miércoles, enero 23

Idílico, dice

¿Has oído decir que era bueno ganar la jornada? 
Yo también afirmo que es bueno perderla . . . las batallas
se pierden con el mismo espíritu con que se ganan.

No hay más noches que esta noche. No existe lo que fue, lo que será, existe esto... y apenas si dura un momento.

La jornada acaba, el sueño se escapa por la ventana, dolores y amores nos abrazan por igual.

Empieza nuevamente a nevar, a dos mil kilómetros un padre da el biberón a su renacuajo,

el renacuajo desconoce todavía la existencia de la nieve,
de los dolores de la mente y del corazón,
tan solo tiene hambre, sed, sueño y ganas de cagar.

Aunque ya empieza a intuir el miedo a la soledad.

Quisimos tanto a ese padre alguna vez.
El amor de una vida;

y luego vinieron otros,
amores de otras vidas, o de toda una noche - que no es poco.

Noches como esta y otras que ya ni recordamos,
y hay tan poca diferencia entre la felicidad del niño en trineo y la felicidad de los amantes jugando a besarse, a acariciarse. A amarse.

La niña no olvidará jamás al abuelo paseándola en trineo,
jamás al chico de la rosa en la boca;
lo quisiera ella como abuelo de sus nietos.

Pero no sabe, no sé, no sabes,

querer tan solo una cosa.

Amores y dolores llegan con la noche y el sueño no nos salva,
quisiéramos tantos besos, de tantas bocas,
pero cada una clama exclusividad.
Y tan solo tenemos una boca.
Tan solo un corazón.
Tan solo una vida.

Y tanto deseo y pasión. Tanto amor.

Y tan fuerte se siente la unión con su alma,
ahora indistinguible de la nuestra,
como desnuda la mano se encontraría ya sin su anillo.

Como rápidos se aceleran los latidos al encontrarnos a aquel otro, que no es él.

Y el sexo humedecido por tantos, múltiples caras de él.

¿Me contradigo?
Muy bien pues . . . me contradigo;
soy grande . . . contengo multitudes.

Pero ya se acaba la jornada, la batalla se perdió, persisten los dolores, los amores de distinta índole,

y nos envidia el padre con el biberón por ver nevar y leer a Whitman.
Idílico, dice.

Idilios, desde luego, que nunca falten.