jueves, mayo 16, 2013

De noche,

Qué peor mejor que el insomnio para escribir. Insomnio nuestro de todas las noches, como quien diría...

Pero nadie dice nada. En la noche, todo quieto, personas durmiendo. Duermen. No saben. Nada. Alguien escribe sobre ellas. Ellas no saben. Duermen.

Un lujo.

Un lujo poder escribir también. Que las palabras signifiquen. Pero estas no dicen nada. Ya no dicen nada. Tampoco. Peor que el silencio. Murmullo incesante de letras que caen, dedos que no saben parar sobre el teclado y escriben lo primero que se les ocurre. 

Menuda mierda.

Dónde queda aquello que fue. 

Ya no queda.

Ni un poco. 

Tan solo queda una última palabra con sentido: fin. Algún día se nos escapará de las manos y se quedará aquí, quietecita. Algún día. Mientras tanto, más ojeras. 

Mientras tanto, nadar en la nada. 

Mientras tanto, la vida pasa. 

Los libros ya no envidian a los amantes que entre ellos se hacen hueco, y de paso, hacen. El amor. Los libros ríen de pena, pues las lágrimas borrarían sus letras y ya nada tendrían que contar. Los libros piden clemencia. Los libros quieren ser abiertos de piernas. Quieren ser follados, como quien dice. Pero ya nadie dice nada.

Ya nadie hace. Ya nadie lee. 

Pobres libros. Qué vergüenza de biblioteca. Una pena. Tan joven, tan rica. Tan abandonada. Ya nadie te desea. Ya a nadie convences.

El vocabulario nos falta, las palabras son vacías. Nosotres somos, les que estamos vacíes.

Insomnio, insomnio querido, cuánto daría porque te fueras. 

Y vendrán y dirán y opinarán y nada sabrán. 

Pues el silencio cunde, y las gentes duermen. Y nada saben.

miércoles, mayo 15, 2013

Palabras van, palabras vienen

Cosa blanca y un mes o más o menos desde que ya no caen las palabras. Ni añoranza, ni necesidad, ni puntos suspensivos. 

Gente que habla, gente que aún cuesta entender. Tiempo cambiante. Lluvia, sol, viento, lluvia, nubes, sol, etc. Cada veinte minutos. Sol que nos despierta a las 5.40h todos los días. Sol que se acuesta a las 22h todos los días. Mar lejos, mar helado. Mayo. ¿Mayo? Joder.

Fin de las clases, fin de los ensayos, época de exámenes, cada domingo empieza una nueva semana. Volveremos a estudiar para cada examen la noche anterior. Como siempre dijimos que sería la última vez que haríamos. Qué más da, si ya se acaba y hay cosas que nunca se quieren aprender.

¿Y el verano? Cruel verano nos espera. La niña mimada que nunca quiso ayudar a las tareas en casa, ni mucho menos fregar platos, ahora tiene 30 horas semanales para hartarse de aquello de 'no quieres caldo, pues toma dos tazas'. Y en aumento. Vender tiempo por dinero. Vender vida por dinero. Para poder seguir con vida. 

Nunca la idea de trabajar hizo demasiada gracia. Había algo de horroroso en pensar en la venta del tiempo de una misma. Te vendo mi vida a precio de 6'19 libras la hora. Y la idea de los horarios. Estás obligada a. Venir a esta hora. Marcharte a esta hora. Este día. Ahora. Y tantas horas. Pasar más tiempo trabajando que con aquelles con quienes queremos realmente estar. A veces coinciden ambos ámbitos. La mayor parte de las veces, no lo creo. 8 horas de trabajo, más lo que te cueste llegar, más lo que te cueste volver. A veces más horas. ¿En qué se convierten los días? ¿En qué se convierte la vida?

Y para qué. 

Te dan una vida para obligarte a venderla para seguir viviendo una vida que ya no es vida. Pues no es vida la de aquelles que se la pasan en fábricas, haciendo el trabajo de una máquina. Pues no es vida la de aquelles que se la pasan fregando platos. La de aquelles que, la de eses otres que. Todo trabajo que podría ser hecho por una máquina no es digno.

No es digno, porque no somos máquinas, aunque nos hagan sobrevivir como tales.

¿Y cuál es la alternativa?

¿Dónde queda la libertad? 

La libertad, ah... ser esclava 40 horas semanales a cambio de un par de horas diarias de libertad. Libertad para poder elegir no hacer absolutamente nada, libertad para dormir, libertad para perdereltiempo.

Nos chupan la vida...

El trabajo siempre debería ser voluntario. Nunca para poder vivir. Qué horror. 

Y todo es tan absurdo... tan patético. Tan patéticas estas letras, que de nada sirven, como si acabara de descubrir América. Absurdas y sinsentido, inútiles. Tanta inútil obviedad.

Mañana el mundo seguirá igual. O peor. 

Y mientras, la perspectiva de vuelta a casa, pronto necesaria, da terror. Pobre España, qué te están haciendo.