jueves, mayo 28

Hay que convertirse en Dios

El tiempo pasa más rápido que las reflexiones que podemos hacer sobre lo que nos va dejando. Pasa más rápido que nuestros miedos ante el futuro incierto, o aquellos que surgían sobre lo certero de lo que estaba por llegar. Y al final, los miedos siempre son peores que aquello que en definitiva acontece. 

A este animal de costumbres no hay nada que se le resista; por eso hay que tener cuidado con aquello con lo que lo alimentamos diariamente. A todo se acostumbra. Si no hay más, no hay más. Puede incluso aceptarlo. 

(¿Puede, realmente?)

(Puede, a costa de la voluntad. El obligarse a no hacer nada no deja de ser una acción -activa, repetimos. Y se necesita, a veces, más fuerza de voluntad para mantenerse en suspenso que para obligarse a moverse. El caos tiende hacia abajo: el esfuerzo es para que se mantenga todo en equilibrio, tal como está. Silencio, ni ruido, ni clásica.)

Buenas nuevas van llegando, mientras, no obstante. Y vienen prometiendo el tan anhelado fin y comienzo de lo que se retrasó un año en llegar. 

(¿Fue necesario este año? ¿Hubo aprendizaje previo necesario a la partida?)

Buenas nuevas y luego todo por llegar a un mes de distancia. La fecha es baladí; totalmente aleatoria. Podría haber sido cualquier otra. Pero concordaba con algunos asuntillos de la praxis y bueno.

Hay una lista donde se van apuntando las personas de quienes se han de citar una despedida. Pero para cumplir esas despedidas, habría que recorrerse media España, así que el radio se ha delimitado a más que menos, menos que más, sesenta km a la redonda. Lo que ande más lejos tendrá que ofrecer un encuentro ya en la nueva vida. Así quedan hechos los trámites burocráticos. Ésos, al menos. 

Hay cierta expectativa, es cierto. Tipo: cómo será la nueva vida. Lloverá mucho. Se logrará olvidar algo de la vida anterior. Qué tal andará el tema de las migraciones en el nuevo mundo; quién migrará, quién se refugiará, quién quedará eternamente sin patria. Qué poblaciones llenarán la mente. 

La única cuestión de fondo es que aquello que ha de llegar no parece real - y tampoco vendrá dado: hay que hacerlo real. ¿Pero cómo hacer real aquello que no parece real? 

Hay, pues, que fabricarlo. Seremos artífices. Nos tocará convertirnos en Diosxs.