viernes, marzo 22

Después del fin del mundo

La mayor preocupación para el día del fin del mundo
no era exactamente que el mundo tocara a su fin,
que cuestiones tales son de mínima importancia,

era mayor el dolor porque el desenlace fuera a encontrarnos fríos,
muertos ya de antemano: sin nadie a quien querer, sin nadie que nos quisiera.

Cómo podría llegar uno al final con las manos vacías. Qué tristeza.

Poca ironía podría quedar en ciertas sonrisas hoy.
Pues la vida se encarga de traernos lo que le vamos pidiendo,

solo que, a veces, no controla muy bien las cantidades, o sí, y todo no es más que otra de sus burlas;

o no, y no es la vida, sino nosotros,

que no sabemos; en general, apenas nada. En particular,
olemos el peligro y nos acercamos,
sabemos que no y queremos un sí,
conocemos las palabras de la conveniencia y la razón,
nos dejamos atrapar por las emociones de lo prohibido e imposible.

Una de las mayores lecciones que el mundo intenta inculcarnos es que no se puede tener todo.

La mayoría lo acepta.

Pero siempre hay algún loco o estúpido que se resiste
(y prefiere quedarse en nada a no poder tenerlo todo),

y lanza al aire, con más inocencia que picardía,
por qué no podría querer cierto beso.
Por qué matar ciertos deseos, alejarse cuando aún es tiempo, cuando...

[...]


Una voz habla. Está aquí, a tu lado, pero la oyes lejana. 
Esa voz es el resumen de una vida.
La tuya.
Te esfuerzas en no perderte en imaginaciones; no puedes evitar ver esa vida como si fuera una película. Suena tan lejano.

Tienes ganas de que desaparezca la distancia. 
Tienes ganas de que la voz te acaricie el oído, que te susurre sentimientos. Quieres cercanía.

Echas de menos la voz. 

Así que te alejas aún más. 
Cierras la ventana, le das una patada, le pones la mano en la boca. Desaparece unos días.

Deseas que venga. Que sea el único sonido que llegue a tus oídos. Que te abrace delirando notas. Esa voz.

¿Se puede?

Te preguntas qué te estás preguntando.

Piensas en qué estás pensando. No buscábamos coherencia. ¿O era al revés?

Cierras los ojos, te hundes bajo la manta, sonríes y cae una lágrima. Todo junto.
Make me feel again, canta una canción. Ya no escuchas la voz.

Te sientes triste, te sientes feliz. Ni tú lo sabes. Echas de menos la voz 
...mientras te alejas.