sábado, abril 21

Bagatelas

Yo me acuerdo que en todas las cartas que le envié me despedía con un Te quiere hoy, M. .  Porque sabía que ese amor iba a tener un fin. Y por eso me daba tanto miedo usar siempres o dejar un simple Te quiere, M. .
Porque yo siempre empiezo una carta por la fecha. Cosa que él nunca hacía, y eso constituye una diferencia básica en las perspectivas. Mi memoria está (o al menos estaba) plagada de fechas exactas, horas, datos clave, marcas que hicieron un antes y un después en lo que he sido, en lo que me convertí y en lo que nunca seré. Aunque en fin, eso del nunca digas nunca también es cierto.
Pero al ver hoy uno de los pocos recuerdos materiales que de él me quedan, pues hasta la fecha no he sido capaz de romper y quemar un libro, me ha dado por leer esa dedicatoria que acaba en un Te quiere hoy, V., que con su manía de no poner fechas, sin él saberlo, ha convertido ese hoy en un amor intemporal, o, ya dentro del tiempo, eterno, ese hoy podría ser cualquier hoy, incluso el de este día. O lo hizo sabiéndolo, pero en tal caso sería una estupidez, porque él también sabía que lo nuestro no iba a ser para siempre.