martes, febrero 07, 2012

De esto y de aquello

La razón por la que yo fumaría es pura estética. Y si esa razón fuera suficiente... Por desgracia, hay demasiados contras y ello es una lástima, de verdad, porque qué belleza jugar con el humo, encender la pasión con un mechero plateado, ¿tienes fuego? y un sí cómplice, las miradas separadas tan solo por; yo tendría una cajetilla especial para las cigarettes. Pero, ah, lástima.

Es cierto que la soledad me quiso aplastar de vez en cuando, que hay que ser valiente para tomar la decisión de pasar unos días con una misma, pues qué mejor o peor compañía podríamos encontrar más allá de la propia persona. Podemos mover la piedrecita camino al Cielo igual que podemos inventarnos el abismo de las tinieblas y tirarla hacia allá.

Pero más cierto todavía es que la soledad fue un bien muy preciado en las calles de les del Club de la Serpiente. Apenas si volví a preguntarles por sus vidas, mis ojos estaban demasiado ocupados en descubrir la ciudad de la que tanto hablaban esas páginas. Y qué vinos y qué quesos y qué éclairs. Y las brasserie, cuántas, cuántas, oiga. A cada paso encontrabas una. Y qué cara es esa ciudad y cómo le gusta ser cara. Lo cual no sé si es su justa redención o su eterno castigo. Pero no hemos llegado hasta aquí para ir a un McDonalds, ¿no? No, claro que no. Hemos venido a homenajear al cuerpo y a curar el alma.

Aunque más que curarla no sé yo si más bien se me congeló. Cuánto frío en las calles del amor. Pero qué maravilla cuando la ciudad se vistió de blanco. Dicen algunes que han nacido en el mar que no podrían marcharse lejos de esta. Qué tontería, pensé yo. También yo creía que no podría abandonar la nieve durante tantos -ya tantos- inviernos y sin embargo lo hice.
Hasta que volví a verla. Y recordé lo mucho que la echo en falta. Un invierno no es invierno si la ciudad no se cubre del manto blanco. Pero eso son cosas del pasado, en fin.

Dejé esto escrito y me fui a otras cosas. Ya no sabía qué más añadir, todo lo expresé más allá de las palabras físicas estos días. En mis asombros callados, en je suis désolé, mais je ne parle pas français, merci, merci beaucoup, au revoir, oh, c'est trés bon, pardon, où est..., you're welcome, excuse-moi, do you speak English, música que se desvanecía en el aire como ese humo de cigarro que no llegué a encender.

Vuelta. Lo malo de cuando se hacen las cosas por vez primera, que si nos gustan, no querremos dejar de hacerlas. 
Lo bueno es volver a hacerlas una y otra vez, hasta agotarnos, hasta ser una con el ser que hacemos, ser, simplemente ser. Hasta desgastarnos el ser.

Cortázar, no llegué a visitarte en tu última casa. Me lo dejé pendiente, así sé que volveré.


1 comentario:

  1. ¿Feliz?.
    Por la mañana sale del bungalow. Mira el mar. Es bonito. No, no, es bonito, de acuerdo. Mira al mar. Bien, son las siete y trece minutos. Vuelve al bungalow, se come una papaya. Vuelve a salir. Aún es bonito. Son las ocho y doce minutos... y después ¿qué?
    Después de las ocho y doce, al este o al oeste, el mundo eres tú.

    Yasmina Reza. Una desolación.

    Real tu Paris.
    En él estuve, junto a la tumba de Truffaut.

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