lunes, febrero 27, 2012

La verdad como anécdota

¿Carpe diem? Una de las formas más efectivas de emborracharse de presente, ese que tanto claman que hay que vivir, es sentir el tictac del reloj correr. De forma literal. Parar, dejar de hacer nada y escuchar. 15.24h, 00, 01, 05, 10, 11, 13, 14, ... 15.25h. Un minuto de la vida se ha ido. Toda hora de más es una hora de menos, otra persona dixit.
¿Son segundos muertos? ¡Pero son segundos de PRESENTE! Mira como se suceden los minutos en un tiempo atemporal, ¿pues acaso no nos situamos fuera del tiempo cuando empezamos a vivir solo por contarlo?
Si realmente fueramos capaces de comprender que, efectivamente, estas horas ya no volverán... que el tiempo pasa, se va, se nos va. 
Quizá... sea bueno que sea así. La comprensión total de que el tiempo solo nos lleva a la muerte nos llevaría a la locura. Es bueno no conocer cuánto tiempo nos queda, nos permite no acelerar la cuenta atrás de un ataque al corazón. Nervios, estrés, no he hecho esto, no he hecho lo otro, ¡se me acaba el tiempo y no he vivido!
Sí, es mejor no contar con el tiempo.

De todas formas, siempre lo dejaremos todo para el último día.

*

Miro el móvil. Borradores. Pensamientos que antes de caer en el mar del... muy manida la frase, ya se sabe cómo acaba; decía, pues, que antes de que eso sucediera, los dejo impresos en la pantalla más cercana.

Me encuentro con que "la verdad ahora es tan solo una anécdota". Y qué a gusto me habré quedado al escribir tan grandilocuente frase. Intento recordar el contexto de los pensamientos que me llevaron a escribirla. Ejercicios de reconstrucción de pasado. Tan solo un pasatiempo (ja, nunca mejor dicho) más. Nunca lo recordado es lo sucedido. Pero me gustan estos juegos de rememorar lo que nunca existió. Mitos, leyendas. Anécdotas, la verdad, en efecto, tan solo es la primera palabra. Todo lo demás son historias inventadas. El pasado es solo un cuento, el presente son segundos contados, el futuro nos engaña diciéndonos que nunca llegará. Otro cuento. Tic, nacemos, tac, vivimos, tic, o al menos lo intentamos, tac, nunca nos sale del todo bien, tic, al menos sobrevivir, tac, nos arrepentimos, tic, morimos. Tac.

lunes, febrero 20, 2012

Fin de la partida

¿Y ahora qué? ¿Ahora qué? El juego ha acabado, hemos ganado la partida. Maldita sea, por qué eso es tan aburrido. 
Conseguimos lo que queremos y he ahí que es justo en la satisfacción del deseo cuando empieza de nuevo el aburrimiento. Dos momentos, tan solo dos momentos de gloria y luego todo se lo lleva el mar del hastío. 
Queríamos ganar. 
Hemos ganado.
¿Ahora qué? 
Qué hacer ahora.
El juego era divertido. Estimulaba. Nos ponía de los nervios cuando veíamos que podíamos perder la partida o cuando su curso dejaba de ser claro. Pero eso, eso nos movía a seguir moviendo piezas. Nos mantenía en vilo, nos robaba pensamientos. Aprendíamos nuevas estrategias, queríamos mejorar, queríamos ser mejor que nuestro oponente. Tan divertido. Apasionante. Excitante, oh, sí. 
Ahora qué, ¿nos masturbamos en palabras amatorias?
Qué decepción. Y mira que lo sabíamos, por eso no queríamos acabar la partida. Pero se nos fue de las manos y al final pusimos todas las cartas sobre la mesa. Confiaba que guardaras un puto as en la manga. Pero no. Lo que se ve es lo que hay. ¿Cómo se te ocurrió hacer eso? Me aburro. 
No podemos hacer nada ya. Ni siquiera podemos retomar la partida, ya nos conocemos el final y no podemos cambiarlo.

En fin. Felicidades, hemos ganado. Pero se acabó el juego. Qué mal hemos hecho.

domingo, febrero 19, 2012

Cuánto frío hace en Saturno

Tengo el alma cansada. Me despierto con el sol brillando en lo más alto, reviso si el mundo sigue girando alrededor de él: buenas noticias. El día empieza tan bien en medio de tanta luz. Pero a medida que va llegando a su ocaso, también lo hacen mis ganas de sonreír. Me gustan los domingos de soledad, poder ir desnuda por la casa, disfrutar cocinando, varias infusiones, una película... Hasta las cuatro el sol todavía hace brillar mi cuarto. 
Quería música, también quería leer. He supuesto que la clásica mezclada con fragmentos de tres libros diferentes saciaría mis apetencias esta tarde. Yo antes nunca leía más de un libro a la vez, era un sacrilegio. Antes... Pero desde que me dio por la mala vida de las carreras sin futuro -y cuál lo tiene ahora, hipócritas...- comprendí que no iba a limitarme a las lecturas de clase igual que tampoco podía dejarme llevar solo por lo que encontraba atrayente más allá de ellas. Hay que dedicarles un poco de tiempo a todas ellas. Nunca obsesionarse por nada ni nadie, supongo que fue eso lo que pensé. Pero qué importa lo que pensara, la cuestión es que ya no hay sacrilegio. 
La llegada de la noche, la oscuridad, el cansancio tanto de Ravel como de los libros me han llevado a descubrir que ya había single. Cuánto frío hace en Saturno. Y 

 mientras escribo estas letras, recibo una llamada que me tiene más de un cuarto de hora fuera de la línea de mis pensamientos; la casa vuelve a llenarse de gente; mi ánimo cambia y

Lo que iba a escribir hace media hora era que las nuevas letras de Doctor Deseo me habían llegado al corazoncito y que incluso podía haber soltado alguna lagrimilla. Tenía el alma cansada. Pero el socializar me ha vuelto a alejar de la melancolía y este texto ha perdido todo el dramatismo del que lo intentaba cubrir. Hay que joderse. 

De todas formas...  
Ver como la vida pasa,
pasa de ti y no se detiene
Cómo se puede caer hasta el suelo
 y luego más
Cuando hasta el aire te abandona
y mil lágrimas de cristal
se rompieron en tu pecho,
destrozando tu sonrisa...
Cuánto frío hace en Saturno, mi amor
Ahora que estás perdida
que tu mirada solo refleja desierto y sed,
déjate acariciar por esta canción,
que todo pasa...
(...)
Terminaremos bailando,
 brindando en algún bar.

No me diréis que no es precioso. Ains.

viernes, febrero 17, 2012

Azar y sufrimiento

Y mientras juego con críos... me dejo llevar por juegos de seducción donde sé perdida la batalla antes de empezar. Poniendo cartas sobre la mesa y no sé si me quedará algún as en la manga, tampoco sé si esas fueron sus mejores cartas. Y muy bien sé que puedo acabar mal, muy mal, claro... o incluso peor, el gusto podría ir más lejos y ah... hay que follar con las mentes. Lógica aplastante.

*

Me siento muy afortunada de poder estar tumbada en la cama, la cabeza fuera mientras la sangre me inunda la mente, haciendo nada, pensando apenas nada y sonando Farlowe. Yo, aquí, mientras en otro mundo gente muriendo, luchando por sobrevivir, mundos salvajes, fieros, qué injusta y cruel mi suerte mientras otros... Y otros bañándose en oro. Pero es la realidad, la cruda realidad. Mi padre trabajando doce horas diarias para que yo esté aquí haciendo nada. ¿Duele? 
No, ni siquiera duele ya, convivimos a diario con ello y estamos dopades para que no nos importe la injusticia del mundo en el que vivimos.

Claro que, visto lo visto, qué se puede hacer. Una persona sola no va a acabar con una guerra ni con el hambre ni con la pobreza. Hay personas que tienen ese poder, pero no lo harán. Si realmente fuéramos coherentes con el dolor del mundo, la única solución que nos quedaría sería el suicidio. Pero nadie se va a suicidar por la incongruencia del mundo. Tampoco yo, que he empezado a pensar en todo esto y me he venido a plasmarlo en un ordenador que a saber por cuántos mundos ha pasado antes de que sus teclas toquen mis dedos.

En fin. No me enorgullece mi suerte. Ni el tiempo libre del que dispongo. Sé que ha sido solo cuestión de azar y de mucho sufrimiento. Pero ya que yo puedo disfrutarlo... sigue cantando, querido, no pares.

miércoles, febrero 15, 2012

Curando viejas heridas o rasgando en la llaga

Eran los tiempos del principio. Era esa mañana que me presentó a Le punk. Y yo con anginas.

- Me encantan. Con cada canción más. 
- No escuches a Doctor Deseo, pues. Te enamorarás. 

No hizo falta más, claro. Lo primero que encabezaba la búsqueda era Abrázame y después fue Que amanece de nuevo y luego otra y otra y otra más. No, no fue difícil enamorarme. A él no le gustaba tanto la voz de Francis como la parte instrumental. Por aquellos tiempos yo solo escuchaba las canciones por las letras y las voces. Adoré a Francis.

Iba escuchando sus discos del más reciente al primero. No tuve prisa. Definí tantas cosas, sobre todo..., en sus letras. Siempre hablando del deseo, siempre en la tristeza y el dolor. Y así fue todo. Es la torpeza lo que nos une a ti y a mí.

Hoy me da por volverlos a escuchar, llegando al fin al primer disco y no me decepcionan en sus cuentos. Hoy, que esperaba yo la llegada del nuevo material. Pero ayer, que fue un día feo, me enteré de que todavía no salía a la venta. Bueno. 
Quizá aún no sea hora. Sea lo que sea el para qué.

La palabra es siempre Adiós,
la despedida como norma.
Estúpido y deseado destino,
impulso extraño y necesario.

Todo suele empezar bien,

al fin siempre ligando con la soledad.
Ridículo estigma de un libro pasado,
curiosa y trasnochada realidad.

Cualquier lugar...

es más bello si se deja atrás,
yo hoy estoy cansado y quiero dudar.

viernes, febrero 10, 2012

A todo o nada, siempre

Cómo nos vamos a quemar...

Ah, pero qué maravilloso el fuego, cómo no jugar, cómo no dejarse la piel una y otra vez, apostar con todas las cartas, no guardarse ases ni las mangas, ese noséqué que recorre el cuerpo y la sospecha de que nos vamos ruborizando, pero nunca echarse atrás, hasta el final, hasta bebernos las cenizas del corazón que ya no quedará, pues ¿de qué nos servirá un corazón impoluto en la hora final?

Sabes bien que esa frase se grabó en mí y desde aquel día pocos amaneceres llegan sin que traspase mi mente una vez más: Quiero vivir de tal manera que a la hora de mi muerte pueda decir que mi vida no fue una mierda. Reformulada miles de veces. Para una vez que ella -¡ella!, yo que la tenía en el pedestal de la rectitud, pero era tan humana como tú y yo y...- blasfemaba contra el bien hablar.

Y qué si nos abrasamos. Ya lo hemos hecho tantas veces. Unes se vuelven cada vez más desconfiades, más miedo adquieren con los años y más muros se plantan alrededor. No, no, no, ah... no hay peor maldición que temer los laberintos de la pasión pensando que esconden flechas de Eros, cuando la gracia está en perderse una y otra vez y si acabamos envenenades de nuevo, qué más bello que morir de amor. Si no solo los gatos tienen siete vidas.

Cuánto costarás de criar.

Espero que la vida entera, gracias.

miércoles, febrero 08, 2012

Dónde

Dónde me tienes escondida la palabra,
pues los días marchitan las rosas en pleno silencio,
nadie sabe hablar, les han vetado el canto
y ni escribir recuerdan en esta tarde gris,
que tiñe la noche con lejía,
y a la mañana toda la mierda la viste de mar...
negro, que es más elegante.
Dónde me tienes escondido el pensamiento,
el razonar preciso, el juicio sano,
el vigor, la fortaleza de las horas que me has robado,
y en medio de una jaula quedé presa,
presa yo, preso el loro que sí sabe hablar.
Grita: ¡Silencio!
y de silencio me cubro, una vez más, en busca del cobijo
en la espera de un sueño que no llega,
que la locura ha vuelto y no supe cerrarle la puerta.
Dónde...
Dónde queda el sentido
de un poema hecho a la luz del mechero,
el que ilumina mis negras pesadillas,
el que enciende mis cigarrillos rotos,
mata el asesino a quien lo mató.
-escrito en algún momento de mediados del pasado año-


En épocas en la que el presente solo espera al futuro, una vuelve irremediablemente a los tiempos del pretérito, donde hubo presente por el presente. Una vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida. Se vuelve, se vuelve a los viejos amores, a palabras grabadas en el aire por personas ya decrépitas, putrefactos huesos en los ataudes, a la infancia, el paraíso perdido, las viejas amistades y también los viejos dolores. Al menos eran reales. Ahora todo son recuerdos. Ahora todo son relecturas de los grandes libros que nos cambiaron la vida. Si mal no recuerdo, era algo así:

- No sé qué ha pasado en todo este tiempo, no sé...
- Pues qué va a pasar, el tiempo ha pasado.
 ¡Que tengamos suerte!
Carles Alberola

martes, febrero 07, 2012

De esto y de aquello

La razón por la que yo fumaría es pura estética. Y si esa razón fuera suficiente... Por desgracia, hay demasiados contras y ello es una lástima, de verdad, porque qué belleza jugar con el humo, encender la pasión con un mechero plateado, ¿tienes fuego? y un sí cómplice, las miradas separadas tan solo por; yo tendría una cajetilla especial para las cigarettes. Pero, ah, lástima.

Es cierto que la soledad me quiso aplastar de vez en cuando, que hay que ser valiente para tomar la decisión de pasar unos días con una misma, pues qué mejor o peor compañía podríamos encontrar más allá de la propia persona. Podemos mover la piedrecita camino al Cielo igual que podemos inventarnos el abismo de las tinieblas y tirarla hacia allá.

Pero más cierto todavía es que la soledad fue un bien muy preciado en las calles de les del Club de la Serpiente. Apenas si volví a preguntarles por sus vidas, mis ojos estaban demasiado ocupados en descubrir la ciudad de la que tanto hablaban esas páginas. Y qué vinos y qué quesos y qué éclairs. Y las brasserie, cuántas, cuántas, oiga. A cada paso encontrabas una. Y qué cara es esa ciudad y cómo le gusta ser cara. Lo cual no sé si es su justa redención o su eterno castigo. Pero no hemos llegado hasta aquí para ir a un McDonalds, ¿no? No, claro que no. Hemos venido a homenajear al cuerpo y a curar el alma.

Aunque más que curarla no sé yo si más bien se me congeló. Cuánto frío en las calles del amor. Pero qué maravilla cuando la ciudad se vistió de blanco. Dicen algunes que han nacido en el mar que no podrían marcharse lejos de esta. Qué tontería, pensé yo. También yo creía que no podría abandonar la nieve durante tantos -ya tantos- inviernos y sin embargo lo hice.
Hasta que volví a verla. Y recordé lo mucho que la echo en falta. Un invierno no es invierno si la ciudad no se cubre del manto blanco. Pero eso son cosas del pasado, en fin.

Dejé esto escrito y me fui a otras cosas. Ya no sabía qué más añadir, todo lo expresé más allá de las palabras físicas estos días. En mis asombros callados, en je suis désolé, mais je ne parle pas français, merci, merci beaucoup, au revoir, oh, c'est trés bon, pardon, où est..., you're welcome, excuse-moi, do you speak English, música que se desvanecía en el aire como ese humo de cigarro que no llegué a encender.

Vuelta. Lo malo de cuando se hacen las cosas por vez primera, que si nos gustan, no querremos dejar de hacerlas. 
Lo bueno es volver a hacerlas una y otra vez, hasta agotarnos, hasta ser una con el ser que hacemos, ser, simplemente ser. Hasta desgastarnos el ser.

Cortázar, no llegué a visitarte en tu última casa. Me lo dejé pendiente, así sé que volveré.


jueves, febrero 02, 2012

Aviso: buenas noches

Llueve. Bueno, al menos hace veinte minutos llovía. Llovía en las calles no tan desiertas, cuyo sueño interrumpía algún que otro estudiante con unos grados de alcohol de más en el cuerpo. Suena Beirut. Y su música me parece tan, tan, tan triste. Igual que la lluvía. 
Pero tanto Beirut como la lluvia son unas creaciones tan bellas que si me diera por llorar sería por lo de sublime que encierran en medio de tanta tristeza y melancolía y, repetiré esa palabra una vez más, saudade. Saudade, ah, otra maravilla del mundo. No sé describir con palabras las emociones que me produce, es éxtasis en lo doloroso, es pedir que me apuñalen porque me gusta el sabor dulce de la sangre que acaba vistiendo el suelo. Beirut me mata. Me mata, pero me mantiene viva. Llega tan hondo, cuidándose de destrozar todo lo posible, pero sin llegar al punto de dejar de sentir placer. Herbert Read, tomando a Erich Fromm, hablaba de las pulsiones sadomasoquistas que llevamos dentro y que nos acaban llevando a buscar sistemas totalitarios. Supongo que será algo así. Es curioso que haya empezado a leer Al infierno con la cultura hace unos meses, lo haya dejado y ahora, ahora, al retomarlo, es cuando realmente lo he empezado a leer. Los libros llegan cuando los necesitamos, no antes. Es inútil intentar leerse un libro porque hay que leerlo. Todo llega a su momento, cuando estamos preparados para recibirlo. Y a esto cabría añadirle aquello de que las cosas llegan cuando dejas de esperarlas, pero ese es otro tema del cual mejor no hablar. No es momento.
Me da rabia, mucha rabia haber amado tanto a Hesse y su Demian -tanto que he llegado a amar el nombre de Demian-, como su lobo estepario, y ahora sea incapaz de comprar un libro suyo. Nunca veo el momento. Y lo amaba, de verdad, pero siempre acabo dejando el libro de vuelta en la librería antes de llegar a la caja. Quiero seguir leyendo a Hesse, aun me queda tanto por descubrir de él, pero algo me lo impide. 
Vi hace unos días La mujer pantera, lo recomendaban en cierta revista -Jot Down- y el artículo era tan bueno que no pude evitar bajarme -ahora, que aún se puede- la película. Después de verla vi cierta referencia a cierta película de mujeres que se convertían en panteras en otro blog -La morada de los existencialistas errantes- y me pareció curioso que lo nombrara. Joder, The flying Clup Cup, escuchad esa canción, por favor. No es que la sangre hierva, es todo lo contrario, el corazón no arranca, no acaba de sentir adrenalina, pero siente tan bien lo poco que siente.
Vi esa película por la distinción que se hacía entre la chica del este, pasional y atávica, y el chico occidental, racional, pragmático. Y no me equivoqué: me sentí totalmente identificada. Y volví a maldecir y a reírme en cara de la estúpida razón y su lógica aplastante. Qué va a saber ella de lo que mueve al ser humano. Hace algún tiempo llegué a odiar a aquellos que se regían por la razón. La verdadera putada llega cuando quieres y odias a la vez a la misma persona por motivos igual de poderosos.
Diría que ya no llueve, pero no quiero comprobarlo asomándome a la ventana. Prefiero pensar que sigue lloviendo. Es más triste y más hermoso. He prometido tomarme la vida en serio estos meses y hacer las cosas bien. Cosa que una vez hice e incluso me fue bien por un tiempo. Pero lo siento, es que no sé estar muerta durante demasiado tiempo. Necesito saber que tengo sangre en el cuerpo, la horchata solo me gusta para beber, y que las cosas me toquen y me hagan temblar todos los pilares del mundo que me voy formando. Que si estoy equivocada no lo sé, pero sigo concibiendo que el placer va de la mano del dolor, que los extremos al final pueden tocarse, que si una siente la plenitud más excelsa, también sentirá las cimas de la desesperación -ahora, por ejemplo, no podría volver a leer a Cioran, al menos por un tiempo. Básicamente porque no me lo creería, porque ya no sabría de qué estaba hablando. Si es llegué a saberlo en su momento. 
Beirut, Beirut, Beirut, maldita sea. Cómo puede la música envolverme de esa manera.
No sé qué me espera en París. No sé si yo espero a París. Lo cierto es que llevo un tiempo llegando a la cama con la misma conclusión: cada vez sé menos de la vida, cada vez la entiendo menos y cada vez me comprendo menos a mí misma. No sé qué es lo que quiero, pero al menos voy aprendiendo poco a poco lo que no quiero. Y que hay cosas que no quiero pero que sigo haciéndolas una y otra vez porque hay cosas que bueno... no, no cambian. Será la esencia de la persona, si tuviera que definir de alguna manera la esencia, el ser. Por otro lado, el continuo cambio es también una esencia de inmutabilidad, hace falta que todo cambie para que todo siga igual.
Yo he dicho que iba a tomarme la vida en serio y aquí estoy. Perdiéndome entre palabras, una sarta de sinsentidos que no me llevan a ningún sitio y a ti, lector que me lees, menos todavía. Te estoy haciendo perder el tiempo. Esto es ego. El ego desatado en la era del internet.

Cualquier tiempo pasado fue mejor, he pensado más de una y más de dos veces, pero de qué manera tan hermosa me lo arrebató Woody Allen en su Midnight in Paris. París, ah, París... que esta vez voy a pisarte en serio.

Buenas noches.