lunes, abril 06, 2015

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Podría ser que en el pasado nos creyéramos las mentiras que nos contaron. Podría darse que incluso les hiciéramos caso a nuestros asesinos de ilusiones. Que ante la fuerza de nuestra vitalidad, viniera alguien a arrancarla de un hachazo, mortífero miedo a la luz que nuestras ganas emanaban. Hay quien teme y hay quien envidia tal intensidad. Hay quien no soporta ni mirarla, incapaz, como es, de sentirla.

Es posible, vamos a darle la condición de quizá, que dejáramos de hacer cosas gracias a nuestros verdugos. O que, al menos, las pospusiéramos. Tal vez, podríamos estar en otro lugar si no hubiese sido por tanto poder destructivo. Si no nos hubiésemos creído que la verdad no es bandera de todas las personas. O no, quizá sólo fue nuestro miedo a emociones que no entendíamos y a la violencia que nos disparaba a movernos, a seguir, seguir siempre soñando; soñando, luchando, haciendo realidad los sueños. Quizá creímos a nuestros carniceros porque no éramos capaces de creer que lo que teníamos adentro era real. Y dejar-nos llevar por ello hasta las últimas consecuencias. Intentamos apagar el fuego que nos abrasaba como pudimos. Quizá nos venía grande y nos enseñaron a que éramos pequeñxs. 

Todo tiene la misma condición plausible. Sin embargo, hay algunas cosas que hemos aprendido a lo largo del tiempo. Que ya iba siendo hora de dejar de vivir contínuamente sin llevarse algo de aprendizaje también de lo experienciado. Y ya no creemos nada de lo que nos cuentan quienes vienen a masacrar nuestras ilusiones. No hay peor asesino que aquél que no soporta una sonrisa. No hay mayor enemigo de la vida y mayor necrófilo que aquél que odia la risa e intenta aniquilarla. No hay peores personas que ésas. He ahí la definición de bajeza moral. Y vital.

Pero ya no pueden vendernos sus miserias. Sabemos quienes somos, y que lo que nos recorre más acá de la piel es inmenso. Sabemos que queremos dejar libre todo lo que podemos llegar a ser y queremos convertirnos en aquello que nuestra alma anhela. Porque seguimos creyendo en el alma; porque volvemos a creer en ella. Porque ya hemos vivido la decadencia y nuestra destrucción y conocemos nuestro infierno. 

Y ya no nos vamos a, ya no podemos, ya no sabemos, conformarnos con menos que lo mejor que podemos ser. Digan lo que digan; intente desgastarnos e intente clavarnos puñaladas sin previos avisos quien sea: ni nuestro Dios podría quitarnos de nuestro camino. 

Menos unos pobres diablos.

Y vamos a lograrlo. Se nos vaya la vida en ello.