lunes, diciembre 2

Inútil

He aprendido algo. Que las infidelidades, pequeñas o grandes, del tipo que sean, no se pueden perdonar. Hubo una razón por la que se cometieron. La que sea, no importa. Pero la hay. Pueden haber mil razones. La cuestión es que no hay infidelidad que no lleve un motivo detrás. Y precisamente por eso no se pueden perdonar. 

No porque no seamos capaces de perdonar, sino porque en una situación así siempre se rompe algo. La confianza, la fe en el otro, lo único que tenemos, en fin. Y su rotura es irremediable. 

Por eso, aunque se quiera seguir adelante, ya no es posible. Aunque se intente, aunque se logre durante algún tiempo, sólo se está alargando más el final. Porque el final llega, porque el final ya se había escrito.

Y es curioso escribir esto desde el punto de vista no de quien fue sufrió el engaño.

Tal vez por eso lo entiendo mejor. Aunque busquemos, son inútiles los motivos para convencernos de que una infidelidad puede ser tan solo un error; y todos podemos errar.