viernes, mayo 25

A lo lejos





En una noche cualquiera consiguió encajar la última pieza del puzzle. Le quedó jodídamente perfecto, como todo lo que acontece a altas horas de la mañana. Le encantó esa mirada cómplice. Acababa de conseguir todas las respuestas y también la pregunta principal a la que a partir de ahora tendría que contestar.

Ahora, al fin. Al día siguiente recibiría el premio -nada más ni nada menos que la libertad- y se marcharía lejos. No podía parar de reír. Se acabó, se dijo, lo conseguí, gritó. Lejos, muy lejos, pensó. Cogió las maletas. Los ahorros. La sonrisa. Ningún recuerdo. Silencio, susurró. Y nadie tuvo más que añadir.






Allá llevarás, mar, donde no haya olvido porque no existe el recuerdo 


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