viernes, abril 27, 2012

Soy todo lo que no soy

La Historia es un cúmulo de casualidades.

Claro que a la Literatura ello no le ha gustado en demasía. Nos complace pensar que las casualidades no existen, que pasó lo que tenía que pasar, que lo que tiene que ser, será y la idea de destino que subyace a todas estas frases, necesidad, continuidad y los poemas de amor. Tantos, ay. Y la sonrisa que se asoma divertida, que no irónica, la ironía esconde mucha tristeza y ahora estamos embriagados por la maravillosa noticia del azar. Un peso ha caído.

Todo por aquello de no sentirnos insignificantes y faltes de sentido, todo por aquello de sentirnos mínimamente especiales, únicxs, la vida se ha hecho para nosotres y estamos teniendo lo que merecíamos.

Pero esta sonrisa jovial esconde no poca ternura también, casi se diría compasiva, por estos afanes y necesidades de los Hombres para no sentirse tan solos en un mundo que no tiene más significado que aquel que queramos ofrecerle, ofrecernos. (Las Mujeres, es que apenas aparecen en la historia.)

Mas por qué habrá tanta tristeza en elles y sus soledadades. Por qué no sabrán aceptar la volatilidad de aquello que les rodea, su Contingencia, por qué esa búsqueda continua de un Sentido más allá de ellos, más allá de la vida, más allá del mundo. No se dan cuenta de que la Libertad no es más que una quimera mientras no crean en el accidente, en la circunstancia, la eventualidad. Por qué esa búsqueda continua de un Consuelo.

Si lo fascinante de esa vida es saber precisamente que podría no haber sido tal, que quienes somos podríamos haber sido totalmente otres, que quienes conocemos podrían ser nuestres perfectes desconocides y tanto largo etcétera.

Entonces se comprende. Llega ese día, que podría no haber llegado nunca. Esa sonrisa que invade y alumbra una idea. Que tantas lecturas tempranas de Nietzsche, Hesse, Camus, de las cuales no es difícil reconocer que solo queda el vago recuerdo de habernos gustado, aunque no sepamos de que manera; luego Unamuno y la exaltación y bienestar tras apenas diez minutos con él que nos llevaba a pensar: he aquí porque amo la Filosofía; esa frase de Ortega que siempre está allí, rondando y de vez en cuando aparece, Yo soy yo y mis circunstancias, y entonces Morey, cuyo libro caído de casualidad, cambia totalmente la perspectiva, aunque no se sepa por qué ni qué ha provocado exactamente; llegamos a Foucault y vemos que sus textos son traducidos por Morey;

Podríamos añadir que Foucault y Cortázar, aunque.
Que Cortázar y Poe.
Que Poe y Baudelaire.

Que tantas lecturas tempranas y ya no tanto, decía, algo tenían, aunque no lo supiésemos. Y no hay nada más satisfactorio que ver qué tanta, que no poca, relación tienen.

En esas andamos. Existencialismos y tanta maldición. Mi sonrisa no cabe en sí de gozo por haber descubierto su América particular. Por haber entendido de pronto ese misterio que nunca fue tal.

Y he ahí, en parte, lo que soy. Porque mi parte literaria no tardará en irse nuevamente con las putas de la inexistencia de las casualidades y sus tufos de fatalidad de: El tiempo lo dirá.

Pero ah, qué magnífica esta hora.

2 comentarios:

  1. Cuando alguno de nosotros divisa un objeto volante no identificado sobre la casa corremos hacia las ventanas con un libro en la mano, y lo sostenemos en alto, para que quede claro que clase de gente somos.
    ¡Cortázar y Poe!
    ¡Corre, corre, trae a Baudelaire!

    Relatos. Amy Hempel
    Adaptado para GGM

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  2. A veces, mientras se divaga (o filosofa, llámalo como quieras) se le encuentra un sentido o todos los sentidos a las cosas y eso siempre mola porque afirmas convencido: ¡Eureka!

    Aunque eso siempre dura poco y al final acabas volviendo a "el tiempo lo dirá..." pero bueno, que nos quiten esos momentos de conocimiento y brillantez absoluta :-)

    Un abrazo.

    Oski.

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