domingo, enero 22, 2012

Falso Edén

Decidió que era hora de un tiempo tranquilo, sin demasiados vaivenes, sin sobresaltos, ni sorpresas. Colores ténues, pálidos. Tanto viaje entre el Edén y el Infierno tendría sus consecuencias. Quería haber ido a esa especie de Purgatorio que llamaban. Pero ya no le quedaban penitencias por expiar. Así que, de nuevo entre el común de les mortales, tan solo le quedaba empezar a acostumbrarse a la normalidad. Al sueño tranquilo por las noches, a los problemas que tienen solución, al nulo pensamiento y a la diversión en botella. Para qué pedir más, si la mediocridad era un perfecto sedante. Como recompensa incluso le habían quitado todos sus recuerdos. Por si acaso. Por si se le ocurría buscar entre los cajones.

- ¿Hasta cuándo?
- Shh, no empieces ya con las preguntas. Anda, vive.
- No me convences, Dios, pero por ahora me creeré tus mentiras. Viviré.

jueves, enero 19, 2012

All or nothing


¡Qué absurda, cruel, injusta, bella y maravillosa es la vida!

- ¿...cómo?
- Calla. Que siga la música.

*

A veces hacemos las cosas tan solo por el hecho de poder hacerlas.

- Por eso el arrepentimiento.
- No, arrepentimiento nunca, bajo ninguna circunstancia. Me gustan les valientes ante sí mismes.

domingo, enero 15, 2012

Y sin embargo, ha sido


Uno a uno, todos nos convertiremos en sombras. 
Es mejor pasar a ese otro mundo impúdicamente, 
en la plena euforia de una pasión, 
que irse apagando y marchitarse tristemente con la edad.
Los dublineses

Y cómo las manos no iban a temblar si tocan lo que en la memoria pasó ayer y en estos libros firman fechas de años distancia. Cómo, si puedo tocar recuerdos de cada uno de los momentos que cambiaron una vida. El pulso se acelera y de repente, la revelación de que el camino conduce a Ítaca, la de Kaváfis.


*

Sobre las cosas del pasado, qué importa que hablemos de lo sucedido o de lo soñado. Pienso días atrás. 
Hoy redescubro

¿Es algo más que el día lo que muere esta tarde?
(...)
-Míralo todo bien;
eso que pasa
no volverá jamás
y es ya igual que si nunca hubiese sido

efímera materia de tu vida.
Igual que si nunca
Ángel González

y pienso si mi pensamiento fue mío o de González. 
Pero debajo del poema, una anotación:
y sin embargo, ha sido.
Así que sí importa.

sábado, enero 14, 2012

Alto en el camino

A pesar de todo, es este alto en el camino el que valida lo que hemos andado y lo que nos queda por andar. Es alzar la copa y brindar por Chris Farlowe y su Miss you fever, como podríamos haber brindado por Patti Smith, y su Because the night, por Howlin' Wolf y su Spoonful, por The Cramps, por I walked all night, por Tom Waits y I hope I don't fall in love with you, o Chicago.
Chicago, sí, como pudo haber sido para otros amantes Montreal. Para amantes de nombres parecidos a los nuestros. Pero no lo fue.
Así que sigo alzando mi copa y no dejo de mirar el cielo desde este balcón, que es mío esta noche, desde esta casa que hoy me pertenece, desde esta ciudad que por estas horas me será hogar. Hay una llamada tanto del cielo como del mar a la lejanía. A escapar de lo conocido, de lo que nos viste, de lo que nos arropa. Pero no esta noche.
Esta noche me dejo llevar por esas voces, que de vez en cuando me apartan del libro que urge ser leído, de las obligaciones que no esperan, pero pueden esperar unas cuantas canciones de Damien Rice. 
Hago un alto en el camino y admiro la belleza de una calle cualquiera, pero es mi calle, por la que transito desde hace algún tiempo, y nunca la he visto más hermosa. Pisos viejos determinan de un lado y del otro su estrechez, viejos como sus habitantes, cuya silenciosa marcha hacia las otras calles de la muerte se ve interrumpida por alguna guitarra de estudiantes que han venido a la ciudad en busca de algo nuevo y han acabado en este barrio. Pero no veo tristeza ni melancolía esta vez. Todo parece estar bien, todo parece estar tranquilo. Y puedo seguir leyendo. Y sigue Elvis Costello, con Spooky girlfriend, o 15 petals. Todo es aleatorio, como los recuerdos que quisieran asomarse. Pero no.
Es por este momento por lo que me reconcilio con la existencia, por la música, por la literatura. Por el cuadro maravilloso que me ofrece mi calle, por poder plasmar estas letras en la hoja trasera de los apuntes. Por Ray Charles. Porque esta etapa de mis días la cantará el rock, el blues, el jazz. Porque la recitará la poesía.
Porque, a pesar de todo, este instante... es puro y embriagador placer.

viernes, enero 13, 2012

Sobre falsos héroes

Al final llega la risa. La broma compasiva, el viejo dicho. La vida se puede resumir en unas cuantas frases, en su defecto, en unas cuantas canciones.

Hay formas y formas de sumar años al calendario. Hablan de ciertas crisis que se repiten de década en dos. Resulta que la que me tocaba este año la celebré el pasado. Las crisis son indecorosas. Sobre todo las reiterativas. Sobre todo las deprimentes.

No, la vida no es tan gris, ni tan mala, ni tan cruel. Una puede sumergirse en el barro, revolcarse en la espesura del marrón y jugar y tragarse su propia mierda. El tiempo que le plazca. Pero una debería saber que eso no durará para siempre, que se levantará, se limpiará y se pondrá la ropa planchada que la espera sobre la cama. Igual que una se cansa de estar bien, también se cansa de estar mal. Y a mí me cansan quienes han tomado por bandera el negro y todo lo tiñen del mismo. Me cansan, porque exageran. Me cansan, porque pierden su tiempo y me hacen perder el mío. Me cansan, porque olvidan que no son tan débiles. Que pueden levantarse, cuando quieran. Que sí, que duele, ya lo sé. Bueno, pues qué le vamos a hacer. Para vivir quejándose, más valdría no vivir. Me cansa la tragedia que han tomado por papel, cerrando así cualquier cambio en sus tristes, miserables vidas. Todo está escrito y todo intento de hacerles ver que, quizá, si quisieran, podrían abandonar el guión, es en vano. Si se lo tomaran en serio; pero todo es un juego.
Así que no. Adiós a poetas suicidas, a héroes trágicos, músicos cocainómanos. Me dan risa.

La vida es mucho más que todo eso.

Y mirad qué bien me queda el vestido que acabo de estrenar. Rojo.


y todo fue resultado de:

Lo verdaderamente trágico, triste, cruel no es que las cosas acaben, no es la muerte, con su no retorno, el final de una vida, el final de un amor, la impotencia de no volver a disfrutar de los buenos momentos que jamás volverán, el desespero, el desasosiego. No es el dolor del duelo que llega sin avisar y se instala sin preguntar como amo del lugar, el duelo de lo perdido. El sentimiento de vacío, el sentimiento de querer morir también nosotres, y más palpable todavía, el sentimiento de desgarro, el sentir que algo nos han quitado de nuestro ser y se nos rompe el alma a pedazos de nostalgia y lástima por nosotros mismos. Lo verdaderamente trágico, triste, cruel de la naturaleza humana es justamente aquello en lo que radica su grandeza: el poder salir adelante. El poder superar la muerte y que sigamos teniendo una vida que querer vivir. El hecho físico, sí, empírico, de que nadie muere por amor. Nadie muere por algo que muere. Siempre acabamos levantándonos. He ahí la tragedia del ser humano. He ahí su heroicidad.
Y quien no se levanta... está exagerando su cruz. No se nos dio una más pesada de la que podamos soportar. Quien no se levanta, olvida que somos demasiado fuertes.

miércoles, enero 11, 2012

Cuerpos, nada más

Buscas, y solo encuentras cuerpos,
cuerpos vacíos, cuerpos nada más,
buscas, sin saber qué quieres encontrar,
y lo que obtienes no es lo que buscabas.
Otra noche perdida,
otro condón malgastado,
otro cuerpo muerto, sin vida;
y latiendo.

No es sangre lo que bombea,
no es alma lo que corre por las venas;
tanto amor fingido:
un abrazo, una caricia,
un gemido que te arranca sin permiso;
no entiendes por qué el esfuerzo,
si todo es falso,
si la mañana llegará para les dos,
el que duerme,
la que no entiende cómo podría dormir en esa cama
donde sobra la mitad de entre les dos.

Mas no caben preguntas,
ni tan solo un ¿por qué?:
y ¡por qué no!

Por qué no seguir buscando,
destrozando,
erradicando cada trocito del ser que queda,
cada recuerdo que susurra tu nombre,
el suyo: palabras malditas.

Seguimos buscando,
noche tras noche,
hasta perdernos en medio de tantos muertos,
hasta ser un cuerpo más.

domingo, enero 08, 2012

Ciudad de sombras


Berlín me recibió una oscura y lluviosa noche de verano, en una parada de autobús que no era la mía, en unas calles solitarias que trataron con respeto la melodía de mis zapatos de tacón.

Berlín nunca me devolvió a casa a la persona que por vez primera lo pisó. Berlín es el amante que te susurra que, después de haber besado su piel, nunca más podrás besar a tu marido de la misma forma, nunca más volverás a mirar a tus hijos sin sentirte eternamente culpable, y eternamente feliz por tu falta. Es esa inesperada fotografía en blanco y negro de vuelta a casa hecha por aquel excéntrico personaje que decía ser fotógrafo. Era demasiado lejano el alba como para no creerlo. Es un trozo de papel con un nombre y una dirección, una promesa fiel.

Berlín me engañó, me dio lo que no se me habría ocurrido pedirle: me ofreció el exilio, me llamó paria y ese fue el nombre que se me quedó. Paria, sin hogar, sin familia, sin esperanza en lo que antaño formó mi vida.

Berlín me recuerda cada noche que mi cuerpo descansa todavía en esta cama que este no es mi lugar. Que mi lugar es el mar, el mar que esa ciudad no tiene, mi lugar es el viento, el viento que no faltó esa noche de verano ni en la despedida última.

Berlín fue el cierre de un círculo perfectamente imperfecto, dio la voz de alarma sobre el largo camino que me espera como nómada en tierras cada vez más lejanas. Me espera el camino de una vida, y la vida no espera.

Abandoné Berlín con una lágrima que se desvaneció antes de tocar las nubes que el avión pisaba. Su promesa fue que jamás lo olvidaría, aunque incumpliera la mía de volver a verlo. Sus plazas, sus calles, sus monumentos, sus bares, su triste belleza.

Con el primer paso que puse de nuevo en casa, me hundí en el barro. Sentí lo que siempre seré y recordé lo que olvidé que siempre había sido: una extraña. Quise coger el primer avión cuyo destino no me importaba. No quise irme sola, mi corazón lo tenía otra persona, pero mi acompañante me pidió paciencia. Tanta tuve que ahora mi corazón ha querido volver conmigo.

De nuevo juntos, con la paciencia borracha, esperamos el primer avión cuyo destino se llame Lejos. O Berlín.

Palabras que me acompañan

Vuelvo a las letras porque las necesito, pues son mi recurso último en esta soledad que lo cubre todo, como la nieve que hace demasiados años no veo cubrir cada mañana aquello que solía llamar hogar.

Una soledad buscada a medias, encontrada a cuartos.

Vuelvo a las letras para pedirles que me amparen, que sean testigo de que el comenzar de nuevo es posible, de que los tropiezos son interesantes cicatrices mañana, puntos en el anecdotario de la vida, vuelvo, porque han vuelto a mí las musas, sean quienes sean, me han traído de vuelta las palabras, ansiadas desde hace más que la tierra dio la vuelta completa a su astro.

Necesito -no digo quiero, no digo deseo- que en la recta final me quede claro que valió la pena la carrera.

En un susurro grito que he vuelto atrás en el tiempo el tiempo que había avanzado demasiado deprisa.
Vuelvo a sentirme joven, casi tanto como al principio, ese que mi memoria ya ha falseado. Me quedan unas pocas frases que resumen lo que no habría sido capaz de expresar en diez libretas de páginas infinitas.

Me queda pues, un trocito que clama bien en silencio que los amores tan solo deberían permanecer en nuestras vidas mientras nos sirvan como musas. Es señal de que han de salir cuando nos acostumbramos en una plácida y sosegada felicidad tras la cual ni un verso nace. Es señal de salir pitando cuando nuestras musas se convierten en nuestros demonios.

Me quedan otras palabras que rezan que las cosas que pasan no son ni tristes ni felices, ni buenas ni malas. Tan solo son cosas que pasan.

Y algunas otras que idolatran a falsos dioses, letras paganas que quisieran no volver a pisar las ciudades que les han sido hogar nunca más, que han dejado de creer en las personas maravillosas, que tan solo ven ahora a personas normales, con sus defectos y sus virtudes, pero simples mortales, letras que conjuran que tal vez nuestros ídolos solo sean héroes.

Palabras que me acompañan, que sirven de sostén hasta poder volver a quitarme las muletas. Pues a veces, cuando ya no creo necesitarlas, allá en lo alto de la montaña, una piedra me hace retroceder de nuevo cerca del abismo.