domingo, agosto 2

Hace tanto que quiero escribir y hace tanto que mi voluntad se queda tan solo en el intento, que a veces creo que he olvidado cómo hacerlo.

Es como si estas palabras ya no expresaran con la misma soltura emociones que antaño formaban la vida entera -sin dejarme al descubierto.
          Descubro, pues, una claridad mayor en estas letras de la que sería conveniente desear. Realismo puro y duro, vomitar todo aquello que sucede tal como sucede. Pero entonces la realidad deja de ser creíble.

Es necesario inventarla ...pero ¿acaso me queda algo más por decir?

Las nuevas vivencias son tan solo vivencias pasadas que van subiendo de potencia. No hay nada nuevo. Me encuentro, de repente, con que no hay nada que contar. Nada -que merezca la pena dejar rastro en la memoria. 

Una nueva vida -normal- es la que define el cambiado status quo. ¿Qué hay de valor en este presente que no sea una mera repetición en una mejor versión de antiguas felicidades? 

Hay un objetivo todavía claro, aunque es necesario recordarlo más que de vez en cuando antes de que la marea de la normalidad se lleve cualquier atisbo de esperanza de que este presente, si bien es bueno -tantas veces nombrando el buen vivir y hete aquí que es de lo más aburrido-, no ha de ser permanente. Ni representativo de una vida que queda por delante.

Aunque no se sepa exactamente cómo se quiere llevar esa vida que queda por delante.

...

Me siguen asaltando dudas rutinarias. Pero hablaré de ellas en otro momento.