miércoles, noviembre 27

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No sé, es extraño. Es extraña la sensación de saber que nunca más sabrás la verdad. Que la única manera de saberla es estar en ese lugar; pero ese lugar te ha sido vetado. 

Así que intentas, desde las opciones que te quedan, acercarte de alguna manera a la verdad. Preguntas a los que sí pueden estar en ese lugar, ese sitio que es de ellos, finalmente. Escoges a quién preguntar, sabiendo que dependiendo de a quién elijas, sus palabras se acercarán más o menos a los hechos.

Pero tampoco te convencen aquellos de quienes esperabas más honestidad. No, es esta sensación que no sabes describir: sólo puedes saber la verdad que tus propios ojos pueden darte. Ya no hay manera de confiar en el otro. 

Es curioso que lo único que nos mueve a interactuar con los demás es esta fe ciega en que el otro también nos está diciendo la verdad. Al menos, cierto grado de verdad. Fe ciega. Es increíble. Todo lo que tenemos al principio es fe. 

Hasta que un día, en una cierta hora, en qué importa qué lugar, se pierde. 

Y sólo queda... este sentimiento de extrañeza. De sentir cada vez más lejano ese lugar que una vez llamaste tu segundo hogar.