domingo, enero 26

I

He huido, es cierto, tal como dije que haría. Atravesé países y no fue suficiente. Atravesé océanos y encontré la paz. Ahí no había recuerdos de los mundos pasados. Empecé a construir mi mundo nuevo y descubrí cómo al final encontraba las mismas personas de los mundos pasados. Leí una vez que la vida es un continuo patio de colegio: los mismos roles se repiten allá donde vayas. El matón, el pobre diablo aislado de los demás, la niña y el niño guapos, los inteligentes, los tontos de remate, los patitos feos y todos los demás.

En mi mundo nuevo encontré nuevamente a la mejor amiga, al amor platónico y al amor real, pero difícil, o imposible-hechoposible-traicionandomáspilaresdelafe. Encontré las conocidas-amistades, el amorpasajero-sexo, los desconocidos-igualesamí. Los encontré a todos ellos, los usé como nuevo hogar, y cuando se acabó el tiempo me fui sin mirar atrás.

No los echo de menos. He vuelto a cruzar océanos, he vuelto de mi huida, he vuelto a casa. Del mundo que construí sólo quedan recuerdos y daños permanentes, caídas en la tierra sin paracaídas. Poco a poco, el olvido también empieza a quedarse. Se desvanecen esas personas que siguen teniendo sus vidas a miles de km de mí como si de un sueño se tratase.

En casa sólo queda escribir, hacerlos nuevamente reales en las palabras. O inventarlos como los habría querido. Inventarlos, borrar la memoria de por sí farsante, y creerme mi nuevo cuento.




Continuará.