viernes, abril 25, 2014

'...si conoces bien al enemigo y te conoces bien a ti mismo, no tienes por qué temer el resultado de cien batallas. Si te conoces bien a ti mismo, pero no al enemigo, por cada victoria que alcances sufrirás también una derrota. Si no conoces al enemigo ni te conoces a ti mismo, sucumbirás en cada batalla.'
 Sun Tzu, El arte de la guerra - 3. Estratagemas, nr 15.


Aunque se sepa que esto es tan solo un experimento, no por ello deja de doler. Experimentar siendo el objeto de estudio, intentar sacar conclusiones objetivas desde la propia subjetividad, experimentar cuando son los sentimientos y no los pensamientos los que están en juego. Pero los primeros pueden arrastrar fácilmente a los segundos. 

Por más que se trate de un experimento.

Por más que las bases sean que todo acabó hace tiempo. Los supuestos con los cuales se parte hablan de un final, de un encuentro involuntario, pero necesario para cerrar trámites, conversaciones previas para establecer ese encuentro. Burocracia. 

¿Pero exige la burocracia que no existan bromas? ¿O las bromas también forman parte del rigor burocrático?

Y el dolor surge cuando una pequeña sonrisa se asoma y trae con ella toda la fuerza de una ilusión. Pero entonces la puerta que se creía abierta se cierra aplastando las narices. Se retrocede un paso, se vuelve a abrir la puerta. Otra vez. 

Como perros y gatos.

Es tan difícil no colgarse de un clavo ardiendo esperando que sea este el único que no queme. Es tan difícil llevar la desconfianza por pareja y la insensibilidad por máscara. Cuando lo que más se desea es que esa broma pueda encender una llama y haya luz otra vez. Volver -ambos- a la casa que hace tiempo se construyó. Pero cuando una entra, el otro sale. O es echado.

A veces no se sabe si es que el otro no se atreve o simplemente le es indiferente. Y en este intento de conocer el pensamiento y el sentimiento del otro se nos va la vida.

Porque es tan difícil preguntar abiertamente. Pronunciar en voz alta: 'Pero tú, qué quieres ahora de mí.' 

'...aquel que llegue primero al campo de batalla y espere la llegada del enemigo, estará fresco para la lucha; aquel que llegue segundo al campo de batalla y tenga que apresurarse para aprestarse a la batalla, llegará a ésta exhausto.'
Sun Tzu, El arte de la guerra - 6. Puntos débiles y fuertes, nr 1.

sábado, abril 19, 2014

Y cuando todes se van. Te pasas la vida buscando personas, encontrando conversaciones dispares, tantas cuantos mundos, cuantas vidas hay. Todes regalan algo, todes se llevan algo. Pero llega siempre la noche, todes se despiden, unx por unx, se van a su encuentro con sus soledades. Te quedas también tú con tu soledad, tras perseguirte durante el día, aquí estamos, estáis de nuevo. Y empiezas a contarle, a ella, la más fiel compañía. Y le cuentas todo lo que el día te ha traído; a veces pasan semanas enteras sin tiempo para hablaros. También son así las viejas amistades, en las cuales pasan años y los caminos se han separado y las vivencias que os unen son siempre las vivencias vividas cada uno por su lado.

Vivimos en el tiempo, y esto lo han dicho tantxs cuantxs han vivido a lo largo de los siglos. Vivimos en el tiempo y este que nos ha tocado, acaba. Todo llega a su fin. Queda la sonrisa por lo pasado. Queda siempre la nostalgia y de ella hablas con tu soledad. 

Le cuentas que ya no queda nada, pero que dentro de esa nada ha habido tanto. Hay tantas anécdotas para les nietes que nunca llegarán. A elles les dirías que confíen, que confíen en el mundo. Que hay tanto mal, pero que hay más bien que mal. Que depende de la suerte, pero que hay que confiar en la suerte. Hay que hacerse la suerte, fabricarla con las manos, fabricarla con la mente. Hay que estar dispuestx. Dispuestx a vivir. 

Y vendrán malos tiempos. Y pasarán. Lo importante es disfrutarlos, también los malos tiempos. Todo deja huella, pero todo cicatriza. Y es tan gracioso empezar a contar por qué esta marca aquí en la mano, por qué esta otra aquí en la frente, ésta debajo del labio y ésta en el pie y ésta en el alma. La risa triunfa. Hay que confiar en la risa.

Porque aún cuando todxs se van, te quedas con sus risas. Y te ríes, ahora, en mitad de la noche, ríes mucho y luego solo son-ríes. Y después se limpian las lágrimas lamiéndonos las mejillas.