domingo, septiembre 13, 2015

México es salvaje y así lo son las experiencias que se tienen en ese suelo del Sur. Salvajes y explosivas. Igual que aquél volcán irrumpiendo en mis sueños días previos a mi partida a océanos distancia, y mi contemplación del mismo sosegada e indiferente a cualquier temor, fue todo lo que me esperaría en esos meses. 

No es la pasión lo que precisamente le ha faltado nunca a mi vida, quizá demasiada; sin embargo aquello que me habría de esperar en ese país del que ni bien sabía dónde situarlo ni qué andaría a hacer allí sobrepasó todo lo que había vivido hasta el momento. De una vez rompí todas las creencias y acepté que ahí, en ese otro continente, todo vale. Quise mucho y descaradamente. Una y otra vez empujé los límites existentes y establecí, en cambio, otros que nadie habría considerado dadas las circunstancias.

Descubrí, tiempo después, que no fui la única en imponerse mismos límites. Nada me llenó de mayor felicidad que descubrir que uno de esos amores por los que el humo de cigarro se convirtió en compañero fiel todas las noches con tal de apaciguar las ganas, no fue en vano. Tuve que pedir un cigarrillo la mañana que descubrí tal acontecimiento. Hacía meses que la estética del tabaco había dejado de atraerme. Era una mañana de aeropuerto, mientras iba a ver a otro amor que rescató de mí todas las creencias a las que una vez fui fiel -y sin las cuales mi vida sería la misma, pero más triste.

Ese amor loco y castrado sigue presente, aunque sólo sea en la ficción. Es posible vivir sabiendo que nunca habrá siquiera un beso, que las distancias comprenden más allá de océanos y kilómetros que tampoco ayudan, cuando de vez en cuando, tanto tiempo después, sigue habiendo una señal, un recordatorio, un noteolvido, que traen de vuelta tantas bellas y sentidas memorias. Pequeños gestos insignificantes que encontraron al fin su ser en esa mañana de aeropuertos. 

Y mientras, las tierras inglesas que son de las que se venía a hablar brindan nuevos recuerdos y presentes en los que el amor tampoco falla en aparecer, bien sea bajo estas imágenes del pasado llenas de sentir, bien sea mediante nuevas y renovadas esperanzas nacidas al conocer tantas personas maravillosas que pueblan estos días perdidos en el exilio. 

Este exilio, que desconoce por completo cuál sería el hogar perdido, y dejando por completo de lado las desgracias del mundo, trae consigo uno de los momentos más llenos y placenteros de los que se haya podido disfrutar hasta la fecha: trae la esperanza del futuro, trae, por vez primera, estabilidad, trae por vez primera, otro tipo de libertad que ya no es hija del caos. Y es necesario que de vez en cuando se experimente el orden, es necesario que de vez en cuando se sepa dónde se estará mañana. Por merced. Por todas las personas que jamás experimentarán tal estado. Porque no sirve aumentar el sufrimiento de esta tierra doliente. Sin olvidar nunca el azar del que todo es fruto. Y sin caer en el egoísmo de la suerte en la que nos ha tocado nacer. 

Porque no se puede ayudar cuando unx mismx está rotx. 

Y este exilio es el primero que cura. Sheffield fue el comienzo del rompimiento. México fue la explosión total de las emociones. La vuelta a Europa fue forzosa; casi asusta pensar en volver a las tierras del Sur. Hoy, tres meses en la isla de la lluvia y el frío, todo anda en orden. Hay Sol y las gotas de lluvia han hecho poca presencia. Es posible recordar antiguos amores sin que se desestabilice el sistema por entero. Tan solo las manos tiemblan. Tan solo el corazón late un poco más fuerte.

miércoles, septiembre 09, 2015

Viudez

Muchas veces no recordamos siquiera aquello que un día hizo daño. Sabemos que fue; ni idea del qué.

La memoria nos cura: olvida todo lo (in)necesario.

Lo que se repite a diario nos hermanastra con la paciencia. Al final, lo que un día quitó el aliento y lo que tantos años después sigue removiendo cuerpo y alma, comprende que tan solo es una sensación, una más de tantas. Que desaparece a las horas. Y si no es alimentada, no sigue adelante -ya no. 

La costumbre, la paciencia, la muerte de la esperanza en su inutilidad. Hay quien aspira a la entrega incondicional en el amor y hay quien aspira al ascetismo. Vidas incompatibles. 

Una vez se entiende que no habrá quien ayude a mover el barco, es fácil ponerlo en marcha: ya no se espera la ayuda y lo hace unx mismx. De vez en cuando la otra persona nos seguirá desde la orilla prometiendo siempre que vendrá a ayudar -pero le da miedo navegar. Pero no sabe nadar. Pero no quiere aprender. Pero no quiere navegar. Pero no quiere

Antes el barco se paraba en seco; ahora sigue su movimiento continuo -y feliz; ante todo. 

Y quien quiere enamorarse lo seguirá haciendo y encontrará de quién hacerlo. Y quien quiere explorar mundo, seguirá explorando mundo. Y quien tiene una meta, irá a por ella. 

Quien quiere tranquilidad, no se le puede pedir otra cosa.

Y por vez primera, se enviuda: se muere el primer amor por desesperanza. Se muere tras suicidarse tantas veces. Se muere de aburrimiento: misma historia contada tanto tiempo, no resulta creíble por tediosa. 

Y quien quiere enamorarse vuelve a hacerlo y se enamora profundamente de segundos grandes amores, y mantiene viva la esperanza y es libre: es libre. Y el desasosiego se siente de nuevo por los nuevos segundos amores y se daría todo por ellos y y  y. El barco continúa su camino, encuentra puertos amables.

El barco quizá no se detenga mucho ya demasiado tiempo. 

El barco quizá encuentre su puerto definitivo antes de sucumbir en el océano.  

martes, agosto 18, 2015

Ansiedad

"Es más tarde de lo que piensas.
Pero nunca es demasiado tarde."

Se aprende, increíblemente aún con sorpresa, como si todavía no fuera experiencia, como si cada vez que sucede es por vez primera, que no existe proceso mediante el cual un momento maravilloso pasa a ser definido a través de ese sentimiento de la saudade, imposible de traducir de ese idioma de la decadencia, o en el cual pasa a ser tristeza. El mejor y el peor día pueden coexistir en segundos, la felicidad más grande puede venir seguida de su derrumbe cuando todavía no se es consciente de que aquello que se siente es precisamente lo mejor que se puede llegar a sentir.

La felicidad invade el cuerpo por entero y empieza a crear futuro sin cesar.

Es suficiente con la pregunta: ¿Te volveré a ver? Y con una respuesta que pregunta a su vez si eso es lo que se quiere. Todo esto en idiomas extraños al que se sueña todas las noches -aunque algunas noches Morfeo también nos habla en esos idiomas extraños. 

Y entonces llega la espera -y el ejercicio de la paciencia. Y a veces la suerte no acompaña. A veces las casualidades no se juntan, las circunstancias se dan a destiempo. Basta con quedarse dormidx cinco minutos y la oportunidad se verá perdida para siempre esa noche -para siempre, esta vida.

Nunca nadie habló de que se quisiera compartir un espacio temporal que fuera más allá del de unas horas. Pero eso no se decide. Hay determinadas emociones que no se deciden; en ciertas ocasiones con ciertas personas nacen, y en otras, con otras personas, no nacen.

Pero todo se acabó ahora. Hay un océano de por medio -hay demasiadas diferencias de por medio, irresolubles todas ellas. Todos los deseos han de ahogarse en ese mar inmenso antes de alcanzar la otra orilla.

Se conoce bien este sentimiento -las pocas veces que ha venido a devastar cuerpo y alma por completo hizo bien su trabajo-; ¿cómo explicar esta abrasión instantánea? ¿Este deseo irremediable del Otrx surgido en apenas unos instantes? Estos nervios intuyendo el fin cercano de la conversación y a la que pronto habría de seguirla un beso o una despedida. 

Sin embargo, recordemos, nunca nadie habló de que ese encuentro fuese a tener una continuación exterior a esa noche de luna nueva. Nadie contó con que ese encuentro fuese a dar lugar a otras emociones. En verdad, siendo honestxs, nadie daba nada por ese encuentro, que a punto estuvo de no darse, por falta de interés. ¿Qué puede esperarse de alguien que solamente tiene una noche? - Quizá estuviera ahí la clave, que no se supo ver: precisamente porque no se tiene más que ése momento, puede esperarse todo. 

                  Y ahora.

Ya no está. Se fue. Pronto empezarán los problemas para recordar su voz, su cara, su mirada, si es que todavía no han empezado. Pronto esta ansiedad se irá apaciguando, estas ganas irán muriendo al no recibir noticias, al no ser alimentadas. Pronto esa noche se convertirá en otro sueño, en uno de esos sueños en los que se ha sido plenamente feliz y se ha entregado todo el amor que puede entregarse en una noche. 

No he tenido este sentimiento muchas veces. Es un sentimiento de locura, en la que todo se concentra en esa persona y en el deseo demente de entregarse a esa persona. El cuerpo grita, llora y patalea y vuelve a gritar y a llorar de lástima y de dolor: no puede tener lo que tanto ansía. Llega el insomnio, el nerviosismo de unas piernas que no pueden quedarse quietas, unas manos que se llevan a la cabeza y quisieran arrancar todo recuerdo. Para que esta desesperación desaparezca. Para que este sentimiento termine. Para poder volver a continuar con una vida normal, llana -sin sobresaltos, sin altibajos, sin emociones fuertes, sin pasiones que incendien el alma.

Mas a la vez no se quiere deshacer de este sentimiento -no se quiere olvidar al Otrx; si tanto se siente, ha de ser por algo, éste es el pésimo intento de justificación: ¿por qué tanto para tan poco? El pecho se siente como una herida abierta, el corazón se siente atrapado y quiere saltar en busca de ese latir que tanta felicidad le dio hace apenas unas horas, unas horas que desde entonces se suman imparables y desquiciadas al reloj. ¿Es esto siquiera real? ¿Es posible que esté doliendo tanto? Ha de haber una razón, no es fácil aceptar que la vida, por sus mismas maravillas, puede ser aterradoramente cruel. 

Entonces se encuentra la manera de recordarlx siempre. 

Porque aunque sólo se hayan compartido unas pocas horas juntxs, este sentimiento encontró la manera de instalarse. Y desea y sufre y recuerda y se recrea y sonríe y vuelve al presente y se desespera y desea y sufre y anhela y no puede hacer nada. Porque no tiene sentido compartir la existencia de este sentimiento cuando hay un océano de por medio. 


domingo, agosto 02, 2015

Hace tanto que quiero escribir y hace tanto que mi voluntad se queda tan solo en el intento, que a veces creo que he olvidado cómo hacerlo.

Es como si estas palabras ya no expresaran con la misma soltura emociones que antaño formaban la vida entera -sin dejarme al descubierto.
          Descubro, pues, una claridad mayor en estas letras de la que sería conveniente desear. Realismo puro y duro, vomitar todo aquello que sucede tal como sucede. Pero entonces la realidad deja de ser creíble.

Es necesario inventarla ...pero ¿acaso me queda algo más por decir?

Las nuevas vivencias son tan solo vivencias pasadas que van subiendo de potencia. No hay nada nuevo. Me encuentro, de repente, con que no hay nada que contar. Nada -que merezca la pena dejar rastro en la memoria. 

Una nueva vida -normal- es la que define el cambiado status quo. ¿Qué hay de valor en este presente que no sea una mera repetición en una mejor versión de antiguas felicidades? 

Hay un objetivo todavía claro, aunque es necesario recordarlo más que de vez en cuando antes de que la marea de la normalidad se lleve cualquier atisbo de esperanza de que este presente, si bien es bueno -tantas veces nombrando el buen vivir y hete aquí que es de lo más aburrido-, no ha de ser permanente. Ni representativo de una vida que queda por delante.

Aunque no se sepa exactamente cómo se quiere llevar esa vida que queda por delante.

...

Me siguen asaltando dudas rutinarias. Pero hablaré de ellas en otro momento. 


viernes, junio 19, 2015

El nuevo mundo

El nuevo mundo respeta ciertos valores que el viejo mundo rescató para crearlo. Como regla primera se encuentra el cuidado sobre todas las cosas y la huida del cinismo, del todo vale, de la ironía como medida contra la vida. 

Si bien es cierto que no se luchará en contra de quienes quieran escoger tales modus vivendi, y se tratará a lxs mismxs con el distanciamiento y el laissez faire necesarios, no se tomarán sus medidas como propias, ni se caerá en el juego lastimoso de perder la fe sólo porque el Otrx no la tiene. Si el Otrx no la tiene, el problema recae solamente en su persona.

Se ofrecerá, pues, todo, en la medida de lo posible, a quien todo quiera aceptar -y dar, a su vez. (Habría quizá que puntualizar que aceptar semejante proposición es lo mismo que aceptar dar; cuando la libertad corre por las venas, cuando los miedos dejan al fin de aferrar, la generosidad en el cuidado llega por si sola; pero todas estas cosas fueron asimiladas mucho después de haber sido aprendidas.)

En el nuevo mundo vemos como el cuidado es más importante que el respeto, que muchas veces se queda en mera palabrería. Si se cuida, se respeta; si únicamente se respeta, es fácil la hipocresía.

En el nuevo mundo quedan todavía recuerdos del viejo mundo, pero ya no va a obligarse a rescatar tales recuerdos y hacerlos de nuevo presente. El nuevo mundo está dispuesto a cuidar también del pasado, pero ya no va a perseguirlo. 

En el nuevo mundo el primer cuidado se ha de dar a la primera persona del singular. Después se podrá estar en la disposición de cuidar a las demás personas.

En el nuevo mundo están permitidas las lágrimas como método de depuración. Hay dolores que necesitan ser liberados y expulsados del cuerpo, o causarán tumores. Por ello, es bueno disolverlos en forma de agua y sal dulce.

En el nuevo mundo, como bien se vio ya desde su propio nacimiento, no se tira la toalla. Se lucha. Todo lo que depende de unx mismx para conseguir ese sueño, se hará. 

En el nuevo mundo hay sueños. Muchos sueños. 

La fe es en la vida. 

(Ahora que estamos en el nuevo mundo, hemos de agradecer al viejo mundo y a sus muertxs todo lo que han hecho porque estemos hoy aquí. Y les agradece(re)mos infinitamente.)

domingo, junio 07, 2015

No repetirás tu pasado

Aprender a hacerse una misma a partir de la dependencia completa y, hasta bien poco, también ignorada, de una madre cuyo potencial quedó completamente destruido por otra madre, la suya, cuya enseñanza fue que su valor era nulo -a través de incoherencias, autoritarismo, altos y bajos in extremis, humillación y degradación moral y física, que después pasaba a idolatría; sentimientos, repitamos, extremos, sufrimiento, dolor. Y para nada vale lo que hace esta madre, pues antes de llegar a buen puerto, hunde el barco en las cinco últimas millas. Y emprender, emprendería y podría emprender tantas cosas. Y las comienza. El potencial artístico y emocional, la bondad, generosidad e inteligencia la podrían haber llevado quién sabe qué tan lejos. No es nadie y se empeña en dejar de ser alguien cada vez que está en camino de convertirse en la persona que podría ser.

Así, el campo de experiencia se reduce al sufrimiento y a la aniquilación de la personalidad de cuantas personas ama, como aniquilaron la suya; experta en ilusionarse el mundo por dos segundos y después la nada y el insomnio de todas las noches y el llanto de todos los días y la desgracia y ese sentir que la vida se está yendo y no se ha conseguido nada. Y cada día pasa igual que el anterior. 

Y lo que aprenderás, habrás de enseñar; porque no sabrás otra cosa. Aunque lo aborrezcas. Aunque aborrezcas a quien te lo ha enseñado y desees ser lo contrario, y creas que eres lo contrario.

Así las generaciones se suman, y se suma la maldición en la sangre; así los gritos de desesperación y la degradación constante, el silencio y sus ganas de matarte, cuanto más intenso el dolor. Cuánto daño se hace a quien se quiere, es incomparable al sufrimiento que se lleva dentro.

Y el Verbo se hizo Carne, y todas las palabras designaron lo que después se acabaría cumpliendo. No hay nada tan poderoso como la palabra, no importa el potencial, no importa con cuánta inteligencia se cuenta de serie. Descuidarse de la importancia de cuantas palabras nos hemos creído independientemente de su verdad, es condenarse sin remedio. Repite mil veces una mentira, y la convertirás en verdad. Así, se acabaron cumpliendo sus mandatos y se cayó en la estupidez, la traición, la soberbia, la falta de pilares y de sentimientos y en la decadencia, en fin, física, intelectual y moral.

Lucha después para deshacerte de todas las mentiras, para deshacerte de las maldiciones, para deshacerte de los falsos juicios y de las falsas predicciones. Deshaz todo el camino andado y cae en la cuenta de que éste no era tu camino. Coge la vida y háztela. Háztela a tu medida y conforme lo que mereces. Dejar de ser menos de lo que se puede ser es la única tarea religiosa que vale la pena emprender: creer en una misma. Y entonces, crearse a una misma. Sabiendo que el nuevo camino no empieza con una tabula rasa, sino que los demonios y los fantasmas recién apartados han de volver siempre. Y se les ha de matar cada una de las veces que vuelvan, o todo el proceso puede ser en vano.

jueves, mayo 14, 2015

Lo reconozco. Es difícil acostumbrarse al silencio. Al silencio que viene solo y al que forzamos que se quede. Al mismo tiempo, es tremendamente llamativo la facilidad que tiene el tiempo para sumar días y horas. Aunque largos, los minutos suman y el Sol calienta un día más y la luna aparece, si acaso, una noche más. Si acaso, porque cuando llega por entero, mejor que no viniera.

Por otro lado, son tremendas las ganas de escuchar una canción triste al baile del humo de un cigarro. Mis deseos de tabaco llegan siempre a horas intempestivas y con posibilidades indecentes de conseguirlo. Pero ya la otra noche corrí hasta el pub más cercano -e infecto- donde sabía que aguardaba una máquina llena de Camel y, estando ya tan cerca que podía adivinar que aún seguía abierto un día entre semana cualquiera, no pude entrar. Me di media vuelta y me volví a casa, con las manos vacías. Bueno, todavía con los 5 euros en una mano y las llaves de casa en la otra. A medida que me iba acercando, me iba asqueando más la idea de fumar y perdía encanto la de disfrutar de su decadencia mientras la melancolía canta. A manos de Andrés Suárez, por ejemplo. Así que no pude entrar.

Pero aún tengo ganas de volver a disfrutar una canción triste al baile del humo de un cigarro. Sin embargo sé que volvería a pasar lo mismo al ir a comprar un paquete. No tiene sentido intentarlo. He vuelto a perder la magia de la imagen estética de la decadencia. 

Pero estas letras llegan en dos tiempos diferentes. Anoche tuve que dejar de escribir porque uno de ellos rompió el silencio. Era de esperar que tarde o temprano lo hiciera; íbamos a encontrarnos en unos días, había trámites, burocracias que solucionar de por medio: en algún momento teníamos que decirnos algo. 

Aunque sólo fuera para hablar del sinsentido de vernos dada la afasia que de repente nos había cercado. Y en efecto, después el silencio volvió.

Y sigue. Y seguirá. Tampoco veo la razón de seguir diciendo palabras cuando los cuerpos no hallarán motivos para moverse. 

Y es que pasa que si no se obtiene todo, es preferible la renuncia y quedarse en nada. Quedarse en silencio. Siempre llega un periodo de apatía tras haber jugado todas las cartas y perdido todas las partidas de la noche. 


martes, mayo 12, 2015

Muchas veces, sin llegar a conseguirlo del todo ninguna de esas veces, se ha deseado esto que ahora mismo se está teniendo.

Silencio.

Siempre hay alguien. Siempre alguien quiere algo. Dice algo. Pide algo. Da algo. Ofrece. Desea. Exige. Abruma. Siempre hay alguien con una promesa.

En este momento se han callado todos. No todxs. Pero ellos, los que hablan de futuro, están, al fin, callados. No abren la boca ni les pregunto. Ni vienen a preguntar. Ya no sé qué piensan. Ya no conozco lo que anda por sus mentes en este presente. Me han dejado en paz. Algunos lo habrán hecho por desidia, otros por desinterés, o demasiado interés decepcionado. Otros lo habrán hecho por lo mejor. Otros por no poder más. Otros, sencillamente, lo desconozco. 

Ahora que tengo lo que tantas veces he querido me pregunto si es esto lo que quiero. Qué tal la nueva situación. Me pregunto en qué medida tengo contribución en este silencio; si es mayor o menor de la que pienso. Es cierto que a algunos los acallé cuando apenas empezaban a murmurar las primeras palabras, pero qué hay de los que tuvieron otras razones.

La única promesa que me hago es que no iré a buscarles. No les preguntaré el porqué de sus silencios ni si alguna vez pensaban volver. Esos quehaceres ya no me pertenecen. 

Si la respuesta es el silencio, que el silencio cubra la noche. 




miércoles, abril 29, 2015

Hace tiempo conocí a una persona igual a mí. A lo largo de mi vida he conocido muchas personas tales, pero él, especialmente, era mi igual. Nos quisimos mucho el tiempo que nuestras vidas coincidieron en ese lugar del Sur. Nos quisimos sin maldad, aunque toda felicidad trae un damnificado. O varios. Nos quisimos más de lo que pudimos, y nos dejamos de querer tan pronto como tuvimos que aceptar que no podíamos seguir queriéndonos. A ninguno nos dolió nuestra pérdida; nos dolieron mucho y un poco otras cosas.

Él abrió el espacio de la renuncia al sufrimiento, de la aceptación, del anhelo por tenerlo todo. Sin embargo, por ello mismo, su vida había de basarse en algunas mentiras capitales. La mentira a cambio de vivir todo lo que el alma anhela. A cambio de exigirle todo a la vida. No se puede culpar nunca a quienes eligen vivirlo todo. 

No lo he echado de menos nunca después de nuestra despedida. Su vida volvió a sus cauces y la mía también. No sería empero hasta un año después, o más -es difícil pensar en años cuando lo que se recuerdan son vidas pasadas- cuando pude entender todo lo que habíamos vivido. Todas nuestras enseñanzas, que fueron suyas, y después de ese otro él, y aún de otro él, cabían ahora en mi ser. Había cambiado -he cambiado. Los sueños son los mismos, los deseos, iguales; no lo son las carencias ni los miedos ni la incertidumbre. 

Gracias a ese él que es igual a mí y de quien nada sé ya, sé hoy lo que vaticinaron sus palabras. Él me conoció bien y conoció bien mi pasado y quién era mi persona, al igual que yo sabía quién era su persona. 'Yo sé con quién estarás en cinco años.' Yo sabía a quién se refería, pero no quise creerlo. No era posible creerlo.

Mas hoy sé cuán ciertas fueron esas palabras. Cuando conoces a alguien con quien sientes desde el primer momento que es la persona de tu vida -¿cuántas personas pueden decir eso y que se les vaya la vida en la verdad de ese sentir?-, pero la has conocido demasiado pronto -tan al principio de la vida-, cuando a pesar de toda la felicidad futura y el amor y el cariño y la ternura y el sexo que llegan de tantos seres a quienes se quieren, pero que no duelen -nunca más ha vuelto a doler una pérdida, nunca más ha vuelto a doler una decepción-, cuando a diario -la eternidad consiste en todos los días de la vida- existe un pensamiento dirigido a la misma persona desde antes, quizá, de conocerla, cuando. 

Quizá todo el amor que le tuve está ahora disperso en millones de seres. Quizá todo el dolor está esparcido ahora en pequeñas dosis de pequeñas discusiones, de pequeñas mentiras y pequeñas falsedades.

Quizá nunca he dejado de quererlo. Quizá nunca deje de hacerlo. Quizá siga temblando cada vez que sé de él; cada vez que uno de los dos vuelve en busca del otro: porque eso también hacemos, como buenos malditos locos; cada cierto tiempo, irrumpimos intempestivamente en la vida del otro y entonces revoloteamos todo, buscando en los cajones si aún quedan recuerdos y deseos, aún sabiendo que nuestras vidas no pueden ir en común. Porque si lo hicieran, nos aniquilaríamos, como tantas otras veces hemos hecho. Pero lo hacemos, porque no sabemos hacer otra cosa. Y ninguno de los dos ha tenido la fuerza hasta la fecha para cerrar la puerta de manera definitiva -¿pero lo único definitivo no es, si acaso, la muerte?.

Así que no sé con quién estaré en tres años -han pasado ya casi dos desde aquél vaticinio de aquél igual a mí-, pero casi podría jurar que sé en quién estaré pensando, todavía, a diario. Y lo acepto. Está bien que sea así. Está bien que la vida me haya dado la maravillosa oportunidad de encontrar a alguien que recorre mi sangre, mi alma y mi mente. Porque si esta vida no pareciera tan irreal como sólo es real la literatura, no valdría la pena vivirla.

A V., 
que seguramente no me leerá,
 porque todas mis letras le duelen


sábado, abril 11, 2015

Es curioso. A mí has podido enseñarme. He crecido mucho gracias a todo lo que me has revelado. Mediante explicaciones, exposiciones y actos -práxis!-, ya no puedo volver atrás a quien era. Soy una mejor persona gracias a tus enseñanzas. Sin embargo, a ti, tus conocimientos, no te han servido para nada. No te sirven para nada. A ti mismo no has sabido aplicarlos. El intento costaba esfuerzo: cuando te cansaste, te quitaste la máscara. Lo que había detrás de la máscara era bastante patético. Quizá tuvieses razón: las personas sólo pasan por tu vida porque necesitan sanar. Una vez se cura la herida, se marchan.

Aún tengo heridas y llagas que supuran de vez en cuando. Son viejas batallas, guerras ancestrales. Pero muchas han cicatrizado gracias a ti. Ya no puedo abrirlas ahora: la sangre ha cuajado. Tu veneno no provoca efectos en mi piel. 

Es curioso, en efecto. Que sin embargo, al Otrx sí puedas enseñarle. Aunque a ti no puedas ayudarte. Curioso y tal vez triste. Pero quisiera no juzgarte, no caer en tus mismos juegos. Podría haber sido diferente. Podría haber sido una historia feliz. Porque mi amor no es incompatible con todo lo que te conté. Pero no supiste entenderlo.

Te cansaste.

Voy a juzgarte, en esto solamente. Es triste lo que hiciste. Supone una gran decepción. No puedo ocultar que esperaba más con todo lo que me enseñaste. Tu última lección fue pésima. Y en esto solamente, voy a ser cruel: no eres digno de tus conocimientos. No estás a la altura; no has sabido enseñar mediante el ejemplo. 

Yo, sí; soy el ejemplo vivo de tus enseñanzas. Tú, que has querido romperme en la batalla final, te dedicaste todo el tiempo anterior a volverme invencible. Ay.

lunes, abril 06, 2015

/04

Podría ser que en el pasado nos creyéramos las mentiras que nos contaron. Podría darse que incluso les hiciéramos caso a nuestros asesinos de ilusiones. Que ante la fuerza de nuestra vitalidad, viniera alguien a arrancarla de un hachazo, mortífero miedo a la luz que nuestras ganas emanaban. Hay quien teme y hay quien envidia tal intensidad. Hay quien no soporta ni mirarla, incapaz, como es, de sentirla.

Es posible, vamos a darle la condición de quizá, que dejáramos de hacer cosas gracias a nuestros verdugos. O que, al menos, las pospusiéramos. Tal vez, podríamos estar en otro lugar si no hubiese sido por tanto poder destructivo. Si no nos hubiésemos creído que la verdad no es bandera de todas las personas. O no, quizá sólo fue nuestro miedo a emociones que no entendíamos y a la violencia que nos disparaba a movernos, a seguir, seguir siempre soñando; soñando, luchando, haciendo realidad los sueños. Quizá creímos a nuestros carniceros porque no éramos capaces de creer que lo que teníamos adentro era real. Y dejar-nos llevar por ello hasta las últimas consecuencias. Intentamos apagar el fuego que nos abrasaba como pudimos. Quizá nos venía grande y nos enseñaron a que éramos pequeñxs. 

Todo tiene la misma condición plausible. Sin embargo, hay algunas cosas que hemos aprendido a lo largo del tiempo. Que ya iba siendo hora de dejar de vivir contínuamente sin llevarse algo de aprendizaje también de lo experienciado. Y ya no creemos nada de lo que nos cuentan quienes vienen a masacrar nuestras ilusiones. No hay peor asesino que aquél que no soporta una sonrisa. No hay mayor enemigo de la vida y mayor necrófilo que aquél que odia la risa e intenta aniquilarla. No hay peores personas que ésas. He ahí la definición de bajeza moral. Y vital.

Pero ya no pueden vendernos sus miserias. Sabemos quienes somos, y que lo que nos recorre más acá de la piel es inmenso. Sabemos que queremos dejar libre todo lo que podemos llegar a ser y queremos convertirnos en aquello que nuestra alma anhela. Porque seguimos creyendo en el alma; porque volvemos a creer en ella. Porque ya hemos vivido la decadencia y nuestra destrucción y conocemos nuestro infierno. 

Y ya no nos vamos a, ya no podemos, ya no sabemos, conformarnos con menos que lo mejor que podemos ser. Digan lo que digan; intente desgastarnos e intente clavarnos puñaladas sin previos avisos quien sea: ni nuestro Dios podría quitarnos de nuestro camino. 

Menos unos pobres diablos.

Y vamos a lograrlo. Se nos vaya la vida en ello.

lunes, marzo 23, 2015

/03

Una vuelve siempre a los viejos lugares donde amó la vida.

De una despedida puede dolernos más su cómo, que su por qué o su falta de para qué. Es posible, puede darse. Puede doler más la forma de esos últimos momentos, que el que ya no haya más momentos después. Más tarde llegará ese dolor también, quizá.

O quizá nos quedemos siempre rememorando esos últimos momentos y elijamos siempre ese último dolor, antes de querer mirar más allá; ante la falta de futuro, rebobinar una y otra vez la última canción del disco. Para no encontrarnos ante el silencio -cruel, esta vez. Cruel y espantoso. Espantoso y absurdo.

Porque es absurdo pensar ya en tiempos venideros tras esas últimas horas. Hasta ahí llegamos. Lo mejor que pudimos dar en ese final fue lo peor. Es posible que llegue un momento en el que dos personas que quisieron darse todo -lo mejor- hablen sin importar ya a quién se están dirigiendo y vomitar todos los demonios que las pueblan. Se abre la caja de Pandora sin quedar siquiera la esperanza. Todo eso es posible, también.

Llueve y diluvia sin parar desde que.

No sé de dónde viene tanta agua, ni de adentro ni de afuera. Quizá, tal vez, como antaño pensábamos, tanto agua sirva al menos para purificarnos. Si más no, que sirva para ahogarnos. 

Si más no.

Y el resto que venga de la mano de quien supo:

Casi, casi nada me resulta pasajero 
todo prende de mis sueños 
y se acopla en mi espalda 
y así subo muy tranquilo la colina 
de la vida. 

Nunca me creo en la cima o en la gloria, 
eso es un gran fantasma 
creado por generaciones pasadas, 
atascada* en el camino de la vida. 

La realidad duerme sola en un entierro 
y camina triste por el sueño del más bueno. 
La realidad baila sola en la mentira 
y en un bolsillo tiene amor y alegrías, 
un dios de fantasías, 
la guerra y la poesía. 

Tengo de todo para ver y creer, 
para obviar o no creer 
y muchas veces me encuentro solitaria* 
llorando en el umbral de la vida. 

Busco hacer pie en un mundo al revés 
busco algún buen amigo 
para que no me atrape algún día, 
temiendo hallarla muerta 
a la vida. 

La realidad duerme sola en un entierro 
y camina triste por el sueño del más bueno. 
La realidad baila sola en la mentira 
y en un bolsillo tiene amor y alegrías, 
un dios de fantasías, 
la guerra y la poesía.