domingo, marzo 11

Hacer el amor con el agua

Pongamos por caso que mientras escucho música pienso en cierta persona. Pongamos por caso que después, cuando se ha hecho ya la asociación entre lo primero y lo segundo, me da por escuchar ciertas canciones. Dada la causa, ya se puede intuir el efecto.

Mi capricho quiso que fueran los fados de Mísia los que sonaran mientras esperaba que la bañera se llenase, la taza de té a un lado, el champú al otro, la ropa va cayendo por el camino, me miro una última vez en el espejo y acaricio el reflejo de una cara que aparta la mirada al sentir las caricias frías del cristal.

Siento la necesidad de sacar los pies cuando el agua me los abrasa, mas poco a poco me voy acostumbrando, que hierva, está bien así, soy incapaz de pensar más allá del calor que invade mis muslos y me dejo llevar, un suspiro largo me traiciona, ahora todo lo que me rodea es agua. Siento los pies pesados, las manos no me responden, veo como el humo baila un tango negro hasta el techo.

Aquí dentro no hay nadie más que yo, agua, sudor y flujos. Juego con las olas que voy creando, juego a ser tan pequeña como cuando aún cabía entera aquí adentro, me sumerjo y juego a ahogarme, juego. Respiro observando mis pechos alzarse poderosos a la superficie, pezones afilados luchando contra la frontera líquida y sonrío mientras los sucumbo nuevamente a los abismos. Unos sorbos del té que me acaba bañando la cara por entero.

Levanto una pierna, juego con el grifo, me gusta lo que veo y mientras bajo la mirada, una mano lasciva sube poco a poco, parando avergonzada cuando la descubro. Mas no espera mi aprobación y tantea con el agua un sexo que ya espera impaciente, mi boca que se hace agua -más agua-, y

Mísia cambia su hermoso portugués y le da por cantarme aquello de Mi sono innamorata di te y

mis dedos se alejan apresurados y ahora buscan abrazarme mientras recuerdo que me debes una visita, ahora que estás medio desaparecido, que me has prometido besos y abrazos y hacerme hacer lo que nunca hice con ninguno y piensas que me impresionas cuando, maldito seductor, lo que quiero es que lo cumplas, no puedes hacerme estremecer tan solo con una mirada y luego coger un vuelo distinto al mío limitándote a masturbarme intelectualmente con palabras en italiano durante tantas semanas después.

Y ahora que te haces el ocupado y más porque no estás te busco, y más porque no te tengo te deseo, te pienso con esta canción y más por despecho que por amor dejo que mis dedos vayan directos a sacarme un orgasmo que, por puro capricho, me regalo en tu nombre.

El agua, de repente, me resulta frío.