viernes, marzo 16

Ehm...

A veces odio mi incultura. Más que odio, es vergüenza. Bueno, ambas dos.

Yo recuerdo que me atrajo por su título y por supuesto, la imagen de la portada me decía lo suyo, pero no imaginaba yo que fuera de algún cuadro.

En las cimas de la desesperación eran las palabras justas que deseaba escuchar, tan acordes a mi ánimo. Y porque era Cioran, claro, también lo cogí por eso. 

Pero ahora, meses después, cuando de todo aquello no quedan más que anécdotas, me da por hacer un trabajo sobre la locura, tema eternamente atrayente, y mirando y buscando qué mirar, doy con esa imagen y resulta que es un fragmento de la Alegoría con Venus y Cupido de Agnolo Bronzino -italiano, claro...- y qué oportuno, pienso, qué oportuno...

Igual que mi visita al Louvre fue específicamente para Amor y Psyché, mi próxima visita a la National Gallery -sea cuando sea eso; curioso que esté justamente en esa ciudad, justamente ahora...; quién dijo que las casualidades existían, menuda estupidez, no, no, las casualidades no existen- será para ver de cerca esta maravilla.

Si aun tuviera mi preciado libro... Pero no. Hay puertas que ya están cerradas.

Hablamos sobre el significado de ser snob y horas más tarde di con Snobissimo, luego di con la Historia de la locura en España y pensé que sería un buen tema que escoger, y cuando volví a clase vi que íbamos a dar la Historia de la locura de Foucault. Cuyo texto, observo en una nota a pie de página, es traducido por Miguel Morey, el mismo autor de la novela que me hizo dar un giro radical cuando dejé que la locura con nombre de hombre entrara en mi vida, novela que me prestó la persona que tanto peso tuvo en el nacimiento de mi amor por la filosofía. Novela cuyo título no me atraía en absoluto, qué deseo iba a tener yo de ser piel roja.

Y aquí estoy, pensando en que todo y todos tiene y tenemos relación con todo y todos; solo hay que darle tiempo al tiempo para que nos descubra sus misteriosas telarañas. Es fascinante.

Debería seguir con el trabajo, anyway. 


Suena Nina Simone con Sinnerman.

but the Lord said: Go to the devil,

so... let's go!