viernes, marzo 21

Por primera vez en ¿años? - no sabría decir medir contar el tiempo - siento que no quiero irme. Sé que cualquier sentimiento de pertenencia es falso. Sé que me queda aún tanto mundo por descubrir recorrer andar nadar bailar. 

Pero me siento tan a gusto aquí, como si fuera de aquí. De nuevo, el sentido de pertenencia.

El significado de hogar.

¿Pero cuánto hacía que no tenía en mí esta sensación? Me lo he pasado bien - a gusto - en muchos lugares. Pero sabía que era por poco tiempo. Temporal idad. Por más que me gustaran esos lugares, en ninguno pensé que me iba a quedar viviendo por más tiempo del previsto. Conocía, aceptaba el fin. 

Ahora mismo, aquí, me siento arropada.

¿Es eso lo que debería estar buscando? 

¿No se trata de huir del conformismo, de la seguridad que frena y aniquila la libertad? Ser un espíritu libre, como hace tiempo me definieron. 

¿No debería cumplir con mi definición? 

Hay tantas personas atadas a las máscaras que deben ser. A lo que una vez definieron que eran. Dijeron - y acto seguido - cumplieron. Palabra es acción. Qué peligroso pensamiento.

Pero tal vez quiera sentirme arropada. Sentirme dentro de. Dejar de andar huyendo. Dejar de buscar afuera lo que todavía no se ha buscado adentro. Olvidar las prisas.

Olvidar las prisas.

Las cosas llegarán a su tiempo. No adelantar acontecimientos. No precipitar glorias que se conviertan en desastres. Dejar que las penas se diluyan en el agua del tiempo. En el mar. La sal que cristaliza y que nos endulza lo agrio.

Sí, no quiero irme. Tal vez porque sé que también aquí, ahora se acerca el fin. El año que viene muchos no estaremos aquí. Yo no sé dónde estaré. Quisiera seguir aquí. Pero no puedo ¿puedo? dejar de seguir caminando por mor al sentido de pertenencia. A unas gentes, a unos lugares, a aquello que nos hace felices. ¿Pero no es felicidad la respuesta?

¿Pero no es aburrida la felicidad cuando se puede tener a cualquier hora?

¿Y luego? 

Alargar un año, dos este estado de bienestar ficticio, para después ir ¿a dónde? ¿Hacer qué? ¿Parar un año, dos y luego qué? ¿Habrá un luego si paramos ahora?

¿Habrá el luego que quiero, más bien? siempre hay un luego

pero si no sé todavía qué luego quiero

Sé lo que quiero ahora. Pero no puedo asentar las bases del futuro en este ahora. Porque el lugar desaparecerá - la crisis existe y va a peor aquí no hay futuro - las personas se irán - a buscar su sino - todo se irá al traste sooner or later. Hay que ser consciente de eso: el mundo se va a la mierda. 

Quedan pocos meses y el tiempo pasa deprisa. Dentro de todos los errores cometidos, graves, horrorosos, sufridos, sufrientes, el balance es positivo. Lo bueno está siendo muy bueno. La intensidad no ha variado.

Aunque cada vez juego más con la perdición. Con el concepto. ¿morir? A veces vivo como si me fuera a dar igual morir al instante siguiente.

Aunque tal vez eso sea la clave de todo esto del vivir.

en momentos como estos me preocupa - o debería preocuparme (y ese es precisamente el problema) - la indiferencia con que puedo tratar ciertos asuntos que se pueden considerar vitales. La despreocupación por casi todo. No es en los discursos con el otro - donde tomo la posición que me venga en gana en ese momento y la defiendo acaloradamente - donde me defino. Es en la indiferencia. El saber que no hay Verdad. Aceptar que siempre hay más que nunca sabremos de manera tan sencilla.

Dudar. 

De la propia mente. De la propia locura - que a veces considero exageración -, de la propia cordura - que a veces considero soberbia. 

Dudar, saber que no hay nada. Y reír, sin embargo, reír.