viernes, agosto 31

Hogares

Tengo no sé cuántos libros empezados. De buenas a primeras, cuento unos seis o siete, aunque si miro mejor, superan la decena y vergüenza me da seguir buscando. 

Tengo un no sé qué en mí que me hace sentir culpable al dejar un libro sin acabar. Antes me pasaba incluso no poder empezar otro sin acabar el que andaba leyendo antes.

Pero poco comienzan a importarme todos esos libros, los que nunca acabaré, los que acabaré en un año o veinte. No me apetece leerlos.

Pero el hambre de lectura siempre ruge en las paredes del cerebro.

Así que voy a lo seguro, a los libros leídos, releídos y las miles de veces que les quedan por ser leídos. Es como volver al hogar, donde se sabe uno siempre bien.

Diría que con todas las cosas del mundo sucede lo mismo. 

Los lugares, las personas.

Y poco más importa.

jueves, agosto 30

Habráse visto

Cuando te acabas de dar cuenta de haberle dado a algo una importancia capital, mientras que la otra persona no le daba la más mínima.

Mejor, piensas para consolarte, aunque no puedes evitar sentir como ese virus letal de la estupidez te arranca entrañas por dentro.

Y piensas, ¿y con tanta facilidad lo que a ti te ha costado un medio infarto? Lo siento, me habéis engañado. Me habéis dado una cosaquelate de lo más inservible, quiero mi dinero de vuelta.

Y se te ocurre maldecir agosto. Agosto, que el pobre siempre te ha traído buenos recuerdos y en su saco se ha portado bien también este año, y tú lo maldices. Porque hoy lo maldices todo. Pasado, presente, futuro inmediato. 

Tenías que haber visto tu cara, llevas unos días metiéndote en situaciones de lo más absurdas, que curiosamente para los demás son de lo más normales y llega tu turno y te darían ganas de tirar el tablero -en sus cabezas. Pero tienes que elegir pieza y seguir jugando como si todo siguiera bien. Porque todo está bien. O eso es con lo que tú te encuentras, tú, pobre, preocupada por creerte que todo no estaba tan bien.

Cara de idiota se te está quedando estos días. Así cómo no vas a maldecir agosto. Qué absurdo eres, agosto. En qué berenjenales me metes, agosto, qué te he hecho yo. 

Aunque vuelves a pensar que le estás dando de nuevo más importancia a las cosas de la que tienen, pues mira que maldecir un mes... Qué culpa tendrá el tiempo de todo esto (já).

Pero no pasa nada. Dentro de poco te largas. Llega septiembre, llega el cambio, vida nueva y hasta la vista.

Tendrás tiempo de olvidar toda la incoherencia de agosto mientras te cagas en la mudanza y en el cambio y en todo lo bueno que supuestamente te espera. Que así son todos los cambios, nadie los quiere, aunque los quieran.

En fin, que para seguir en la línea, el texto te parece de lo más disparatado que has escrito últimamente. Pero es que otra cosa no te sale. Porque así te parece la vida ahora mismo. 

Joder, y de repente todos los locos que estaban en tu misma trinchera ahora parecen estar cuerdos, y te ves aquí, sola. Y encima tienes que aguantar las miradas de superioridad del otro lado. Del de los cuerdos de atar.

jueves, agosto 16

Mientras suena Chavela Vargas

Me he enterado hoy de la partida de otra gran voz. Voces de esas que hacen mantener la esperanza en la humanidad. 

Recuerdo que precisamente antes de mi escapada la andaba escuchando, aunque no se puede oír largo tiempo a Chavela Vargas sin caer en una profunda..., pongamos para entendernos, melancolía.

Qué días más extraños son estos. Este agosto está lleno de fechas señaladas en el calendario, y me viene así desde hace ya unos cuantos años. Acontecimientos que se han ido sumando a la memoria y aquí están, de golpe, en un mes. Y este año no ha querido pasar sin escribir su historia propia también.

No quería volver. No quería volver ahora igual que tampoco lo quería hace un año. Observo que mi deseo de huida sigue tan fuerte como hace un verano. Aunque el miedo a lo desconocido, que aún se está desperezando, empieza a latir con misma intensidad.

Y ah... ahora casi siento brotar otro deseo, quedarse querría este. Ahora que me iba haciendo a mí, que empezaba a encontrar cierta estabilidad placentera y el mar había calmado sus olas...

El sutil problema es que ahora los sueños de antaño ya tienen billete de avión. Y a pesar de que la fecha de vuelta también viene marcada en un principio, no sé yo cuánto se acercará a la real. 

La última vez que me fui sabía que me iba para mucho más tiempo del previsto. Casi diría tener la misma sensación ahora.

Quizá que suene Chavela Vargas de fondo me influya a la hora de preguntarme de si me despediré de todos cuando me vaya. De todos de los que tendría que despedirme. De si no me dejaré a alguien por el camino. De si no me arrepentiré después por no haberme despedido de tal o tal otra persona. 

Nunca más es mucho tiempo. 

Esa frase me da vueltas por la cabeza estos días y no logro deshacerme de ella. No sé dónde me quiere llevar. No sé si tengo fuerzas para saber dónde me quiere llevar. (Sólo sé que dejar de hacer durante toda una vida alguna cosa se me hace tan grande de llevar. Pero cosas así pasan, ¿no? Y cosas peores. Y la gente sigue viviendo.)

Lo dicho, que son fechas extrañas estas. Demasiados recuerdos. Y muchos nuevos también que asimilar. 



miércoles, agosto 1

Te quiero libre

Devolver la libertad a tiempo puede ser el mayor acto de amor se le puede hacer a la persona amada.

Antes de que la juventud entregue sus mejores años, su inocencia, su inexperiencia. Y condene su futuro.

Mucho ha de valer alguien para entregarle ya no la vida entera, sino la belleza y el aliento de la juventud.

(Igual sucede con las ciudades: mucho ha de valer alguna para uno decidir vivir allí toda su vida.)

Por desgracia, no es que no existan tales personas o tales ciudades, que de hecho, aunque pocas (o no), existen, sino que la mayor parte de las veces no es elección, sino conformismo. Falta de conocimiento. Falta de ganas de conocer. Falsa seguridad. Etc. Una pena. Vidas tristes y normales.