sábado, junio 30

Mosquitos hofferianos


   
Lo notable es que de verdad amamos a nuestro prójimo como nos amamos a nosotros mismos:
hacemos a los demás lo que nos hacemos a nosotros. 
Odiamos a los demás cuando nos odiamos a nosotros mismos. 
Somos tolerantes con los demás cuando somos tolerantes con nosotros mismos.



Estamos con nuestros amigos por los aspectos que de nosotros mismos aceptamos en ellos, sean estos buenos o malos.
Odiamos a nuestros enemigos por aquello que de nosotros no aceptamos, sea positivo o negativo.

Así, entre la amistad y la enemistad se tiende la cuerda de la propia identidad, representando cada uno de los extremos nuestros propios límites. 
No reflejan solo lo que somos o dejamos de ser, sino lo que nos gustaría o aborreceríamos llegar a ser. 

Centrándonos en el odio, su ausencia en nuestra vida parece, en principio, algo deseable. Sin embargo, su ausencia implica la pérdida de un suelo firme, sea este distópico. Una barrera que nos decía de aquí no pasas. Y entonces uno puede estar tentado a poner el primer paso. Y ver, probar. Y cuando ya es tarde, darse cuenta de que se ha convertido, finalmente, en su enemigo.

Lo piensa mientras deja el vaso de cerveza a un lado y se dispone a aplaudir por las pocas neuronas que andan sueltas. El mosquito que no paraba de darle vueltas cae entre ovaciones. En el vaso. El bicho había entendido perfectamente lo de los odios y las distopías.


jueves, junio 28

Variado

Me da que abogar bien por una misantropía, bien por una filantropía, es no conocer lo suficiente todavía a la humanidad. Esta muchas veces decepciona hasta en su maldad.

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Los filósofos, independientemente del idioma en el que escriban, independientemente también de su nacionalidad, están todos locos. Y ver que mantienen esa característica en común me alegra sobremanera. (Los que no están locos, son unos aburridos, por otro lado.)

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A veces, el dilema vital de una persona puede resumirse en una tilde. ¿Que no? Se me ocurre pensar en un nombre, que en un idioma se escribe con acento, mientras que en el otro sin, siendo esa la única diferencia. Decidir quién es uno haciendo o no esa insignificante rayita cuando hace mucho que no se siente de donde nació, pero tampoco de donde vive, y cuando cualquiera de las opciones le hacen sentir de alguna manera desleal e ingrato (¿con quién? ¿hacia qué? ¿por qué?; uno se puede creer libre de nacionalismos y patriotismos, pero resulta que esos sentimentalismos nos son inculcados muy hondo en el subconsciente y afloran cuando menos cabe esperarlos), puede acabar llevándole a la desesperación. Esquizofrenia y demás, exagerando no tanto.


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Hay otra patria de la que se habla menos en el día a día, aunque sea la preferida de los poetas. No, no es el amor. Me abruma pensar en cuántos versos se han escrito en su nombre. El desamor. Uno lee historias y va viendo como incluso dura más que el amor. Hay personas que se condenan a vivir en el pasado vidas enteras. (Será que es más fácil sufrir.) Aterra pensarlo. A mí me aterra. Echar a perder así una vida por alguien que nos tiene como un capítulo concluido más. Terrible.

sábado, junio 23

Tedio


Incluso te cansa escribir ahora mismo. Pintas todo lo que te rodea con el color de la estupidez, y así te parece todo. El más nimio detalle, el accidente más inocente, es suficiente para hacerte tachar aquello que lo toca de parodia. De mediocridad, de burla de lo que podría haber sido. Nada ves importante, nadie ante quien te inclinarías y admirarías, no, todos pecan de la peor enfermedad. Es un hastío continuo, y sabes que lo que buscas no lo encontrarás en los libros que te esperan, bien apilados y ordenados en tu estantería, lo que buscas se encuentra en el otro. Ese otro en busca y captura, que falsamente dices no querer perfecto, pero ¿entonces qué quieres? No lo hallas en quienes te rodean, ni en los que rodean a los que te rodean. Ni en los desconocidos que caminan junto a ti en la calle, ni en aquellos tomando café en la terraza o  los otros emborrachándose en el bar. Tampoco en los que van a bailar ni en los que se quedan en la barra. No es quien va paseando a su perro, ni el que odia a los gatos, el que lee o el que escucha Madonna. No es quien esconde dentro de sí un crío malcriado y malherido, ni el que está muerto de tanto hacerse el adulto. No es aquel alto, ni el delgado ni tampoco el gordo, el feucho o el guaperas, el musculitos ni lo sopesamos en la ecuación. Ni el melancólico ni el sonriente, ni el que va de la mano de la novia después de haber hecho correrse a su amiga con esos mismos dedos, ni el que nunca ha pisado hogar. Ni el poeta, ni el rockero, ni el embustero. Ninguno de esos. 
Te ha empezado a aburrir escuchar casi todo, inventarías el Infierno tan solo por aquellos que se las dan de entendidos en tantas cosas de la vida de las que no tienen ni remota idea. Tú tampoco, pero al menos tú lo reconoces. Tan difícil será tomarse de manera literal aquello de De lo que no se puede hablar, es mejor callar. Ahí están, todos pariendo madre hablando de política, y de lo corruptos que son los políticos (como si no les viniera en la definición), y de lo mal que va el mundo y España y sus trabajos y el dinero que escasea. Cháchara, palabrería, palabras inútiles. Pero a ninguno lo ves pidiendo limosna en la calle y eso no les chirría ni un poquito. Y los que no hablan de política, hablan de literatura y de movimientos postmodernos y miratodoloqueyosé (ytúno), como si fueran auténticos titanes en la materia, cuando hace unos añitos aún chupaban de la teta materna. Y siguen chupando. Y empiezan a inventarse palabros como modernos, hipsters y la puta que los parió y tú te preguntas para qué tanto eufemismo cuando sobra con llamarlos gilipollas. No te olvidas, además, de que la palabra friki (o como se escriba) está cada día más de moda, ahora todo el mundo lo es. No lo comprendes. Se te escapa. Por qué todos se esconden tras esa palabra despectiva cuando hablan sobre algo que les gusta. Esa necesidad de justificarse por hacer lo que a uno le apasiona en detrimento de lo que uno debe es algo que no acabas de asimilar; cuando es precisamente el conocer lo que a uno le hace sentir vivo lo que te hace admirar a alguien. Esto, más que fatigarte, te empieza a preocupar, pues ves que el fenómeno cada vez se va extendiendo más y más.
También ves parejas que cuentan los días que llevan juntos más que lo que sucede en esos días, que te miran con cara de superioridad porque lo de ellos lleva ya mucho tiempo, mientras que en una conversación de sexo ella nunca dice nada y él suelta aquello de No, el sexo no es lo más importante en una relaciónGente que solo sirve para dar consejos. Y luego la besa en la frente, la abraza y un Te quiero, cariño. Bostezas. Sientes tedio de quien se quiere tan poco. De quien se quiere demasiado. De quien, directamente, no sabe quererse. A veces no sabes si llorar o reír. 
Hasta los mismísimos de gente que se empeña en no abrir los ojos, o, peor todavía, en pseudoabrirlos. Parece que es mucho más cómodo juzgar por deporte, quedarse con el cerebro empequeñecido, cerrado cuanto más mejor, cuanto menos horizonte seamos capaz de ver, más felices y perdices comeremos.
Ah... todo te hastía. En nada encuentras el más mínimo sentido, la más mínima fe. No hay más que decepción y mucha, mucha estupidez. También por tu parte, como no podría ser menos. Por no conformarte a tiempo. Por pedir demasiado. Por no saber qué buscas. Por tener sueños que sobrepasen el amanecer. Por sentir tan hondo el pesar y el cansancio y la pena y la mediocridad. Por pensar que no formas parte de esa masa anónima de carne humana. Ja. Quién te has creído. Tanto como si estás dentro como si no, te jodes. 
A ellos, al menos, se les ve contentos.

domingo, junio 17

Soledad: definición

"CALÍGULA (estallando, se arroja sobre él, lo coge por el cuello y lo zarandea)

¿Acaso sabes tú lo que es la soledad? La de los poetas y la de los impotentes. ¿Soledad? ¿Pero cuál? Ah, tú no sabes que nunca se está solo. Y que a todas partes nos acompaña la misma y pesada carga de porvenir y de pasado. Los seres que hemos matado están con nosotros. Y con ésos todavía sería fácil. Pero con los que hemos querido, con los que no hemos querido y que nos quisieron, los remordimientos, el deseo, la amargura y la dulzura, las putas y la pandilla de los dioses. (Lo suelta y retrocede hasta su sitio.) ¡Solo! ¡Ah, si por lo menos, en lugar de esta soledad envenenada de presencias que es la mía, pudiera saborear la verdadera, el silencio y el temblor de un árbol! (Sentado, con súbito cansancio.) ¡La soledad! No, Escipión. La atraviesa un rechinar de dientes y resuenan en ella ruidos y clamores perdidos. Y junto a las mujeres con las que me acuesto, cuando la noche se cierra sobre nosotros y, alejado por fin de mi carne satisfecha, creo asir un poco de mí mismo entre la vida y la muerte, mi soledad entera se llena del agrio olor del placer en las axilas de la mujer que aún naufraga a mi lado."

Calígula, Albert Camus


Gajes de oficio: Autodestrucción

Ella era básicamente una persona feliz. Por eso él nunca se enamoraría de ella.

- Eres la persona más estúpida del mundo. Ella podría hacerte feliz.
- Quizá. Pero me cansa su eterna sonrisa, su buenrollismo las veinticuatro horas del día, ni un atisbo de melancolía, ni una mirada perdida, una llama en los ojos, nada. No ha sufrido nunca, no sabe lo que es el dolor. La locura, por definición, es irracional, ¿sabes? Y ella, con los pies en la tierra, piensa que está haciendo locuras. ¿Puede haber algo más aburrido que la seguridad, la falta de riesgo? Solo comprende la pérdida de control mediante el alcohol. La vida le ha dado todo lo que le ha pedido, y piensa que ha pedido mucho. El nivel más profundo al que podría llegar con ella es a verla desnuda. Parece que ni siquiera en el orgasmo pueda alcanzar otro mundo. La abrazo y no siento nada. Toco su pecho, su corazón late, pero está muerto. Soy la persona más estúpida del mundo, quizá, pero tengo la teoría de que cuanto mayor fue el sufrimiento, mayor el grado de... elevación espiritual. Como mínimo, de conocimiento vital (que viene a ser lo mismo). 
- A no ser que se adentren tanto en los abismos que se conviertan en musas malditas, que acaban destrozándote en una montaña rusa de emociones.
- Gajes del oficio.


sábado, junio 16

Todo en su justa medida

La historia no es tal, sino leyenda.
Los recuerdos nos dicen que hemos sufrido mucho menos de lo que sufrimos.
Quizá esa sea la base para poder avanzar.

Aunque quien olvida que sus memorias tan solo son reconstrucciones de vida, puede verse tentado a caer en la idealización y acabar pensando aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Y resulta que solo en la llegada a Ítaca esa frase tiene sentido.

Eso he aprendido, que perderse entre recuerdos es muy cómodo. Sufrir y lamentarse es mucho más fácil que levantarse y seguir buscando instantes de felicidad.

También es cierto que esta llega cuando menos la esperamos, y no cuando uno la busca con desespero. La vida es una puta, nacemos con la enfermedad de la muerte desde que los padres de los padres de nuestros ancestros follaron por primera vez.

Pero llega. La felicidad llega. La vida es una puta de lujo y hace sus servicios bien, no decepciona.

Dicho sea de paso, desconfío de quienes dicen no tener secretos, igual que de aquellos que, aferrándose a avanzar continuamente, nunca hablan de su pasado o lo desprecian. Pues despreciándolo, ¿no es a ellos mismos que se odian? 

Y quienes dicen no tener secretos... no sé si no creerles o pensar que su vida realmente es así de insulsa y triste.



viernes, junio 15

Quizá si escucharas.

La noche trae consigo todos los secretos del Universo descubiertos. Los muestra, nos los regala confiada. A cambio nos pide oscuridad total, por donde el pensamiento pueda escribirse libre en el agua de tinta negra.

La llegada del día no perdona los misterios que su enemiga nos desvela. Viene y con ella se disipan todas las disquisiciones que apenas unas horas antes dotaban de sentido a la vida. Viene y, rencorosa, tacha de absurdas incoherencias, estúpidos, irracionales pensamientos los nocturnos.

Nada queda al amanecer.

La Verdad, quizá, tan solo la tengan los niños, los borrachos y la Noche. 
Pero el Día nunca permitirá creerlos.

martes, junio 12

Buscaré buscarte entre pañales y mierda


Le gustaban mayores, a ella. A él, jóvenes.
Se encontraron a medio camino entre un geriátrico y una guardería; delante de un manicomio.
Les fue bien un tiempo. Entre ¡Eres un inmaduro! y ¡Anda, y búscate un padre! se dieron el último beso.
Se encontraban a veces por la calle. Sus gustos no habían cambiado; más bien... Una vez lo vio empujando un carrito. Ella empujaba una silla de ruedas.
Ambos acabaron igual. Limpiando babas, cambiando pañales. Alegres. En sus sonrisas dementes.
(La boda de él coincidió con el bautizo de su novia. La boda de ella se vio interrumpida por un ictus del novio, así que aprovecharon para hacer directamente el funeral.)

sábado, junio 9

La marcha de la bronca



 
 
Mira que me gusta el humor negro, cruel, absurdo y demás, pero el sentido del humor del presi y sus secuaces es insuperable. Y ni siquiera da la cara para reír con nosotros. Bueno, no desesperemos, podremos verlo mañana en la Eurocopa.