domingo, enero 22

Falso Edén

Decidió que era hora de un tiempo tranquilo, sin demasiados vaivenes, sin sobresaltos, ni sorpresas. Colores ténues, pálidos. Tanto viaje entre el Edén y el Infierno tendría sus consecuencias. Quería haber ido a esa especie de Purgatorio que llamaban. Pero ya no le quedaban penitencias por expiar. Así que, de nuevo entre el común de los mortales, tan solo le quedaba empezar a acostumbrarse a la normalidad. Al sueño tranquilo por las noches, a los problemas que tienen solución, al nulo pensamiento y a la diversión en botella. Para qué pedir más, si la mediocridad era un perfecto sedante. Como recompensa incluso le habían quitado todos sus recuerdos. Por si acaso. Por si se le ocurría buscar entre los cajones.

- ¿Hasta cuándo?
- Shh, no empieces ya con las preguntas. Anda, vive.
- No me convences, Dios, pero por ahora me creeré tus mentiras. Viviré.