miércoles, abril 18

Sexo

Quien sabe hablar, sabe escribir. Aunque nunca se haya puesto a ello.
-la primera frase no ha de darse (y de hecho no se da) necesariamente a la inversa-

Saber escribir denota saber leer.

Leer, para bien o para mal, forma una cultura, en el sentido de una cosmovisión. -y también en el sentido de una cultura, faltaría más-
No solo daña lo que se lee, sino también lo que no se lee.

He preferido el verbo dañar a cualquier influir, afectar, repercutir, influenciar porque leer produce un cambio, incluso al dejarnos indiferentes -si es que hay algo que realmente nos deje absolutamente indiferentes/ tampoco estoy convencida de lo contrario de esta frase- y un cambio supone movimiento, violencia (lat. violentus, 1ª acepción. - que está fuera de su natural estado, situación o modo. Aunque se podrían aplicar otras acepciones sin mayor injusticia).

Diría que sobre todo daña lo que no se lee, por el simple hecho de que habrá infinitamente más libros que nunca leeremos que aquellos que sí caerán en nuestras manos.

Por ello hay quizá más arte -gusto- en elegir lo que no queremos leer que lo que sí queremos devorar -o degustar-.
-pero no nos dejemos guiar por la retórica; véase que el significado práctico de esta frase y el de su contraria (por ello hay quizá más arte -gusto- en elegir lo que queremos leer que lo que no) son exactamente el mismo: los libros que leeremos y los que no leeremos no han cambiado-

Me gusta la pulcritud en la escritura. No me gustan las faltas ortográficas. Puedo aceptar un estilo que no me gusta, todo el mundo tiene derecho a la vida y en un principio no vamos a matar a nadie por confuso, caótico o tedioso, pero, ah, las faltas.

Las palabras son instrumentos. Y así como no podemos usar un martillo sin su mango y tampoco sin su cabeza, no podemos aser hésto al hescrivir y pretender empezar a sacar clavos.

Cuestión de respeto. Respeto hacia las palabras y respeto hacia quienes nos leen.  (Espero no haberos dañado demasiado la vista, en fin, sabrán disculparme.)

Hablaría también de finura y buen gusto. Aún a mi pesar -ese temor de caer en el esnobismo-, he de decir que me seduce lo elegante. Me gusta el vino en copa, los hombres en traje -o desnudos-, el tango bailado o llorado, los zapatos de tacón rojos y los textos bien escritos. Una vez me dijeron algo así como que "solo leo a mujeres con las cuales me casaría". Pues algo así.

La seducción mediante la palabra. Pues no deja de ser esta una carta de presentación más. Al lado de la mirada, de la sonrisa, la apariencia física, la forma de moverse y la de hablar -y por último, su contenido (así, en este orden de preferencia, aunque el orden de relevancia sea el contrario; para que se atrevan a hablar de superficialidad).

Un "wapa" jamás me va a conquistar. Lo siento, no. Donde tú ves un halago -si es que lo ves-, yo veo pocas señales en mis bragas de que se vayan a mojar en un futuro medianamente cercano contigo al lado.

¿Que pensabais que el título no tenía nada que ver con el texto?


PD. Ah, por supuesto que en ningún momento he defendido la perfección en la escritura. -y de hecho, no la defiendo ya en ningún sitio- Y como muestra, me ofrezco como primer ejemplo. Todavía -esto ya sí muy a mi pesar- tengo alguna que otra falta de ortografía. Esas malditas tildes. Que parece que no, pero en un acento puede esconderse todo un dilema existencial. Quizá si me aprendiera las reglas de una vez, que pa' algo están.