viernes, marzo 22, 2013

Después del fin del mundo

La mayor preocupación para el día del fin del mundo
no era exactamente que el mundo tocara a su fin,
que cuestiones tales son de mínima importancia,

era mayor el dolor porque el desenlace fuera a encontrarnos fríxs,
muertxs ya de antemano: sin nadie a quien querer, sin nadie que nos quisiera.

Cómo podría llegar una al final con las manos vacías. Qué tristeza.

Poca ironía podría quedar en ciertas sonrisas hoy.
Pues la vida se encarga de traernos lo que le vamos pidiendo,

solo que, a veces, no controla muy bien las cantidades, o sí, y todo no es más que otra de sus burlas;

o no, y no es la vida, sino nosotres,

que no sabemos; en general, apenas nada. En particular,
olemos el peligro y nos acercamos,
sabemos que no y queremos un sí,
conocemos las palabras de la conveniencia y la razón,
nos dejamos atrapar por las emociones de lo prohibido e imposible.

Una de las mayores lecciones que el mundo intenta inculcarnos es que no se puede tener todo.

La mayoría lo acepta.

Pero siempre hay alguna loca o estúpida que se resiste
(y prefiere quedarse en nada a no poder tenerlo todo),

y lanza al aire, con más inocencia que picardía,
por qué no podría querer cierto beso.
Por qué matar ciertos deseos, alejarse cuando aún es tiempo, cuando...

[...]

2 comentarios:

  1. y es que es una putada, ¿verdad? sentir que el tiempo te come de mil formas y sigues en el mismo sitio...

    La vida, como un comentario de otra cosa que no alcanzamos, y que está ahí, al alcance del salto que no damos. Rayuela / Cortázar.


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  2. Repasado el haber y el deber del balance que propone la voz de tu texto, el fin del mundo es poco más o menos que una intervención que ajusta la cuenta al cero, sin préstamos de futuro ni deudas endeudadas. Que nos pilla muertos no sé si es preocupación (como dices al principio) o supuesto nefasto, dado el resto de lo que narras. Nada y nadie, ningún cerca...

    Toca rehacer la campaña, balancear de nuevo los datos y filtrarlos por ese echar de menos el cerca susurrado. Hacer ingeniería financiera revisando al alza el valor del calor de la cama que se refleja en el gusto salado de la lágrima - furtiva o con permiso del público - o en la borrachera del que ya no quiere todo y solo desea el casi nada, un grano de arena saladito y otras cursilerías.

    Repasando tu balance, opino que hay que hacer de nuevo las cuentas. Hasta que lo predicho por la hipótesis sea contrastado por la experiencia. Sin duda es ella, la experiencia, la que se equivoca.

    Salud

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