lunes, marzo 23

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Una vuelve siempre a los viejos lugares donde amó la vida.

De una despedida puede dolernos más su cómo, que su por qué o su falta de para qué. Es posible, puede darse. Puede doler más la forma de esos últimos momentos, que el que ya no haya más momentos después. Más tarde llegará ese dolor también, quizá.

O quizá nos quedemos siempre rememorando esos últimos momentos y elijamos siempre ese último dolor, antes de querer mirar más allá; ante la falta de futuro, rebobinar una y otra vez la última canción del disco. Para no encontrarnos ante el silencio -cruel, esta vez. Cruel y espantoso. Espantoso y absurdo.

Porque es absurdo pensar ya en tiempos venideros tras esas últimas horas. Hasta ahí llegamos. Lo mejor que pudimos dar en ese final fue lo peor. Es posible que llegue un momento en el que dos personas que quisieron darse todo -lo mejor- hablen sin importar ya a quién se están dirigiendo y vomitar todos los demonios que las pueblan. Se abre la caja de Pandora sin quedar siquiera la esperanza. Todo eso es posible, también.

Llueve y diluvia sin parar desde que.

No sé de dónde viene tanta agua, ni de adentro ni de afuera. Quizá, tal vez, como antaño pensábamos, tanto agua sirva al menos para purificarnos. Si más no, que sirva para ahogarnos. 

Si más no.

Y el resto que venga de la mano de quien supo:

Casi, casi nada me resulta pasajero 
todo prende de mis sueños 
y se acopla en mi espalda 
y así subo muy tranquilo la colina 
de la vida. 

Nunca me creo en la cima o en la gloria, 
eso es un gran fantasma 
creado por generaciones pasadas, 
atascada* en el camino de la vida. 

La realidad duerme sola en un entierro 
y camina triste por el sueño del más bueno. 
La realidad baila sola en la mentira 
y en un bolsillo tiene amor y alegrías, 
un dios de fantasías, 
la guerra y la poesía. 

Tengo de todo para ver y creer, 
para obviar o no creer 
y muchas veces me encuentro solitaria* 
llorando en el umbral de la vida. 

Busco hacer pie en un mundo al revés 
busco algún buen amigo 
para que no me atrape algún día, 
temiendo hallarla muerta 
a la vida. 

La realidad duerme sola en un entierro 
y camina triste por el sueño del más bueno. 
La realidad baila sola en la mentira 
y en un bolsillo tiene amor y alegrías, 
un dios de fantasías, 
la guerra y la poesía.