sábado, diciembre 29, 2012

Vivir

La verdad, ¡qué palabra!

La mayor estupidez que el espíritu humano ha podido concebir es la idea de la liberación mediante la supresión del deseo. ¿Por qué frenar la vida, por qué destruirla para obtener un beneficio tan estéril como la indiferencia total y una liberación ilusoria? ¿Cómo se osa hablar aún de la vida cuando se la ha aniquilado en uno mismo? Estimo más al individuo de deseos contrariados, desgraciado en amor y desesperado, que al sabio impasible y orgulloso. Se debería liquidar a todos los sabios de la tierra para que la vida pueda continuar existiendo tal como es, ciega e irracional.
Odio la sabiduría de esos hombres a quienes las verdades no les afectan, y que no sufren a causa de sus nervios, de su carne y de su sangre. Sólo amo las verdades vitales, las verdades viscerales que provienen de nuestra inquietud. Todos aquellos que piensan de manera vital tienen razón, pues no podrán encontrarse argumentos decisivos contra ellos. Y, si se encontraran, no resistirían a una utilización abusiva. Que haya personas que buscan aún encarnizadamente la verdad me deja estupefacto. ¿No se ha comprendido todavía que no existe?

Miseria de la Sabiduría

Odio a los sabios por su complacencia, su cobardía y su reserva. Amo infinitamente más las pasiones devastadoras que un talante uniforme que vuelve insensible al ser tanto respecto al placer como respecto al dolor. El sabio ignora lo trágico de la pasión y el temor a la muerte, de la misma manera que desconoce la fuerza y el riesgo, el heroísmo bárbaro, grotesco o sublime. El sabio se expresa con máximas y da consejos. No vive nada, no siente nada, no desea ni espera. Se complace en nivelar los diversos contenidos de la vida y asume todas sus consecuencias. Mucho más complejos me parecen aquellos seres que, a pesar de esa nivelación, no cesan sin embargo de atormentarse. La existencia del sabio es una existencia  vacía y estéril, pues se halla desprovista de antinomias y de desesperación. Las existencias que se consumen a causa de contradicciones insuperables son mucho más fecundas. La resignación del sabio procede del vacío y no del fuego interior. Yo prefiero mil veces más morir a causa de ese fuego que a causa del vacío y de la resignación.


En las cimas de la desesperación, E. Cioran

viernes, diciembre 21, 2012

Semanas antes del fin del mundo

 Sabes perfectamente qué es lo que haces aquí,
pero cuando realmente lo aceptes,
será demasiado tarde para todos.
 
Y de repente, te paras. En la hora menos apropiada. Miras delante: desde este cuarto piso las vistas son magníficas. Aunque sea de noche. Aunque sea domingo. Aunque estés en una biblioteca. - Piensas, de vez en cuando piensas: - qué cojones estás haciendo aquí. Bajas la mirada - en la rotonda los coches giran por la izquierda. Sabes que enfrente hay una montaña porque las luces de la ciudad van alzándose poco a poco al cielo. Quizá sea John Lennon. Quizá sea el café. O la mezcla. O Kultur Shock, o Chavela Vargas, o todos, o pasar tan rápido de un estilo a otro. Quizá sea la noche. Quizá sea que a dos mil km..., mientras que a menos de un metro..., pero ah, tonterías. Hacía tiempo que las letras no se dignaban a salir y ahora se pelean por ser escupidas atropelladamente, la mano temblando, quieren expresar ese mar de nada cuyas olas sólo la noche, en algunos momentos, nos desenreda y nos descubre algunos de sus secretos más oscuros. Más crueles. Si es que hay crueldad en el alma humana y no es más que tristeza, tanta, demasiada tristeza. Quién sabe. Tan solo son las ganas de no parar de escribir. Adoras este instante. Adoras el nerviosismo del café, de la noche, de la distancia de menos de un metro. Gritarías, si es que no es lo que andas haciendo escribiendo estas letras. Con que solo alguien te escuchara a tiempo y parara el embrujo.  Los coches siguen circulando al revés. Allá fuera, el mundo sigue su marcha normal: a la inversa. ¿Quiénes son los locos? Pronto será de día y la cuestión es que no deseas que ésta llegue. Te asusta, como hace unas horas te asustaba la llegada de la noche. Oscuridad, bendita oscuridad.

martes, diciembre 18, 2012

El corazón perplejo

Desventurado corazón perplejo,
inconsecuente corazón,
no dudes.
No tiembles nunca más por lo que sabes,
no temas nunca más por lo que has visto
.
Calamitoso corazón,
alienta.

Aprende en este ahora
el pálpito que vuelve con lo eterno,
para latir conforme en valentía.
Los números del mundo están cifrados
en la clave de un sol tan rutilante
que te ciega los ojos si calculas.
Ciégate en esperanza,
errátil corazón,
suma los números.
Un orden en su imán te está esperando.

Desde el final del tiempo se levanta
un ácido perfume de hojas muertas.
Respíralo y respira su secreto.
Abre de par en par tu incertidumbre.
No permitas
que encuentre domicilio la tibieza,
ni que este inescrutable amor oscuro
cometa el gran pecado de estar triste
.
Acógete a ti mismo en tus entrañas
con tu abrazo más fuerte,
tu mejor padre en ti, tu mejor hijo,
gobierna tu ocasión de madurez.

Insiste una vez más,
aspira en estas rosas
su pútrido fermento enamorado.
En este desvarío de tu voz
se desnuda el enigma, transparece
la recompensa intacta de estar siendo.

Aquí estamos tú y yo,
altivo corazón,
en desbandada.
A fuerza de caer, desvanecidos.
y a fuerza de cantar,
enajenados.



Carlos Marzal.

miércoles, diciembre 12, 2012

Cualquiera de estas noches...

La desesperación a ciertas horas de la noche simplemente no es buena.
       La noche, tan poco sutil abriéndonos las puertas de los abismos que el día nos tiene encerrados bajo siete llaves.
              La desesperación, que tanto pide y tan poco tiene, la paciencia, la paciencia, la madre de toda virtud, la paciencia, dónde está la paciencia.
 
Es estúpido pensar que a veces basta con contar hasta diez para dejar de hacer algo que nos quemaba las entrañas por ser llevado a cabo.
 
Cuántas veces pensar aquello de: espera hasta mañana: si en la mañana sigues queriendo hacerlo, lo harás. Pero 'mañana' suena siempre tan lejano. Y las cosas que se quieren ya. Y tras dos segundos de indecisión: no puedo esperar, he de. Ahora o nunca.
 
Así con todo.
 
Y así va todo.
 
Es lo malo -o lo bueno- de la noche. Tan tentadora mostrando cuántos misterios tendría para desvelarme. Yo quisiera que nunca me pillara despierta. Es difícil cuando se vive en una ciudad donde a las tres atardece. Me es díficil negarle algo a la noche. Me es díficil parar en seco pensamientos, sentimientos y acciones hasta que vuelva a ver la luz del día. Cuando la noche me enseña tanto.
 
Tentadora y rastrera. A veces no quiere más que destrozarnos, envidia, tal vez, de ver que todo sigue su rumbo -estabilidad-. Sus encantos son engaños, sus misterios, arenas movedizas. Luego llega el día y qué. La noche se esconde y sólo nos queda ver el desastre que acabamos de provocar. Ver, llevar a cuestas. Cambio, contínuo cambio.

lunes, diciembre 03, 2012

Sometimes

A veces es una pena ver el curso que toman las cosas. Poco a poco, sin prisa, pero sin pausa.
Es una pena, sí. Y el intervenir... empieza a verse como falto de sentido. Ya, para qué. Si tampoco se tiene nada mejor para aportar. Ya, para qué. Si no se tiene derecho a intervenir.
Si es la destrucción el sino, ya empieza a cansar ser la única que lucha en contra de su llegada.
Qué pena, qué pena, ¿...qué pena? ¿Es realmente una pena?
Que cada unx luche por lo que desee. Si no se atreven, pues que lo pierdan todo.