sábado, julio 14

De la modernidad

"Me gustaría leer una novela donde los hombres no tengan opiniones. Creo que esto sería la mayor autenticidad permitida a la creación literaria: personajes que no tienen opiniones personales - sino que las toman prestadas, las argumentan, las critican, según las circunstancias. Observad bien un hombre moderno: para él las circunstancias cuentan. En un cierto día, en una cierta hora, en una cierta coyuntura, mantiene algo, lo cree, lo aprueba y lo promueve. En otras circunstancias cree y sostiene, si no lo contrario, al menos algo diferente, al lado de lo defendido en otro tiempo.
Los hombres modernos no tienen opiniones; toman prestadas distintas opiniones o creencias, según las circunstancias. He seguido de cerca unos cuantos de mis contemporáneos; he comprobado esta continua adaptación a las circunstancias. No las verdades, ni las opiniones eran las que contaban en una discusión; sino la tensión anímica, la coyuntura 'histórica' (si se me perdona la expresión). Los hombres hablan las más de las veces no para expresar ciertas opiniones o para colaborar en la aclaración de una verdad, sino que hablan para expresar la circunstancia del 'suceso' anímico de entonces, sus líneas de fuerza de entonces.
Se dice: los hombres cambian. Es una exageración. No cambian - porque no son nunca. De las decenas de circunstancias por las que pasan - y en las cuales hablan, alrededor de las cuales piensan - son unas determinadas las que se repiten, o son más poderosas, más acentuadas. Evidentemente, de estas circunstancias que se repiten, los hombres construyen cierto esqueleto teórico, un 'sistema' embrionario. El cual abandonan fácilmente, es evidente; y entonces se dice que han cambiado sus ideas, que (ellos mismos) "han cambiado"...
Lo que me extraña es el hecho de no haber encontrado, todavía, en la literatura, esta autenticidad humana. No he leído, aún, una novela en la cual un personaje afirme, un día cierta cosa, y el segundo día otra cosa; tal como sucede en la vida. En las novelas los hombres son tremendamente consecuentes en lo que respecta sus opiniones. Proust y los que han llegado después de él han ilustrado admirablemente la inconsecuencia, la pluralidad, la ambigüedad de todos los sentimientos, de los orgullos y los ensueños humanos; pero ninguno, según lo que sé, no ha realizado esta gran autenticidad, escribiendo una novela en la cual se vean los hombres tal como son también desde el punto de vista 'racional'; los hombres, esto es, sin opiniones, sino solo con reacciones personales ante las circunstancias."

Mircea Eliade, "Fragmente", en "Oceanografie" 1935

Nota 1. Traducción propia y por tanto, bastante libre. Os tendréis que fiar de mí.
Nota 2. Qué jodido es esto de traducir e intentar que quede mínimamente entendible, pues claro, hay que añadir el factor interpretación.
Nota 3. Me ha encantado esa visión del hombre moderno y sus firmes creencias.