lunes, enero 6

Cada persona puede serlo todo. Eso lo sé, eso lo conozco.

De igual manera sé que cada persona tiene sus tendencias. Hay personas que siempre tienden a la alegría. Otras a la tristeza, otras a la melancolía. Como si hubiera un astro que las atrajera de esa forma. Sé de sobrada manera cuál es mi tendencia. Tenía muchas papeletas para mi destino, que si en las cartas se ve reflejado, que si la familia, que si el ambiente, que si qué sé yo.

No en vano tengo como favorita la palabra saudade. Aunque la razón de ello es muy lejana a cualquier explicación que pudiese venir aquí a cuento.

Miro la luna y aunque preciosa, no atisbo cambios cercanos. Ha llegado un periodo de quietud, silencio, reposo. Todo indeseado, por supuesto. Pero necesario. Quiero pensar. Todo indeseado... las mismas caras de siempre, los mismos lugares, el tedio de las mismas palabras que se repiten porque ya no hay otras, porque no hay más, porque la confianza, por demasiada o por muy poca, no invita a que se abran las palabras.Y todo es tedio y es malestar y es, tan solo queda, recuerdo.

Demasiado tiempo y aburrimiento que sólo hacen que abrir el baúl de la memoria. Y el proceso del olvido, que tan bien había cogido su marcha, retrocede. Y olvidamos que habíamos olvidado. 

Irrita este cavar de nuevo en las tumbas, por si los fantasmas pudiésemos encontrar. Me harta. Me cansa. Es odioso. Terrible impotencia frente al pensamiento que ya no controlamos. Y se vuelve uno enemigo de sí mismo.

Pero es que nada hay que esperar de este periodo, que tarde o temprano ha de acabar, a pesar de desconocer qué tan tarde o qué temprano será. Hay que convivir con la quietud, con el silencio, el tedio, el reposo. Con las mismas caras aburridas y asquerosas del ayer, con los mismos caminos ya borrados de tanto transitar. El pasado que se vuelve presente, el futuro que se vuelve pasado, el presente del futuro que ya no llega.  

Que dure poco, que dure poco, es nuestra plegaria.