una diferencia básica en las perspectivas. Mi memoria está (o al menos estaba) plagada de fechas exactas, horas, datos clave, marcas que hicieron un antes y un después en lo que he sido, en lo que me convertí y en lo que nunca seré. Aunque en fin, eso del nunca digas nunca también es cierto.
Pero al ver hoy uno de los pocos recuerdos materiales que de él me quedan, pues hasta la fecha no he sido capaz de romper y quemar un libro, me ha dado por leer esa dedicatoria que acaba en un Te quiere hoy, V., que con su manía de no poner fechas, sin él saberlo, ha convertido ese hoy en un amor intemporal, o, ya dentro del tiempo, eterno, ese hoy podría ser cualquier hoy, incluso el de este día. O lo hizo sabiéndolo, pero en tal caso sería una estupidez, porque él también sabía que lo nuestro no iba a ser para siempre.

miércoles, abril 11, 2012

Silencio

He recurrido al silencio como el juez más solemne y quizá más justo, aun siendo lo más vil e ignominioso, 
para permitirle al sentimiento ser devorado plenamente por el pensamiento.
Así, que de tanto pensar, al fin, dejar de sentir. 
En silencio, cuando este sentencia pasos de lejanía en cada una de sus armoniosas pausas.
En silencio, en su idioma, un poco en el mío, la mayoría de suspiros lastimeros en la lengua atávica que ninguno compartimos.
Mas qué restaba, sino. 
Era necesario el recogimiento en la única patria que siempre nos recibirá, ya tachadas nuestras almas de parias, ya rotos nuestros corazones (de) ingrates. No en vano le han escrito tanto, tantes, le han cantado tanto, tantes, la han amado y odiado tanto, tantes.  
Ay, mi soledad, a nadie nunca como a ti le he sido fiel, rezan algunes, rezo también yo mi única creencia en noches sin luna, 
sin estrellas, sin cielo. 
Y tan lejos el infierno.
Y ahora que el silencio escogió matar antes que reavivar todavía las lágrimas del fuego, que siento perdido todo cuanto una vez fue hogar y sentido, que te he perdido, que me he perdido, 
pronombres tan fácilmente asimilables también en su ausencia, quedando así un simple resto de haber perdido, he perdido
y ahora que esa pérdida irremediable ocupa un lugar más entre los libros que me acompañan
 -Deseo de ser piel roja, El amante, Hesse, Cernuda, tal vez Cioran; punto.-, 
como un texto más que me define, que me forma y deforma, que juega con mis sentidos, me enloquece, alcanzar me hace el altar de lo sublime, y entonces las puertas del abismo reciben ardientes mi caída, risa grotesca, ironía cruel y al fin, paz. 
Paz en,de,con la pérdida, 
paz de,con,en la demencia, la locura, el disparate, el absurdo. 
Paz, en el silencio, en la soledad.
Paz tras tantas veces tararearte aquello de 
Me duele tanto y tanto saber que no voy a volver a verte,  
seguido por eso de  
en la nada te perdiste, solo quedan mis recuerdos, 
sabes que la nada es triste y en tu nada yo me pierdo; 
casi en nada me dejaste, ya tan solo medio cuerdo, condenado a lo que fuiste, pues lo que serías me pierdo. 
No me acostumbro, en fin, 
a no verte a mi la'o, y me siento perdí'o, me siento abandona'o.  
Te tenía delante en aquel entonces y ya conocía este presente, 
¿no deberían representar esos momentos los más esperpénticos de nuestras vías cruzadas?
Pero esta bruma con nombre a Pérdida no llega solo desde tu oeste -en contraposición de mi este-, 
que tú estarías tentado a asimilar como dueño, no, este libro que me escribe y que escribo corresponde a tantos "tú"s, 
que se convierten en vosotros, amantes que lograsteis serlo de mi alma y no solo de mi cuerpo, a vosotros, mis amados, mis queridos, amores de mi vida, aún todavía os recuerdo, aún os amo, lo juro -juramento de quien nunca jura-, 
perdonadme, perdonad que haya encontrado al fin el sosiego en el silencio y la soledad. 
Perdonad que de vez en cuando os eche aun de menos.

Pues todo lo que tengo que decir, lo dice esta canción, su melodía, sus versos, dulzura triste de la alegría lejana. 
Os invito: Dicintecelle vuie (Roberto Murolo, Amalia Rodrigues).


lunes, abril 02, 2012

Geografía de una vida

Buzău.
             Boldu.     Monteoru.    Mar Negro.
Almazora.
                 Masella.
Almazora.
                  Avignon. Carcassonne.                       Venecia. 
Buzău.
Almazora. Buzău.
                  Tenerife. Mallorca.            Cinctorres.
Castellón. Villarreal.
Almazora.
Valencia.
Barcelona.
Burriana.
Valencia, (Almazora, Burriana), Barcelona.
                                                    Berlín.
          Budapest.
Barcelona.
Valencia.
Burriana.
                Madrid. San Martín de la Vega. Miranda de Ebro. Vitoria.      Armentia.
Pamplona.
Almazora.
Valencia.
                    París.      Beauvais.
             Gandía.
Valencia.
Almazora.
                   Sevilla. Mairena del Aljarafe.
Valencia.

Podría haber añadido Cannes antes que Avignon, Ibiza antes que Mallorca, Bilbao antes que Vitoria, Mirambel antes que Cinctorres, Andorra, San Remo y otros muchos que ni se me ocurre nombrar. Podría haber suprimido Almazora, quedándome con Castellón, Mairena, quedándome con Sevilla, Madrid en vez de San Martín, París, en vez de...

Pero entonces no tendría ningún sentido.
No hay casual en este mapa.
(Por supuesto que, sin duda alguna, la distancia temporal de los acontecimientos ha querido ser arbitraria, y quizá muchos de estos lugares no habrían aparecido dentro de ¿cuánto? unos años, pongamos..., pero ah... maravillosa injusticia de la vida, divina memoria y excelsa su desmemoria)

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¿Y el futuro?

Cruenta batalla entre Madrid/Barcelona, aunque más fácil de lo que pensaríamos, pues quién se atreve a volver a pisar la B tan pronto todavía. 
Y aquí cada día de más es un día de menos. 
Luego llegaría el desierto. Verano. Incertidumbre. 
Quién sabe si tranquilidad en el hogar (no aguantaría mucho; aunque quién sabe, la rutina mata), si vuelta a los orígenes, el paraíso de la infancia (cuánto capricho), o desenfreno en alguna ciudad a la que ahí dicen città (¡ja!, mis ganas locas; eso sería demasiado, y mejor evitar nombrar el tema antes de; cuánta superstición).
Lo único cierto es La Coruña y Sheffield, pero eso ya es época de transición.

¿Y el futuro, entonces? Pues yo qué sé, si ni siquiera sé dónde estaré dentro de una hora.

lunes, marzo 26, 2012

No siento ser tan cruel

Bésame, aquí, entre las sombras, aprovechando la oscuridad de esta noche sin luna, pues no podría permitir que ella me viese así, bésame y ámame así, cuando nuestras figuras se desdibujan, simples bocetos que podrían tomar cualquier cara, cualquier nombre -menos los que tengo grabados bajo la piel-, y así pueda olvidarme de que eres tú, pero sobre todo, pueda olvidarme de que soy yo.

Me buscas, te acercas, un pie juega con el mío inmóvil, tu cercanía se me vuelve absurda, me miras -me admiras-, te miro -condescendiente-, a qué sonríes me pregunto, terminemos de ver la película te pido, tú ansioso para que acabe, yo rezándole tiempo al tiempo.

No enciendas la luz.

Me estoy dejando querer, mas acepta no buscar mi boca, no podrá corresponderte, no sabe fingir, ni los besos ni las sonrisas falsas. Me cuesta sobrehumano esfuerzo mover mi lengua a tenor de la tuya, que ni siquiera sabe nada de armonía y ritmo.

Toma mi cuerpo, él sí es capaz de la más alta traición, contestará a tus besos y caricias tarde o temprano, pero olvida la lágrima que no dejaré que veas. Sigue feliz en tu mundo por tenerme esta noche. Me ves tan maravillosa; yo quisiera asesinar tu estúpida inocencia. Si intuyeras la sangrienta batalla que llevo por dentro. Convivo con el cielo y el infierno a diario, no sé a cuán iguales partes. Y no sé dónde está mi sitio -si es que tengo alguno-.

Al amanecer ya estaré lejos, jamás te dé por echarme de menos; tú nunca estás en mis pensamientos.

Me largo, no volverás a verme, tan solo necesitaba renacer en el sexo, pero creo que todavía he ahondado más mi tumba.

Me largo, necesito estar a solas con el mar, limpiar mi cuerpo en el agua que todo lo perdona, adiós; no siento ser tan cruel.


I run to the sea, it was boilin'
I run to the sea, it was boilin'
All on that day
So I run to the Lord, please hide me Lord
Don't you see me prayin'?
Don't you see me down here prayin'?

viernes, marzo 23, 2012

Y no nos entendemos

Y no nos entendemos, pero son tantas las ganas.

Las ganas de no dejar el teléfono, de cambiar palabras por risas, los deseos por hechos, las ganas de acercarnos un poco en la lejanía, la única cercana.

Tantas ¡las ganas!, benditas o malditas, de compartir lo que somos, lo que sentimos, lo que pensamos.

De sentirnos un poco, de cualquier manera, las que tenemos, las que podemos, pero sentir.

Aunque no nos entendamos.

Cada uno con su vida, con su día a día diametralmente distinto al del otro, con su propia definición de cada cosa, cada uno con su idioma.

Pero son tantas.

Las ganas de soñar, sueños vacuos, ¡quizá!, nada más que construcción de utopía, ¡tal vez!, mas no importa mientras no despertemos.

No importa porque es el camino lo que por una vez, cuenta. Pues, para bien o para mal, es lo único que tenemos. Pero qué bello camino.

Qué bella la sonrisa tonta y los tontos sonriendo.
 
A veces se necesita salir de la realidad.

Y ah, si no viviera tanto en la realidad... si no supiera de tan buena tinta el significado de cada una de las     l e t r a s  que se me escapan de entre los dedos, si no tuviese tan presente la imposibilidad de dejarse llevar y creerte cada una de las cosas que me dices, que enamorarían al más traicionero de los gatos, si tú fueses menos tú y también menos yo, si yo fuese menos yo y también menos tú; si tantas cosas.

Pero me has traído de vuelta a las musas. Y eso nunca es de despreciar. Quizá, más que el amor, es el deseo el que siempre me ha movido a escribir. Y al que siempre me ha gustado rendirle culto.

Y entonces pronuncias mi nombre. Y lo haces tan seguido, y yo, que tengo especial sensibilidad por cuando me llaman por mi nombre, y tu voz, que produce un sonido tan agradable. Y lo haces tan seguido, que pienso que te lo vas a apropiar. Que pienso que quieres alcanzarme de alguna forma y lo intentas mediante la palabra, esa palabra, y no sé qué encuentras, pero ya no necesitas buscar más.

Que aunque no nos entendamos, me dices, es esta complicidad del sonido de las voces, la música que formamos, la música que nos guía y nos enseña que no importan las palabras, el deseo no las necesita, te digo, todo se remonta mucho antes, el deseo que te llamó con la mirada, el deseo devastador cuando te sentaste a mi lado, el deseo que electrizó todo mi cuerpo cuando me diste la mano, el deseo que quiso tocar tu boca y no tu mejilla, el deseo que se despidió con una última mirada. El deseo que sobrevive todavía y hace estragos cada vez que te pienso. Y recuerdo y sueño. Deseo.

miércoles, marzo 21, 2012

Gracias, Cernuda

Más allá del amor, 
Quiero decírtelo con el olvido.

Un Te quiero era lo que quería decirle Cernuda a quienquiera que fuese dirigido el poema; qué amor más grande que el que aun se siente en la última de sus verdades, el olvido. El que sobrevive aun muerto; pues se es capaz en el presente de tener, quizá, nuevos amores, o llanamente el amor a la soledad, sin repudiar el pasado, sin arrepentimientos, sin rencores, sin si quiera melancolía. Tan solo alegría por el amor que fue y que siempre guardaremos. Para que, más allá de la vida, querer decir todavía un Te quiero, con la muerte.

He ahí que, con dos versos, el sevillano que antaño me conquistara con su Si el hombre pudiera decir, me definió mi visión sobre el amor. Y me permitió volver a nombrarlo, volver a pensarlo, reconciliarme de nuevo con el único sentimiento que, directa o indirectamente, me ha movido a actuar desde que tengo uso de razón.

Que quien se burla del amor que los niños dicen sentir, no sabe lo que dice ni sabe lo que es el amor. Recuerdo haber borrado una foto de tanto besarla, eran los amores no correspondidos de la juventud de los doce, trece años. Recuerdo haber hecho tantas locuras tan solo por ver a la otra persona, cuando era la mayor aspiración a la que podía optar, en los amores platónicos de los dieciséis, diecisiete.

Hasta los dieciocho no degusté el otro amor. Y diría que las locuras todavía crecieron, exponencialmente además. Hasta tender a darlo todo.
Y ya en vísperas de los veinte sobrevino el primer gran dolor ¿...real?, ¿debería decir? Que extrañamente fue el que mejor supe llevar, el que... menos dolió. Recuerdo un verano trágico de dolor inestimado a causa de los tres meses que iba a pasar sin ver-lo, a él, primer amor platónico; y puedo asegurar que fue infinitamente más duro que en las primeras semanas de este último desamor. Era puro sentimiento en aquellos tiempos; ahora mi ánimo se dejó llevar por la razón, en exclusiva y, a más inri, en primicia.

Una razón que durante lo que duró el invierno se ha permitido llevar por vez primera las riendas, amordazando y encerrando en una jaula a su oponente más fiel. Pero llegó el equinoccio y la primera lluvia en mínimo tres meses. San José, la Cremà y la purificación mediante el fuego, atracción atávica, de todos los males. Fue hermoso ver como todo ardía. Más bello todavía que la lluvia comenzara pocos momentos después. Y todavía sigue. 

Y me paro en la ventana y veo las gotas caer, me dejo llevar y por vez primera asoman sin miedo, otras gotas; al fin, me permito volver a pensar y recordar cuánta hermosura había en aquello de hacer el amor con la lluvia de fondo; estética, siempre la estética. Unas lágrimas asoman y ya no sé si de dolor o de felicidad, la locura es más probable y es que seguramente sean ambos sentimientos abrazándose, y me permito nuevamente un poco de romanticismo en estos días de calles mojadas; hagamos las paces y reconsideremos el amor como lo más bello y lo mejor. Volvamos a creer, aunque nos cueste todavía tanto tiempo encontrar a alguien a quien amar, pero volvamos a creer, volvamos a creer que es el amor lo único en lo que siempre creeremos.

Muchas gracias, Cernuda, allá donde estés, por ser tu poesía la llave que me faltaba, la llave que la razón me escondió; aunque lo hiciera, bien lo sé, por mi bien. Muchas gracias por permitirme la reconciliación.

Y si hoy pudiera hablarte, te diría que con tanto gusto te abrazaría, 
sin más porqués que el cariño sincero que ahora sí puedo guardarte, 
y que... ya sabes, seas feliz.

sábado, marzo 17, 2012

This is not literature

Cuando esperamos algo durante mucho tiempo, acabamos perdiendo la ilusión y cuando al fin lo conseguimos... 

No puedo negar que algo así me sucedió con el nº 13 de Doctor Deseo. Hasta tal punto que el disco salió y por diversas circunstancias, siempre había algo que me impedía hacerme con él. Incluso la tentación me venció y acabé haciendo click a una descarga directa y...

Pero.

Hoy, en la casa familiar -vale, no puedo evitar reírme al usar esa expresión-, teniendo de nuevo el coche a mi disposición, lo único que me ha hecho salir de casa ha sido el ansia por tener al fin ese disco-libro en mis manos. Y resulta que solo quedaba uno. 

Y cielos, ¡es maravilloso!

El librito me tiene fascinada, las letras y la música ya me habían cautivado días atrás cuando lo de la tentación; es una pequeña joya que no puedo dejar de tocar y manosear y acariciar y...

Además de las letras de las canciones, hay también unos pequeños textos de distintos artistas y en especial hay un texto que con una de sus frases tocó ese punto que hay que tocar para abrir todas las puertas del alma, y es que, sin previo aviso, Itziar Ziga nos confiesa que Ahora sé que nadie se acepta si no ama sus sueños.

Touché. Punto. 

Ahora sé que nadie se acepta si no ama sus sueños.

Brillante.

También el texto de Edorta Jimenez me ha enamorado y volviendo a la música...

Es que sus malditas canciones son poesía pura, cómo elegir si es que los adoro y amo la música que hacen y lo que nos dicen en sus versos. Y la voz de Francis, tan sensxual. Pero será mejor que no siga por ahí.

Tan solo me queda disfrutarlos en directo. Tiempo al tiempo, que veinte años no es nada (qué febril la mirada...), menos un par de meses. 

Disfrutad,


Y una noche sin fronteras
Limpia con estrellas el mapa de las miserias.

Luna tantas veces solitaria, 
Que hoy anhela más que nunca
Ser luna compartida.

Y soñar lo que al alba ha de pasar,
Para poder espantar
Tanta pena, rutina y soledad.


Es la resignación el peor de los pecados.


Soñar y desear,
Atreverse a transformar
Todo aquello que nos jode.

Locos por quemarse
En el volcán de tu vientre.
Locos por ahogarse
en el mar de tu saliva.

Y aunque ya solo visitas mis sueños,
Sigo temblando por ti.

Bailando en la cuerda floja.
Aprendiendo a caer de pie.

Tanta gente en el mundo
Y tú tan sola en la luna

Desde el suelo,
Ocupando los sueños,
Aprendiendo a volar.


Cada vez pienso más que para cualquier cosa que quisiera expresar acerca de la vida, del dolor, del amor y la pasión, podría usar uno de los versos de Doctor Deseo. Y este disco es una confirmación más.