viernes, diciembre 21

Semanas antes del fin del mundo

 Sabes perfectamente qué es lo que haces aquí,
pero cuando realmente lo aceptes,
será demasiado tarde para todos.
 
Y de repente, te paras. En la hora menos apropiada. Miras delante: desde este cuarto piso las vistas son magníficas. Aunque sea de noche. Aunque sea domingo. Aunque estés en una biblioteca. - Piensas, de vez en cuando piensas: - qué cojones estás haciendo aquí. Bajas la mirada - en la rotonda los coches giran por la izquierda. Sabes que enfrente hay una montaña porque las luces de la ciudad van alzándose poco a poco al cielo. Quizá sea John Lennon. Quizá sea el café. O la mezcla. O Kultur Shock, o Chavela Vargas, o todos, o pasar tan rápido de un estilo a otro. Quizá sea la noche. Quizá sea que a dos mil km..., mientras que a menos de un metro..., pero ah, tonterías. Hacía tiempo que las letras no se dignaban a salir y ahora se pelean por ser escupidas atropelladamente, la mano temblando, quieren expresar ese mar de nada cuyas olas sólo la noche, en algunos momentos, nos desenreda y nos descubre algunos de sus secretos más oscuros. Más crueles. Si es que hay crueldad en el alma humana y no es más que tristeza, tanta, demasiada tristeza. Quién sabe. Tan solo son las ganas de no parar de escribir. Adoras este instante. Adoras el nerviosismo del café, de la noche, de la distancia de menos de un metro. Gritarías, si es que no es lo que andas haciendo escribiendo estas letras. Con que solo alguien te escuchara a tiempo y parara el embrujo.  Los coches siguen circulando al revés. Allá fuera, el mundo sigue su marcha normal: a la inversa. ¿Quiénes son los locos? Pronto será de día y la cuestión es que no deseas que ésta llegue. Te asusta, como hace unas horas te asustaba la llegada de la noche. Oscuridad, bendita oscuridad.