martes, julio 10

Prueba

Hagamos una prueba. Tienes la hoja en blanco, el destinatario y tus dedos preparados. Tienes tiempo, también, cosa de la que no muchos pueden alardear. Tienes una oportunidad. No dos ni tres ni veinte mil. Una. Piensas. Te das el lujo de pensar. Puedes escribir lo que te venga en gana en ese espacio inmaculado, pero con la condición de que contará cada palabra, cada frase, cada signo de menos o de más reflejará el terror, la inseguridad, o la calma y un mínimo de salud mental - términos ambiguos donde los haya. No has empezado todavía y piensas en ponerte alguna canción de fondo. Que quizá te ayude. Quizá te dé la clave. Sabes de antemano que sólo estás haciendo tiempo, sabes que sabes algunas cosas que podrían servirte de ayuda en esto, pero decides olvidarte de todo eso y bueno, hacer algo así como dejarse llevar. Ya has cambiado más de diez tipos de música distintos y no han pasado ni cinco minutos. Por un momento se te ha encendido una lucecita sobre cómo empezar. Te has enganchado con el principio y has conseguido unos tres párrafos... basura. Tachas, borras, a la mierda con todo. Cuanto más lo intentas, menos claro lo ves. ¿Era la prueba, no? Pues he ahí los resultados: no es el momento. No ahora. Quizá nunca. Pero desde luego, no ahora. Y por supuesto que cuanto más corra el tiempo, más tarde será - ¿podría ser de otra manera?. Pero es que ya es bastante tarde, ¿no ves que es la luna quien te alumbra desde hace unas buenas horas ya? Tu problema es que tampoco sabes qué quieres. No es suficiente con saber que quieres escribir. Hace falta tener algo que decir. Y un propósito. ¿Solo escribir por escribir? ¿Y luego qué? Ah, y luego qué...