viernes, marzo 9

Dícese del insomnio que es malo

Que no me diréis que no sería bonito sentir estas letras,

Ya no estás más a mi lado, corazón,
en el alma solo tengo soledad.
Que si ya no puedo verte,
por qué Dios me hizo quererte
para hacerme sufrir más.
Siempre fuiste la razón de mi existir,
adorarte para mí fue religión
y en tus besos yo encontraba
el calor que me brindaba
el amor y la pasión..

que aunque dolorosas, son tan bellas, el desamor, ah, el desamor, lo que queda después del final, pero ni eso queda ya, estoy en la cumbre de los sentimientos, en efecto: justo en la falta absoluta de ellos, y no encuentro qué mejor oficio que quejarme. Si al menos me hubiese quedado el desamor, regodearme un poco en ese dolor, pero ná, ni eso me dejó. Ni eso le dejé dejarme, no pensaba yo que un acto tan simbólico como quemar todo recuerdo acabaría quemando todo sentir también y henos aquí, en medio de un insomnio cuya causa no alcanzo a comprender -tampoco es que me haya parado a indagarla, quizá sea ese el problema- y mañana que ya es hoy será un nuevo día en el que diremos las mismas frases, pensamientos iguales y siempre diferentes, que el tiempo no perdona, no...  

Es la historia de un amor
como no hay otro igual,
que me hizo comprender
todo el bien, todo el mal,
que le dio luz a mi vida
apagándola después.
Ay, qué vida tan oscura,
sin tu amor no viviré...

Pero es que sí vivo, joder, ese es el problema. Que pensaba yo que moriría de amor y no, aquí estamos, como siempre, como casi siempre, bien, ya ves, sin tu amor sí viviré y eso... eso es lo triste, qué triste, qué triste, ah, cómo nos engañamos, el amor, esa gran tontería, qué lejano está de mí ahora. Y te pienso, pero no te siento, ya no me dueles, y si tan solo un poco me dolieras... quería creer que... quería que fueras tú... pero ni siquiera yo me lo creí, ya ves, qué pronto te olvidé, qué pronto encontré otras -tantas, demasiadas- camas -y las que me quedan-, qué fácil todo, qué poco me has dolido, o quizá me doliste demasiado antes de tiempo y ahora ya no me quedan lágrimas, te las llevaste todas en el pecho, cuando aún tu cuerpo era una realidad y podías secármelas con una caricia, cuando podías... Cómo pudimos hacerlo tan rematadamente mal, hacía falta hacernos tanto daño, es algo que todavía hoy no me explico. Pero qué importa, si no puedo sentir nada. Y esa es mi cruz ahora mismo, ser incapaz de llorar, ver todo asomo de lágrima o tristeza o saudade exagerado, canciones de amor que no me creo, cuya belleza observo pero no me toca, no me tocan ya ni la Negra, ni los fados, mucho menos Nicola di Bari, Zaz o Doctor Deseo. Que no hay forma, que no. Y eso podría volverme loca de no ser que la locura es del corazón y no de la mente racional que ahora me sostiene. O de no estarlo ya, esa es la otra opción, supongo... y me despediría con un buenas noches, pero eso significaría dirigirme a ti y eso nunca, fue lo que te pedí y he de ser consecuente con mis actos y blabl..que descanses.