martes, agosto 18

No encuentro el sentido a que un sentimiento pueda nacer de tal forma que llene el ser por entero y que a la vez no vaya a tener ...continuación. No es suficiente entender que no ha de existir tal sentido - más bien, como decíamos, tal suposición descubre una crueldad inmensa que no se quiere aceptar; ¿pero no es toda la naturaleza cruel por definición? ¿Por qué un sentimiento humano habría de escapársele? ¿Por qué íbamos a estar nosotrxs exentxs de pagar el precio del sufrimiento al que todos los demás animales están sometidos?

No, no se quiere aceptar tal suposición, por más verdad que delate.

Entonces, 

Se puede pensar que aunque este deseo no pueda volver a ser satisfecho, sí ha traído algo bueno consigo: ha traído arte. Ha abierto una puerta que se creía cerrada. Ha devuelto la esperanza. Es la prueba de que se puede volver a encontrar a quien haga nacer sentimientos tales. Es, en realidad, muchas cosas, ¿no es ello suficiente a cambio de su no-satisfacción?

¿Lo es? 

¿Pero no hay nada más?

¿Hay que implicar que esto es todo para lo que este sentimiento existe, y hacía falta tal devastación para aprender todas estas lecciones? Bien su intensidad podría haber sido menor y habría tenido similares efectos dominó. ¿O una menor intensidad no habría supuesto motor suficiente? 

Pero duele. Duele ante todo porque a cada día que pasa empieza a desconcertar qué es este sentimiento exactamente, si realmente se le siente como tal, si no es tan solo una exageración, se duda incluso de la existencia de esa persona. Su presencia fue tan fugaz que cada vez cuesta más creer en esa noche, aunque se la lleve grabada en la piel. 

Pero cuántos amores no habrán muerto antes de nacer. Nuevamente el eterno retorno: por qué esta situación habría de ser diferente. Por qué darle más importancia de la que, probablemente, no tenga. No es tan especial. No es para tanto. Estas cosas pasan. Y a veces no pasan. No tienen nada de extraordinario. Igual que no lo tiene nuestra vida en conjunto, por más que nos desvivamos -literalmente- para darle un sentido. En el fondo, el resumen es que nacemos y morimos y no hay universo al que le importe.

Para qué,

Sin embargo la situación me está volviendo loca. Mi deseo de él me está consumiendo. Caigo en la realidad de la imposibilidad de su presencia y me hundo. Y todo se está llevando en silencio -nadie lo conoce, nadie sabe de este sentimiento. Y no me atrevo a decirlo en voz alta, porque temo que todo no sea más que un hechizo y cualquier pensamiento pragmático con pies y boca venga a deshacerlo. Y porque tampoco sabría qué decir: qué contar, si apenas hay nada que contar. No queda apenas rastro de esa noche. Quizá nunca existió. Quizá fue todo un sueño -el mejor en demasiado tiempo. Quizá deseé tanto una felicidad como la de aquella noche, que al fin Morfeo se apiadó de mí y me la trajo. Quizá me esté volviendo, simplemente, loca. Quizá siempre lo haya estado, ahora simplemente mi condición está tomando un cariz más clínico.

No lo sé.

Pero duele, exaspera, desespera. Y ni siquiera sé qué de él -o por qué él en conjunto- hace que sienta todo esto, si no es más especial que el resto de personas maravillosas que han poblado esta vida plagada de amores dementes.

No lo sé. Pero no sé si podré seguir soportando más amores de estos sin sentido. El desgaste es demasiado grande. Una noche de felicidad plena no puede tener el precio de la demencia tantos atardeceres después.