martes, agosto 27, 2013

La escena es terrible. Una hermosura terrible.

Es la última de mis noches en esta casa. 

Salgo al patio, todavía no me he puesto el pijama que nunca uso. 

Aquí estoy, escucho como cae la lluvia sobre el tejado. Desde la mañana que limpiar intenta esta bendita ciudad. Mi último cigarro, en medio del patio, tan solo me rodea el humo. Alrededor paredes, todas durmiendo. O tal vez también estén rodeadas de sus demonios que, como a mí, les impiden llegar a Morfeo. 

Llevo el mejor de mis atuendos. Todo en mí dice elegancia; la americana, el vaquero que mejor enseña mis curvas, el color más sombrío recoge mis pechos. Mi pelo recogido hacia un lado.
Todo en mí quiere decir sexo. 
- No encuentro diferencia entre sexo y elegancia. - 
La escena es sublime. Si estuviera feliz, lloraría. Ahora sonrío de tristeza. 

En la pared que da a mi habitación hay cuadros muy hermosos. Me pierdo en ellos, el cigarro me coloca cual marihuana. Algo bueno tiene no fumar. Yo no fumo.
Tampoco ahora; tan solo es el goce de lo destructivo. No nos equivoquemos: todo es estética. 
Jamás he actuado en base a otro principio. 
En otra de las paredes, cuelga una pizarrita blanca. Las muchachas que aquí viven escriben en ella todos los días frases. Hasta hoy, me dedicaba tan solo a corregirles los errores gramaticales. 

Así soy a veces.

Hoy, considero como símbolo, me toca a mí escribir. Dejo unas cuantas frases. Casi una despedida. 
- Y me quejaba de que sus frases parecían de autoayuda; ¡anda que yo! - 

Ya los pensamientos que se me van formando son letras que quiero después dejar plasmadas en mi pizarra particular. Pero ahora quiero disfrutar del cigarro que demasiado pronto acabo. 
Me tambaleo, la soledad me pone la piel de gallina. 

Vuelvo a la habitación, me miro en el espejo. Me amo, por supuesto que sí. Pero hoy he perdido la partida. La apuesta era grande, grandes las expectativas. Honda la caída. Bueno; honda la melancolía. 
Que dolor, por ciertas cosas, ya no queda.

Y sin embargo, no puedo dejar de enamorarme de esta escena. Es perfecta en su decadencia. Mañana será un nuevo día y el capítulo habrá concluido. Volveré a sonreír como si nada, volveré a mis apuestas una y otra vez; no me canso de jugar. La ilusión, las ganas, todo volverá. 
Pero hoy, qué maravilloso el absurdo de la vida.

lunes, agosto 26, 2013

Roll the dice

Surgen dudas e inevitablemente sale la pregunta: y si debiera no... no hacerlo, no seguir jugando, salirse cuando todavía se está a tiempo, y si no hay sentido, y si todo es fantasía, y si, ah, maldita sea, ya no sé si...

Y entonces, como llamado por arte de magia, se planta ante ti el siguiente poema. 

¡En qué momento!

Enmudezco.

Roll the dice

Si vas a intentarlo, ve hasta el final.

De otro modo, no empieces siquiera.
Si vas a intentarlo, ve hasta el final.
Tal vez suponga perder novias, esposas,

parientes, empleos y quizá la cabeza.
Ve hasta el final.
Tal vez suponga no comer durante 3 o

4 días.

Tal vez suponga helarte en el
banco de un parque.
Tal vez suponga la cárcel,
Tal vez suponga mofas, desdén,
aislamiento.
El aislamiento es la ventaja,
todo lo demás es un modo de poner a prueba tu

resistencia, tus auténticas ganas de

hacerlo.
Y lo harás a pesar del rechazo y las
ínfimas probabilidades

y será mejor que cualquier otra cosa

que puedas imaginar.
Si vas a intentarlo ve hasta el final.

No hay sensación parecida.
Estarás a solas con los
dioses y las noches arderán en
llamas.
Hazlo, hazlo, hazlo.
Hazlo.
Hasta el final.

Hasta el final.
Llevarás las riendas de la vida hasta
la risa perfecta, es la única lucha digna
que hay.


Bukowski
Original, aquí.

miércoles, agosto 21, 2013

martes, agosto 20, 2013

Cuántas horas se supone que han pasado, veintidós, hace doce me moría de sueño, hace diez el césped, el árbol, el sol, qué a gusto cuarenta minutos y cuando me desperté ya todes andaban en las clases. Hacía frío. Siempre llueve de noche. Pero no en la hora de la noche adecuada.

¿Esa mirada existió?

Hace siete el efecto del café había desaparecido, nuevamente sueño, ganas de salir ya. Hace seis estaba fresca como una rosa, ¿alguna vez me había estado muriendo de sueño? Mentira, mentira. Alegría que corre por las venas. El cuerpo en movimiento. Ay. Peligro. 

Siete días para diez minutos de gloria. El lunes se convierte en el mejor día de la semana. 

Y después. Después, ah, maldición, resaca. Insomnio. Pensamientos. Veintidós horas. Hace doce me moría de sueño. Tic, tac. Tic, tac. 2, 3, 4, 4.41h y más pensamientos. Vueltas en la cama. Escribir. Pero qué.

Qué, si la espera es cruel. Siete y siete y siete. No hay muchos sietes, no hay tantos. Conviene reducir el número. 

Sólo duermo los domingos. 

Los vicios se suman como nunca. Libro tras libro, los ojos cansados, vivencia tras vivencia, pies, alma cansados; se han de sustentar en café. Se han de liberar en el baile del humo de cigarro y el baño de alcohol. Antes eran las letras que salvaban. Ahora se quedan lentas. Se trasladan a cartas electrónicas al norte, al sur, este, oeste. Cualquiera que quiera escuchar. Todo, hasta la perversión más placentera.

¿Caben las letras fuera de esas cartas? ¿Cabe todavía escribir? Escribir qué. Pero qué ganas, qué ganas. Inmensas ganas. Sabes, la vida es hermosa. Es jodida y puta como sólo ella sabe y puede, pero tan bella, tan linda. Cómo se divierte con nosotres.

Cuánto te amo, México. Cómo podré volver a casa.

Veintitrés horas, el sueño no llega. Lo no leído en tres años, en apenas cuatro meses. Lo no hecho. Qué bendición, qué maldición. Siempre hay un precio a pagar.

Yo, ya sólo duermo los domingos. 

lunes, agosto 12, 2013

Pequeña joya. Panegírico. Paco Guzmán. Fragmentos.

He visto y he hecho cosas que jamás imaginaríais, lo supe por vuestro asombro cada vez que os las contaba.

He visto las nubes pasar como algodones bajo mis pies sobre el valle del río Deva, en Cantabria.

He amado mucho, hasta querer morirme, fijaos que disparate… y no tengo noticia de haber sido correspondido, tan solo indicios, destellos confusos, y algún que otro chasco. 

Me he asomado a los misterios del Cosmos. Aprendí que el Universo es muy grande y las posibilidades infinitas, así que no desesperéis. Pero decidir es hacer camino, y nunca se puede retroceder, aunque lo parezca, podemos volver a un mismo tiempo y lugar, pero siempre pagaremos un precio y nunca seremos los mismos. Eso se llama entropía.

He recorrido los otoñales bosques de la cultura de papel, la Historia, la Literatura y la Filosofía, y descubierto con regocijo que no todo está dicho. Me serví de muchos libros, aunque creo que pasé por más erudito de lo que en realidad era. La mayor parte de mi cultura provenía del cine y la televisión y de una impulsiva curiosidad por todo. Ningún libro o película me pudo dar más que algunos buenos indicios sobre quién era y por qué estaba aquí.

Practiqué la política desde el activismo y desde mi vida cotidiana, que es desde donde mejor se puede hacer sin necesidad de adherirse al poder y al dinero, para poner un granito de arena a eso de cambiar el mundo.

Lamento al fin dejaros, ahora que empezaba a dejar de tener miedo. Que me desembarazaba de cautelas y obligaciones. Que me permitía, a veces, presentarme ante quien fuera tal cual soy, sin ostentosas demostraciones de paciencia o resistencia, y sin preocuparme demasiado por el futuro. Di pocos pasos por ese camino, me habría gustado saber adónde me habría conducido, seguramente a un lugar bonito y tranquilo de mi conciencia, un lugar que todos deberíamos tener y compartir.

Paco Guzmán




Fuentes y texto original: