Pretérito (im)perfecto

Todos tenemos una historia que contar. 
Leí hace algún tiempo que esta era maestra de la vida y testigo de los tiempos. 
He aquí mi historia, rota, incompleta, absurda y a la vez coherente.
Me confieso y me despido del pasado, 
reconciliándome en un último abrazo.



No somos quienes fuimos ni seremos quienes pretendemos ser. Pero a veces nos perdemos en el pasado o en el futuro, y así nos engañamos puerilmente pensando que fuimos o seremos los mismos que ahora están extraviados en tiempos inexistentes.
Sinsentidos, octubre 09


Bendita filosofía.
Bendita en tus mil y una formas, cambiaste mi espíritu desde el momento en que llegaste a mi vida. Y desde entonces, no dejas de hacerlo.
Tengo tanto que aprender de ti, tienes tantas cosas que enseñarme, tú, mi máxima, mi ley, mi vida entera.
Manantial de sabiduría, no sabes cuánto puedo llegar a amarte, y es que no hay nada que sacie mi sed como tú, cuanto más te tomo, más me embriagas, es esta cata de la infinitud de tus conocimientos que me hace adicta a ti.
Eres tan sublime; di, en mi búsqueda de la perfección, contigo. Y desde ese cruce de caminos, he tomado el tuyo como eternamente mío.
Bendita, pues bendices a quienes te encuentran.
Y es que no hay religión más verdadera que cuyo Dios te lleva por nombre. Ni ciencia más necesaria que tú, querida disciplina ancestral.
Cuántas magníficas personas has formado, cuántos que, borrachos de tu sabiduría, han tropezado en mi vereda.
Tengo tanto que agradecerte, por ellos, por ti, por lo que haces de mí. Una eternidad no me bastaría hacerlo; ni homenaje con palabras ni hechos se encontrará tampoco, que pueda hacerte justicia.
Tú eres la prueba de que los seres humanos son maravillosos, mientras quede una sola persona que piense, quedará esperanza.
Mi querida y bendita filosofía. Conocerte es suficiente motivo para amar la vida.
De vocaciones... y amores,  febrero 10


Plenitud.
Esa es la palabra, pero tan solo es una palabra...
El reloj en la muñeca. Atados al tiempo como perros sumisos que, domesticados, no saben que están presos y siguen ciega y dócilmente a su amo hacia su perdición.
Se cae el reloj. Se para el tiempo.
Estado de ánimo apacible, sensación placentera, emoción agradable, sentimiento de bienestar.
Armonía.
Ternura, amabilidad, bondad.
Si el tiempo desaparece, ¿todo se detiene?
Que desaparezca, pues.
Hay días únicos, especiales, en los cuales las circunstancias se mezclan con los acontecimientos, esperando a que el tiempo llegue y forme un momento sublime.
Paz.
La hierba verde. Y el cielo azul.
La humedad detrás de un día lluvioso. Siempre, siempre sale el sol tras la tormenta.
El mundo vuelve a renacer.
Y ahí, tumbándose, mezclándose, a tientas con el fino tacto de la hierba, sintiendo lo más profundo de la vida. Lo más precario. Y lo más perenne. Pureza. Plenitud.
Olvido del tiempo, olvido de que existe un mundo más allá de ese verde. De ese azul. Donde no importa lo que sucedió, lo que sucederá, si mal o bien, si bien o mal. Sentir. Placer. Hedonismo en su más perfecto significado.
Nada más cerca de la felicidad.
Sí, existen días perfectos,  julio 10


Cuando la camiseta está a punto de volar cual obstáculo hostil entre los dos cuerpos, ella se aparta bruscamente:
- Me voy a leer. Él la mira atónito, perplejo, con cara de idiota.
-¿Ahora? Sigue la mirada incrédula mientras ella se aleja sonriendo. ¡Quemaré tus libros! O mejor todavía...
-¿Qué haces? Pero a esas alturas él ya la ha levantado del suelo y la sostiene en brazos, sin más respuestas. La lleva hacia la estantería del salón y de un empujón caen todos los libros que la sustentaban. Los roles han cambiado, él sonríe triunfante, ella ahoga un grito. Cae Nietzsche, cae Dostoievski, Tolstoi, Platón, Hesse, Goethe... Caen los dos amantes en el suelo, entre los libros abiertos, la mirada inquisitiva.
- Ellos nos serán testigos. Y con los ojos la devora. Quedan desnudos los cuerpos, desnudas las almas. Él se hunde en su pecho, ella busca un apoyo, se pincha en la rosa de Eco. Las miradas se cruzan, su boca explora más abajo. Ella se retuerce, desgarra una última tentación de la inocencia. Él sigue bajando, ella le da una patada al banquete. Su lengua quiere llevarla más allá del bien y del mal y ahora está subiendo de nuevo. El silencio se funde y confunde con el grito, los susurros, los suspiros; los cuerpos están unidos cual afinidades electivas que pronto se separarán. Un estremecimiento a dúo y un sudor frío en la espalda les devuelve al sentimiento trágico de la vida. Silencio. Fin.
Él enciende su cigarrillo, ella necesita su chute. De Hesse. Ahí está Demián. Coge el Lobo estepario.
-¿Por qué?
-¿Por qué? Una sonora carcajada infantil estalla en su garganta. Ay amor, a ellos los quiero, contigo sólo es sexo.
Ellos nos serán testigos,  agosto 10


Encuentra una persona que sea capaz de saciarte en todos los ámbitos de la vida que te importan, que te seducen, alguien avezado en satisfacerte en todos los aspectos que te interesan.
Al fin y al cabo tu naturaleza es animal, encuentra a alguien que sepa follarte, que te diga obscenidades mordiendo tu oreja con la misma soltura y facilidad con la que te hace el amor y te canta blues en la otra oreja. Mientras tú te estremeces, pierdes la conciencia y sientes por todos los poros de tu piel y más allá de esta que has muerto y vuelto a resucitar.
Pero no sólo los instintos más básicos rigen tu vida, encuentra una persona a quien querer y a la que puedas también odiar de vez en cuando. Alguien que te quiera y que te odie con la misma intensidad para después volver a fundiros en caricias que os abrasen las entrañas.
Alguien que te haga reír cuando esté y llorar cuando falte, y al revés. Que sepa también hacerte llorar de felicidad.
Que te robe pensamientos sin robarte tu individualidad, tu libertad como ser. Una persona por la que el mito de Platón sea realidad, realidad y verdad, con la que sientas que en ese mundo anterior y ancestral de ideas -y ante todo, locuras-, vosotros dos fuisteis uno solo.
Alguien que satisfaga tus necesidades más metafísicas, o más intelectuales, según como se quiera mirar. Ya sabes, alguien con quien puedas conversar más allá del 'hoy hace un día estupendo'. O, mejor dicho, que podáis llevar esa banal constatación a una magnífica alegoría sobre el tiempo y la vida. Todo cambia, nada permanece, hoy tormenta, mañana siempre saldrá el Sol.
Encuentra, por qué no, a alguien que sea además un completo idiota. Que se ría de sí mismo y de su imperfecta perfección, pues cuanto más idiota resulte, más adorable te parezca. Se trata de encontrar a alguien de quien poder aprender y que esa persona también pueda y quiera aprender de ti, desdibujad los límites entre maestro y discípulo, interrogad al otro, buscad en su interior, conocedlo.
Exacto, encuentra a quien se deje conocer y que al mismo tiempo se guarde otro misterio por cada secreto desvelado. Que nunca acabe el juego de la incertidumbre.
Y cuando encuentres a tal persona, ámala, pero ámate a ti más todavía, o a ambos por igual, porque has encontrado a alguien tan cercano a ti como tu soledad.
Y saborea cada uno de los instantes de su tiempo que esta persona te regala, pues tarde o temprano la vida te hará pagar por semejante robo que le has hecho al cielo.
Y como has podido comprobar, no te he dicho en ningún momento que busques.
Tales seres no se buscan, sólo se encuentran.
Encuentra,  octubre 10


Si dejásemos a los deseos volar. Si nos atreviésemos con nuestros propios pensamientos, con nuestros sentimientos más ocultos. Pero no podemos, claro. Ciertos deseos han de ser enterrados antes de nacer; no se puede ir por la vida pretendiendo satisfacer todo lo que anhelamos. ¿Es real el deseo? Si es lo que nunca llega a ser, porque justo al concretarlo en nuestra realidad, desaparece, ¿qué es el deseo? Ese impulso que mejor que nadie nos mueve, ¿cómo definirlo con exactitud? ¿Y qué pretende de nosotros? Es extraño que la meta que persiga sea la de fenecer, cuando todo lo que nos rodea busca la inmortalidad. Nada hay como el deseo que anhela lo imposible. Nada más sublime. Nada que dé tanto como exige. Pues el deseo de lo imposible lo quiere todo, todo y más. Y tal vez sea el deseo de lo imposible el que nunca muere, el único real y honesto, el único que encaja con lo que todos buscan, aunque sea el más despreciado. El deseo de lo imposible no busca razones, a las que considera repugnantes e inmorales por querer poner límites al corazón. Traspasa cualquier barrera, cuya existencia siquiera conoce. El deseo de lo imposible saca lo mejor o peor de cada uno de nosotros, que vaya en una dirección u otra es simplemente cuestión de carácter. Dirán que es más fácil ser malo que bueno, sin embargo, en todo lo liviano lo que yo veo es mediocridad. Tanto ser de verdad bueno como malo requiere su esfuerzo, su sacrificio, su... talento y elegancia. El deseo de lo imposible nos hace excelsos, pero también puede destrozarnos. Hay que saber en busca de qué imposible ir; porque no hay dos imposibles iguales, como tampoco hay dos personas iguales. Pero el deseo de lo imposible sólo encuentra cabida cuando la vida abre sus paréntesis: en esos momentos donde todo es posible; en esos momentos en los que la razón cae en depresión e intenta suicidarse. Porque, para qué engañarnos: en esta vida los sueños, sueños son.
Deseo de lo imposible,  diciembre 10


¡Sálvame! ¡Sálvame de este mar de incertidumbre, de este océano de ignorancia y desasosiego! Ven y dime lo que me amas, si tanto lo haces, ven y llévame lejos, muy lejos de este lugar, donde no lo pueda recordar. Ven y hazme presa, secuéstrame y diles que ya no me devolverás. Diles que este no es mi mundo, diles que están locos, diselo por mí, diles que no vale la pena vivir la vida que viven; que ya están muertos, ¡que asesinen también su cuerpo, pues! Ven aquí... y susúrrame al oído que todo está bien, que nada tenemos que ver con esa vida de ahí fuera, con ese mundo chiflado, alienado y estúpido, ignorante y ridículo. Pregúntales qué han hecho, oblígales a que se paren, aunque sea por un instante, a pensar; y que contesten, si es que pueden; si es que se atreven. Ven y dime que al menos hoy el amor nos sobrevivirá, que en medio del caos encontraremos nuestra orilla, que la injusticia y el sufrimiento gratuito desaparecerán en nuestro sueño... que podremos soñar, sin miedo a que sean pesadillas... Toma tú el timón y sálvame, llévame rumbo a la Utopía, que más da que signifique No-lugar; ahí es justo donde quisiera llegar. Bésame... y en un beso, sálvame.
Utopía,  enero 11


Emborrachémonos hasta olvidar lo aprendido, si total, hay ciertas cosas que la vida nos enseña que más vale no haberlas aprendido nunca.
Olvidar,  enero 11


Nos asfixia el verano en incendios mentales de noches elementales: noches blancas con el corazón oscuro. Como siempre desde el principio del mundo. O desde que proclamé bien bajo que así había de ser la amante del día. Despacito y en silencio nos queman recuerdos que todavía están por llegar, sueños escondidos sin fecha en el calendario. Y esperamos lo que ya tendría que haber llegado, pues el deseo no conoce de lo que ha de llegar. Cuando el futuro llega, el deseo desaparece; ya consumado, ya aborrecido de aguardar. Paciencia es lo que le falta y lo que nos aboca en el abismo del caos. Pues todo carece de sentido en la noche que no sabe más que prometer. Que el sueño no llega si los sueños no tienen esperanza de verse arrojados a la realidad. Y en mitad de esta anarquía lo único que intenta llevar un poco de claridad son unas letras que se juntan queriendo dar explicación de lo que está ocurriendo, del tiempo presente, de lo que ahoramismoestásucediendo. Pero olvidan la desidia que le cuesta a quien las escribe escribirlas.
Noches elementales,  junio 11


Aquí estoy, tras mucho tiempo, tal como me pediste.
Ahora déjame que te cuente. Para empezar, decirte que soy joven, muy joven todavía y sé demasiadas cosas que no tendría por qué saber aun, y que a veces habría preferido no conocer. Cada vez creo más, si en algo creo, que la ignorancia da la felicidad.
Te cuento avalándome en mi juventud que tengo hambre y sed de vida, de vivir. Que no quiero caer en la rutina, ni quiero tener planeado el día de mañana, no quiero compromisos, no quiero tener cuarenta cuando no he cumplido ni la mitad. Hoy todavía quiero pensar en hoy, no me interesa el futuro y del pasado no quiero acordarme. No quiero que me pesen los años y los pocos que tengo los siento ya muchos.
Verás, hay una falsa madurez que inventaron los adultos, solo para sentir sus miserables vidas más vidas y menos miserables. Esta falsa madurez consiste en unos pasos que uno, por cierta ley tácita, está obligado a dar, y por seguirlos se lleva el título de la madurez. Lo que básicamente consigues a lo largo de los años es dejar de sentir, dejar de pensar y hacer cola en los cementerios vivientes por si queda alguna plaza. Yo no quiero que el domingo me pille viendo la televisión por hastío y para descansar de la semana.
Sigo hablando y te digo que quiero dejarme llevar por las cosas que me importan. Y son unas cuantas, mas no creas que tantas. Entre ellas, la música, la filosofía, la amistad verdadera. Entre ellas estás tú. Si algo quisiera que quedara claro es que al instante de ahora lo daría todo por lo que estimo, vale la pena. Pero el tiempo quizá, o más bien, segura y desgraciadamente, me acabe cambiando. Y tal vez mañana ya no sea capaz de dar apenas nada, o no tenga casi nada ya por dar.
Soy de extremos, ya ves, o todo o nada. Y no me he parado a pensar si eso es bueno o malo.
Así que si te digo que quiero hacer una locura, exijo como mínimo que me tomes en serio. Atrévete a decirme que la pasión no debiera ser el foco que mueva a actuar. Sé muy bien lo que digo y siempre lo he sabido, aún cuando te he hecho creer que hablaba sin saber, sin pensar, sin sentir. Aún cuando yo misma te dije que ya no sabía nada, ni pensaba nada. Tal vez hayan sido esos momentos los de mayor actividad en mi mente, ahí, en medio del silencio más absoluto, ahí, cuando por fin tuve la paz.
Todavía no he acabado. Te confieso que cada día que pasa siento asfixiarme más y más, siento morir a pasos vertiginosos, aunque si me acechara la muerte del cuerpo tendría, al menos, una salvación.
No me confundas. Es todo: es el lugar, y el lugar lo es todo. 
No, todavía no he perdido la fe en la humanidad, ni aún menos en la vida. Tengo la inmensa suerte de conocer personas maravillosas a las que daría mi vida con tal de que sigan alumbrando la Tierra con su presencia, el tiempo que pueda regalárles. No sé qué habría hecho de no haber sido por la existencia de esos seres.
En cambio, sí necesito irme de este lugar.
Me he cansado. Ya he conocido todo lo que tenía que conocer aquí, y todo lo que me queda desconocido, no vale la pena conocerlo -no, para no ser injusta diré la verdad: simplemente me es indiferente.
Necesito escapar. Una vez lo hicieron por mí y les salió tan bien, que he heredado la misma necesidad por la huida. Este sentimiento es tan fuerte que cada vez que imagino una vida en este mismo lugar, un puñal me atraviesa el pecho. Dime, ¿has experimentado alguna vez la muerte?
Uno no se va y vuelve y ya está. No. Y quien así lo afirme es un triste mentiroso y su maldición consistirá en ese engaño hacia los demás o el que se hace a sí mismo. No sé qué hiere más.
Yo me he ido. Y si he vuelto no fue por amor y añoranza de este sitio. Te dejo a ti que me digas por qué volví. Si quieres te confieso también que cuando de verdad te dije lo que sentía fue entre los espacios que las palabras dejan.
He vuelto, pero no llegó a volver conmigo quien era antes de partir; he vuelto sabiendo que el tiempo que me quedaba aquí tenía fecha de caducidad, por no decir que lo siento como una prorroga, pero de las que nada aguardan.
Mi mayor deseo es coger el primer avión que salga. Por lo demás, ya tengo mi maleta hecha; está vacía.
...si todavía estoy aquí escribiendo estas líneas, es porque te espero.
Tengo un camino que seguir y es mi obligación hacerlo. Tú te encuentras ahora en él, te invito pues, a acompañarme. El único precio a pagar es dejarlo todo atrás. ¿Te resulta demasiado caro? 
Solo para que lo tengas en cuenta, te digo que tarde o temprano me iré; aun si no quieres acompañarme.
Acabo y lo hago repitiéndome... pues no quiero que olvides que estas letras son las más lúcidas que te dedico. Excesiva y dolorosamente lúcidas. Aunque ya no me duele. Ya me he curado, he renacido.
Desde el desespero,
con amor
Carta de resurrección, octubre 11



En una libreta cuya existencia no recordaba, 
escrito sin fechas, 
brindis a la desmemoria
A veces paro a pensar y el pasado viene sobre mí, aplastándome. No sé si todo lo que he hecho lo he hecho bien, sólo sé que si no hubiese hecho cualquier cosa de las que he hecho, hoy no estaría aquí. Hoy, yo, aquí. Siendo. No, no sería lo que soy, no sentiría lo que siento, no pensaría lo que pienso.
Así que quizá la única pregunta que quepa hacerse para perdonar cualquier mal pasado sería si me gusta quien soy. Si me gusta lo que significa ese soy. Si quiero ser ese soy o si gustosamente me cambiaría por cualquier otro yo. Tarde para preguntarse si el fin justifica los medios. No hay duda de que cuando se pregunta por la vida la respuesta es afirmativa. ¿Podría ser de otra manera? ¿De qué fin hablamos sino del conseguir ese disperso polvo de felicidad desprendido cada vez que una estrella estalla? Pero no hablábamos de estrellas.
Y bien, ¿qué contestaría yo a cada una de las interrogaciones de hace un momento? Pienso en todo lo que no habría sucedido si yo no hubiese dado tal paso, si no hubiese hecho tal cosa, si no hubiese dicho tal otra, si no… y me abrumo. Pasos, escalones, elecciones, llámense como se guste; la vida no es más que eso. Pequeños o grandes, altos o apenas distinguibles, simples o complejos; si no hubiese sido por esos pasos, escalones, elecciones, sé que hoy, yo, aquí, no sería lo que soy. Aturde pensarlo.
Contestaría que me gusta como soy. Contestaría que no renunciaría a nada de lo que hice si ello cambiara en algo mi presente. Me gusta mi presente, por mil veces que me dé por maldecirlo de vez en cuando. Me siento viva y sé que este sentimiento es posible gracias a lo que hice; lo que pensé; lo que sentí. Pasado.
¿Significa esto que puedo considerar el pretérito que me forma como bueno? -cabría acaso preguntarse por lo bueno...- ¿Significa esto que me gusta el pasado que me ha traído a este presente? ¿Quiere decir que queda saldado el sufrimiento, el daño, el mal, que no quedan arrepentimientos, que no quedan rencores?
A veces, de lo único que me arrepiento es de que el olvido haya cubierto con una capa de nieve todo el mal del pasado. Tal vez no sea más que miedo a que, al llegar la primavera, la nieve desaparezca y vuelvan a mí viejos recuerdos, viejos sicarios de la memoria que envenenen mis sueños. ¿Pero cuándo llega la primavera? ¿Quién dijo que estuviésemos en invierno? ¿Quién dio por bueno hablar perdidos entre metáforas?
Ayer, buscando el anteayer, octubre 11


Me siento a su lado como si tuviera veinte años más y ni siquiera nos separan veinte días. Me siento experimentada, avezada, carcomida por mil males que la vida me ha descubierto, maestra del dolor y del sufrimiento. Me siento mayor. No reconozco el reflejo que me devuelve el espejo.
Dejé de contarle todo cuando me dí cuenta que hacerla partícipe de mis insomnios destruiría su bendita inocencia. No soy capaz de contarle que la vida es traicionera, ave rapaz que castiga cuando menos te lo esperas y sin el menor motivo. Cuanto más cerca más duele. Cuanto más sentido cobra algo, más duro el rebote contra la pared del sinsentido.
La siento mi niña, quiero protegerla, no quiero quitarle la felicidad de la ignorancia, pues una vez iniciado el camino, no hay vuelta hacia atrás. Cruel y vil asesinato contarle todo mi pesar. Hay cosas que es mejor no saber.
La tristeza me entierra cuanto más la callo; silencios amargos que se subliman en una sonrisa. Nada hay que me alegre más que verla feliz. Sonrisas que curan males. Qué más da que tan solo por un instante.
Yo quise aprender todo, enseguida. Quise saberlo todo de la vida, quise experimentar, quise conocer todas las facetas de la realidad.
Quise huir de lo conocido, del hogar, de todo. Sin mirar atrás, desnudarme ante la vida y con ella, hacer el amor. Quería salir del Purgatorio para encaminarme, al fin, hacia el Edén. Equivoqué el camino. Tan solo tuve sexo.
No tengo donde volver, no tengo más vestido que la soledad. Me muero de frío.
Mi niña no tuvo prisa, todo a su tiempo. Todo en la vida tiene una edad, me dijo, y lo respetó. A veces pienso que querría que le contara más, la curiosidad que quiere abrir puertas, pero ojalá nunca tenga que saber lo que yo sé. Ruego al Dios que he perdido por su eterna ignorancia.
La inocencia perdida jamás se vuelve a recuperar; el pasado es imposible de olvidar.
Se están acabando las hojas de la vieja libreta.
Canto a la esperanza perdida, noviembre 11


Desearía algún día encontrar a alguien capaz de hacer las mismas locuras que yo.
Alguien que entendiese, como yo, que la sensatez de este mundo no es tal, sino todo lo contrario. Que la moral que nos venden no busca la justicia, no busca lo bueno, no busca ni de lejos la felicidad. Una moral que se sustenta en el dinero tan solo puede buscar el dinero, y de ahí, intentar justificar que éste pueda dar todo lo demás.
Por otro lado, entiendo que la concepción del mundo no lleve así dos días, sino demasiado tiempo como para pretender que alguien pueda hacer algo más que comprender mis palabras y callar. Y después, seguir como si nada, pues nada hay que se pueda hacer.
Entiendo que no puedo pedir a nadie que se rebele contra la racionalidad de este mundo y luche, de verdad, por lo que le importa. Más cuando ese algo es alguien.
No puedo pedir a nadie que lo dé todo por lo que le mueve a vivir, porque destrozaría su, ya de por sí muerta, vida en este mundo. Porque nadie está dispuesto a vivir sin pensar en las consecuencias o a pesar de ellas.
Busco a alguien que sea capaz de vivir tan solo un mísero momento en su vida sin pensar en el futuro, o en el pasado, porque en ese momento está viviendo su vida al máximo de sus posibilidades, porque no importa nada de lo que después sucederá, porque por un segundo... ha sentido lo que es vivir
Dudo que después de un instante de tal intensidad algo más cuente.
Ese algo que llaman locura y a lo que yo misma he de referirme como tal para que se me entienda, aunque justamente esa locura sea lo único sensato que un ser humano podría hacer por su alma. Alma sí, me atrevo a decir alma en un mundo que no entiende más allá del significado cristiano de alma.
Entiendo las circunstancias que nos rodean y por eso sé que no puedo pedir a nadie que lo dé todo por amor. Miedo, absurdo miedo a dar demasiado o a aceptar demasiado, no vaya a ser que parezca que dependemos de la otra persona. Como si el amor fuera tan rastrero, como si pudiera limitarse a ese término, como si...
Sería tan fácil confiar en alguien para darle todo, sabiendo que jamás te lo pedirá. Sería tan fácil confiar en alguien para que te lo dé todo, sabiendo que jamás lo pedirás. Pues basta con saber que lo daría.
Entiendo esta sociedad, pero no la comparto.
La acepto, pues no me queda de otra, no me queda otra. Y si sales del sistema, no existes, mueres. O eso quieren hacernos creer.
Me conformo, mientras espero. Espero quizá un imposible, pero me basta esa fe ciega para dar algún sentido a un mundo que no lo tiene.
Espero encontrar a alguien cuerdo, algún día, en algún lugar. Tan solo para decirle: Hola, encantada de conocerte. Me alegra tu existencia.
Temo que no exista y temo que me asesinen la ilusión antes de encontrarlo.
Vivir un instante, noviembre 11


Hay personas que jamás morirían por amor y otras, que si lo hacen, es por pura exageración.
Morir de amor, noviembre 11


Al principio no se tiene miedo a nada, no se tiene miedo a ser, a querer ser, a pedir ser, a ilusionarse queriendo ser. Mas poco a poco, tras cada negativa, tras cada barrera que no es puerta sino muro bajo la forma de un "no", las ganas disminuyen. El miedo crece, la ilusión se marchita. La apatía gana su ansiado terreno.
Cada obstáculo aleja más el querer ser.
Al final, tras no pocas y cruentas batallas, se llega tan lejos y se destroza hasta tal punto el espíritu, que este ya no pide nada. Ya no desea nada, ya no quiere ser nada. Todo lo que un día tuvo sentido hoy es un castillo de naipes esperando el último soplo. Esperando lo último que puede esperar ya: la destrucción; también de sus ruinas.
Y en ese final tan solo queda una desteñida nostalgia, un cruel recuerdo de lo que se era, la melancolía de lo que se pudo haber sido y ya jamás se será ni se podrá ni querrá ser. Y en medio del amasijo, salvaje rencor a los cambios que fueron impuestos hacer. Los cambios sin retorno, los caminos borrados, el engaño del nuevo hogar que resultó ser despreciable pocilga.
De lo que fuimos, apenas queda el recuerdo. De lo que pudimos haber sido.
Camino al no ser, noviembre 11




Quiero escribir imaginando, imaginado, imaginar, imagin... recordar un viejo cuento, cuento de hadas, cuento de estrellas, cuento de cuentos, cuentos de abuela, abuelos que nos cuidaron, abuelos que siempre nos cuidarán, eternas vidas que permanecen en el vacío de la eternidad, eternidad sin tiempo, tiempo con eternidad, vidas que se prolongan, muertes que no llegan, sueños para siempre y cuentos, más cuentos, siempre cuentos antes de dormir.
Recuerdo un día blanco, una mañana blanca, frío en los pies descalzos y la nieve que los calza, corriendo sobre el manto blanco y las huellas de unos pies pequeños, pequeños, pequeñitos... un invierno con el calor del verano en las almas, sin los tormentos de los veranos con el frío de invierno que siguieron.
Un despertar del niño y el despertar de la casa, el despertar de la felicidad en el día blanco. Y se vuelve de colores colorados, coloreando imágenes que ahora tan solo son fotografías y un día tuvieron cuerpos y almas y un corazón que late y otro y otro corazón, y qué vivos colores de los lápices que solíamos usar y el blanco sobre el blanco era más blanco y no teníamos negro, no, no existía tal color. Y qué alegría cuando el niño despertaba y saludaba a todos con su sonrisa y sus ganas, sobre todo sus ganas, tan vivas, de sonreír. Una sonrisa por todos los problemas y la felicidad envolvía ese día blanco y la nieve no era tan fría ni el invierno tan duro y todos eran niños, los adultos, los niños, los viejos, niños, niñez, infancia, dulce hogar.
Recuerdo imaginando e imagino recordando y me quedo con los cuentos, con la ilusión, con la alegría, con la paz y el sosiego de un tiempo sin tiempo, de una vida vivida en otras tantas, de un color puro y tan frágil como el blanco, el blanco de la nieve, el blanco azulado del mar, el verde blanco de la pradera, blanco, todo blanco...
Blanco, noviembre 11



Habría escrito mientras llovía, pero la lluvia ha cesado.
Tal vez me hubiese traído la inspiración de su melancolía, triste saudade jamás resuelta. 
Habría escrito a la luz de una vela, en mitad de la oscuridad, con esa muda canción de fondo. El fondo de lo imposible. Pero esta luz artificial me impide ver mis letras.
Tal vez hubiese aceptado el cambiante chapoteo de las lágrimas del cielo ceniciento como melodía rítmica, rimar quizá habría podido mis versos.
Versos que no fueron porque fuera la tormenta ya ha acabado. El agua no ha limpiado, sin embargo, apenas nada. Más bien ha ido arrastrando la penuria del mundo en las calles ahogadas en su propia ruina. Barro son, en barro morirán.
Mas barro abominado.
Habría escrito una canción de amor, unos susurros apasionados, un grito de placer, la vida eterna en un instante de dulce destrucción, una apología de lo bello, de lo hermoso, lo conspicuo, lo agradable, preciso, elegante, delicado, noble, exquisito.
Pero la lluvia ha cesado.
Llegué tarde, noviembre 11



- Quisiera escribir algo bonito.
- ¿Algo bonito? ¿Cómo que bonito? Dirás bello, sublime, maravilloso, obra de arte que conmocione al público entero, dirás espectacular, grandioso, dirás...
- No, nada de eso. Tan solo quisiera escribir algo bonito. Algo sencillo, pero no sin color. Algo fuera de este mundo, pero que no le fuera vetado al mismo. Un Edén, pero imperfecto, como la vida misma. Aunque perfecto, aunque bueno, aunque bonito. Tal vez gracioso, nada de tragicómico. No más tragedias, tal vez algo más banal. Pero alegre y sin final antes de la muerte.
- No entiendo.
- Sí, algo que pudiera escribir un niño, un niño que ve el arco iris y no la lluvia, un niño que ve el sol y no la tempestad, el que ve los dibujos animados y no la caricatura grotesca del mundo que representan, el que se espera la noche por los cuentos y no le aterra por el insomnio, el que espera el día con ilusiones que sabe, verá cumplidas, y no le aterra por los problemas que le aguardan el nuevo amanecer, ese niño que pudiera escribir o dibujar su vida sin contar con grises, tonos marrones o el negro tan negro, negro que te quiero verde, negro que te quiero azul.
- ¿Y por qué no lo haces?
- Porque no puedo, no lo consigo. Necesito una caja nueva de pinturas y cada vez son más caras, cuando al fin reuno suficiente dinero, la tienda ha subido de nuevo los precios o se ha quedado sin pinturas. Es difícil conseguir una caja de pinturas nueva hoy en día. Y los colores se me han ido acabando, tan solo me quedan grises, tonos marrones, el negro tan negro, negro que te quiero verde, negro que te quiero azulmarino. A veces hay quien me regala algún color, hay gente que tiene tanto que dar y no pone nunca límites, otros en cambio, son muy recelosos de sus pinturas cada vez más grises y nunca regalan ni prestan. ¿Me regalas tú unos cuantos colores? Tal vez me ayude a escribir algo bonito.
Algo bonito, noviembre 11



He visto luces negras - si estas existieran.
He visto el fin del sueño - cuando todavía no había empezado a soñar.
He visto el caos con la máxima claridad - y el remolino me envolvió en su locura.
He visto que las opciones no son solo las deseadas - y cómo lo obligatorio incluye sobre todo a las odiadas.
(Me) he visto atrapada en un callejón sin salida - donde ni siquiera pude llorar para desahogar mi impotencia. No pensé que alguna vez me vería en un lugar donde no quería estar sin la posibilidad de marcharme. No pensé que fuera posible. La desesperanza y las ganas de huir y aullar que se sienten con tan solo pensar en la situación que estaba presenciando no andan muy lejos de la demencia. Experimentar el sabor del prisionero en un mundo que nos enseña una supuesta libertad desde que nacemos es terrible.
(Me) he visto habiendo de elegir el fin a largo o a corto plazo, pero el fin, al fin y al cabo. Elegir entre lo que quería y lo que querían, entre dos incompatibilidades, ganar o perder sin término medio. Ganar a corto plazo para acabar perdiendo igual o perder sin luchar y perder así, la fe.
He perdido la fe y he lloriqueado lastimeramente por estar perdiéndola. 
He visto lo inevitable y no lo he aceptado - no me he conformado al paso del tiempo. Y el tiempo se vengó, segundo tras segundo, silencios mediante.
He visto la lejanía de la felicidad y una ráfaga de viento envié - para alejarla aun más rápido.
He apostado todo a todo sabiendo de sobra que era un todo a nada. Quise confiar en que me equivocaba. Me cansé de creer en lo que nunca llegaba. 
Tiré los dados para la última partida. Salió 13 - igual de imposible que el juego en que iba echando raíces para construir mi vida. Salió 13 y he perdido mi castillo de naipes.
Castillo de naipes, diciembre 11


*Amar a quien ha dejado de amarte es amar a alguien que ya no existe.

Necesito liberarme. There's no reason to go back.

*Voy a sublimar mi existencia en símbolos.

*El amor es la mayor pérdida de individualidad si no se sabe llevar bien o si se lleva demasiado bien.

Cuánto amor desperdiciamos entre lágrimas, lágrimas sobre su pecho, lágrimas manchando mis caricias.

*Cuanto menos sepas de mí, más feliz serás.

Tal vez si nos hubiéramos conocido menos, nos habríamos querido menos. Pero nos habríamos querido mejor. Tal vez el fallo fue que nos conocimos demasiado.

*Algún día huiré.

Busco cartas en un buzón cuya dirección nadie conoce.

*No, no se pierde al amor de tu vida. Si lo has perdido, si no está aquí ahora mismo, es que no era el amor de tu vida.

*Ha llegado la hora del adiós.

Creo que las respuestas nos acaban llegando, siempre, a las preguntas que hacemos; aunque a veces, casi siempre, vengan acompañadas de nuevas preguntas.

No es el tiempo el que lo destruye todo, sino nuestra actitud pasiva ante él.

3 semanas de desamor y una redención
Aforismos, diciembre 11