viernes, enero 13

Sobre falsos héroes

Al final llega la risa. La broma compasiva, el viejo dicho. La vida se puede resumir en unas cuantas frases, en su defecto, en unas cuantas canciones.

Hay formas y formas de sumar años al calendario. Hablan de ciertas crisis que se repiten de década en dos. Resulta que la que me tocaba este año la celebré el pasado. Las crisis son indecorosas. Sobre todo las reiterativas. Sobre todo las deprimentes.

No, la vida no es tan gris, ni tan mala, ni tan cruel. Uno puede sumergirse en el barro, revolcarse en la espesura del marrón y jugar y tragarse su propia mierda. El tiempo que le plazca. Pero uno debería saber que eso no durará para siempre, que se levantará, se limpiará y se pondrá la ropa planchada que lo espera sobre la cama. Igual que uno se cansa de estar bien, también se cansa de estar mal. Y a mí me cansan quienes han tomado por bandera el negro y todo lo tiñen del mismo. Me cansan, porque exageran. Me cansan, porque pierden su tiempo y me hacen perder el mío. Me cansan, porque olvidan que no son tan débiles. Que pueden levantarse, cuando quieran. Que sí, que duele, ya lo sé. Bueno, pues qué le vamos a hacer. Para vivir quejándose, más valdría no vivir. Me cansa la tragedia que han tomado por papel, cerrando así cualquier cambio en sus tristes, miserables vidas. Todo está escrito y todo intento de hacerles ver que, quizá, si quisieran, podrían abandonar el guión es en vano. Si se lo tomaran en serio; pero todo es un juego.
Así que no. Adiós a poetas suicidas, a héroes trágicos, músicos cocainómanos. Me dan risa.

La vida es mucho más que todo eso.

Y mirad qué bien me queda el vestido que acabo de estrenar. Rojo.


y todo fue resultado de:

Lo verdaderamente trágico, triste, cruel no es que las cosas acaben, no es la muerte, con su no retorno, el final de una vida, el final de un amor, la impotencia de no volver a disfrutar de los buenos momentos que jamás volverán, el desespero, el desasosiego. No es el dolor del duelo que llega sin avisar y se instala sin preguntar como amo del lugar, el duelo de lo perdido. El sentimiento de vacío, el sentimiento de querer morir también nosotros, y más palpable todavía, el sentimiento de desgarro, el sentir que algo nos han quitado de nuestro ser y se nos rompe el alma a pedazos de nostalgia y lástima por nosotros mismos. Lo verdaderamente trágico, triste, cruel de la naturaleza humana es justamente aquello en lo que radica su grandeza: el poder salir adelante. El poder superar la muerte y que sigamos teniendo una vida que querer vivir. El hecho físico, sí, empírico, de que nadie muere por amor. Nadie muere por algo que muere. Siempre acabamos levantándonos. He ahí la tragedia del ser humano. He ahí su heroicidad.
Y quien no se levanta... está exagerando su cruz. No se nos dio una más pesada de la que podamos soportar. Quien no se levanta, olvida que somos demasiado fuertes.