viernes, diciembre 27

Se acaba un nuevo año. Y creo que venía a contar más cosas, pero se me fueron las palabras de  repente.

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Es curioso cómo tantas vidas que llegaron a formar parte importante de la mía han cambiado radicalmente este año. Cambios en los que directa o indirectamente tuve que ver. Tal vez esté exagerando, no fueron tantas vidas, finalmente siempre di importancia tan sólo a las vidas que amé.
Pero es que...
En fin, ya no importa. Creo que esas personas son felices. Lo demás da igual.

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Vuelven por estas fechas personas en cuya presencia en mi vida ya no creía.
También desaparecen personas que pensé que siempre me acompañarían. No sé si me abandonan o fui yo la primera en abandonar.
Sólo sé que no volveré a buscar ciertas personas. Son esas promesas que uno ha de hacerse para poder seguir creyendo en uno mismo. No se puede ser siempre el mismo quien busque. Y algunos nunca vuelven si no son llamados.
Por eso son necesarias esas promesas.

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Si tuviese que pedir algo al año entrante, es que no se le ocurra repetir al anterior. Nada de volver a caer en errores tan tontos por tan bien conocidos.

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México fue maravilloso. Estoy diciendo estos días a todos cuantos me encuentro cuantas ganas tengo de volver.
No sé si volveré a México.
Me conozco bien. Sé que es poco probable que vuelva. Por más que ame un lugar, siempre son mayores mis ganas de seguir descubriendo el mundo. Y si la oportunidad se da de ir otro lugar desconocido, poca será la tentación de volver a México.
Si no me conociera...

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Es lo que supone la pérdida de un hogar. Que las continuas mudanzas duelen cada vez menos. Las pérdidas duelen cada vez menos. Las lágrimas ya ni se asoman. Las maletas, los aviones son puro trámite. Y nada más. Nada más.

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Vuelvo a no saber qué decir.