martes, septiembre 24

Oda

No me canso de vivir.

Cuánto me excitan tus imperfecciones. Tus desvarios, tus absurdos. Tu desnudez, tu crueldad cuando desde lo alto me tiras, crueldad también disfrazada cuando desde los abismos me recoges. Cuánta impertinencia. Nos vamos cogiendo confianza, ya sabes qué dicen de la confianza. Pero te voy dejando hacer,

batalla tras batalla, sueño, deseo infinito de poseerte.

Deseo que es capricho, deseo que es razón de vivir.

Deseo que lo es todo. Nada, cuando al fin se alcanza en un grito.

Envuelta tan solo en la música, vida, me perteneces.

Despojada de palabras, en silencio, te pertenezco. Entre suspiros, espasmos, delirios, me arrancas de mi soledad.

Cómo podría negarte esta noche.

De entre todas, tan ricas, tan maravillosas, no te cambiaría por ninguna.

Lo que me das, aún en la más grande desazón, desasosiego, demencia pura de querer matarte, es lo que siempre podría querer.