sábado, julio 14, 2012

De la modernidad

"Me gustaría leer una novela donde la gente no tenga opiniones. Creo que esto sería la mayor autenticidad permitida a la creación literaria: personajes que no tienen opiniones personales - sino que las toman prestadas, las argumentan, las critican, según las circunstancias. Observad bien una persona moderna: para ella las circunstancias cuentan. En un cierto día, en una cierta hora, en una cierta coyuntura, mantiene algo, lo cree, lo aprueba y lo promueve. En otras circunstancias cree y sostiene, si no lo contrario, al menos algo diferente, al lado de lo defendido en otro tiempo.
La gente moderna no tiene opiniones; toman prestadas distintas opiniones o creencias, según las circunstancias. He seguido de cerca unes cuantes de mis contemporánees; he comprobado esta continua adaptación a las circunstancias. No las verdades, ni las opiniones eran las que contaban en una discusión; sino la tensión anímica, la coyuntura 'histórica' (si se me perdona la expresión). La gente habla las más de las veces no para expresar ciertas opiniones o para colaborar en la aclaración de una verdad, sino que habla para expresar la circunstancia del 'suceso' anímico de entonces, sus líneas de fuerza de entonces.
Se dice: la gente cambia. Es una exageración. No cambia - porque no llega a ser nunca. De las decenas de circunstancias por las que pasa - y en las cuales habla, alrededor de las cuales piensa - son unas determinadas las que se repiten, o son más poderosas, más acentuadas. Evidentemente, de estas circunstancias que se repiten, la gente construye cierto esqueleto teórico, un 'sistema' embrionario. El cual abandona fácilmente, es evidente; y entonces se dice que ha cambiado sus ideas, que (elles mismes) "han cambiado"...
Lo que me extraña es el hecho de no haber encontrado, todavía, en la literatura, esta autenticidad humana. No he leído, aún, una novela en la cual un personaje afirme, un día cierta cosa, y el segundo día otra cosa; tal como sucede en la vida. En las novelas las personas son tremendamente consecuentes en lo que respecta sus opiniones. Proust y los que han llegado después de él han ilustrado admirablemente la inconsecuencia, la pluralidad, la ambigüedad de todos los sentimientos, de los orgullos y los ensueños humanos; pero nadie, según lo que sé, ha realizado esta gran autenticidad, escribiendo una novela en la cual se vean los seres humanos tal como son también desde el punto de vista 'racional'; la gente, esto es, sin opiniones, sino solo con reacciones personales ante las circunstancias."

Mircea Eliade, "Fragmente", en "Oceanografie" 1935

Nota 1. Traducción propia y por tanto, bastante libre. Os tendréis que fiar de mí.
Nota 2. Me ha encantado esa visión de la persona moderna y sus firmes creencias.

3 comentarios:

  1. Dicen algunos, quizás al modo norteamericano, aquello de que todos tenemos una opinión como tenemos un culo. A partir de ahí se construye una democracia o, por contra, se considera que todas las proposiciones valen lo mismo (nada) y nos dedicamos al juego de la manipulación tecnológica: puesta en escena, alteración del ooh al ahhh en el público, catarsis de circo y consumo.Cuando era más joven pensaba que la opinión de las gentes me importaba una higa. Aún hoy, a mis alumnos, les digo que expresar la conclusión de un comentario de texto con un "yo opino que" es falta de educación y vulgaridad, animándoles a usar la primera del plural ("opinamos") para salvar un poco el trasto y dar una impresión de seriedad.

    Sin embargo, en otro sentido, creo en la lindeza liberal del hecho de "tener opiniones" mutantes y aunque sean las de otro --- me atrae la doxa frente a la episteme o ciencia rigurosa, si me permites la tontería platónica. Hay una condición: que la sarta de opiniones superen su natural onanista (a quién no le gusta tocarse el culo) y se integre en "la conversación", esa tejedora de opiniones en las que dos o más pueden acabar creando su propia red (provisional, de trabajo, con vocación perdurable...). Crear mil corrillos de conversaciones, reales o ficticias, como es ahora en este mismo momento.

    El texto de Eliade me resulta confuso y, por otro lado, me lleva a echar mano a la pistola. ¿Es desdoro que las opiniones se subordinen a las circunstancias? ¿No es esto una sana herramienta de adaptación, producto de millones de años de evolución? ¿Es debilidad la falta de firmeza? ¿Es deshonra que nos dibujemos ya no solo como marionetas proustianas de las emociones, vaporosos dandis del capricho del corazón y la propia autobiografía, sino también de las ideas, según contexto de conversación? ¿No son las ideas herramientas para adaptarnos mejor? ¿Es realmente tan terrible ser nada, porque no hay opinión que se enquiste en dogma o vieja creencia? ¿No es límite al cambio de opinión soloel libre juego conversacional y, si acaso, la evitación de la crueldad y la búsqueda de la belleza?.

    Dice:"hablan para expresar la circunstancia del 'suceso' anímico de entonces, sus líneas de fuerza de entonces". ¿Es erróneo tratar de expresar las fuerzas que nos dominaron, tratando de sacar el jugo y la verdad(!!) de las mismas, aún en su oposición?

    En fin, ¿no es el hombre no-moderno y con convicciones una quimera, el bibelot de otras fuerzas, una voluntad decidida de no ver más allá de mi patria, de mi lengua, más allá de la verdad de la creencia?

    Aún así converso con gusto con Eliade. Y con usted.

    Interesante.

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  2. odiamos no entender algo, por eso enseguida nos posicionamos aunque no tengamos datos. Luego, cuando vemos que nos hemos equivocado, levantamos muros de opiniones disfrazadas de datos, para intentar seguir aparentando que tenemos razón. Esa adaptación, que puede ser mala en muchas circunstancias es la que ha permitido a esta raza sobrevivir a casi todo, menos quizás a sí misma...

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  3. Luis, releyendo a Eliade, concluyo que no hay una crítica a cómo es el hombre moderno, sino tan solo hace una definición de este. La crítica que hace, más bien, es a la literatura que no sabe captar esta autenticidad del hombre moderno, sino que describe a un bibelot, como dices, una quimera.

    Ahora bien: yo sí aproveché esa definición de Eliade para criticar a aquellos que creen en sus valores inamovibles. Pues tampoco creo que se pueda hablar de convicciones firmes y bien enraizadas, puesto que no las veo concordantes con la naturaleza flexible y cambiante del ser humano.

    En cuanto a 'yo opino, creo'/'opinamos, creemos'... si hago memoria, creo jugar con ambas personas verbales. A veces me gusta blindarme tras la primera persona del singular, porque aun a pesar de ser mi opinión una mezcla de tantas y tantas verdades y mentiras que circundan por el mundo, es la 'mía' frente a la 'tuya' o la 'suya' en un momento dado. La 'mía' que puede cambiar en cualquier momento seducida por otras verdades y mentiras bajo la forma del argumento.

    Me alegra y comparto el gusto.



    Beauséant, vienes con otra visión. Ya no solo es que no tengamos opiniones propias, sino que defendemos una que hemos elegido en un momento dado contra viento y marea, sea cierta o no. A veces pienso si no es más el orgullo de que esto o aquello lo haya dicho 'yo' (el ombligo de mi mundo y por ende, del mundo) lo que cuenta más que lo que sea que haya dicho.

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