miércoles, marzo 28

Desaparecer.

Sí, volví.

La primera vez fue el último día en la Gran Ciudad, antes del gran vacío que a la vuelta de esa otra gran ciudad, segunda B que pisé ese verano, me esperaría. Recuerdo que esa tarde llovió. A cántaros. Llovió como nunca. Tormenta. A veces no sé si el tiempo es susceptible a nuestros ánimos o somos nosotros. ¿Demasiado egocentrismo si me inclino por lo primero? 

La segunda vez fue medio año después. Viajé sesenta km que, en fin, tampoco son tantos, pero las circunstancias de la soledad y de no conocer la ciudad ni saber dónde iba a dormir aquella noche supongo que suman puntos; tan solo por volver a esa primera experiencia.

Claro, por supuesto que no fue lo mismo. Estaba más que claro, pero qué sé yo qué buscaba volviendo de nuevo. Buscaba algo, que ahora, con un poco de perspectiva, no sé si encontré. O quizá encontré otra cosa de lo que andaba buscando, aunque no supiera en absoluto con qué pretendía toparme. ¿Tal vez con quién? Pero fantasmas... no sé si andaba buscando fantasmas. 

La primera vez me estremeció. Me dejó sin habla durante varios minutos. Si no hubiese controlado mis lágrimas en su nacimiento, cuánta agua se habría sumado a la lluvia de fuera. Entonces yo supe que esos versos los asumía a él. Pero también supe que si aceptaba ese hecho, él y yo no podíamos estar juntos. Después intenté aceptar ambas cosas y seguir como si nada. Entonces... ja, entonces tan solo vino el derrumbe.

La segunda vez, todo había cambiado. Estaba en una ciudad que acababa de pisar por vez primera, no tenía compañía, ni la suya, ni la de nadie, mis ánimos ya no estaban revueltos, todo era un mar de tranquilidad. Pero había vuelto para buscar de nuevo la locura, la locura que me enamoró de Echanove, Makowski, y por ende, de Poe. La Locura. La misma que vi en sus ojos esas primeras noches de fingido amor. La misma que amé y odié a partes iguales. La misma que me enseñó y me destrozó. Bendita y maldita locura. 

Pero no la encontré. No la encontré esa segunda vez en la obra Desaparecer, allí, en Gandía. No estaba. Mi ánimo entró en escena, sufrió y vivió con el teatro, pero. Pero. Sabiendo que tan solo... era teatro. Ahora me permitía llorar y no asomaban. ¿Qué quedaba de la primera vez? Nada. Cenizas, nada más. Nada. No quedaba nada. 

Salí feliz por haber vuelto a disfrutar a Bieito, pero he de reconocer mi decepción. ¿Fantasmas? Quizá esperé encontrarme un cadáver, algo más tangible. Algo que poder tocar, algo que poder, tal vez, apuñalar. Algo, alguien. Nada.

Y mira que yo desde ya la primera vez quise haber plasmado algo por escrito sobre aquella maravilla del arte, obra no sé si tanto de los dioses como de los ángeles oscuros, por aquello de malditaseaandáaverlaya, pero el tiempo fue pasando y. Mi propósito era el mismo la segunda vez, pero también el tiempo fue pasando y.

Hasta que, así, hoy, ahora, me encuentro por pura casualidad con el nombre de Maika Makowski y entonces vuelvo a recordarlo todo. Y hoy, así, ahora, he querido al fin escribir. Sacar esa experiencia de mí. Demasiados meses dentro. Es la mejor obra de teatro que he visto y que puedo afirmar que de las mejores que veré a lo largo de mi vida. La que más me ha permitido fijar definiciones. Sentimientos, todo va de eso.

El otro día me puse una chaqueta que por lo visto hacía tiempo que no me ponía. Encontré en sus bolsillos dos entradas de Melancolía. Otra obra de arte que alguno renombró como El Árbol de la Muerte y que por supuesto, amé mucho más que El Árbol de la Vida. La mano empezó a temblarme. Por momentos pensé que iba a caracterizar la típica escena dramática del desmayo y la caída en el suelo y demás. Pero como ya dije una vez, y muy a mi pesar, de amor -¿ya?- no se muere. Ni desmayo ni caída. Nada. Cenizas, nada más. Una mano temblorosa. Qué queda de todo. Nada. 

Final 1. No he tirado las entradas. Por aquello de lo tangible.

Final 2. ¿Y qué queda dentro de las cenizas?

lunes, marzo 26

No siento ser tan cruel

Bésame, aquí, entre las sombras, aprovechando la oscuridad de esta noche sin luna, pues no podría permitir que ella me viese así, bésame y ámame así, cuando nuestras figuras se desdibujan, simples bocetos que podrían tomar cualquier cara, cualquier nombre -menos los que tengo grabados bajo la piel-, y así pueda olvidarme de que eres tú, pero sobre todo, pueda olvidarme de que soy yo.

Me buscas, te acercas, un pie juega con el mío inmóvil, tu cercanía se me vuelve absurda, me miras -me admiras-, te miro -condescendiente-, a qué sonríes me pregunto, terminemos de ver la película te pido, tú ansioso para que acabe, yo rezándole tiempo al tiempo.

No enciendas la luz.

Me estoy dejando querer, mas acepta no buscar mi boca, no podrá corresponderte, no sabe fingir, ni los besos ni las sonrisas falsas. Me cuesta sobrehumano esfuerzo mover mi lengua a tenor de la tuya, que ni siquiera sabe nada de armonía y ritmo.

Toma mi cuerpo, él sí es capaz de la más alta traición, contestará a tus besos y caricias tarde o temprano, pero olvida la lágrima que no dejaré que veas. Sigue feliz en tu mundo por tenerme esta noche. Me ves tan maravillosa; yo quisiera asesinar tu estúpida inocencia. Si intuyeras la sangrienta batalla que llevo por dentro. Convivo con el cielo y el infierno a diario, no sé a cuan iguales partes. Y no sé dónde está mi sitio -si es que tengo alguno-.

Al amanecer ya estaré lejos, jamás te dé por echarme de menos; tú nunca estás en mis pensamientos.

Me largo, no volverás a verme, tan solo necesitaba renacer en el sexo, pero creo que todavía he ahondado más mi tumba.

Me largo, necesito estar a solas con el mar, limpiar mi cuerpo en el agua que todo lo perdona, adiós; no siento ser tan cruel.


I run to the sea, it was boilin'
I run to the sea, it was boilin'
All on that day
So I run to the Lord, please hide me Lord
Don't you see me prayin'?
Don't you see me down here prayin'?

domingo, marzo 25

25 marzo

08.00h 
La música nos canta su adiós con el silencio y el griterío de tantos que nos vemos desubicados al dar de lleno con la luz del sol al salir allá afuera. Sonaría lo último alguna de Extremoduro; quería haberla cantado, me entretuvieron en conversaciones cuyo tema seguía sin ser el tiempo. Algún día me gustaría aprender a hablar del tiempo. Quizá ese día... 

08.05h
Gentil ofrecimiento de acercarme a casa, mis pies siempre le serán agradecidos, pero también te llevas a mis amigos; no voy a dejarlos volver a pie mientras me entrego a los lujos del motor.

08.15h
Te parezco una buena chica, lo ves en mi cara. Las apariencias engañan, te diría, pero solo sonrío sarcásticamente. Aunque no me tomas en serio. Buena conversadora, inteligente, -y eso que no me has conocido sin las últimas cuatro horas de cervezas de más- no es común en gente de mi edad; bueno, sonrío de nuevo. Conozco mucha gente de mi edad que. 

08.35h
Las necesidades básicas precipitan la despedida. Un placer; te vas. Subo, él ya duerme apacible en el sofá, mientras él y ella están preparando el desayuno: espaguetis a la carbonara. Mi cara es un poema. Alcanzo el orgasmo mientras los comemos en el balcón. Y de repente, la idea de playa. Ahora. No acabo mi frase, ya estamos saliendo del piso.

09.00h
Playa. Él, ella, yo. Y algunos atrevidos en el primer paseo matinal. Nos quedamos en ropa interior. Pero apostemos un poco más. Apostemos por un baño en el mar un 25 de marzo. Acabamos de entrar en la primavera, sería bueno celebrarlo con una neumonía. Si salimos de esta, nada nos matará. 

09.15h
Tengo congelado hasta el alma. Corro a la toalla, me tumbo, para volver de nuevo al mar. Ya hemos mojado la poca ropa que llevamos, bauticémonos en el mar tal como llegamos al mundo. Ante el asombro de vernos efectivamente desnudos doy saltos de alegría y río, río, río. No salgo de mi estupefacción, me parece todo tan puro, bello, perfecto. ¿Queréis una definición de felicidad? Que esta os sirva. Somos felices. Cuando ya no sentimos ciertas partes del cuerpo salimos corriendo del mar, ante miradas incrédulas, miradas que dudan de haberse despertado realmente por la mañana. Nos cubrimos las partes bajas y al fin, descansamos. Nada como dormirse en la playa.

15.00h
La playa se ha ido llenando de gente, entre ellos, medio desnudos, parecemos salvajes. Los vemos, vestidos de civilización, nos parecen tan salvajes. Qué poco saben. Vuelta a casa. El color gamba no favorecerá el sueño, pero dioses, cómo ha valido la pena. 

16.54h
Entre lo que nunca pensamos hacer y sueños que siempre quisimos cumplir, la vida escribe su sino. Creo que ha sido una de las mejores experiencias de mi vida. Hay cosas que irrebatiblemente olvidaremos; los tres sabemos que siempre guardaremos este día en la retina de la memoria. Dioses, perdonadnos la intromisión en el paraíso; no me hagáis añorarlos demasiado cuando nuestros caminos se separen.

viernes, marzo 23

Y no nos entendemos

Y no nos entendemos, pero son tantas las ganas.

Las ganas de no dejar el teléfono, de cambiar palabras por risas, los deseos por hechos, las ganas de acercarnos un poco en la lejanía, la única cercana.

Tantas ¡las ganas!, benditas o malditas, de compartir lo que somos, lo que sentimos, lo que pensamos.

De sentirnos un poco, de cualquier manera, las que tenemos, las que podemos, pero sentir.

Aunque no nos entendamos.

Cada uno con su vida, con su día a día diametralmente distinto al del otro, con su propia definición de cada cosa, cada uno con su idioma.

Pero son tantas.

Las ganas de soñar, sueños vacuos, ¡quizá!, nada más que construcción de utopía, ¡tal vez!, mas no importa mientras no despertemos.

No importa porque es el camino lo que por una vez, cuenta. Pues, para bien o para mal, es lo único que tenemos. Pero qué bello camino.

Qué bella la sonrisa tonta y los tontos sonriendo.
 
A veces se necesita salir de la realidad.

Y ah, si no viviera tanto en la realidad... si no supiera de tan buena tinta el significado de cada una de las     l e t r a s  que se me escapan de entre los dedos, si no tuviese tan presente la imposibilidad de dejarse llevar y creerte cada una de las cosas que me dices, que enamorarían al más traicionero de los gatos, si tú fueses menos tú y también menos yo, si yo fuese menos yo y también menos tú; si tantas cosas.

Pero me has traído de vuelta a las musas. Y eso nunca es de despreciar. Quizá, más que el amor, es el deseo el que siempre me ha movido a escribir. Y al que siempre me ha gustado rendirle culto.

Y entonces pronuncias mi nombre. Y lo haces tan seguido, y yo, que tengo especial sensibilidad por cuando me llaman por mi nombre, y tu voz, que produce un sonido tan agradable. Y lo haces tan seguido, que pienso que te lo vas a apropiar. Que pienso que quieres alcanzarme de alguna forma y lo intentas mediante la palabra, esa palabra, y no sé qué encuentras, pero ya no necesitas buscar más.

Que aunque no nos entendamos, me dices, es esta complicidad del sonido de las voces, la música que formamos, la música que nos guía y nos enseña que no importan las palabras, el deseo no las necesita, te digo, todo se remonta mucho antes, el deseo que te llamó con la mirada, el deseo devastador cuando te sentaste a mi lado, el deseo que electrizó todo mi cuerpo cuando me diste la mano, el deseo que quiso tocar tu boca y no tu mejilla, el deseo que se despidió con una última mirada. El deseo que sobrevive todavía y hace estragos cada vez que te pienso. Y recuerdo y sueño. Deseo.

miércoles, marzo 21

Gracias, Cernuda

Más allá del amor, 
Quiero decírtelo con el olvido.

Un Te quiero era lo que quería decirle Cernuda a quienquiera que fuese dirigido el poema; qué amor más grande que el que aun se siente en la última de sus verdades, el olvido. El que sobrevive aun muerto; pues se es capaz en el presente de tener, quizá, nuevos amores, o llanamente el amor a la soledad, sin repudiar el pasado, sin arrepentimientos, sin rencores, sin si quiera melancolía. Tan solo alegría por el amor que fue y que siempre guardaremos. Para que, más allá de la vida, querer decir todavía un Te quiero, con la muerte.

He ahí que, con dos versos, el sevillano que antaño me conquistara con su Si el hombre pudiera decir, me definió mi visión sobre el amor. Y me permitió volver a nombrarlo, volver a pensarlo, reconciliarme de nuevo con el único sentimiento que, directa o indirectamente, me ha movido a actuar desde que tengo uso de razón.

Que quien se burla del amor que los niños dicen sentir, no sabe lo que dice ni sabe lo que es el amor. Recuerdo haber borrado una foto de tanto besarla, eran los amores no correspondidos de la juventud de los doce, trece años. Recuerdo haber hecho tantas locuras tan solo por ver a la otra persona, cuando era la mayor aspiración a la que podía optar, en los amores platónicos de los dieciséis, diecisiete.

Hasta los dieciocho no degusté el otro amor. Y diría que las locuras todavía crecieron, exponencialmente además. Hasta tender a darlo todo.
Y ya en vísperas de los veinte sobrevino el primer gran dolor ¿...real?, ¿debería decir?. Que extrañamente fue el que mejor supe llevar, el que... menos dolió. Recuerdo un verano trágico de dolor inestimado -y lo peor de todo es que no necesito exagerar- a causa de los tres meses que iba a pasar sin ver-lo, a él, primer amor platónico; y puedo asegurar que fue infinitamente más duro que en las primeras semanas de este último desamor. Era puro sentimiento en aquellos tiempos; ahora mi ánimo se dejó llevar por la razón, en exclusiva y, a más inri, en primicia.

Una razón que durante lo que duró el invierno se ha permitido llevar por vez primera las riendas, amordazando y encerrando en una jaula a su oponente más fiel. Pero llegó el equinoccio y la primera lluvia en mínimo tres meses. San José, la Cremà y la purificación mediante el fuego, atracción atávica, de todos los males. Fue hermoso ver como todo ardía. Más bello todavía que la lluvia comenzara pocos momentos después. Y todavía sigue. 

Y me paro en la ventana y veo las gotas caer, me dejo llevar y por vez primera asoman sin miedo, otras gotas; al fin, me permito volver a pensar y recordar cuánta hermosura había en aquello de hacer el amor con la lluvia de fondo, estética, siempre la estética. Unas lágrimas asoman y ya no sé si de dolor o de felicidad, la locura es más probable y es que seguramente sean ambos sentimientos abrazándose, y me permito nuevamente un poco de romanticismo en estos días de calles mojadas, hagamos las paces y reconsideremos el amor como lo más bello y lo mejor. Volvamos a creer, aunque nos cueste todavía tanto tiempo encontrar a alguien a quien amar, pero volvamos a creer, volvamos a creer que es el amor lo único en lo que siempre creeremos.

Muchas gracias, Cernuda, allá donde estés, por ser tu poesía la llave que me faltaba, la llave que la razón me escondió; aunque lo hiciera, bien lo sé, por mi bien. Muchas gracias por permitirme la reconciliación.

Y si hoy pudiera hablarte, te diría que con tanto gusto te abrazaría, 
sin más porqués que el cariño sincero que ahora sí puedo guardarte, 
y que... ya sabes, seas feliz.

sábado, marzo 17

This is not literature

Cuando esperamos algo durante mucho tiempo, acabamos perdiendo la ilusión y cuando al fin lo conseguimos... 

No puedo negar que algo así me sucedió con el nº 13 de Doctor Deseo. Hasta tal punto que el disco salió y por diversas circunstancias, siempre había algo que me impedía hacerme con él. Incluso la tentación me venció y acabé haciendo click a una descarga directa y...

Pero.

Hoy, en la casa familiar -vale, no puedo evitar reírme al usar esa expresión-, teniendo de nuevo el coche a mi disposición, lo único que me ha hecho salir de casa ha sido el ansia por tener al fin ese disco-libro en mis manos. Y resulta que solo quedaba uno. 

Y cielos, ¡es maravilloso! -No por ello dejo de pensar que su precio es ligeramente elevado, pero qué le vamos a hacer, son ellos.-

El librito me tiene fascinada, las letras y la música ya me habían cautivado días atrás cuando lo de la tentación; es una pequeña joya que no puedo dejar de tocar y manosear y acariciar y...

Además de las letras de las canciones, hay también unos pequeños textos de distintos artistas y en especial hay un texto que con una de sus frases tocó ese punto que hay que tocar para abrir todas las puertas del alma, y es que, sin previo aviso, Itziar Ziga nos confiesa que Ahora sé que nadie se acepta si no ama sus sueños.

Touché. Punto. 

Ahora sé que nadie se acepta si no ama sus sueños.

Brillante.

También el texto de Edorta Jimenez me ha enamorado y volviendo a la música...

Es que sus malditas canciones son poesía pura, cómo elegir si es que los adoro y amo la música que hacen y lo que nos dicen en sus versos. Y la voz de Francis, tan sensxual. Pero será mejor que no siga por ahí.

Tan solo me queda disfrutarlos en directo. Tiempo al tiempo, que veinte años no es nada (qué febril la mirada...), menos un par de meses. 

Disfrutad,


Y una noche sin fronteras
Limpia con estrellas el mapa de las miserias.

Luna tantas veces solitaria, 
Que hoy anhela más que nunca
Ser luna compartida.


Y soñar lo que al alba ha de pasar,
Para poder espantar
Tanta pena, rutina y soledad.



Es la resignación el peor de los pecados.


Soñar y desear,
Atreverse a transformar
Todo aquello que nos jode.


Locos por quemarse
En el volcán de tu vientre.
Locos por ahogarse
en el mar de tu saliva.


Y aunque ya solo visitas mis sueños,
Sigo temblando por ti.


Bailando en la cuerda floja.
Aprendiendo a caer de pie.


Tanta gente en el mundo
Y tú tan sola en la luna


Desde el suelo,
Ocupando los sueños,
Aprendiendo a volar.


Cada vez pienso más que para cualquier cosa que quisiera expresar acerca de la vida, del dolor, del amor y la pasión, podría usar uno de los versos de Doctor Deseo. Y este disco es una confirmación más.

viernes, marzo 16

Ehm...

A veces odio mi incultura. Más que odio, es vergüenza. Bueno, ambas dos.

Yo recuerdo que me atrajo por su título y por supuesto, la imagen de la portada me decía lo suyo, pero no imaginaba yo que fuera de algún cuadro.

En las cimas de la desesperación eran las palabras justas que deseaba escuchar, tan acordes a mi ánimo. Y porque era Cioran, claro, también lo cogí por eso. 

Pero ahora, meses después, cuando de todo aquello no quedan más que anécdotas, me da por hacer un trabajo sobre la locura, tema eternamente atrayente, y mirando y buscando qué mirar, doy con esa imagen y resulta que es un fragmento de la Alegoría con Venus y Cupido de Agnolo Bronzino -italiano, claro...- y qué oportuno, pienso, qué oportuno...

Igual que mi visita al Louvre fue específicamente para Amor y Psyché, mi próxima visita a la National Gallery -sea cuando sea eso; curioso que esté justamente en esa ciudad, justamente ahora...; quién dijo que las casualidades existían, menuda estupidez, no, no, las casualidades no existen- será para ver de cerca esta maravilla.

Si aun tuviera mi preciado libro... Pero no. Hay puertas que ya están cerradas.

Hablamos sobre el significado de ser snob y horas más tarde di con Snobissimo, luego di con la Historia de la locura en España y pensé que sería un buen tema que escoger, y cuando volví a clase vi que íbamos a dar la Historia de la locura de Foucault. Cuyo texto, observo en una nota a pie de página, es traducido por Miguel Morey, el mismo autor de la novela que me hizo dar un giro radical cuando dejé que la locura con nombre de hombre entrara en mi vida, novela que me prestó la persona que tanto peso tuvo en el nacimiento de mi amor por la filosofía. Novela cuyo título no me atraía en absoluto, qué deseo iba a tener yo de ser piel roja.

Y aquí estoy, pensando en que todo y todos tiene y tenemos relación con todo y todos; solo hay que darle tiempo al tiempo para que nos descubra sus misteriosas telarañas. Es fascinante.

Debería seguir con el trabajo, anyway. 


Suena Nina Simone con Sinnerman.

but the Lord said: Go to the devil,

so... let's go!

jueves, marzo 15

Biorritmos

Resulta que es la primera vez en no sé cuánto tiempo que tengo el título antes de tener el texto. De hecho, creo que con el título se podría decir todo, así que podría dejar de escribir a la de ya.




...sí, bueno. Casi.

-he hecho un parón de varios minutos perdida en pensamientos sobre los pensamientos que iba a escribir. De repente he caído en la cuenta de que me había puesto a escribir esto. Y debería seguir. Pero ahora no sé por dónde.-

Quizá se trate de perder el norte.

Que no es que existe un norte, ojo, pero al menos antes -antes- creíamos que había uno. Y con esa creencia íbamos tirando, haciendo las cosas que había que hacer porque había que hacerlas y porque así seguiríamos el camino que la brújula nos iba indicando.

Y cuando Dios -siendo Dios cualquiera de los nortes en los que cada uno podía haber escogido para seguir- no solo murió -pues si hubiese muerto, al menos habríamos tenido la seguridad de que había existido- sino que se ha desvanecido de repente y por completo, como si nunca hubiese habido nada, como si realmente no hubiera nada más que nuestra imaginación y nuestra voluntad de creer en que hay algo -algo- más allá de lo que vemos, olemos, tocamos, un sentido, un lavidaesmásquenacervivirmorir, entonces, pues, cuando eso sucedió... oh, Satán, estamos solos.

Toca pues, construirse un norte, un norte artificial, dotarlo de simbolismo y olvidar que fue hecho por nuestras manos. Ver la nueva brújula e intentar volver a creer en la magia.

Pero no funciona. Porque no podemos olvidar, no eso. Entonces pasa que llegan días en que nos cansamos de lo que inventamos y volvemos a caer en la cuenta de que la magia tiene mucho de ciencia, que es todo truco, que las casualidades sí existen y todo se vuelve tan insoportablemente aburrido porque ya conocemos la respuesta, venía en el mismo kit de la pregunta que prefabricamos. Siempre que se fabrica veneno, se hace a su lado también su antídoto.

Biorritmos.

Estamos arriba y la vida nos sonríe y vamos canturreando por la calle, brillando de felicidad. Que todavía aumenta más al llegar a casa, encontrar medio tirado la mitad de un porro de cuando la noche no dio más de sí y pensar oh, maravilla, no hay nadie en casa, it's all mine, bob marley de fondo y empezar a bailar con la luna, cómo me gustan las grandes ventanas, el narcisismo está en sus niveles más altos, pienso mientras me enamoro de mi reflejo y qué buena está esta mierda, pero yo no fumaba -ni bebía, ni, era tan buena chica...

Y el día anterior fue esa joya de La kermesse heroica y al día siguiente fue ese tandem que se alargó por horas y horas y no acabo de entender cuándo el intercambio de idiomas se convirtió en intercambio de lenguas, pero el interés es puro etnológico, hay que conocer otras culturas, no, y joder, te das cuenta de que llevamos más de quince horas juntos y no hemos parado de hablar, me caigo de sueño, mañana me iré y pasado te irás tú, seguramente no volveremos a vernos, pero ha sido un placer.

Entonces llega la mañana y la vida vuelve a su normalidad, la normalidad de la rememoración y las ondas están bajas y me quedo sin fuerzas, toca descansar y pensar si realmente lo que pasó pasó realmente -cómo me gustan estos juegos tontos de palabras, aunque me los he visto mejores- y ah... si me pongo el pijama puedo casi prometer que el día tocó a su fin, pero me resisto todavía unos minutos que aprovecho para escribir estas letras y si me diera por cambiar de canción estoy segura de que las ondas volverían a estar en lo alto, pero no... esta noche toca esto.

domingo, marzo 11

Hacer el amor con el agua

Pongamos por caso que mientras escucho música pienso en cierta persona. Pongamos por caso que después, cuando se ha hecho ya la asociación entre lo primero y lo segundo, me da por escuchar ciertas canciones. Dada la causa, ya se puede intuir el efecto.

Mi capricho quiso que fueran los fados de Mísia los que sonaran mientras esperaba que la bañera se llenase, la taza de té a un lado, el champú al otro, la ropa va cayendo por el camino, me miro una última vez en el espejo y acaricio el reflejo de una cara que aparta la mirada al sentir las caricias frías del cristal.

Siento la necesidad de sacar los pies cuando el agua me los abrasa, mas poco a poco me voy acostumbrando, que hierva, está bien así, soy incapaz de pensar más allá del calor que invade mis muslos y me dejo llevar, un suspiro largo me traiciona, ahora todo lo que me rodea es agua. Siento los pies pesados, las manos no me responden, veo como el humo baila un tango negro hasta el techo.

Aquí dentro no hay nadie más que yo, agua, sudor y flujos. Juego con las olas que voy creando, juego a ser tan pequeña como cuando aún cabía entera aquí adentro, me sumerjo y juego a ahogarme, juego. Respiro observando mis pechos alzarse poderosos a la superficie, pezones afilados luchando contra la frontera líquida y sonrío mientras los sucumbo nuevamente a los abismos. Unos sorbos del té que me acaba bañando la cara por entero.

Levanto una pierna, juego con el grifo, me gusta lo que veo y mientras bajo la mirada, una mano lasciva sube poco a poco, parando avergonzada cuando la descubro. Mas no espera mi aprobación y tantea con el agua un sexo que ya espera impaciente, mi boca que se hace agua -más agua-, y

Mísia cambia su hermoso portugués y le da por cantarme aquello de Mi sono innamorata di te y

mis dedos se alejan apresurados y ahora buscan abrazarme mientras recuerdo que me debes una visita, ahora que estás medio desaparecido, que me has prometido besos y abrazos y hacerme hacer lo que nunca hice con ninguno y piensas que me impresionas cuando, maldito seductor, lo que quiero es que lo cumplas, no puedes hacerme estremecer tan solo con una mirada y luego coger un vuelo distinto al mío limitándote a masturbarme intelectualmente con palabras en italiano durante tantas semanas después.

Y ahora que te haces el ocupado y más porque no estás te busco, y más porque no te tengo te deseo, te pienso con esta canción y más por despecho que por amor dejo que mis dedos vayan directos a sacarme un orgasmo que, por puro capricho, me regalo en tu nombre.

El agua, de repente, me resulta frío.


sábado, marzo 10

hogares reencontrados

Qué paz volver al hogar que se creía perdido. 
Entre tanta gente extraña se acaba uno perdiendo   
confundimos la lejanía con la pérdida        
van muriendo esperanzas        hasta que
volvemos a ellos ahora que
todavía tenemos la suerte de tenerlos         y
los encuentro deseosos de hablar    de 
contarme
de anécdotas llenos, sin más trasfondo que su día a día        pero 
es su día a día que ahora me cuentan ilusionados
me echaban de menos
y yo a ellos
tanto.
hogar.
Aquí hay sosiego, el sosiego de lo conocido de siempre        aunque 
pronto habrá una discusión 
no has limpiado bien la mesa
la silla no está en su sitio
mamá escúchame un momento y no grites,
o grítame, echaba de menos estas peleas tontas
entre tanta gente, tanto extraño.
aquí no hay dolores de amores ni desamores
ni ilusiones truncadas a kilómetros distancia
ni batallas metafísicas
o guerras espirituales, como se le llame,
todo es más plano
y por ello más profundo
más adentro, más simple,
necesidades básicas
comer dormir reír gritar reír comer hablar
aquí vuelvo a ser una niña
la niña
así me quieren ellos
ilusos
no quieren saber que perdí la inocencia hace ya tanto             y
me tratan como si aún fuera buena persona        y
-no sé por qué diantres asocio tanto inocencia y bondad,       pero-
yo se lo agradezco tanto tanto             que
incluso podría abrazarles y besarles           si
pudiera,      si
me fuera más fácil mostrarles mis sentimientos...

viernes, marzo 9

Dícese del insomnio que es malo

Que no me diréis que no sería bonito sentir estas letras,

Ya no estás más a mi lado, corazón,
en el alma solo tengo soledad.
Que si ya no puedo verte,
por qué Dios me hizo quererte
para hacerme sufrir más.
Siempre fuiste la razón de mi existir,
adorarte para mí fue religión
y en tus besos yo encontraba
el calor que me brindaba
el amor y la pasión..

que aunque dolorosas, son tan bellas, el desamor, ah, el desamor, lo que queda después del final, pero ni eso queda ya, estoy en la cumbre de los sentimientos, en efecto: justo en la falta absoluta de ellos, y no encuentro qué mejor oficio que quejarme. Si al menos me hubiese quedado el desamor, regodearme un poco en ese dolor, pero ná, ni eso me dejó. Ni eso le dejé dejarme, no pensaba yo que un acto tan simbólico como quemar todo recuerdo acabaría quemando todo sentir también y henos aquí, en medio de un insomnio cuya causa no alcanzo a comprender -tampoco es que me haya parado a indagarla, quizá sea ese el problema- y mañana que ya es hoy será un nuevo día en el que diremos las mismas frases, pensamientos iguales y siempre diferentes, que el tiempo no perdona, no...  

Es la historia de un amor
como no hay otro igual,
que me hizo comprender
todo el bien, todo el mal,
que le dio luz a mi vida
apagándola después.
Ay, qué vida tan oscura,
sin tu amor no viviré...

Pero es que sí vivo, joder, ese es el problema. Que pensaba yo que moriría de amor y no, aquí estamos, como siempre, como casi siempre, bien, ya ves, sin tu amor sí viviré y eso... eso es lo triste, qué triste, qué triste, ah, cómo nos engañamos, el amor, esa gran tontería, qué lejano está de mí ahora. Y te pienso, pero no te siento, ya no me dueles, y si tan solo un poco me dolieras... quería creer que... quería que fueras tú... pero ni siquiera yo me lo creí, ya ves, qué pronto te olvidé, qué pronto encontré otras -tantas, demasiadas- camas -y las que me quedan-, qué fácil todo, qué poco me has dolido, o quizá me doliste demasiado antes de tiempo y ahora ya no me quedan lágrimas, te las llevaste todas en el pecho, cuando aún tu cuerpo era una realidad y podías secármelas con una caricia, cuando podías... Cómo pudimos hacerlo tan rematadamente mal, hacía falta hacernos tanto daño, es algo que todavía hoy no me explico. Pero qué importa, si no puedo sentir nada. Y esa es mi cruz ahora mismo, ser incapaz de llorar, ver todo asomo de lágrima o tristeza o saudade exagerado, canciones de amor que no me creo, cuya belleza observo pero no me toca, no me tocan ya ni la Negra, ni los fados, mucho menos Nicola di Bari, Zaz o Doctor Deseo. Que no hay forma, que no. Y eso podría volverme loca de no ser que la locura es del corazón y no de la mente racional que ahora me sostiene. O de no estarlo ya, esa es la otra opción, supongo... y me despediría con un buenas noches, pero eso significaría dirigirme a ti y eso nunca, fue lo que te pedí y he de ser consecuente con mis actos y blabl..que descanses.

miércoles, marzo 7

Expiación de la culpa

Quizá porque es una obra de arte, que no considero merecer ni menos guardar exclusivamente para mí, quizá por la estética y no la ética, quizá por aquello de restar importancia llevándolo todo a la misma altura del mar, quizá por pensar más para sentir menos para dejar de pensar y de sentir. Y dejarnos llevar por la forma y no el contenido, no pensar en el aura, tan solo apreciar la belleza de estas letras sin acabar llorando al leerlas. Creo que estarán mejor aquí que a solas conmigo. Quizá... la culpabilidad de haber pecado. El no poder escribirte, pero sí escribir(te), sin bajar avergonzada la mirada. Ingenuos pensar que con el sol volvería la sonrisa.


*

Querida M.,

supongo que te extrañará que te escriba así, tan formal y arcaico como parece un mail escrito como quien aún usa sello y postal –aunque sé que tú lo sigues usando–. Me apetecía darme el lujo, en medio de esta vorágine virtual donde las conversaciones que empezaron nunca terminan, las palabras se reducen a la mínima expresión y las formas orales invadieron los terrenos de la lengua escrita.

     M., sé que estás bien porque hace apenas unas horas que hablamos –bueno, quizás no tan bien después tanta refriega–, pero tengo que preguntarte igualmente qué tal, cómo estás y demás cosas que siempre se preguntan en las cartas. Aunque yo ya sepa que Berlín, que Sheffield –Sssshefffiellddd–, que París, que V. –no tanto él como el recuerdo y el dolor que intentas borrar en cada hombre, de la desilusión de que el amor no fue lo que nos prometieron etecé–, que aviones, que camas con las patas rotas. Y ahora que Sevilla.

     Hace tiempo que me ando buscando, M., me siento tan conejo de pascua en el país de las maravillas, siempre mirando el reloj, siempre con prisa, siempre aterrado del tiempo cuando lo siento apresarme los talones. Quizá por eso el chance este que me doy y nos doy de un correo electrónico con sello de 1902, que como que nos obliga a relajarnos en el sillón, portátil sobre las piernas, y mirar más lentamente la vertiginosa velocidad del secundero. Con tanta celeridad olvidé lo que buscaba y puede que por eso decidiera inmiscuirme en tantos “fregaos”, más por evadirme y sentirme útil que por compromiso.

     Ay, M., ahora que me detengo unos minutos para escribirte siento el corazón acelerarse por pensar que perderé un tren que no para, que he de subirme a ese monstruo del estrés y el trabajo frenético de alto rendimiento. Ahora que me detengo, también, y te pienso entre tanta tinta electrónica y el estómago tan vacío, me ha acorralado una ráfaga de ti, de arena de playa y salitre, de los besos que quién sabe dónde estarán ahora y si acaso volverán. Un aroma de ausencia de ti en las sábanas y la mirada callada. Ahora que me detengo, ahora que me detengo. Podría escribirte los versos más tristes esta noche, ahora que me detengo, y saberte que existes gracias a esos versos. Pero ahora que me detengo se me acumulan las tareas pendientes, una bandeja de entrada con dieciocho correos de reuniones y proyectos, una vida que se me escabulle en el minutero.

     Ahora que me detengo, y más que taquicardia tengo la tensión baja, me doy cuenta de cómo me traicionó mi propio cuerpo. Moralista, moralista Horacio orgulloso y de pronto envidioso demente de Gregorovius. Cómo duele la vida, carajo. Habré repetido vetetúasaber cuántas veces esa frase en las últimas horas. Cómo es posible que duela jodidamente tanto, que sienta los zarpazos desde el cuello al esternón. Cuántas veces me lo habré dicho entre lágrimas, fíjate tú, yo que nunca las suelto y de pronto vienen y me abrasan las entrañas.

     Pero claro, es lo que te dije de las épocas y edades. Resulta que mientras tú andás intentando ahogar el primer gran dolor entre tanto hombre, yo ya ahogué demasiado el primer gran amor entre demasiadas piernas y ahora busco vetetúasaber qué diantres busco ahora. Tras un celibato que empezó precisamente porque los polvos dejaron de significar placer y me dejaban más vacío que lleno, llegaste tú, un pedacito minúsculo en la mano, trayéndome algo de vida que hacía tanto que no tenía porque hacía tanto que no sentía… Pero entonces Horacio, moralista y orgulloso, y la sementera se desangra de desamor nuevamente y entonces los tequieros llegan demasiado tarde aunque ya los hubiera dicho de mil formas distintas mucho antes de Sevilla y de París, incluso de Berlín y en la Valencia de la flor azul, pero sobre todo en cada mirada después de Berlín, de Valencia con una flor azul, de París y en Sevilla.

     Ahora que me detengo, M., cómo cuesta arrancar de nuevo, retomar el camino baldío de una juventud sin futuro. Porque es complicado retomarlo todo cuando un nudo te apresa tan fuertemente la garganta que sólo queda escribir en un papel “estoy afónico” cuando te preguntan compañeros y camaradas que qué te pasa y que te preocupa, vete a dormir compañero y descansa que mañana será otro día.

     Podría seguir escribiendo, ahora que me detengo, mientras me deshilacho entero por dentro, pero entonces no sería más que un repetir de cómo me dueles y me duele la vida, carajo, porque en realidad no me queda mucho más que decir, si obviamos todo cuanto podría decirte con una mirada callada y cogerte las manos para que relajases tus dedos que se agarran unos a otros.

     Ya hablaremos otra noche que me detenga, M.,

un beso

un te quiero y una flor.

F.

Una última conversación

Es la maldita luna llena, de verdad, hay cosas que son así. Ahora apenas se siente porque se ha pensado demasiado, pero eran otros días que pensaba una que el día no llegaría. La noche puede matar, y a veces no de amor. En horas así se nos viene el peso de los recuerdos encima y cuanto más grande el saco, ya sabes; mejor quemarlo todo antes de que nos rompa la espalda. 
Todo es hablarlo, en el verbo el sentimiento se destruye, se diluye en océanos de letras de algas de negro de mar negro de y entonces nos salimos del remolino de tanta intensidad que se respira allá hondo, en los abismos del alma, alma que perdemos, alma que no vuelve, que nos abandona, que nos duele, alma.
Pero si al menos punzara un poco más. Que se ha quedado ese resquicio de fondo que ni vive ni deja vivir, que nos metemos en laberintos de metáforas de símbolos inconexos y el tiempo pasa, las líneas se siguen y nos olvidamos de enterarnos. Enterrándonos.
Será que parece que. Quizá. 
Pero no, para qué vamos a engañarnos, es solo un momento, mañana será otro día, volverá a brillar el sol, el sol que se me fue mientras escribía y qué rabia, ves tú, que yo quería haber ido a la playa, pero me engancharon las letras. Total, para qué. 
Si en el espejo de la retrospectiva veremos siempre lo tontos que fuimos. Lo fácil que era y lo difícil que lo hicimos. Nos gusta tanto darle importancia a la vida. Nos revestimos de simbolismo solo porque huimos del sinsentido en que nos resume la ciencia. Nacer, vivir, morir. Ah, pero el cómo, el puto cómo es el que nos roba el sueño, nos lleva tan cerca del cielo y luego se nos abren las puertas del infierno. 
Siento un gran vacío ahí donde una vez hubo latidos, y el estómago, el estómago ahora tan solo se siente lleno. Ná más, te puedes creer que ya nada. El problema se ha situado ahora más arriba, donde nunca pensaríamos nosotros que pudiera haber excesivas dificultades; al fin y al cabo, la cabeza siempre nos fue el corazón. Pero ahora es lo de los hombros, quedan necesidades no resueltas, neuronas que no han acabado de hacer bien la sinapsis y qué te diría yo, no es que pida mucho tal vez solo una última conversación. Pero es tarde, tan tarde, hemos de dormir el sueño eterno de ocho horas, que mañana nos esperan tantos compromisos. Compromisos, fíjate tú qué palabra más fea. Es que es fea, eh. Horriblemente fea. Compromiso, comprometerse, comprometido, prometido con, promesa de, todo falso, me entiendes, todo lo que habla de lo que será es falso e inútil en este instante.
No sé si me atrevo, mira que le estoy perdiendo miedo hasta a los bichos, pero volver a pisar esa ciudad. Eso ya no son pequeños monstruítos, estamos hablando de muertos que podrían ser fantasmas del pasado y esos sustos a estas alturas están de más, que ya se va teniendo una edad y no es bueno tentar así a la suerte y los ictus y la madre que nos parió.
Si nos entendiéramos, si pudiésemos entrar ahí adentro y en silencio hablar, pero no. Esas cosas no se suceden de un día para otro, el fin del mundo nos atrapará y no tendremos a quien querer, qué cosa más triste no te parece. 
Toca hacerlo, toca pisar para ver si sigue habiendo fuego entre las cenizas, sino nunca diremos adiós y los adióses se hacen forzosos. Mira, se me ha puesto la piel de gallina, aunque creo que del frío. Porque hace tanto frío aquí, cojones, cómo puede hacer tanto frío si el sol estaba en lo alto esta mañana. Claro, esta mañana.
Hace poco más de doce horas todavía pisaba la bendita Sevilla, por qué me habré ido no lo sé, pero el tiempo se sentía ya de más, las cosas no deberían durar nunca demasiado, es entonces cuando se estropean, y empiezan a mal oler. Pasaría así, quién sabe. Se hace imprescindible una noche de buen dormir en soledad cuando el calor del otro cuerpo enfría aún más.
Todo pierde y cobra ese otro sentido en las malditas noches de luna llena.