jueves, enero 09, 2014

La vieja Europa. La Europa de las muchas Europas. El Occidente racional, frío, pragmático, comedido, sensato, tranquilo.

He encontrado tantas veces tantos fallos a ese Occidente hipócritamente maduro, de falso saber estar con los pies en la tierra - llena de barro.

Tal vez desde el desencanto de saber que la vida puede fallar y falla - y poder seguir adelante después - , tal vez eso se llame desencanto y no realismo - tal vez sea desilusión, pérdida progresiva del idealismo, decepción, aprendizaje prematuro ... - , tal vez desde una visión que queriendo o sin querer ha bebido hasta emborracharse de Occidente; pero no puedo ver ya nada interesante en la pasión, el sufrimiento y el odio desmedidos de ese Sur del nuevo continente (México - más que - incluido). Misma tragicomedia que se puede encontrar en el Este de Europa. 

Es aburrido. Me parece infantil e inmaduro. Exagerada dramatización. Una pérdida de tiempo. Personas que se obstinan en sufrir y en no pasar página. No olvidan, no perdonan, no descansan, no confían - en el Otrx o en sí mismas - o confían demasiado - en el Otrx o en Dios -, envidian y celan y quieren y aman poseyendo y aman y aman y odian. Lo dan todo, el alma, la salud, la vida. A causas perdidas. Tanta energía, tanta intensidad.

En vez de aprender que la vida puede fallar y falla. Y seguir adelante.

Tal vez porque yo una vez fui así, el Este corre en mi sangre y el Sur me ha visto crecer, y miro atrás y veo cuánto dolor innecesario hubo por una pasión inútil, pero ya no puedo empatizar con tanta intensidad insulsa. 

No es que haya dejado de creer en - y querer - darlo todo. ¿Fue Borges quién dijo que las personas creían en lo divino porque ellas mismas lo eran? Me parece una buena suposición. No se deja de creer en el Paraíso por descubrir que también el Infierno existe. Pero he aprendido que si se da todo y no se obtiene nada, tampoco es que vaya a suceder nada de especial gravedad. La vida sigue adelante, con o sin nuestro pesar. Y si la meta es la felicidad, más vale que nos ahorremos esa pasión inútil del sufrir.