sábado, diciembre 29

Vivir

La verdad, ¡qué palabra!

La mayor estupidez que el espíritu humano ha podido concebir es la idea de la liberación mediante la supresión del deseo. ¿Por qué frenar la vida, por qué destruirla para obtener un beneficio tan estéril como la indiferencia total y una liberación ilusoria? ¿Cómo se osa hablar aún de la vida cuando se la ha aniquilado en uno mismo? Estimo más al individuo de deseos contrariados, desgraciado en amor y desesperado, que al sabio impasible y orgulloso. Se debería liquidar a todos los sabios de la tierra para que la vida pueda continuar existiendo tal como es, ciega e irracional.
Odio la sabiduría de esos hombres a quienes las verdades no les afectan, y que no sufren a causa de sus nervios, de su carne y de su sangre. Sólo amo las verdades vitales, las verdades viscerales que provienen de nuestra inquietud. Todos aquellos que piensan de manera vital tienen razón, pues no podrán encontrarse argumentos decisivos contra ellos. Y, si se encontraran, no resistirían a una utilización abusiva. Que haya personas que buscan aún encarnizadamente la verdad me deja estupefacto. ¿No se ha comprendido todavía que no existe?

Miseria de la Sabiduría

Odio a los sabios por su complacencia, su cobardía y su reserva. Amo infinitamente más las pasiones devastadoras que un talante uniforme que vuelve insensible al ser tanto respecto al placer como respecto al dolor. El sabio ignora lo trágico de la pasión y el temor a la muerte, de la misma manera que desconoce la fuerza y el riesgo, el heroísmo bárbaro, grotesco o sublime. El sabio se expresa con máximas y da consejos. No vive nada, no siente nada, no desea ni espera. Se complace en nivelar los diversos contenidos de la vida y asume todas sus consecuencias. Mucho más complejos me parecen aquellos seres que, a pesar de esa nivelación, no cesan sin embargo de atormentarse. La existencia del sabio es una existencia  vacía y estéril, pues se halla desprovista de antinomias y de desesperación. Las existencias que se consumen a causa de contradicciones insuperables son mucho más fecundas. La resignación del sabio procede del vacío y no del fuego interior. Yo prefiero mil veces más morir a causa de ese fuego que a causa del vacío y de la resignación.


En las cimas de la desesperación, E. Cioran