miércoles, julio 18

crónica absurda


26/06 - Prólogo a la nada

Quizá sea hora de empezar a escribir. Uno lee y lee y nunca se atreve a dar el paso más allá, hay tantos libros y una sola vida, quién puede pensar en escribir con semejante desafío.
Pero los dedos aclaman, piden vida propia, quieren decidirse sobre el papel. Protagonistas de historias rotas, cuentos de brujas, que no de hadas, de hazañas fracasadas de héroes cobardes o quizá con un toque de más de mala fortuna, eso es lo que los dedos quieren describir. De tantos finales felices, las perdices están en camino de desaparición, hay que cambiar de presa o dejar de creer en tales finales. Hay un mundo, otro mundo más cercano que el de los cuentos de hadas, donde el sufrimiento es la base, el desamor lleva la corona y la crueldad es el arma. El mundo que nos rodea a diario, el mundo de nuestros padres, hermanos, amigos, enemigos, y toda esa patraña de conocidos y parientes lejanos que en las redes sociales se agrupan todos bajo la misma categoría de amistad. Sí, ese mundo que nos toca, que nos acaricia y araña el alma instante a instante desde el momento que inventamos una sociedad, y que ahora obedece a un único Dios que cada uno llama a su gusto, pero cuyo nombre no es sino Dinero, y la felicidad y la familia y la vocación, todo se entiende bajo su único código... moral. Código degradado, estúpido, hipócrita y ante todo, inmoral. En ese mundo sobra el principio tan aventurado del ‘había una vez’ cambiándose por noticias que asaltan minuto a minuto provenientes de todo el globo, de tanta masa anónima que la mayoría de las veces no hace más que dar su opinión mediocre sobre el asunto a tratar, y así es como comienzan las historias de este mundo, amanecer tras amanecer... manos a la obra, pues. Bienvenidos a la gran farsa, el teatro de lo estúpido y absurdo, la broma macabra, la parodia de la humanidad, sea lo que fuere que ese nombre signifique ya a día de hoy.



29/06 - Desespero

Tantos años. Tantos años y qué está siendo de mí. ¿Qué rumbo está tomando mi vida? ¿A dónde, dónde, dónde se supone que voy? Tantos años... quién lo diría. ¿Cuándo he llegado aquí? Últimamente no me entero de cuándo pasa el tiempo y poco a poco están pasando años enteros. Tantos años... y sin rumbo. No sé qué me espera. No me sirve la estabilidad que da la continuación de unos estudios, una casa, que no hogar, donde dormir y comer. No me sirve la estabilidad de la familia, la de los amigos, ni siquiera la de quienes nos odian. Lo intentamos, lo sé, una y otra vez, crear esa estabilidad, esa seguridad, algo sobre lo que poner los pies y tener la certeza de que no temblará bajo ellos. Pero no existe tal firmeza en el suelo.
Ni siquiera es que piense en el futuro que me espera dentro de unos años, cuando ya los estudios habrán terminado y me toque verme frente al vacío laboral, frente a la etiqueta de juventud sin futuro, sin nada. No es eso lo que me aterra.
Lo que me atemora está mucho más cerca y cala más hondo, no es la inestabilidad que está por llegar, sino la que ya existe. La que convive a diario conmigo. La de no saber siquiera qué sucederá mañana. Es ese sentimiento nuevamente de saber que algo falla, que algo está por llegar, o la necesidad de que llegue para salvarnos. Pero el qué, la gran incertidumbre, la que me impide hacer mejor otra cosa que esperar. Esperar, esperar, esperar. Así me siento. Como esperando algo. Qué sé yo qué. Pero en espera.
Y por supuesto que uno siempre tiene una mínima idea de aquello que espera, pero mi duda es si no estoy mirando hacia el lado del horizonte incorrecto. Que una cosa es aguardar que llegue algo y otra muy distinta que sea algo que deseamos. Y que puede no llegar nunca.
Pero es que ni tan siquiera sé si realmente estoy deseando algo. Hay cosas que no me atrevo a desear. Tengo mucho miedo de desearlas. De dejarme llevar por un deseo que puede acabar con mi estabilidad. Y será que en el fondo la locura me da tanto miedo como me atrae. Pero no la quiero. No quiero pensar en que estoy esperando a alguien. ... No sé si no estoy haciendo más que negar lo evidente porque no me atrevo a reconocer una verdad que considero una derrota.



26/06 - Decíamos...

Tengo miedo. ¿No queríais sinceridad? Pues ahí la tenéis: tengo un miedo atroz. Eso es lo único que compartimos incondicionalmente todos, ese feroz y culpable por maldito y maldito por culpable terror en lo más profundo de nuestro ser.



Hoy

Hoy no se me ocurre qué decir. No recuerdo esa tormenta. No recuerdo nada.