martes, diciembre 31, 2013

Geografía dieciocho meses

* Esto empezó aquí



Fue Madrid. El concierto fue en Madrid.

Sol del Sur, de la playa sin olas, sol de Portugal
Sol del coche, sol de las tiendas de campaña.
 Mi Salamanca de Unamuno.

El Norte de las muchas escalas.

Castellón, plaza Borrull a las 8 de la tarde.

Sheffield. Sheffield y la esperanza, Sheffield y la felicidad. Los buenos comienzos. 

Cambridge, el paraíso. Stephen Hawking paseando.

Manchester, domingo en la mañana, ciudad muerta, ciudad terrible. 

Acompañada en Londres, York, Liverpool, Edimburgo. 
¿Y volví sola de Edimburgo? Fue así, creo, pero no lo recuerdo. 

Entretanto, trenes, autobuses, aviones bcn-cs-reus, el infierno en dos noches.

Entretanto, la nada. Sheffield. Sheffield con él, Sheffield con nadie más. Sheffield triste como su tiempo triste, su tiempo lluvioso, su tiempo gris. Sheffield de los peores errores.

El fin, o el comienzo. México. Lindo y querido. México maravilloso. México vivo. México alegre. 

México salvaje. 

México de los amantes, de los robos a mano armada, de las pláticas y las chelas, del DF, grande, grande, grande.

México del mezcal de Oaxaca, de la playa de Huatulco, del Cervantino, del bautizo en qué sabe qué pueblo ancestral, de los alacranes, México de mi bosque encantado, mi casa vacía, los amores prohibidos, los amores imposibles, los amores platónicos, los desamores. 

México de Hollywood, México de Nueva York

México de 'no me quiero regresar', 'quiero volver a ti'. México de los adioses y también de las no-despedidas.

Cork. Dublín abortado por mi maleta rota y mis mocos. 
Cork de la amistad. Cork de la pareja perfecta. 

Sants, ...otra vez Sants. Mi querida Barcelona, cuánto hubiese dado por verte. Por llorarte, si lágrimas hubiesen querido salir. 

Vuelta a casa, diciembre de no hacer nada. Almazora vacía. Vacío, vacío, vacío. Empezar a echar de menos. 

Granada del chico marroquí. Mi hombre perfecto tendrá su voz. Granada de la carretera a Sierra Nevada. La carretera de las curvas, el sol enfrente, el mínimo carril, el casi choque. ¿Y si hubiera chocado? No, no era un buen día para morir. 

Vuelta a casa, y en medio de la nada, algunos reencuentros. Palabras, palabras, palabras y abrazos. La amistad que acaricia el duende de la nostalgia. Amistades, amistades de una vida, que nos descolocan: 'yo no tengo tan claro que no le quieras.' ; 'me impresionó cuando me dijiste que no estarías más con él: lo quieres, lo amas diría incluso, pero prefieres marcharte porque sabes que no serás feliz; me parece un acto de profunda sinceridad con una misma.' Y de todo lo que os conté, concluís que aún le quiero. Es patología, repito, repito, repito. Tan sólo con él dudo de mi cordura. Me vuelve triste, no puede ser amor. O es un amor triste. Pero no quiero un amor triste. Es este lugar, es el continente. La vieja Europa. En América tuve un amor feliz. Se puede, descubrí que se puede. Pero este tonto corazón, tonto, tonto, tonto.

Vuelta a casa, despertar a las 12 y preguntarse si era éste el último día del año. Y sí, ya llegó. Vete, 2013, vete y llévate al 2012 contigo también. 

miércoles, noviembre 27, 2013

*

No sé, es extraño. Es extraña la sensación de saber que nunca más sabrás la verdad. Que la única manera de saberla es estar en ese lugar; pero ese lugar te ha sido vetado. 

Así que intentas, desde las opciones que te quedan, acercarte de alguna manera a la verdad. Preguntas a lxs que sí pueden estar en ese lugar, ese sitio que es de ellxs, finalmente. Escoges a quién preguntar, sabiendo que dependiendo de a quién elijas, sus palabras se acercarán más o menos a los hechos.

Pero tampoco te convencen aquelles de quienes esperabas más honestidad. No, es esta sensación que no sabes describir: sólo puedes saber la verdad que tus propios ojos pueden darte. Ya no hay manera de confiar en el Otrx. 

Es curioso que lo único que nos mueve a interactuar con les demás es esta fe ciega en que el otrx también nos está diciendo la verdad. Al menos, cierto grado de verdad. Fe ciega. Es increíble. Todo lo que tenemos al principio es fe. 

Hasta que un día, en una cierta hora, en qué importa qué lugar, se pierde. 

Y sólo queda... este sentimiento de extrañeza. De sentir cada vez más lejano ese lugar que una vez llamaste tu segundo hogar. 

domingo, noviembre 24, 2013

Hazme literatura

Bórralo. Bórralo todo, por Dios. Bórranos, borra lo que creamos, borra lo que fuimos. Yo te estoy borrando, ya no escribo, desescribo. Nos leo y nos borro. Compulsivamente, obsesivamente, nos borro. Estoy borrándote también de mi piel, con estropajo, que sangre, quiero mudar de piel; te borro de mi boca, te fumo, te bebo, te escupo, te vomito, te lloro, hasta que no quede ni rastro. Sin mirar atrás: me lavo los ojos con detergente. Nos recuerdo para desdibujarnos. Estoy borrando tu cara, estoy borrando tu voz. Tu mirada, tus ojos. Tu boca, tus labios. Tu mano cogiendo mi mano. Tú abrazándome. Tú no dejándome ir. Tus besos en mi espalda. Tus cosquillas, mi risa. Mi cabeza sobre tu pecho, nuestras piernas entrecruzadas. Borra todo eso. Sácalo de mí. Quema esta cama, quema la casa por entero. Quema todos los lugares que compartimos, te doy la lista. Borra el recuerdo, borra también mi corazón. Bórralo por entero. Por Dios, borra también a Dios. Tampoco existe. Nunca existió. Nunca existimos. Bórranos, mátanos. Mátame.

jueves, noviembre 21, 2013

Me pregunto si estabas pensando, como yo, que esta sería la última vez que nos veríamos. Tal vez no, tal vez aún no lo supieras, yo sí. Nos encontramos de casualidad y de casualidad nos despedimos. Casi sin darnos cuenta. Nunca pensé cuando te dije que nuestra despedida era mejor siendo una no despedida que sería de esta manera. Pero no hay mucho más que hacer; mandamos el mundo a tomar por culo estas últimas semanas y ahora el mundo nos manda a tomar por culo a nosotros. No hicimos nosotros las reglas. Pensaba en esos momentos si había de ser así, si no querría un último beso, un último abrazo. Me alejé un paso al pensarlo. No, para qué. En tu mirada sólo había dolor, pero no por nuestra pérdida. Cuando ya no sabes qué decir y mi silencio no encuentra qué añadir, llega el momento. Adiós. Adiós.

lunes, noviembre 04, 2013

Siento que hay cosas de mí que sólo tú podrías entender. O Dios, si existiera. En momentos como estos quisiera no haber perdido la fe. 

Creo que este podría ser un buen comienzo para el libro que te escribiré.

martes, octubre 29, 2013

Eterna atracción

Cuando ya no quedan palabras que puedan describir nuestro sentir, cuánto bien hace encontrar un otro que pueda hablar por nosotros. A continuación, esta pequeña maravilla que no pudo caer en mis manos sino hoy. 


"Ella sabía que le atraía, porque él se lo dijo. Él sabía que nunca se produciría el contacto, porque se lo dijo ella. Pero entre ambos aún latía la posibilidad del placer: cada cual atemorizado por el otro, se inhibían de pensarlo. Pero era superior a sus fuerzas; como si entre ambos se creara un campo gravitatorio, como entre la Luna y la Tierra, siempre superado por el efecto centrífugo que evita que el satélite choque con el planeta. Él sabía perfectamente que no podía dejar de darle vueltas, y que, precisamente por eso, jamás podría tocarla. Ella sabía también que su mayor fuerza le había dejado en torno a sí, siempre atraído y siempre alejado, pero siempre en torno a sí. No podían separarse. Tampoco podían unirse.



Obviamente, entre ellos había mucho más que mera atracción. Entre dos personas que se buscan y no quieren encontrarse suele haber algo más. Ninguno se atrevía a llamarlo amor. No era necesario. Les bastaba con sentirse cerca de vez en cuando. Podían pasar sin ello unos días, pero pronto tenían que verse, aunque no se dijesen lo que se habían echado de menos. Querían tenerse cerca de vez en cuando para sentir la viveza del otro. Quererse vivos, vivirse queridos. Y así habría de ser siempre; así lo habían establecido.



Hasta que llegó una noche. Ambos solos, separados y olvidados entre sí, tranquilamente leían sendos libros, que nada tenían que ver con los sentimientos entre dos personas. Pero Cupido o alguna divinidad de esa ralea despertó algo en la mente de ella. Ella, por un momento, desistió de ese impulso, mientras quedaba recostada sobre un sofá, con el libro entreabierto y expectante de seguir siendo leído. Miraba al techo, cerraba los ojos y volvía a mirar al techo buscando el infinito, tratando de recobrar su interés por la lectura. Amagó incorporarse, volvió a echarse, ya con el libro cerrado. Su idea de llamarle no se le iba de la cabeza, por más que cerrara los ojos intentando retomar el argumento del libro. Y él, mientras, seguía leyendo el suyo, en su casa, ajeno totalmente a ella. Y sonó su teléfono, y en la pantalla, el número de ella. Fue antes de contestar: sus pensamientos se sincronizaron, en él como deseo y en ella como hecho. Hablaron y el pensamiento se tornó único y, finalmente, se convirtió en hecho.



Ella, la que siempre se había preocupado de mantener a raya la relación, cuidando esa amistad especial, fue quien le propuso verse en un bar. Necesitaba decírselo, pero temía verse a solas. Él, durante meses supeditado a las matizaciones de ella, quería seguir manteniendo aquella falsa amistad como llamaban a aquella atracción, y le pareció bien verse pero no a solas.



En el bar ambos se encontraron más atractivos que nunca, como si hubieran estado preparando aquel encuentro durante largo tiempo. Al principio sólo comentaron cosas del libro que cada uno había estado leyendo antes de hablarse por teléfono. Pero, poco a poco, el silencio de sus miradas fue llevando el peso de la conversación. Quizá fuera un error haberse refugiado en la multitud de un bar, pues en ésta se diluyeron los reparos al contacto físico: por esa extraña cualidad de desplazamiento que tienen las manos con sus dedos, acabaron entrelazándose; por la extraña manía que tienen en los bares de subir el volumen de la música, sus palabras se acercaron casi hasta rozar sus narices. Hartos de tanta bulla, salieron del bar. Pasearon sin decirse nada, hasta que súbitamente ambos comenzaban a hablar. Así, tres o cuatro veces. Siguieron caminando sin rumbo hasta que él le propuso volver a sus respectivas casas. Ambos asintieron ocultando sus deseos y caminaron hacia la casa de ella, la primera viajera en bajar de aquel tren a ninguna parte. Pero antes de llegar al portal, ella se abrazó a él diciéndole: “Te quiero, te quiero. No puedo dejar de pensar en ti”. Él, completamente desarmado, cerró los brazos para acompañarla y, haciendo acopio de firmeza, le dijo: “Yo también te quiero, pero ahora tenemos que irnos”. No hubo más palabras. Se despidieron con dos besos, ella cruzó la puerta del portal y él se dirigió a su casa.


Desde entonces, han seguido siendo amigos. Han seguido queriéndose, pero jamás fueron capaces de terminar los libros que aquella noche dejaron a medias."


Me encontré esta joya aquí: 

domingo, octubre 27, 2013

Leo. Busco. No sé qué busco. Busco, me cansa buscar. Me cansa no encontrar. Nos leo. No sé en qué momento mi memoria decidió borrar todo un año de mi vida. Nos leo; veo que no recordaba nada de lo que sucedió. Cuento quien fui, cuento mentiras. Mentiras superficiales, indoloras, reduccionistas. Nos leo; veo a dos locos de remate. Contigo perdí todo signo de cordura, sólo tengo que releerme. Y no me atrevo a dejarme llevar por los sentimientos que encierra cada letra de ésas. Conmigo perdiste la cabeza, la dignidad, la estabilidad, la salud. No quedó títere en pie tras ese maldito noviembre. Y ese terrible final de enero, que todavía no me he atrevido a contar a nadie. Luego tan solo veo cansancio. Ya no tenía más que dar. Ya no tenía fuerzas. Tú tampoco, lo sé. La rutina se nos comió. Al final, decidimos darnos un buen final. Un último te amo. Un último beso que te arrebaté; no olvides que soy pasión, pareciera que quise decirte. No olvides que, no olvides... no me olvides.

miércoles, octubre 16, 2013

1964 - J.L. Borges


Ya no es mágico el mundo. Te han dejado. 
Ya no compartirás la clara luna 
ni los lentos jardines. Ya no hay una 
luna que no sea espejo del pasado, 
cristal de soledad, sol de agonías. 
Adiós las mutuas manos y las sienes 
que acercaba el amor. Hoy sólo tienes 
la fiel memoria y los desiertos días. 
Nadie pierde (repites vanamente) 
sino lo que no tiene y no ha tenido 
nunca, pero no basta ser valiente 
para aprender el arte del olvido. 
Un símbolo, una rosa, te desgarra 
y te puede matar una guitarra. 

II 

Ya no seré feliz. Tal vez no importa. 
Hay tantas otras cosas en el mundo; 
un instante cualquiera es más profundo 
y diverso que el mar. La vida es corta 
y aunque las horas son tan largas, una 
oscura maravilla nos acecha, 
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha 
que nos libra del sol y de la luna 
y del amor. La dicha que me diste 
y me quitaste debe ser borrada; 
lo que era todo tiene que ser nada. 
Sólo me queda el goce de estar triste, 
esa vana costumbre que me inclina 
al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.

lunes, septiembre 30, 2013

Si tuviera que describir mi sentir en estos momentos, diría que no me siento especialmente feliz. Tampoco siento dolor. Es más bien el cansancio del día más el que me está otorgando poco a poco el vino. Tengo ganas inmensas de un cigarro, es la maldita imagen estética. Quisiera verme en el balcón, con la lluvia y los truenos y relámpagos cayendo, mientras mi cigarro me quema la vida. Y el vino en la otra mano. La música de fondo. Nuevamente, época de Doctor Deseo. No sé cómo pudo gustarme tanto este grupo y cómo es que no puedo deshacerme de él. Pienso ahora en Francis, el cantante. Es pura sexualidad. Recuerdo el concierto. Recuerdo cuánto me excitó verlo en escena. Recuerdo, también, la sorpresa que me llevé al conocerle en persona. Cuerpo pequeño, personalidad inmensa.

No es una hora especialmente triste, desde luego. Me recorren pensamientos sobre el mundo en el que vivimos, que evidentemente entristecen, claro. A veces siento que se me está yendo la vida y no estoy haciendo nada por el mundo. El mundo más allá de mi mundo. Dicen que hay que contentarse con hacer felices a los que una tiene alrededor, eso ya es suficiente pago al mundo. Ya es mucho. Pero serán mis aires de grandeza, la vanidad, mi fe en mi capacidad ilimitada -y en la de todes, aunque no lo sepan-, sin embargo se me queda corta esa idea. Quiero cambiar el mundo, pero el mundo de ahí fuera, ése que se está yendo a la mierda. No éste de les amigxs, de la familia, que bien o mal, va. Aguanta. A lxs que en mayor o menos medida les puedo alegrar el día o la hora con mi presencia. O mi ausencia.

Quiero. Quiero mucho. Quiero todo. Ése es el problema. Quisiera yo todo. Y no sé por dónde empezar.

Paro. Lleno de nuevo mi copa. La música llega; 'en mi misión de apostolado quise follarme al mundo. Y ahora que he perdido la fe, dónde coño hay un lugar donde estar bien. Que vamos rodando por la cuesta abajo y no aprendí a usar los frenos. Si vivir consiste en hacerse más viejo, sólo me queda ser un poquito más listo que ayer.'

Estaba analizando qué significa la imagen para mí y veo que siempre viene acompañada del sonido. Toda figura que pudiera imaginar, no puede venir sin una canción de fondo. Pierde, entonces, todo.

Las épocas de depresión de mi vida han sido también épocas donde la música faltaba.

Depresión, mas no destrucción. Cuando he querido buscar mi autodestrucción, bajar a lo más hondo y doloroso que hay en mí, siempre me ha acompañado la música.

Me pregunto quién soy. A veces me lo pregunto. El espejo no me lo dice exactamente. Sé que quien soy está en mi mirada, pero el resto... ¿ésa soy yo? Bueno, no está mal. Vuelvo a cuidar mi imagen ahora como hacía varios años que no hacía. Es por lxs demás, sí, pero sé demasiado bien que sobre todo es por mí. No puedo evitar enamorarme de mí cada vez que me miro en el espejo.

Sin embargo, ésa del espejo no acaba de ser la misma que está aquí escribiendo esto; no acaba de ser la misma que ésta que piensa, que ésta que siente.

...

domingo, septiembre 29, 2013

A veces, sólo deseo ser tan inteligente como lxs demás piensan que soy.

martes, septiembre 24, 2013

Oda

No me canso de vivir.

Cuánto me excitan tus imperfecciones. Tus desvarios, tus absurdos. Tu desnudez, tu crueldad cuando desde lo alto me tiras, crueldad también disfrazada cuando desde los abismos me recoges. Cuánta impertinencia. Nos vamos cogiendo confianza, ya sabes qué dicen de la confianza. Pero te voy dejando hacer,

batalla tras batalla, sueño, deseo infinito de poseerte.

Deseo que es capricho, deseo que es razón de vivir.

Deseo que lo es todo. Nada, cuando al fin se alcanza en un grito.

Envuelta tan solo en la música, vida, me perteneces.

Despojada de palabras, en silencio, te pertenezco. Entre suspiros, espasmos, delirios, me arrancas de mi soledad.

Cómo podría negarte esta noche.

De entre todas, tan ricas, tan maravillosas, no te cambiaría por ninguna.

Lo que me das, aún en la más grande desazón, desasosiego, demencia pura de querer matarte, es lo que siempre podría querer.

domingo, septiembre 22, 2013

Oración a la vida

¡Sin duda un amigo ama a su amigo
como yo te amo a ti, vida llena de enigmas!
Lo mismo si me has hecho gritar d gozo que llorar,
lo mismo si me has dado sufrimiento que placer,
yo te amo con tu felicidad y tu aflicción:
y si es necesario que me aniquiles, 
me arrancaré de tus brazos con dolor,
como se arranca el amigo del pecho de su amigo.
Con todas mis fuerzas te abrazo:
¡deja que tu llama encienda mi espíritu
y que, en el ardor de la lucha,
encuentre yo la solución al enigma de tu ser!
¡Pensar y vivir durante milenios,
arroja plenamente tu contenido!
Si ya no te queda ninguna felicidad que darme,
¡bien! ¡Aún tienes - tu sufrimiento!

Lou von Salomé.

miércoles, septiembre 18, 2013

Mi límite ético, si alguno hubiera, no se encuentra sino en la estética.

martes, septiembre 10, 2013

- Sabes, el momento hay que vivirlo, la vida no está hecha para perderla. Más vale arrepentirse por haber actuado que por haberse limitado.
- Sí, más vale pedir perdón que permiso, ¿no? río a carcajada limpia mientras me clavas la mirada y cierto sentir en mí me dice: peligro si seguimos por este camino. Estoy totalmente de acuerdo contigo, no he sabido, aunque he querido e intentado, actuar de otra manera. Lástima que tú estés hablando de mí y yo esté hablando de él. Quisiera saber cómo hemos llegado a esta conversación tras lo inocentes que parecíamos en el lenguaje hace tan solo un momento.

Sin embargo, no aparto mi mano cuando me la coges innecesariamente para aguantar el paraguas que sostengo para que no te mojes. Pues yo sí necesito, tanto, el agua en mi piel. Siento tu calor y en el beso de despedida me alargo más de la cuenta; quisiera no habernos marchado de mi casa. Me gusta él, y ahora me gustas tú; tal vez no sea más que ese traje te sienta tan bien, ante ciertas imágenes no puedo resistirme, tampoco ante ciertas miradas. Caeré en tus redes con la misma rapidez que él se aparta de mí, manteniendo distancias.
Tres cigarros - dos - no darán para aguantarme esta noche.

Escribo con desesperación.

Yo criticaba ferozmente el fumar -¡mata!, ¡pero la vida mata!- y ya se acaba el paquete. Nunca aspiré llegar a vieja de todas formas - de qué sirve la experiencia, la madurez, si se acaba la belleza, si el cuerpo envejece, se arruga, se pudre - no... lo atractivo es mezclar la juventud y la inteligencia - que la mente tenga muchos años, el cuerpo que esté bien joven - inteligencia digo, y acabo de escribir una de las frases más estúpidas que se puedan imaginar.

Se acaba el paquete y la música no salva. No salva en esta noche, la maldita noche. Subo el volumen, quiero dejar de escucharme, quiero confundirme en la música hasta desaparecer.

La irracionalidad clama, el cuerpo pide, desea, anhela, desespera, arrebata el sentido común. El maldito deseo.

Me pregunto si alguna vez aprendí algo que no fuera a través de las personas que me enseñaron. No, por supuesto: el conocimiento... sí, amo conocer - mediante las personas que amo. De otra forma se vuelve inútil, solo teoría. Vano, vacío. Ésa es mi debilidad. Que no sé aprender de otra forma. Ah, ¡y entonces aprendo tanto! 

La impotencia. 

Cómo luchar contra la impotencia - todo lo que dependa de una misma es posible, lo que escapa del control de una misma - y es tanto - es lo más cercano que encuentro a lo imposible

Esperar. ¿Esperar? 

Matar la esperanza. 

¿Cómo? 

Ojalá supiera.

Ojalá supiera ser más racional - pero en la noche me es imposible serlo. La lógica no es posible en el campo de lo humano - en el campo del sentir. ¡Ojalá! Mas ése es el conocimiento que siempre se me ha escapado. 

Ya he sentido este arrebato tantas veces - demasiadas - siempre dije que sería la última vez. Pero nuevamente llega, de sorpresa - o no - y entonces, ¿qué hacer? ¿Cómo controlarlo? 

Escribir, escribir, vomitar todo el sentir, todo el deseo de lo imposible, matar el deseo en la escritura. Al menos esta noche. El día, el Sol, llegarán - pero queda todavía tanto. 

Dedicarse al estudio para olvidar el sentir. 

Sí, cuando es posible la concentración. Cuando el cuerpo se calme. Al final, llega. Pero tras tanta decepción, desolación, tristeza - tristeza infinita de no poder. Si se pudiera gritar lo que se siente - pero en medio de tanta locura, aún queda un resquicio que sabe demasiado bien que el grito es un sinsentido - ¿de qué serviría?, cuando la respuesta ya se conoce. En medio de tanta locura, hay un poco de razón que aplaca el sentimiento. Razón que calla. Razón que encuentra salida a la desesperación en las letras.

Desesperación que encuentra salida en la razón, mediante las letras.

Hay tanto por lo que alegrarse - el resto del tiempo todo es felicidad - menos en la noche. 

Y aún conociendo tan bien, tan dolorosamente la respuesta - No. - no dejo de insistir. Tal vez... tal vez quede una mínima posibilidad. Quién sabe, cómo dejar de intentarlo - arrepentirse por las cosas que se han hecho, aunque lleven al peor de los abismos, pues el dolor que produce el arrepentimiento de no haberlas hecho todavía es mayor. Sí, pero.

Sí, pero.

Pero cuántas fuerzas quedarán tras estrellarse nuevamente. 

¿Pero quedarse con la duda de no haberlo intentado? Nunca lo he logrado conseguir. No he podido quedarme en la duda, en el silencio. Hay todavía demasiada locura de juventud en mí como para poder hacerlo. 

Sin embargo, todavía callo. Todavía no ha estallado el grito. Y en cada oportunidad, cada noche que vuelvo nuevamente a casa tras acallar mi sentir una vez más, la desesperación se hace cada vez mayor. Pero - he de - por sentido común - y este absurdo, esta contradicción tan honda. ¡Hazlo!, ¡No lo hagas! ¿Cómo dormir con tales fuerzas antagónicas que tan alto claman? Tiran de mí hasta sus extremos, y siento romperme. 

No puedo más - quisiera no poder más - pero puedo. Ése es el dilema - que una no muere por un deseo imposible, pero tampoco puede vivir así. 

Estómago revuelto, corazón desbocado y dicen: no, esto no puede quedarse así. No, tanto sentir no puede ser para nada. Es demasiado como para que acabe en nada. Pero.

No se puede hacer nada.

¡Qué locura! ¡No poder hacer nada! ¡Y querer hacerlo todo!

 Dios, si existieras, podrías entenderme tan bien. 


martes, agosto 27, 2013

La escena es terrible. Una hermosura terrible.

Es la última de mis noches en esta casa. 

Salgo al patio, todavía no me he puesto el pijama que nunca uso. 

Aquí estoy, escucho como cae la lluvia sobre el tejado. Desde la mañana que limpiar intenta esta bendita ciudad. Mi último cigarro, en medio del patio, tan solo me rodea el humo. Alrededor paredes, todas durmiendo. O tal vez también estén rodeadas de sus demonios que, como a mí, les impiden llegar a Morfeo. 

Llevo el mejor de mis atuendos. Todo en mí dice elegancia; la americana, el vaquero que mejor enseña mis curvas, el color más sombrío recoge mis pechos. Mi pelo recogido hacia un lado.
Todo en mí quiere decir sexo. 
- No encuentro diferencia entre sexo y elegancia. - 
La escena es sublime. Si estuviera feliz, lloraría. Ahora sonrío de tristeza. 

En la pared que da a mi habitación hay cuadros muy hermosos. Me pierdo en ellos, el cigarro me coloca cual marihuana. Algo bueno tiene no fumar. Yo no fumo.
Tampoco ahora; tan solo es el goce de lo destructivo. No nos equivoquemos: todo es estética. 
Jamás he actuado en base a otro principio. 
En otra de las paredes, cuelga una pizarrita blanca. Las muchachas que aquí viven escriben en ella todos los días frases. Hasta hoy, me dedicaba tan solo a corregirles los errores gramaticales. 

Así soy a veces.

Hoy, considero como símbolo, me toca a mí escribir. Dejo unas cuantas frases. Casi una despedida. 
- Y me quejaba de que sus frases parecían de autoayuda; ¡anda que yo! - 

Ya los pensamientos que se me van formando son letras que quiero después dejar plasmadas en mi pizarra particular. Pero ahora quiero disfrutar del cigarro que demasiado pronto acabo. 
Me tambaleo, la soledad me pone la piel de gallina. 

Vuelvo a la habitación, me miro en el espejo. Me amo, por supuesto que sí. Pero hoy he perdido la partida. La apuesta era grande, grandes las expectativas. Honda la caída. Bueno; honda la melancolía. 
Que dolor, por ciertas cosas, ya no queda.

Y sin embargo, no puedo dejar de enamorarme de esta escena. Es perfecta en su decadencia. Mañana será un nuevo día y el capítulo habrá concluido. Volveré a sonreír como si nada, volveré a mis apuestas una y otra vez; no me canso de jugar. La ilusión, las ganas, todo volverá. 
Pero hoy, qué maravilloso el absurdo de la vida.

lunes, agosto 26, 2013

Roll the dice

Surgen dudas e inevitablemente sale la pregunta: y si debiera no... no hacerlo, no seguir jugando, salirse cuando todavía se está a tiempo, y si no hay sentido, y si todo es fantasía, y si, ah, maldita sea, ya no sé si...

Y entonces, como llamado por arte de magia, se planta ante ti el siguiente poema. 

¡En qué momento!

Enmudezco.

Roll the dice

Si vas a intentarlo, ve hasta el final.

De otro modo, no empieces siquiera.
Si vas a intentarlo, ve hasta el final.
Tal vez suponga perder novias, esposas,

parientes, empleos y quizá la cabeza.
Ve hasta el final.
Tal vez suponga no comer durante 3 o

4 días.

Tal vez suponga helarte en el
banco de un parque.
Tal vez suponga la cárcel,
Tal vez suponga mofas, desdén,
aislamiento.
El aislamiento es la ventaja,
todo lo demás es un modo de poner a prueba tu

resistencia, tus auténticas ganas de

hacerlo.
Y lo harás a pesar del rechazo y las
ínfimas probabilidades

y será mejor que cualquier otra cosa

que puedas imaginar.
Si vas a intentarlo ve hasta el final.

No hay sensación parecida.
Estarás a solas con los
dioses y las noches arderán en
llamas.
Hazlo, hazlo, hazlo.
Hazlo.
Hasta el final.

Hasta el final.
Llevarás las riendas de la vida hasta
la risa perfecta, es la única lucha digna
que hay.


Bukowski
Original, aquí.

miércoles, agosto 21, 2013

martes, agosto 20, 2013

Cuántas horas se supone que han pasado, veintidós, hace doce me moría de sueño, hace diez el césped, el árbol, el sol, qué a gusto cuarenta minutos y cuando me desperté ya todes andaban en las clases. Hacía frío. Siempre llueve de noche. Pero no en la hora de la noche adecuada.

¿Esa mirada existió?

Hace siete el efecto del café había desaparecido, nuevamente sueño, ganas de salir ya. Hace seis estaba fresca como una rosa, ¿alguna vez me había estado muriendo de sueño? Mentira, mentira. Alegría que corre por las venas. El cuerpo en movimiento. Ay. Peligro. 

Siete días para diez minutos de gloria. El lunes se convierte en el mejor día de la semana. 

Y después. Después, ah, maldición, resaca. Insomnio. Pensamientos. Veintidós horas. Hace doce me moría de sueño. Tic, tac. Tic, tac. 2, 3, 4, 4.41h y más pensamientos. Vueltas en la cama. Escribir. Pero qué.

Qué, si la espera es cruel. Siete y siete y siete. No hay muchos sietes, no hay tantos. Conviene reducir el número. 

Sólo duermo los domingos. 

Los vicios se suman como nunca. Libro tras libro, los ojos cansados, vivencia tras vivencia, pies, alma cansados; se han de sustentar en café. Se han de liberar en el baile del humo de cigarro y el baño de alcohol. Antes eran las letras que salvaban. Ahora se quedan lentas. Se trasladan a cartas electrónicas al norte, al sur, este, oeste. Cualquiera que quiera escuchar. Todo, hasta la perversión más placentera.

¿Caben las letras fuera de esas cartas? ¿Cabe todavía escribir? Escribir qué. Pero qué ganas, qué ganas. Inmensas ganas. Sabes, la vida es hermosa. Es jodida y puta como sólo ella sabe y puede, pero tan bella, tan linda. Cómo se divierte con nosotres.

Cuánto te amo, México. Cómo podré volver a casa.

Veintitrés horas, el sueño no llega. Lo no leído en tres años, en apenas cuatro meses. Lo no hecho. Qué bendición, qué maldición. Siempre hay un precio a pagar.

Yo, ya sólo duermo los domingos. 

lunes, agosto 12, 2013

Pequeña joya. Panegírico. Paco Guzmán. Fragmentos.

He visto y he hecho cosas que jamás imaginaríais, lo supe por vuestro asombro cada vez que os las contaba.

He visto las nubes pasar como algodones bajo mis pies sobre el valle del río Deva, en Cantabria.

He amado mucho, hasta querer morirme, fijaos que disparate… y no tengo noticia de haber sido correspondido, tan solo indicios, destellos confusos, y algún que otro chasco. 

Me he asomado a los misterios del Cosmos. Aprendí que el Universo es muy grande y las posibilidades infinitas, así que no desesperéis. Pero decidir es hacer camino, y nunca se puede retroceder, aunque lo parezca, podemos volver a un mismo tiempo y lugar, pero siempre pagaremos un precio y nunca seremos los mismos. Eso se llama entropía.

He recorrido los otoñales bosques de la cultura de papel, la Historia, la Literatura y la Filosofía, y descubierto con regocijo que no todo está dicho. Me serví de muchos libros, aunque creo que pasé por más erudito de lo que en realidad era. La mayor parte de mi cultura provenía del cine y la televisión y de una impulsiva curiosidad por todo. Ningún libro o película me pudo dar más que algunos buenos indicios sobre quién era y por qué estaba aquí.

Practiqué la política desde el activismo y desde mi vida cotidiana, que es desde donde mejor se puede hacer sin necesidad de adherirse al poder y al dinero, para poner un granito de arena a eso de cambiar el mundo.

Lamento al fin dejaros, ahora que empezaba a dejar de tener miedo. Que me desembarazaba de cautelas y obligaciones. Que me permitía, a veces, presentarme ante quien fuera tal cual soy, sin ostentosas demostraciones de paciencia o resistencia, y sin preocuparme demasiado por el futuro. Di pocos pasos por ese camino, me habría gustado saber adónde me habría conducido, seguramente a un lugar bonito y tranquilo de mi conciencia, un lugar que todos deberíamos tener y compartir.

Paco Guzmán




Fuentes y texto original:

lunes, julio 29, 2013

Dicen que soñar con un volcán es signo de cambios bruscos en la vida de la persona, sentimientos, pasiones a punto de estallar. Mas no dicen nada sobre aquellos que tienen el volcán delante y lo miran tranquiles, deslumbrades, casi se diría contentes -expectantes- por la explosión que está a punto de suceder.

En el fondo incluso podría tener sentido. Si tantas veces se ha vivido la vida al borde del abismo; o en la cima de al lado, esperando a que el volcán diese rienda suelta a su deseo. Y el caos reinó. Reina. Y reinará. Caos, fuego, destrucción. 

En medio de tanto calor. En medio de tantos besos.

No se comprende el sentir si no es por medio de altibajos que llevan del cielo al infierno en segundos. En lo que tardan los cuerpos en acomodarse, en volver a acercarse, en dejar -de nuevo- de odiarse, y saciarse de nuevo en el -y del- otro. 

Es una locura, no más diferente ni especial que cualquiera que hayamos podido leer ya a lo largo de tantos siglos de literatura, pero una locura con nombre y apellido en los diccionarios de los estudiosos de la psique. ¿Pero no perderíamos toda la literatura, la filosofía y el arte por entero si hubiésemos encerrado -o nos diera por encerrar- en el manicomio a tantx locx sueltx? 

En fin, qué más da. Si todxs estamos locxs. 

O no.

Lo que sí sé es que concuerdo con mis sueños -o con los significados que se les da a ciertos sueños-. Que el cambio brusco acecha, pues sí, no en vano me encuentro escribiendo esto desde un aeropuerto a las 3.21 de la mañana huyendo del sueño que viene a matar.

Que Inglaterra no fue tanto; aquí no hay pasión. Tan solo lluvia. 

Bien.

¿Pero en qué momento pensó esta cabeza que acabaría marchando a México? ¿En qué momento la locura, que es dueña y reina, dijo bien, cuanto más lejos, mejor, para eso estamos

Para eso estamos. ¿Lo estamos? 

Qué va. No sentía tanto miedo en el cuerpo desde que.. desde que nunca, tal vez. Desde tanto ya que ni recuerdo. - Claro, ahora el corazón que no sabe si llorar o reír, que no sabe siquiera qué siente ya, quisiera no irse. Pero no hay opciones. Tampoco podríamos quedarnos. No hay lugar para el fracaso -y el fracaso es el único que queda en esta casa, si nos quedamos.

Así que entre libros y bragas y pesos y bolis y vaqueros, entra también el corazón en una cajita. Una cajita no muy colorida, no vaya a ser que llame demasiado la atención. Y entran también en las maletas el miedo, la esperanza, lágrimas y risas por igual. Y ya veremos qué hacemos con todo eso. 

Los recuerdos se quedan en casa por un año, no vaya a ser que esta lluvia y la noche nos vaya a matar de melancolía antes de subir al avión que nos salve. Y quién quiere pensar en qué será dentro de un año. 

Hay gente que conoce la estabilidad. Los días, las semanas, los meses, los años, la vida. Estable. A mí también me gustaría conocer de eso alguna que otra vez. 

O no.

En un año lo sabremos...

sábado, julio 13, 2013

Rastrero


Vamos en búsqueda de la seguridad 

no es más que ilusión. La mente cree la seguridad, crea la realidad en función de ésta, pero no existe más allá. Allá fuera sigue estando el mundo, en conjunto separado, acá dentro seguimos estando nosoteos, separades, y en conjunto soles, sin que las distancias se puedan salvar. 

Lo único que tenemos, si es que alguna vez la llegamos a alcanzar, es la libertad.

La tiramos a la primera de cambio por un poco de seguridad. La seguridad es caliente, es cómoda, es agradable. Dulce como la miel, pero más empalagosa. Poco a poco lo vamos descubriendo. 

Las raíces crecen, suben por tu cuerpo, te abrazan poco a poco, qué a gusto piensas; mientras te encadenan. Cuanto más largas, más difícil escapar. Si es que alguna vez se nos pudiera ocurrir hacerlo. Si el miedo, el fiel aliado, no estuviera para recordarnos cuán cruel es el mundo de afuera, la soledad frente al mundo, el vacío frente al mundo. Cómo atreverse. 

El miedo, al contrario que la fe, es capaz de paralizar olas. Si tan sólo abriéramos los ojos. Tan solo un segundo basta. Y mantenerlos después el resto de la eternidad abiertos. Ver que la realidad que crea el miedo es tan solo otra de las grandes mentiras que la mente es capaz de creer 
    tan solo por un poco de 

                         un poco de ... ¿qué?

miércoles, julio 10, 2013

Verano

El sol invita. 

Se reúnen bajo la misma plaza les estudiantes, les turistas. Los mendigos, los borrachos. Hombres de negocios con su sandwich de las 12. Prostitutas descansando. Carteristas en su apogeo. Policías riendo. Viejxs dando las gracias por alcanzar un verano más. Minifaldas, escotes, pantalones de los que sólo vemos el cinturón. Niñes jugando, corriendo, peleando, riendo. Niñes. Gays y lesbianas celebrando su bandera. Heteros explorando nuevos mundos. Heteros estrictos, familias de toda la vida. Heteros que no son heteros, más familias de toda la vida. Chinxs haciendo fotos. Pieles morenas, pieles lechosas, pieles rojas. Amarillos, blancos, negros, rojos y violeta. Los cabellos. Y las almas. 

Todes tendides en el césped. Todes celebrando el buen día. Todes mezclándose, todes amándose, odiándose, quejándose del calor, agradeciendo el calor. 

Mañana quizá llueva. Mañana quizá el tiempo sea bondadoso una vez más. Y todes vuelvan a reunirse bajo la misma plaza. Nuevas caras, gentes distintas y sin embargo, siempre les mismes. 

jueves, mayo 16, 2013

De noche,

Qué peor mejor que el insomnio para escribir. Insomnio nuestro de todas las noches, como quien diría...

Pero nadie dice nada. En la noche, todo quieto, personas durmiendo. Duermen. No saben. Nada. Alguien escribe sobre ellas. Ellas no saben. Duermen.

Un lujo.

Un lujo poder escribir también. Que las palabras signifiquen. Pero estas no dicen nada. Ya no dicen nada. Tampoco. Peor que el silencio. Murmullo incesante de letras que caen, dedos que no saben parar sobre el teclado y escriben lo primero que se les ocurre. 

Menuda mierda.

Dónde queda aquello que fue. 

Ya no queda.

Ni un poco. 

Tan solo queda una última palabra con sentido: fin. Algún día se nos escapará de las manos y se quedará aquí, quietecita. Algún día. Mientras tanto, más ojeras. 

Mientras tanto, nadar en la nada. 

Mientras tanto, la vida pasa. 

Los libros ya no envidian a los amantes que entre ellos se hacen hueco, y de paso, hacen. El amor. Los libros ríen de pena, pues las lágrimas borrarían sus letras y ya nada tendrían que contar. Los libros piden clemencia. Los libros quieren ser abiertos de piernas. Quieren ser follados, como quien dice. Pero ya nadie dice nada.

Ya nadie hace. Ya nadie lee. 

Pobres libros. Qué vergüenza de biblioteca. Una pena. Tan joven, tan rica. Tan abandonada. Ya nadie te desea. Ya a nadie convences.

El vocabulario nos falta, las palabras son vacías. Nosotres somos, les que estamos vacíes.

Insomnio, insomnio querido, cuánto daría porque te fueras. 

Y vendrán y dirán y opinarán y nada sabrán. 

Pues el silencio cunde, y las gentes duermen. Y nada saben.

miércoles, mayo 15, 2013

Palabras van, palabras vienen

Cosa blanca y un mes o más o menos desde que ya no caen las palabras. Ni añoranza, ni necesidad, ni puntos suspensivos. 

Gente que habla, gente que aún cuesta entender. Tiempo cambiante. Lluvia, sol, viento, lluvia, nubes, sol, etc. Cada veinte minutos. Sol que nos despierta a las 5.40h todos los días. Sol que se acuesta a las 22h todos los días. Mar lejos, mar helado. Mayo. ¿Mayo? Joder.

Fin de las clases, fin de los ensayos, época de exámenes, cada domingo empieza una nueva semana. Volveremos a estudiar para cada examen la noche anterior. Como siempre dijimos que sería la última vez que haríamos. Qué más da, si ya se acaba y hay cosas que nunca se quieren aprender.

¿Y el verano? Cruel verano nos espera. La niña mimada que nunca quiso ayudar a las tareas en casa, ni mucho menos fregar platos, ahora tiene 30 horas semanales para hartarse de aquello de 'no quieres caldo, pues toma dos tazas'. Y en aumento. Vender tiempo por dinero. Vender vida por dinero. Para poder seguir con vida. 

Nunca la idea de trabajar hizo demasiada gracia. Había algo de horroroso en pensar en la venta del tiempo de una misma. Te vendo mi vida a precio de 6'19 libras la hora. Y la idea de los horarios. Estás obligada a. Venir a esta hora. Marcharte a esta hora. Este día. Ahora. Y tantas horas. Pasar más tiempo trabajando que con aquelles con quienes queremos realmente estar. A veces coinciden ambos ámbitos. La mayor parte de las veces, no lo creo. 8 horas de trabajo, más lo que te cueste llegar, más lo que te cueste volver. A veces más horas. ¿En qué se convierten los días? ¿En qué se convierte la vida?

Y para qué. 

Te dan una vida para obligarte a venderla para seguir viviendo una vida que ya no es vida. Pues no es vida la de aquelles que se la pasan en fábricas, haciendo el trabajo de una máquina. Pues no es vida la de aquelles que se la pasan fregando platos. La de aquelles que, la de eses otres que. Todo trabajo que podría ser hecho por una máquina no es digno.

No es digno, porque no somos máquinas, aunque nos hagan sobrevivir como tales.

¿Y cuál es la alternativa?

¿Dónde queda la libertad? 

La libertad, ah... ser esclava 40 horas semanales a cambio de un par de horas diarias de libertad. Libertad para poder elegir no hacer absolutamente nada, libertad para dormir, libertad para perdereltiempo.

Nos chupan la vida...

El trabajo siempre debería ser voluntario. Nunca para poder vivir. Qué horror. 

Y todo es tan absurdo... tan patético. Tan patéticas estas letras, que de nada sirven, como si acabara de descubrir América. Absurdas y sinsentido, inútiles. Tanta inútil obviedad.

Mañana el mundo seguirá igual. O peor. 

Y mientras, la perspectiva de vuelta a casa, pronto necesaria, da terror. Pobre España, qué te están haciendo. 

martes, abril 16, 2013

Pataleta

Últimamente las noches son de razonada, racionalizada, desmoralizadora duda;
los días son apacibles, calmados, silentes; silenciosa afirmación temporal, diurna, de que todo va bien.
Nada es mentira, el amor es amor. Las caricias son caricias, los besos son besos.

El amor es sólo y solo amor.

Los cuerpos se abrazan en lágrimas nocturnas.
Las ojeras, tras la batalla nuestra de todas las noches, meros daños colaterales.

Pesadillas previas a la pérdida de consciencia: ¿y si este amor no es más que cierta locura que algún lenguaje psiquiátrico podrá definir? Imagínate, algún día descubrir que todo fue una farsa.

¿Pero quién podría quitarnos la Verdad de estas caricias, de estos besos, de estos abrazos que el corazón pide, que el corazón da?

Si nos la quitan, fíjate, no quedaría Amor tampoco en la Literatura, tan solo trastornos, dependencias, inseguridades, posesión, sufrimiento inútil, pobres infelices dramatizando su miserable cruz. Pastillitas para todes les poetas y el mundo se quedaría sin Poesía. Camisa de fuerza para les genios, y el mundo viviría en apacible normalidad. Puta mediocridad. (Y no es que la normalidad sea cuerda, es que nunca se plantea que no lo esté. Feliz en su ignorancia.)

Dicen algunes profesionales del alma humana que la pasión y la atracción van de la mano de la destrucción. O algo parecido, como si importaran mínimas diferencias en algo tan triste. Dicen que, en fin, habría que apartarse de aquél o aquélla que te atrajera irracionalmente (¿puede la atracción definirse de otra manera?), pues te llevará a la ruina. Así que más bien busca a alguien que, aunque te resulte menos atractivx (bonito eufemismo para decir que dejes la pasión de lado y te mueras en vida; ¿será que peco de maniqueísmo?), pueda ofrecerte tranquilidad, coherencia, cariño sin sobresaltos.

No en vano había cierta frase que abogaba porque nos quedáramos antes con quien nos quiere que con quien queremos.

Menuda estupidez.

Menudo conformismo.

Felicidad conformista.

.... si la alternativa a alejarse de la persona que te atrae y te vuelve, literalmente, loca, es vivir una apacible vida feliz al lado de alguien que sólo puede ofrecerte coherencia y sosiego... menudo aburrimiento. ¿Habremos de hacer excursiones a los parques de atracciones para sentir alguna simulación de emoción?

En qué se nos quedará la vida.

viernes, marzo 22, 2013

Después del fin del mundo

La mayor preocupación para el día del fin del mundo
no era exactamente que el mundo tocara a su fin,
que cuestiones tales son de mínima importancia,

era mayor el dolor porque el desenlace fuera a encontrarnos fríxs,
muertxs ya de antemano: sin nadie a quien querer, sin nadie que nos quisiera.

Cómo podría llegar una al final con las manos vacías. Qué tristeza.

Poca ironía podría quedar en ciertas sonrisas hoy.
Pues la vida se encarga de traernos lo que le vamos pidiendo,

solo que, a veces, no controla muy bien las cantidades, o sí, y todo no es más que otra de sus burlas;

o no, y no es la vida, sino nosotres,

que no sabemos; en general, apenas nada. En particular,
olemos el peligro y nos acercamos,
sabemos que no y queremos un sí,
conocemos las palabras de la conveniencia y la razón,
nos dejamos atrapar por las emociones de lo prohibido e imposible.

Una de las mayores lecciones que el mundo intenta inculcarnos es que no se puede tener todo.

La mayoría lo acepta.

Pero siempre hay alguna loca o estúpida que se resiste
(y prefiere quedarse en nada a no poder tenerlo todo),

y lanza al aire, con más inocencia que picardía,
por qué no podría querer cierto beso.
Por qué matar ciertos deseos, alejarse cuando aún es tiempo, cuando...

[...]

lunes, marzo 04, 2013

Conversaciones de madrugada

Se quedan las ideas nuevamente en conversaciones de madrugada y nada más, pues es en la noche donde la magia existe y el imposible es real con solo ser imaginado. 

Nuevamente, tan solo conversaciones de madrugada, donde corazón y pensamiento se cogen de la mano y cambiar el mundo es sólo cuestión de planear en detalle. Como en un influjo, las palabras llegan una tras otra, forman la eterna pregunta del ¿Por qué?, y seguidamente miles de nuevos por qués cuestionan cada atisbo de respuesta. 

Sería tan fácil cambiar el rumbo. Conocer los personajes adecuados, aprender de diplomacías, de poder, muchos papeles con puentes europeos, o de antiguos presidentes y un largo etcétera.

Pero el sueño acecha, el alba no ha de encontrarnos esperándola y los por qués cambian a buenas noches, que descanses, y sonrisas que indican que el juego a ser revolucionaries ha acabado. 

Mañana, desaparecida la oscuridad, desaparecida la magia y el recuerdo siquiera del imposible imaginado nos hará sonrojar. Sonreiremos, nuevamente, irónicamente, tristemente.

Otra conversación de madrugada más.

Otro sueño muerto antes de venir siquiera de manos de Morfeo.



(Para cuando caigamos en la cuenta del letargo que nos ahoga, ya nos habrán matado.)

miércoles, enero 23, 2013

Idílico, dice

¿Has oído decir que era bueno ganar la jornada? 
Yo también afirmo que es bueno perderla . . . las batallas
se pierden con el mismo espíritu con que se ganan.
No hay más noches que esta noche. No existe lo que fue, lo que será, existe esto... y apenas si dura un momento.
La jornada acaba, el sueño se escapa por la ventana, dolores y amores nos abrazan por igual.
Empieza nuevamente a nevar, a dos mil kilómetros un padre da el biberón a su renacuajo,
el renacuajo desconoce todavía la existencia de la nieve,
de los dolores de la mente y del corazón,
tan solo tiene hambre, sed, sueño y ganas de cagar.
Aunque ya empieza a intuir el miedo a la soledad.
Quisimos tanto a ese padre alguna vez.
El amor de una vida;
y luego vinieron otros,
amores de otras vidas, o de toda una noche - que no es poco.
Noches como esta y otras que ya ni recordamos,
y hay tan poca diferencia entre la felicidad del niño en trineo y la felicidad de los amantes jugando a besarse, a acariciarse. A amarse.
La niña no olvidará jamás al abuelo paseándola en trineo,
jamás al chico de la rosa en la boca;
lo quisiera ella como abuelo de sus nietos.
Pero no sabe, no sé, no sabes,
querer tan solo una cosa.
Amores y dolores llegan con la noche y el sueño no nos salva,
quisiéramos tantos besos, de tantas bocas,
pero cada una clama exclusividad.
Y tan solo tenemos una boca.
Tan solo un corazón.
Tan solo una vida.
Y tanto deseo y pasión. Tanto amor.
Y tan fuerte se siente la unión con su alma,
ahora indistinguible de la nuestra,
como desnuda la mano se encontraría ya sin su anillo.
Como rápidos se aceleran los latidos al encontrarnos a aquel otro, que no es él.
Y el sexo humedecido por tantos, múltiples caras de él.
¿Me contradigo?
Muy bien pues . . . me contradigo;
soy grande . . . contengo multitudes.
Pero ya se acaba la jornada, la batalla se perdió, persisten los dolores, los amores de distinta índole,
y nos envidia el padre con el biberón por ver nevar y leer a Whitman.
Idílico, dice.
Idilios, desde luego, que nunca falten.

jueves, enero 17, 2013

Esperanza

La noche llega con su velo negro y no hace más que realzar la blancura impoluta que ahora la ciudad viste.

Y ya el corazón no vomita dolores, ni lucha contra batallas ya ganadas, ni espera, ni desespera ante silencios que por siempre han ya de quedar.

Se olvidan las cartas no escritas, se rompen las pesadillas del día a día, se perdonan los sinsentidos de un taxi cogido para nada, se refrenan las ganas de correr hacia atrás y decir: No, aún no quiero irme. No, aún no quiero que te vayas.

Se recuerda, sin embargo, que habíamos venido para despedirnos, en la nieve queríamos escribir bien grande: Te olvidé. Pero parece que el otro nos olvidara antes.

Y algo así como un poquito, un poquitito, dolió.

Mas quién podría dejarse llevar por los vaivenes del corazón en horas tan tranquilas, tanta paz traen cada uno de estas estrellas blancas que sin prisa, pero sin pausa, caen pintando las calles, los tejados, los coches, nuestros guantes. 

Ya pedimos perdón y clemencia por tanta contradicción, incoherencia y sin razón: no vale la pena ahora deshacer este manto níveo con la sal de nuestras lágrimas.

Sonreiremos y cobijaremos nuestra rosa roja del frío y la tormenta que se avecina.

martes, enero 15, 2013

Dulce Navidad

Sientes las manos temblar.
Tiemblan ellas por el crimen, tiembla el corazón por el puñal.
Ante tanto No, cuan poderoso se erigió.
Y destrozó.
Y arrancó todo cuanto pudo, todo cuanto quiso permanecer:
quedarse, dar sentido, salvar unas creencias,
unos sentimientos,
promesas,
esperanzas,
etc.

Sientes honda la culpabilidad.
La estupidez.
La debilidad.

Y si al menos se hubiera conseguido algo.

Ni eso.
Ni tan solo eso.

(Y piensas que si, quien sabe, de haberse conseguido algo,
no habría sido peor.
Encontrarnos a la víctima despierta,
¿no habría resultado más mezquino todavía?
¿No vale más haberla matado mientras dormía?
De habernos visto, ¿qué nos habría dicho?
- ¿Has venido a matarme?
¿Y qué podríamos haber contestado?
No cabe la mentira frente a quien pronto ha de abandonarnos.
- A matarte vengo, aunque tan solo necesitaba hablarte 
una vez más antes de.
Antes de. ¡Cuánto egoísmo!)

Ni tan solo eso.
Dulces sueños tenía.
Mientras nuestro tormento su corazón apuñalaba.

- Dulces sueños tengas.
Lamento no comprender estos deseos locos de matarte.
Lamento yo seguir con vida.