lunes, julio 30

Política. Referéndum. Rumanía. Opinión.

Lo he intentado. Primero en los medios por los que suelo tener alguna preferencia, mayor, menor afinidad de pensamiento. Después fui a por los otros, los que de vez en cuando leo para ver cuánta imaginación tienen para la mentira. Incluso he buscado medios que ni sabía que existían. No he logrado encontrar una noticia que guardara un mínimo halo de verdad, que no fuera tan sesgada que se hiciera abominable leerla. He sentido ganas de vomitar varias veces leyendo las noticias estos últimos minutos. Tanta aberración. 

Con horror he leído imbecilidades en periódicos en los que tenía yo un poco de confianza. Lo que me lleva a pensar si puedo seguir fiándome de alguno. Si con todo lo que no conocemos de primera mano actúan como en el tema que a mí me interesaba, empiezo a creer que no sirve de nada leer la prensa.

Así que voy a escribir mi opinión, mi verdad, que no La Verdad, fruto de todo lo que he visto, oído y, ante todo, vivido. Pienso que se lo debo; a alguien, a quien le interese, a mí, quizá. A todo esto, el contexto: Rumanía, presidente suspendido, 'golpe de Estado', Angela Merkel, referéndum, hoy.

Hoy se ha escrito historia, y no son solo palabras bonitas. Aunque parece que pudiera servir para más bien poco. Pero antes de adelantar acontecimientos, convendría hacer más entendible ese contexto, cómo se ha llegado hasta aquí.

Rumanía ha pasado por una dictadura comunista, de la cual puedo decir más bien poco, puesto que no la llegué a vivir. Lo que no me incapacita para poder formarme una opinión de la monstruosidad que supone para el ser humano una dictadura, sea esta de izquierda, derecha, de abajo o de arriba. Tampoco viví la Revolución del '89 ni el fusilamiento de Ceaușescu y su mujer el día de Navidad del mismo año. Lo cual tampoco me impide sentir cierto orgullo por esos pobres infelices de la revolución que murieron por un mundo mejor. Nacería después, en la llamada 'democracia'. La democracia por la que dieron su vida aquéllos. 

Y la 'democracia' que yo conozco... qué puedo decir: es la que ha llevado a mis padres a cambiar de país. Creo que es bastante simple de entender, pero de todas formas, querría darme el gusto de detallarla un poco. Podría hablar de nuestra sorpresa al llegar aquí y ver que no había que pagarle ni darle nada al médico en cada consulta, a pesar de ser este de la sanidad pública. La anécdota es literal. Y es que aun estando ya pagados con nuestros impuestos, allí no se concibe recibir algún servicio público sin soborno. Sea del sanitario, del policía, el juez, el administrativo, ni el cura, vaya.

Llega a tal nivel la corrupción que ni siquiera es sentida por el pueblo. Está a la orden del día, no se cuestiona, es lo que hay e imagino que se da por hecho que es lo que habrá por mucho y mucho tiempo. Es malgastar saliva en vano criticar el sistema. 

No se confía en los políticos, en la justicia. La ley es, llanamente, el dinero. Es el único poder que vale. Se da por supuesto, nuevamente, que el político nunca hará nada por el pueblo, que está donde está sólo en beneficio propio y de los suyos, que hace las leyes que le convienen a él y que a ti sólo harán que empobrecerte más y más. Se burlará de ti en tu cara mientras te estafa, te quita libertades, derechos, vida, en fin. 

Sobre el alcance educativo, artístico, cultural, moral del pueblo llano, o más bien el embrutecimiento o la falta de estos, más tinta gastada en vano. La estupidez es reina, como no podría ser de otra manera. Se intenta imitar a los políticos, si estos mienten, timan, roban, nosotros también. Entre nosotros. Homo homini lupus. Si tenemos un presidente imbécil, nosotros aún lo seremos más. La codicia, la envidia, la hipocresía, el odio, menudas perlas tenemos colgadas.

Y es que a tal esperpéntica situación, democrática, eso sí, y de la que no he dado ni la primera pincelada, la respuesta del pueblo solo puede ser mediante el conformismo a la misma, intentando sacar el máximo provecho posible, el conformismo sin más, sin siquiera poder sacar partido o el deseo del cambio. Cambio que únicamente se ve plausible como mudanza del país. 

PERO, pero... con la decadencia empieza la renovación. Y es lo que parece que ha comenzado a gestarse en los últimos meses, años quizá. Un despertar, algo que haga un poco de justicia al cantar ese himno que dice exactamente eso: ¡Despierta, rumano, del sueño de muerte (en el que te sumieron los bárbaros tiranos!); que tanto hace ensalzarse a esos patriotas que ni siquiera saben qué cantan. 

La gente empezaba a sentir que sentir tanto malestar tampoco era aquello de lo más guay. Encima venía también la crisis esa que estaba asolando Europa entera. Crisis sobre la crisis intermitente que allí siempre se ha vivido. ¡Pero Europa, nuestra salvación, hundiéndose!

Una queja por aquí, otra manifestación por allá, y parecía que la cosa empezaba a arrancar. El vaso hacía tiempo que se había colmado y parece que empezábamos a darnos cuenta de que estábamos inundados hasta arriba. Tan grande dejamos que fuera el vaso. Pero esto ya no podía ser. Tenemos que tomar el poder, no podemos seguir permitiendo que nos roben y quedarnos de brazos cruzados, abajo la corrupción, abajo con nuestros males. 

Yo no podía ver con más escepticismo el supuesto despertar. Si ya aquí, en España, la situación, que estaba mucho mejor, se está yendo a pique y nadie hace nada y si lo hace tampoco sirve para nada, no creía en la posibilidad de un cambio pronto en Rumanía. 

Sin embargo, ver la suspensión del presidente Băsescu, persona deplorable donde las haya, que ha arruinado más, si cabía, su país, que no ha hecho sino seguir los juegos de la canciller germana, no sabiendo ya cómo ni a quién lamer el culo mejor en busca de un poco de atención, mientras, por descontado, iba enriqueciéndose más de lo que ya lo era..., no quisiera extenderme en escupitajos, no me agradan sin piedras; bien, ver su suspensión me devolvió un poco de fe. 

No defiendo que los que le están sustituyendo ahora sean arena de otro costal, todavía no los conozco lo suficiente. Pero por ahora nos están salvando; y el referéndum es la mejor muestra. Por más críticas que hayan recibido incluso de la Merkel, que se preocupaba, vaya por Dios, por la democracia y su respetabilidad en lo que se ha llamado incluso ¡golpe de Estado! 

A veces no sé si tal nivel de imbecilidad puede existir sin ser ficticio. ¿De verdad nos están gobernando tales ignorantes que no se enteran de nada o es que no quieren enterarse? Sea como fuere, yo me empiezo a cansar ya de la señorita Angela y su unión europea, su prepotencia y su control ya no solo sobre la economía (por si esto era poco, desde luego), sino ahora hasta sobre cuánto se está respetando la democracia en tal o cuál país. ¿Y si no se respeta, qué? ¿Y acaso, hasta ahora, se ha respetado? ¿Se está respetando en Grecia, en Portugal, en Irlanda, en España? ¿No supone una falta de democracia no llegar a fin de mes, no encontrar trabajo, los suicidios, estar bajo el yugo alemán? 

Eso no es falta de democracia. Quitar a un presidente corrupto sí. Quitarlo mediante referéndum, parece que también. Pues por la ley del 50+1, si no hay más del 50% de la población rumana que haya votado hoy en el referéndum, lo que hayan dicho el 46, 47.. 50%, ocho, nueve millones de personas, no cuenta. Se limpiarán el culo con nuestro voto y Băsescu volverá a la presidencia. Eso es democracia. Pero que ese mismo señor y sus secuaces estén en campaña electoral diciendo que la gente no fuera a votar no es falta de democracia. 

Y es que resulta que los votos están ahí-ahí. Dícese que la población que ha ejercido su voto supera el 52%.  Dícese que no llega ni al 46%. Dícese muchas cosas. En la prensa española, solo payasadas, mamarrachadas, aberraciones. En la rumana, más de lo mismo. Sólo hay un canal de televisión que se salva, Antena 3. La única que no es pagada por Băsescu y a la que éste aborrece hasta límites insospechables. A veces veo el escándalo y los insultos que el presidente suspendido y su partido hace a tal televisión y sus presentadores y no doy crédito a que sea la vida real lo que ven mis ojos. Amenazas de muerte, a los mismos y a sus familias, llamadas telefónicas por la noche, 'accidentes'... ¿Diplomacía? ¿Jefe de Estado? ¿Vergüenza, respeto? ¿Qué es eso?

Bien, pues sucede que si el número de votos no pasa del 50+1, el referéndum no es válido. Y entonces, me pregunto yo, ¿qué? 

Que haya quien no haya votado o que haya votado en contra es, bueno, el indicador de enfermedad moral y mental que hay en el país. Es el mar de ignorancia en la que nada la masa, esa gran masa de... idiotas. No me merecen más respeto, ¿la inmoralidad? ¡Eso es inmoralidad, señores! Dejar que te pisen, que te meen encima y además agradecerlo. 

Que haya quien, aún teniendo hasta las 23h para votar, haya esperado para ir hasta las 22.40h, haciendo colas enormes y corriendo el riesgo de no poder votar, mientras que hasta las 17h había ido apenas el 25% de la gente, me parece de una subnormalidad profunda. Pero bueno, al menos han ido. 

Pero que el señor en cuestión, aún y con ocho o nueve millones de personas en su contra, vaya y decida volver a su cargo... Eso, sólo se merece una revolución. Y que Merkel y compañía se atrevan a decir algo. Que la revolución puede estallar en más sitios (y en España ya tarda).


No sé qué pasará mañana. Tampoco sé que ha pasado en las dos últimas horas que he estado escribiendo esto, y ahora que he querido entrar en la web de Antena 3 (la rumana), me encuentro con que da error. En fin, esto también es democracia. ¡Pues que la disfruten!


PD. Mientras Proverbia me envía la frase de hoy: Nadie puede aterrorizar a toda una nación, a menos que todos nosotros seamos sus cómplices. E. R. Murrow