sábado, abril 19, 2014

Y cuando todes se van. Te pasas la vida buscando personas, encontrando conversaciones dispares, tantas cuantos mundos, cuantas vidas hay. Todes regalan algo, todes se llevan algo. Pero llega siempre la noche, todes se despiden, unx por unx, se van a su encuentro con sus soledades. Te quedas también tú con tu soledad, tras perseguirte durante el día, aquí estamos, estáis de nuevo. Y empiezas a contarle, a ella, la más fiel compañía. Y le cuentas todo lo que el día te ha traído; a veces pasan semanas enteras sin tiempo para hablaros. También son así las viejas amistades, en las cuales pasan años y los caminos se han separado y las vivencias que os unen son siempre las vivencias vividas cada uno por su lado.

Vivimos en el tiempo, y esto lo han dicho tantxs cuantxs han vivido a lo largo de los siglos. Vivimos en el tiempo y este que nos ha tocado, acaba. Todo llega a su fin. Queda la sonrisa por lo pasado. Queda siempre la nostalgia y de ella hablas con tu soledad. 

Le cuentas que ya no queda nada, pero que dentro de esa nada ha habido tanto. Hay tantas anécdotas para les nietes que nunca llegarán. A elles les dirías que confíen, que confíen en el mundo. Que hay tanto mal, pero que hay más bien que mal. Que depende de la suerte, pero que hay que confiar en la suerte. Hay que hacerse la suerte, fabricarla con las manos, fabricarla con la mente. Hay que estar dispuestx. Dispuestx a vivir. 

Y vendrán malos tiempos. Y pasarán. Lo importante es disfrutarlos, también los malos tiempos. Todo deja huella, pero todo cicatriza. Y es tan gracioso empezar a contar por qué esta marca aquí en la mano, por qué esta otra aquí en la frente, ésta debajo del labio y ésta en el pie y ésta en el alma. La risa triunfa. Hay que confiar en la risa.

Porque aún cuando todxs se van, te quedas con sus risas. Y te ríes, ahora, en mitad de la noche, ríes mucho y luego solo son-ríes. Y después se limpian las lágrimas lamiéndonos las mejillas.