viernes, abril 27

Soy todo lo que no soy

La Historia es un cúmulo de casualidades.

Claro que a la Literatura ello no le ha gustado en demasía. Nos complace pensar que las casualidades no existen, que pasó lo que tenía que pasar, que lo que tiene que ser, será y la idea de destino que subyace a todas estas frases, necesidad, continuidad y los poemas de amor. Tantos, ay. Y la sonrisa que se asoma divertida, que no irónica, la ironía esconde mucha tristeza y ahora estamos embriagados por la maravillosa noticia del azar. Un peso ha caído.

Todo por aquello de no sentirnos insignificantes y faltos de sentido, todo por aquello de sentirnos mínimamente especiales, únicos, la vida se ha hecho para nosotros y estamos teniendo lo que merecíamos.

Pero esta sonrisa jovial esconde no poca ternura también, casi se diría compasiva, por estos afanes y necesidades de los Hombres para no sentirse tan solos en un mundo que no tiene más significado que aquel que queramos ofrecerle, ofrecernos.

Mas por qué habrá tanta tristeza en ellos y sus soledadades. Por qué no sabrán aceptar la volatilidad de aquello que les rodea, su Contingencia, por qué esa búsqueda continua de un Sentido más allá de ellos, más allá de la vida, más allá del mundo. No se dan cuenta de que la Libertad no es más que una quimera mientras no crean en el accidente, en la circunstancia, la eventualidad. Por qué esa búsqueda continua de un Consuelo.

Si lo fascinante de esa vida es saber precisamente que podría no haber sido tal, que quienes somos podríamos haber sido totalmente otros, que quienes conocemos podrían ser nuestros perfectos desconocidos y tanto largo etcétera.

Entonces se comprende. Llega ese día, que podría no haber llegado nunca. Esa sonrisa que invade y alumbra una idea. Que tantas lecturas tempranas de Nietzsche, Hesse, Camus, de las cuales no es difícil reconocer que solo queda el vago recuerdo de habernos gustado, aunque no sepamos de que manera; luego Unamuno y la exaltación y bienestar tras apenas diez minutos con él que nos llevaba a pensar: he aquí porque amo la Filosofía; esa frase de Ortega que siempre está allí, rondando y de vez en cuando aparece, Yo soy yo y mis circunstancias, y entonces Morey, cuyo libro caído de casualidad, cambia totalmente la perspectiva, aunque no se sepa por qué ni qué ha provocado exactamente; llegamos a Foucault y vemos que sus textos son traducidos por Morey;

Podríamos añadir que Foucault y Cortázar, aunque.
Que Cortázar y Poe.
Que Poe y Baudelaire.

Que tantas lecturas tempranas y ya no tanto, decía, algo tenían, aunque no lo supiésemos. Y no hay nada más satisfactorio que ver qué tanta, que no poca, relación tienen.

En esas andamos. Existencialismos y tanta maldición. Mi sonrisa no cabe en sí de gozo por haber descubierto su América particular. Por haber entendido de pronto ese misterio que nunca fue tal.

Y he ahí, en parte, lo que soy. Porque mi parte literaria no tardará en irse nuevamente con las putas de la inexistencia de las casualidades y sus tufos de fatalidad de: El tiempo lo dirá.

Pero ah, qué magnífica esta hora.