lunes, septiembre 30, 2013

Si tuviera que describir mi sentir en estos momentos, diría que no me siento especialmente feliz. Tampoco siento dolor. Es más bien el cansancio del día más el que me está otorgando poco a poco el vino. Tengo ganas inmensas de un cigarro, es la maldita imagen estética. Quisiera verme en el balcón, con la lluvia y los truenos y relámpagos cayendo, mientras mi cigarro me quema la vida. Y el vino en la otra mano. La música de fondo. Nuevamente, época de Doctor Deseo. No sé cómo pudo gustarme tanto este grupo y cómo es que no puedo deshacerme de él. Pienso ahora en Francis, el cantante. Es pura sexualidad. Recuerdo el concierto. Recuerdo cuánto me excitó verlo en escena. Recuerdo, también, la sorpresa que me llevé al conocerle en persona. Cuerpo pequeño, personalidad inmensa.

No es una hora especialmente triste, desde luego. Me recorren pensamientos sobre el mundo en el que vivimos, que evidentemente entristecen, claro. A veces siento que se me está yendo la vida y no estoy haciendo nada por el mundo. El mundo más allá de mi mundo. Dicen que hay que contentarse con hacer felices a los que una tiene alrededor, eso ya es suficiente pago al mundo. Ya es mucho. Pero serán mis aires de grandeza, la vanidad, mi fe en mi capacidad ilimitada -y en la de todes, aunque no lo sepan-, sin embargo se me queda corta esa idea. Quiero cambiar el mundo, pero el mundo de ahí fuera, ése que se está yendo a la mierda. No éste de les amigxs, de la familia, que bien o mal, va. Aguanta. A lxs que en mayor o menos medida les puedo alegrar el día o la hora con mi presencia. O mi ausencia.

Quiero. Quiero mucho. Quiero todo. Ése es el problema. Quisiera yo todo. Y no sé por dónde empezar.

Paro. Lleno de nuevo mi copa. La música llega; 'en mi misión de apostolado quise follarme al mundo. Y ahora que he perdido la fe, dónde coño hay un lugar donde estar bien. Que vamos rodando por la cuesta abajo y no aprendí a usar los frenos. Si vivir consiste en hacerse más viejo, sólo me queda ser un poquito más listo que ayer.'

Estaba analizando qué significa la imagen para mí y veo que siempre viene acompañada del sonido. Toda figura que pudiera imaginar, no puede venir sin una canción de fondo. Pierde, entonces, todo.

Las épocas de depresión de mi vida han sido también épocas donde la música faltaba.

Depresión, mas no destrucción. Cuando he querido buscar mi autodestrucción, bajar a lo más hondo y doloroso que hay en mí, siempre me ha acompañado la música.

Me pregunto quién soy. A veces me lo pregunto. El espejo no me lo dice exactamente. Sé que quien soy está en mi mirada, pero el resto... ¿ésa soy yo? Bueno, no está mal. Vuelvo a cuidar mi imagen ahora como hacía varios años que no hacía. Es por lxs demás, sí, pero sé demasiado bien que sobre todo es por mí. No puedo evitar enamorarme de mí cada vez que me miro en el espejo.

Sin embargo, ésa del espejo no acaba de ser la misma que está aquí escribiendo esto; no acaba de ser la misma que ésta que piensa, que ésta que siente.

...

domingo, septiembre 29, 2013

A veces, sólo deseo ser tan inteligente como lxs demás piensan que soy.

martes, septiembre 24, 2013

Oda

No me canso de vivir.

Cuánto me excitan tus imperfecciones. Tus desvarios, tus absurdos. Tu desnudez, tu crueldad cuando desde lo alto me tiras, crueldad también disfrazada cuando desde los abismos me recoges. Cuánta impertinencia. Nos vamos cogiendo confianza, ya sabes qué dicen de la confianza. Pero te voy dejando hacer,

batalla tras batalla, sueño, deseo infinito de poseerte.

Deseo que es capricho, deseo que es razón de vivir.

Deseo que lo es todo. Nada, cuando al fin se alcanza en un grito.

Envuelta tan solo en la música, vida, me perteneces.

Despojada de palabras, en silencio, te pertenezco. Entre suspiros, espasmos, delirios, me arrancas de mi soledad.

Cómo podría negarte esta noche.

De entre todas, tan ricas, tan maravillosas, no te cambiaría por ninguna.

Lo que me das, aún en la más grande desazón, desasosiego, demencia pura de querer matarte, es lo que siempre podría querer.

domingo, septiembre 22, 2013

Oración a la vida

¡Sin duda un amigo ama a su amigo
como yo te amo a ti, vida llena de enigmas!
Lo mismo si me has hecho gritar d gozo que llorar,
lo mismo si me has dado sufrimiento que placer,
yo te amo con tu felicidad y tu aflicción:
y si es necesario que me aniquiles, 
me arrancaré de tus brazos con dolor,
como se arranca el amigo del pecho de su amigo.
Con todas mis fuerzas te abrazo:
¡deja que tu llama encienda mi espíritu
y que, en el ardor de la lucha,
encuentre yo la solución al enigma de tu ser!
¡Pensar y vivir durante milenios,
arroja plenamente tu contenido!
Si ya no te queda ninguna felicidad que darme,
¡bien! ¡Aún tienes - tu sufrimiento!

Lou von Salomé.

miércoles, septiembre 18, 2013

Mi límite ético, si alguno hubiera, no se encuentra sino en la estética.

martes, septiembre 10, 2013

- Sabes, el momento hay que vivirlo, la vida no está hecha para perderla. Más vale arrepentirse por haber actuado que por haberse limitado.
- Sí, más vale pedir perdón que permiso, ¿no? río a carcajada limpia mientras me clavas la mirada y cierto sentir en mí me dice: peligro si seguimos por este camino. Estoy totalmente de acuerdo contigo, no he sabido, aunque he querido e intentado, actuar de otra manera. Lástima que tú estés hablando de mí y yo esté hablando de él. Quisiera saber cómo hemos llegado a esta conversación tras lo inocentes que parecíamos en el lenguaje hace tan solo un momento.

Sin embargo, no aparto mi mano cuando me la coges innecesariamente para aguantar el paraguas que sostengo para que no te mojes. Pues yo sí necesito, tanto, el agua en mi piel. Siento tu calor y en el beso de despedida me alargo más de la cuenta; quisiera no habernos marchado de mi casa. Me gusta él, y ahora me gustas tú; tal vez no sea más que ese traje te sienta tan bien, ante ciertas imágenes no puedo resistirme, tampoco ante ciertas miradas. Caeré en tus redes con la misma rapidez que él se aparta de mí, manteniendo distancias.
Tres cigarros - dos - no darán para aguantarme esta noche.

Escribo con desesperación.

Yo criticaba ferozmente el fumar -¡mata!, ¡pero la vida mata!- y ya se acaba el paquete. Nunca aspiré llegar a vieja de todas formas - de qué sirve la experiencia, la madurez, si se acaba la belleza, si el cuerpo envejece, se arruga, se pudre - no... lo atractivo es mezclar la juventud y la inteligencia - que la mente tenga muchos años, el cuerpo que esté bien joven - inteligencia digo, y acabo de escribir una de las frases más estúpidas que se puedan imaginar.

Se acaba el paquete y la música no salva. No salva en esta noche, la maldita noche. Subo el volumen, quiero dejar de escucharme, quiero confundirme en la música hasta desaparecer.

La irracionalidad clama, el cuerpo pide, desea, anhela, desespera, arrebata el sentido común. El maldito deseo.

Me pregunto si alguna vez aprendí algo que no fuera a través de las personas que me enseñaron. No, por supuesto: el conocimiento... sí, amo conocer - mediante las personas que amo. De otra forma se vuelve inútil, solo teoría. Vano, vacío. Ésa es mi debilidad. Que no sé aprender de otra forma. Ah, ¡y entonces aprendo tanto! 

La impotencia. 

Cómo luchar contra la impotencia - todo lo que dependa de una misma es posible, lo que escapa del control de una misma - y es tanto - es lo más cercano que encuentro a lo imposible

Esperar. ¿Esperar? 

Matar la esperanza. 

¿Cómo? 

Ojalá supiera.

Ojalá supiera ser más racional - pero en la noche me es imposible serlo. La lógica no es posible en el campo de lo humano - en el campo del sentir. ¡Ojalá! Mas ése es el conocimiento que siempre se me ha escapado. 

Ya he sentido este arrebato tantas veces - demasiadas - siempre dije que sería la última vez. Pero nuevamente llega, de sorpresa - o no - y entonces, ¿qué hacer? ¿Cómo controlarlo? 

Escribir, escribir, vomitar todo el sentir, todo el deseo de lo imposible, matar el deseo en la escritura. Al menos esta noche. El día, el Sol, llegarán - pero queda todavía tanto. 

Dedicarse al estudio para olvidar el sentir. 

Sí, cuando es posible la concentración. Cuando el cuerpo se calme. Al final, llega. Pero tras tanta decepción, desolación, tristeza - tristeza infinita de no poder. Si se pudiera gritar lo que se siente - pero en medio de tanta locura, aún queda un resquicio que sabe demasiado bien que el grito es un sinsentido - ¿de qué serviría?, cuando la respuesta ya se conoce. En medio de tanta locura, hay un poco de razón que aplaca el sentimiento. Razón que calla. Razón que encuentra salida a la desesperación en las letras.

Desesperación que encuentra salida en la razón, mediante las letras.

Hay tanto por lo que alegrarse - el resto del tiempo todo es felicidad - menos en la noche. 

Y aún conociendo tan bien, tan dolorosamente la respuesta - No. - no dejo de insistir. Tal vez... tal vez quede una mínima posibilidad. Quién sabe, cómo dejar de intentarlo - arrepentirse por las cosas que se han hecho, aunque lleven al peor de los abismos, pues el dolor que produce el arrepentimiento de no haberlas hecho todavía es mayor. Sí, pero.

Sí, pero.

Pero cuántas fuerzas quedarán tras estrellarse nuevamente. 

¿Pero quedarse con la duda de no haberlo intentado? Nunca lo he logrado conseguir. No he podido quedarme en la duda, en el silencio. Hay todavía demasiada locura de juventud en mí como para poder hacerlo. 

Sin embargo, todavía callo. Todavía no ha estallado el grito. Y en cada oportunidad, cada noche que vuelvo nuevamente a casa tras acallar mi sentir una vez más, la desesperación se hace cada vez mayor. Pero - he de - por sentido común - y este absurdo, esta contradicción tan honda. ¡Hazlo!, ¡No lo hagas! ¿Cómo dormir con tales fuerzas antagónicas que tan alto claman? Tiran de mí hasta sus extremos, y siento romperme. 

No puedo más - quisiera no poder más - pero puedo. Ése es el dilema - que una no muere por un deseo imposible, pero tampoco puede vivir así. 

Estómago revuelto, corazón desbocado y dicen: no, esto no puede quedarse así. No, tanto sentir no puede ser para nada. Es demasiado como para que acabe en nada. Pero.

No se puede hacer nada.

¡Qué locura! ¡No poder hacer nada! ¡Y querer hacerlo todo!

 Dios, si existieras, podrías entenderme tan bien.